"Lo sembrado en este Jubileo seguirá germinando en Compostela" Cinco días de fe, comunión y belleza: La arquidiócesis compostelana peregrina a Roma

Peregrinación de la arquidiócesis de Santiago de Compostela a Roma
Peregrinación de la arquidiócesis de Santiago de Compostela a Roma

Cinco días de fe, comunión y belleza han marcado la peregrinación diocesana de la Archidiócesis de Santiago de Compostela al Jubileo de la Esperanza en Roma

Organizada por el Delegado Diocesano para el Año Santo 2025, el sacerdote Santiago Romero, la experiencia reunió a decenas de diocesanos acompañados por su arzobispo, monseñor Francisco José Prieto Fernández, que presidió las celebraciones y compartió cada etapa del camino

(Archicompostela).- Cinco días de fe, comunión y belleza han marcado la peregrinación diocesana de la Archidiócesis de Santiago de Compostela al Jubileo de la Esperanza en Roma. Organizada por el Delegado Diocesano para el Año Santo 2025, el sacerdote Santiago Romero, la experiencia reunió a decenas de diocesanos acompañados por su arzobispo, monseñor Francisco José Prieto Fernández, que presidió las celebraciones y compartió cada etapa del camino.

El primer día, lunes 25 de agosto, fue un amanecer de viaje y un anochecer de descubrimiento. Roma se ofreció a los peregrinos en silencio y penumbra, bajo la luz dorada de sus piedras eternas. Tras la llegada y la cena, la ciudad se desplegó en un recorrido nocturno: la Plaza de San Pedro, el Coliseo, las termas y otras plazas históricas mostraron su rostro más íntimo. El Coliseo, sin multitudes, fue escenario de la primera fotografía de grupo, símbolo de un pueblo que se ponía en camino.

Boletín gratuito de Religión Digital
QUIERO SUSCRIBIRME

El martes 26 amaneció con el brillo del arte y el peso de la historia. Divididos en grupos, los peregrinos recorrieron los Museos Vaticanos, contemplaron la Capilla Sixtina, caminaron por la Basílica de San Pedro y descendieron a las Grutas Vaticanas. La tarde se transformó en un camino interior: desde Plaza Pía, acompañados por los diocesanos de Mondoñedo-Ferrol, avanzaron con cantos y salmos hacia la Puerta Santa. Allí, junto al altar de la Confesión, rezaron el Credo, oraron por el Santo Padre y celebraron la Eucaristía en la capilla del coro de los canónigos. Fue un día en que el arte y la fe se abrazaron en un mismo latido.

El miércoles 27 fue el día del encuentro con Pedro. La audiencia general, desbordada de multitudes, llevó a los peregrinos a congregarse en el Aula Pablo VI, los patios y finalmente la Basílica de San Pedro. Allí escucharon su nombre resonar en Roma: “peregrinos de Santiago de Compostela”. El arzobispo saludó al Papa León XIV e invitó al Sucesor de Pedro a peregrinar a Compostela en el Año Santo de 2027. La jornada se prolongó en la Basílica de San Pablo Extramuros, con la celebración de la Eucaristía, y culminó con un paseo por la Roma más popular: el Coliseo, los Foros, la Plaza Venecia, la Isla Tiberina y el Trastévere, donde la cena y la oración en Santa María in Trastevere pusieron el broche a un día inolvidable.

El jueves 28, penúltima jornada, se abrió a los pies de la Virgen en la Basílica de Santa María la Mayor, ante la Salus Populi Romani. Desde allí, los peregrinos visitaron Santa Práxedes y emprendieron su camino a pie por la Vía Merulana hasta la Basílica de San Juan de Letrán, la catedral de Roma. Cruzaron la Puerta Santa, celebraron la Eucaristía en el Altar Mayor y muchos subieron de rodillas la Scala Santa, reviviendo en carne propia la pasión de Cristo. La tarde se llenó de luz y color en las plazas de Roma: Piazza del PopoloPiazza di Spagna, la Fontana di Trevi, el PanteónSanta María Sopra MinervaSan IgnacioNavona y el Campo de Fiori. Entre helados, pizzas y recuerdos, la ciudad se entregó como un regalo de hospitalidad y belleza.

El viernes 29, último día, fue un descenso al corazón de la Iglesia naciente. Las Catacumbas de San Calixto acogieron a los peregrinos con su silencio de piedra y memoria. Guiados en pequeños grupos, recorrieron los pasillos donde reposan papas, mártires y santos como Santa Cecilia. Allí celebraron la última Eucaristía, presidida por el arzobispo, recordando el martirio de San Juan Bautista y la valentía de los primeros cristianos. Fue la despedida más solemne y simbólica, antes de emprender el regreso a Galicia.

El balance no pudo ser más positivo: días de oración, cultura, comunión y cercanía fraterna. Los peregrinos regresaron agradecidos por la belleza de lo vivido y por la compañía, siempre cercana y atenta, de su pastor monseñor Francisco José Prieto Fernández.

Roma se despide, pero lo sembrado en este Jubileo seguirá germinando en Compostela. Porque este viaje no fue solo un desplazamiento, sino un camino del alma: semilla de comunión y esperanza que florecerá en cada parroquia, en cada comunidad, en cada corazón.

Volver arriba