Cobo: "Declarar la guerra al hambre debe ser una toma de postura ética, humana y cristiana"
"El hambre no es un destino inevitable para la humanidad. Tiene causas humanas y, por tanto, también soluciones humanas"
La parroquia de San Camilo de Lelis acogió este domingo, 8 de febrero, la Misa de lanzamiento de la Campaña Contra el Hambre de Manos Unidas, que este año lleva por lema «Declara la guerra al hambre». La Eucaristía estuvo presidida por el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, quien invitó a la comunidad cristiana a asumir este compromiso como una auténtica toma de postura ética, humana y cristiana.
En su homilía, el cardenal situó la campaña en el contexto de un mundo marcado por conflictos armados y desastres que, en muchos casos, se han vuelto «casi endémicos». Frente a esta realidad, subrayó la necesidad de «cambiar el paso» y de afirmar con claridad que, si hay una guerra que merece la pena, es la guerra contra el hambre y contra la injusticia. «El hambre no es un destino inevitable para la humanidad —afirmó—. Tiene causas humanas y, por tanto, también soluciones humanas».
Más de 50 conflictos armados en el mundo
El arzobispo de Madrid recordó que en la actualidad existen más de 50 conflictos armados en el mundo, con más de un centenar de países implicados, y que cada guerra genera destrucción, pobreza y hambre. Sacar estas realidades del anonimato, señaló, es también avivar el deseo de paz y reconectar con el Dios que quiere la vida y la dignidad para todos.
En este sentido, explicó que la paz no es solo ausencia de guerra, sino que implica justicia, fraternidad, armonía social y caminos reales de desarrollo y esperanza. Combatir el hambre, añadió, va mucho más allá de repartir alimentos: supone defender la dignidad humana y ponerse al lado de quienes sufren las consecuencias de la violencia y la injusticia. «No hablamos de gestos puntuales ni de campañas que duran un día —dijo—, sino de tocar la carne herida de Cristo, presente en los pobres».
El cardenal Cobo insistió en que esta «guerra» se libra a la manera de Dios y con sus armas, y que reclama la implicación de todos. Declarar la guerra al hambre no puede quedarse en un lema o en una campaña de un día, sino que debe traducirse en una actitud constante de compromiso, revisando la manera de pensar, de vivir y de rezar. En este camino, animó a denunciar las estructuras injustas, a colaborar con los proyectos de desarrollo que impulsa Manos Unidas y a luchar contra la indiferencia, «una forma silenciosa de violencia».
Lee aquí la carta del cardenal José Cobo ante la campaña de Manos Unidas
Ser sal de la tierra y luz del mundo
Asimismo, recordó que la pobreza y el hambre no son realidades lejanas, ya que también en nuestros barrios hay familias que viven bajo el umbral de la pobreza extrema, ante las que no se puede mirar hacia otro lado. Ante la tentación del desaliento por la magnitud del problema, el arzobispo quiso ofrecer una palabra de esperanza: «La fe nos da hoy una certeza: Dios no quiere el hambre. La dignidad humana es la causa de Dios. Dios pasa hambre con los hambrientos y cuenta con todos nosotros para sacar adelante a sus hijos».
A la luz del Evangelio proclamado, el cardenal recordó la llamada de Jesús a ser sal de la tierra y luz del mundo, palabras que definen la misión de los bautizados. Ser sal y luz, explicó, implica desgastarse y entregarse, iluminando la oscuridad y dando sabor al mundo con el amor y la fraternidad, «el sabor de Dios».
Finalmente, agradeció el trabajo de Manos Unidas y de tantas parroquias y personas comprometidas con esta causa, y animó a celebrar la Eucaristía como encuentro con Jesús que se reparte y se hace luz y sal, para que también los cristianos puedan serlo en medio del mundo.