El soplo de Dios

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Las rocas, ombligos de la montaña picoteados por el viento, la lluvia y las heladas, sonríen a los pájaros que van graznando, piando, cantando. Por senderos tan antiguos como las maneras de andar, los caminantes no piensan si podrán llegar a algún sitio porque no van a ninguno. Ni siquiera piensan. Van en unestado más allá del tiempo que ha desaparecido. No saben si nadan, si vuelan, si aún vivían o si se han muerto, ni siquiera saben si existen. Es todo “tan blanco como la paz”, tan ligero como el pensamientos y tan trasparente como la sombre. Es un mundo dentro del mundo que se ha esfumado. Son roca, montaña, roble, ángel. Sin saberlo, tal vez persigan a los que, hace mucho tiempo, a pesar de haber caído en el más profundo olvido,  soportan la memoria, manantial oculto e inagotable. Son el soplo del espíritu de Dios, silencio sagrado y música potente pero sutil, sobre el fango del caos.

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