Cardenal Bustillo a los sacerdotes de Madrid: "Es necesario que la audacia y la creatividad ganen al fatalismo y a la pereza"
Convivium
Ante más de un millar de sacerdotes, el cardenal navarro y miembro del Dicasterio para el Clero ha subrayado que la vocación sacerdotal está llamada hoy a ser "fiel y fecunda" frente a "la tentación, el miedo y el aburrimiento"
(Archimadrid).- El cardenal navarro François-Xavier Bustillo, miembro del Dicasterio para el Clero, ha intervenido este lunes en CONVIVIUM, la Asamblea Presbiteral de la Iglesia en Madrid, con una reflexión centrada en la vocación sacerdotal en el actual cambio de época. Ante más de un millar de sacerdotes, el cardenal navarro ha subrayado que la vocación sacerdotal está llamada hoy a ser «fiel y fecunda», sostenida por la fuerza del Espíritu Santo frente a «la tentación, el miedo y el aburrimiento», para ser «testigos apasionados del Resucitado».
A partir del relato bíblico de David frente a Goliat, Bustillo ha invitado a los sacerdotes a no dejarse atrapar por estructuras que inmovilizan: «David rechaza la armadura de Saúl porque le impide moverse. No sigue la normalidad táctica ni estratégica, sino que se sirve de la sencillez profética». Una imagen que, según explicó, ilumina la vocación presbiteral en este momento histórico.
El cardenal alertó del riesgo de vivir el ministerio desde el mero cumplimiento: «Podemos caer en la tiranía de la mirada social y eclesial, hacer las cosas solo por responsabilidad y olvidar la alegría, la pasión y la unción, que son el verdadero motor de la misión». En una vida marcada por el ritmo frenético y las múltiples tareas, preguntó directamente a los sacerdotes si esa vida «nos cansa o nos llena de alegría».
Refiriéndose a Madrid como gran ciudad, Bustillo reconoció sus retos y dificultades, pero también sus oportunidades: «Hay muchos alejados y hostiles, pero también muchos jóvenes espiritualmente vírgenes, con sed de sentido, de rumbo y de orientación». A pesar del racionalismo, las críticas, las ideologías o Internet, afirmó con rotundidad que «el mundo de la fe está ahí» y que «lo sagrado nunca ha desaparecido ni desaparecerá».
El cardenal ha denunciado la confusión contemporánea entre lo sagrado y lo profano y ha recordado que la experiencia de lo sagrado es «la irrupción de Dios en la vida ordinaria del hombre». En este contexto, ha llamado a la Iglesia a responder al vacío existencial del hombre contemporáneo con una espiritualidad capaz de dar sentido y esperanza.
«En una ciudad como la vuestra, con tantos retos, es necesario que la audacia y la creatividad ganen al fatalismo y a la pereza», ha afirmado. Recordando – entre otros - a Einstein y a Pitágoras, animó a no limitarse al conocimiento, sino a incorporar la imaginación y la aventura del Espíritu Santo a la misión, para huir de la mediocridad.
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Frente a la mentalidad fatalista que se pregunta «¿qué va a pasar?», Bustillo contrapuso la mentalidad evangélica que se pregunta con entusiasmo «¿a dónde queremos ir?», sin ingenuidad, pero con esperanza.
El cardenal describió la vida del sacerdote como una navegación constante «entre la logística y la mística, entre ánimos y desánimos», y señaló la necesidad de una «vitamina C» espiritual: la energía del Espíritu Santo recibida el día de la ordenación. «Si perdemos la alegría y la salud, perdemos el ánimo en nuestra misión», advirtió.
La creatividad, la audacia y la novedad no son peligrosas. No se trata de borrar el pasado ni la tradición, sino de enriquecer la vida de la Iglesia escuchando al Espíritu
En este sentido, recordó que Jesús invita siempre a sus discípulos a crecer en la fe, a salir de los esquemas del «siempre se ha hecho así» y a arriesgar: «El camino del riesgo es el camino de la fe». Una fe que no vive desde el miedo ni desde cálculos humanos o estadísticas, sino desde la confianza y la creatividad. Mirando a Pentecostés, Bustillo recordó que el Espíritu Santo «hace saltar las ventanas, las puertas y los corazones cerrados» para que la Iglesia salga del miedo y anuncie la Buena Noticia. Por ello, exhortó a los sacerdotes a evitar tres grandes peligros en la misión: «la amnesia, la tibieza y la anemia».
Finalmente, animó a acoger la novedad del Espíritu sin temor: «La creatividad, la audacia y la novedad no son peligrosas. No se trata de borrar el pasado ni la tradición, sino de enriquecer la vida de la Iglesia escuchando al Espíritu». Y concluyó con una llamada clara: «Tenemos que pasar de ser organizadores y gestores a ser visionarios y profetas».