Cobo: "La unidad no se fabrica, se recibe. Los cristianos colaboramos, pero no controlamos el proceso"
El cardenal de Madrid, junto al reverendo Lars Pferdehirt, de la Iglesia Luterana alemana, cerró la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos en la catedral de La Almudena
La Catedral de Santa María la Real de la Almudena ha acogido este domingo 25 de enero, a las 20:00 horas, la vigilia ecuménica con la que se clausuraba la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Una semana que en 2026 ha tenido como lema «Un solo Espíritu, una sola esperanza».
Diversas confesiones presentes
La celebración, presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, contó con la presencia de representantes de diversas confesiones cristianas. Una celebración animada con los cantos de Taize, que fue vivida como momento de oración y contemplación, en el que poner todo el corazón y toda el alma ante el Señor.
En sus palabras de acogida, el cardenal Cobo dio la bienvenida a todos a la catedral de la Almudena, casa de puertas abiertas, casa de todos, lugar de unidad, imagen de una Iglesia espacio de fraternidad para acoger a todo mundo en torno a Jesucristo, la mejor noticia, aquel que nos une y que tiene que hacer «que todos sean uno, para que el mundo crea».
La unidad es una vocación
En su predicación, el reverendo Lars Pferdehirt, de la Iglesia Luterana alemana, destacó el hecho de estar juntos en esta celebración miembros de diferentes lenguajes teológicos y prácticas diversas. Y hacerlo desde la convicción de que «la unidad de los cristianos es una vocación». Desde ahí llamó a dejar que la manera de vivir de Cristo transforme las intenciones y conduzca a caminar juntos. Algo que se lleva a cabo «escuchando como habla de Dios», generando confianza, que «cambia la mirada sobre las personas, la vida».
Para el reverendo luterano, eso se concreta «cuando aprendemos unos de otros y cuando reconocemos los dones del otro como un regalo para toda la Iglesia». Se genera así una unidad, que no es perfecta, pero es real. Una necesidad en un mundo marcado por conflictos armados. por una creciente polarización política, por conflictos de intereses, por visiones geopolíticas irresponsables.
Una realidad que debe llevar a las iglesias a ir más allá de las buenas intenciones, fomentando el compromiso concreto de caminar unos al lado de otros. Un compromiso que lleve a estar al lado de los más vulnerables, a defender la dignidad humana, a superar toda confrontación.
Un trabajo del Espíritu
Una unidad, pedida a Dios en esta vigilia, que «no nace de estrategias humanas o de buenos deseos formales, sino de la acción de un solo Espíritu, que ora en nosotros y trabaja pacientemente nuestros corazones, y que nos abre a una sola esperanza que no defrauda», en palabras del cardenal Cobo. El arzobispo de Madrid recordó la reciente conmemoración de los 1.700 años del Concilio de Nicea y del Jubileo de la Esperanza.
La Semana de Oración en Madrid ha peregrinado por distintos templos y comunidades. En ella, «con palabras diversas, con cantos distintos, con sensibilidades no idénticas», se ha reconocido lo esencial, «que es el mismo Espíritu quien nos convoca, una misma fe en Jesucristo la que nos sostiene, una misma esperanza la que nos impulsa a caminar hacia la unidad querida por el Señor», subrayó el cardenal.
En palabras del arzobispo, la unidad no es un adorno ni algo opcional, sino una urgencia que «pertenece al corazón mismo del Evangelio». Es algo que comienza en el corazón, en personas concretas, «que aceptan dejarse transformar por el Espíritu». Una unidad que «nace del corazón de cada uno y de cada una de nuestras comunidades cuando hacemos el compromiso de aceptar la propia fragilidad y la del otro, de renunciar a la autosuficiencia espiritual y dejar espacio a Dios para que actúe».
Esta unidad, destacó el arzobispo, «no se fabrica, se recibe. Los cristianos colaboramos, pero no controlamos el proceso. A nosotros nos queda caminar con paciencia, humildad y confianza en el tiempo de Dios». Es algo que no se posee, «es obra de un solo Espíritu que conduce a la Iglesia hacia la plenitud de la comunión y hoy nos encuentra abiertos a su acción».
El desafío es «anunciar con humildad y claridad la belleza de la fe y defender la libertad religiosa como un bien para todos. No para encerrarnos, sino para servir; no para imponernos, sino para ofrecer razones de esperanza, cuidar la dignidad de cada persona y proteger la vida en todas sus etapas»
Camino de caridad
Un ecumenismo, que, ante tantos cristianos perseguidos, es un imperativo, pues sostiene en el sufrimiento. Un ecumenismo que es «un camino de verdad y de caridad», dado que «cuando los cristianos sirven juntos, la unidad deja de ser un ideal y se vuelve testimonio. Cuando nos inclinamos ante las heridas del mundo, la comunión deja de ser una idea y se convierte en un signo visible de esperanza».
El desafío es «anunciar con humildad y claridad la belleza de la fe y defender la libertad religiosa como un bien para todos. No para encerrarnos, sino para servir; no para imponernos, sino para ofrecer razones de esperanza, cuidar la dignidad de cada persona y proteger la vida en todas sus etapas», afirmó el cardenal.
Por eso, la unidad «es el camino mismo de la Iglesia. No es obra nuestra, sino don del Espíritu Santo, que armoniza la diversidad de carismas y nos conduce hacia la comunión plena», finalizó el arzobispo de Madrid. Para ello hizo una llamada a que la esperanza «nos mantenga firmes en el camino, cerca de Cristo, para así estar cada vez, más cerca unos de otros. Y que así, siendo uno, el mundo crea».