Cobo: "Cuando la ideología se pone por encima de la fe, la convierte en una trinchera o en un lugar de combate"
El cardenal de Madrid advierte de "las puertas falsas, caminos que aparentemente parecen válidos, pero que en el fondo nos alejan de la vida verdadera, de lo que significa la vocación"
En el IV Domingo de Pascua, Domingo del Buen Pastor, la Catedral de la Almudena acogió la celebración eucarística de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada de Vocaciones Nativas. Desde el viernes 24 de abril, la Iglesia de Madrid rezó en la capilla del Seminario Conciliar durante más de 36 horas ante el Santísimo por las diversas vocaciones a las que todos los bautizados son llamados: sacerdotales, religiosas, matrimoniales y laicales. Una Jornada que en 2026 ha tenido como lema «Todos oramos por todos».
Quizá la fe no empieza dando respuestas rápidas, sino que lo primero que hace la fe es capacitarnos para escuchar con verdad esta pregunta
Importancia de rezar por las vocaciones
El arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, presidente de la celebración, destacó la importancia de la Jornada y agradeció a quienes la prepararon, así como a todos los que se hicieron presentes en la catedral para celebrar juntos el Domingo del Buen Pastor.
En la homilía, inició su reflexión a partir de una pregunta común en la vida de la gente: «¿Y todo esto para qué?». Una pregunta que lleva a otra: «¿Qué sentido tiene mi vida, qué sentido tiene lo que hacemos?» En palabras del cardenal Cobo, «quizá la fe no empieza dando respuestas rápidas, sino que lo primero que hace la fe es capacitarnos para escuchar con verdad esta pregunta». El arzobispo resaltó la necesidad de un paso previo: «abrirse a esa experiencia de que Dios te busca, que Dios nos busca».
Algo que viene del hecho de que «siempre Dios es quien toma la iniciativa. No es alguien lejano a quien tengamos que alcanzar, sino alguien que no se cansa de buscarnos primero». Para ello es necesario «escuchar, porque Jesús nunca nos ha presentado a un Dios que se resigna a perdernos, sino un Dios que nos conoce en lo más hondo». A imagen del Buen Pastor, que nos dice «yo soy el Buen Pastor, conozco mis ovejas y las mías me conocen».
La fe no comienza cuando entendemos a Dios, ni cuando encontramos a Dios, sino cuando nosotros descubrimos que Dios y su amor nos está buscando
Dios nos está buscando
Para el cardenal Cobo, «la fe no comienza cuando entendemos a Dios, ni cuando encontramos a Dios, sino cuando nosotros descubrimos que Dios y su amor nos está buscando». Algo que cambia la vida, que debe llevar a dejarse «encontrar en cada momento de la vida para aquel que ya nos conoce, que sabe quiénes somos y que precisamente por eso nunca nos va a dejar de su mano». Una llamada a entrar por la puerta, que es Jesús, «una puerta que se abrió para todos nosotros en el día del bautismo, y que pide en cada momento dejarla abierta para poder seguir caminando», recordó el arzobispo.
Una puerta especial, que «no violenta, no impone, no entra la fuerza. Es una puerta que invite, como esas puertas que siempre están abiertas, que nos invitan a pasar, si queremos». Algo que contrasta con «un mundo lleno de presiones, de publicidades, de expectativas, de comparaciones, de modelos que nos imponen». Frente a ello, Cristo es la voz que habla al corazón. El cardenal advirtió que «hay gente que no entra por la puerta, sino que salta por otro lado, que son ladrones», advirtió contra «las puertas falsas, caminos que aparentemente parecen válidos, pero que en el fondo nos alejan de la vida verdadera, de lo que significa la vocación».
Algo que se produce «cuando tomamos el Evangelio a trozos, quedándonos solo con lo que nos gusta». El desafío es asumir la totalidad de Cristo y no nuestra selección exclusiva. Ladrones que se hacen presentes «cuando la ideología se pone por encima de la fe, absolutizando ideas, aunque sean buenas, pero por encima de la fe», poniendo «las ideas por encima del Evangelio». Eso convierte a la fe en «una trinchera o en un lugar de combate».
El buen pastor no guía por presiones ni por mayorías, sino por su voz y por aprender a descubrir su voz
Sentir con la Iglesia
«El buen pastor no guía por presiones ni por mayorías, sino por su voz y por aprender a descubrir su voz», destacó el arzobispo. Frente a ello, somos ladrones, «cuando imponemos nuestro criterio y vivimos una fe sin comunión, olvidando la importancia, que decía San Ignacio de Loyola, de sentir con la Iglesia». En el fondo, es la tentación de no querer «escuchar, contrastar, caminar con otros ojos. Entonces, la fe se vuelve individualista, se rompe la comunión y dejamos entrar por Cristo para entrar por la puerta de nosotros mismos». Una puerta que se concreta en «escuchar la llamada del Señor que ya se sembró en nuestro bautismo y vivir nuestra vida como respuesta a ese llamado de Dios».
El arzobispo invitó a preguntarse «cómo atravesamos esta puerta y cómo oramos y colaboramos para que otros atraviesen esa puerta que es Jesucristo». Para ello llamó a vivir el bautismo como llamada y entender que «nuestra vida no sólo es nuestra, sino que está habitada por una voz de Dios que siempre nos invita a ir en busca de nuestra vocación», que cada uno vive de forma distinta: en el matrimonio, en el sacerdocio, en la vida consagrada, en medio del mundo, en «un camino que Dios sueña para ti».
El tono de la voz de Dios
Junto con ello, insistió en escuchar la voz de Cristo y «aprender cual es el tono de la voz de Dios». Desde ahí dijo ver que el orar «no es solo decir cosas, es estar, es abrir espacio para escuchar el tono de Dios». Una puerta que, «para atravesarla, es necesario caminar juntos y no hacerlo en solitario. Necesitamos comunidades que animen a escuchar, que nos animen a orar juntos, a orar unos por otros», siguiendo el lema de la Jornada de Oración por las Vocaciones de este año. Eso, porque «Cristo no llama a personas aisladas, llama a un pueblo, siendo a un nosotros. Atravesar esa puerta es vivir en comunión, sostenernos unos a otros, rezar unos por otros, discernir todos juntos, porque no existen vocaciones individuales. Cada vocación necesita de los otros, porque la vocación llama a la misión y la misión no se inventa en solitario, se descubre cuando caminamos juntos».
Finalmente, animó a «retomar el camino bautismal, dejando que Cristo vuelva a ser la puerta para que entre en nuestras decisiones, en nuestras relaciones y en nuestros proyectos. Renovar la vocación, volver a escuchar, dejar otras voces y preguntarnos hoy por dónde estoy entregando mi vida». Todo ello, «sabiendo que la fe madura cuando aprendemos a discernir la voz de Dios».