"Dios no se cansa de llamar": el cardenal José Cobo abre de la Semana de la Palabra en Madrid
La Iglesia de Madrid ha iniciado la Semana de la Palabra con una Eucaristía en la Catedral de la Almudena presidida por el arzobispo, cardenal José Cobo. Una llamada a vivir de una forma más intensa lo que nos comunica la Palabra de Dios
(Luis Miguel Modino/Archimadrid).- Al inicio del curso pastoral la Iglesia de Madrid ha iniciado la Semana de la Palabra. Una Eucaristía en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena, presidida por el arzobispo, cardenal José Cobo, ha sido oportunidad para comenzar esta nueva etapa «con la luz y con la aportación que nos da la Palabra de Dios». Una semana que se celebra en cada parroquia y comunidad que es una llamada a vivir de una forma más intensa lo que nos comunica la Palabra de Dios y ser dóciles a ella y a Jesucristo.
"Id también vosotros a mi vida"
Esa Palabra nos dice en el pasaje del Evangelio del XXV Domingo del Tiempo Ordinario: «Id también vosotros a mi vida», recordó el arzobispo. Una invitación a reconocer «quién nos convoca y para qué nos llama», que nos hace ver que «la vida con Dios igual que la vida del amor siempre es ascendente». Desde ahí, la Semana de la Palabra es ocasión para «escuchar al dueño de la viña, sabiendo que esta viña no es nuestra», sino que «es el Señor quien llama, quien reúne y quien paga».
A partir de lo que nos dice la Constitución Dogmática del Concilio Vaticano II Dei Verbum, el cardenal Cobo subrayó el lugar que tiene la Palabra de Dios, y que «toda la vida y predicación de la Iglesia debe nutrirse de la Palabra y regirse por ella». También advirtió del peligro en nuestra vida de fe de hacer cosas, «pero no escuchar la voz del Señor».
Un «Id también a mi viña», que el dueño de la viña va diciendo una y otra vez a lo largo del Evangelio y a todos, que quiere decir que «Dios no llama una sola vez en la vida, que Dios llama muchas veces». Y es que «Dios no se cansa de llamar, incluso cuando nosotros pensamos que algunas personas están demasiado lejos, que ya es tarde para muchos, que determinados ambientes o determinadas personas nunca se van a acercar al Evangelio. Dios nos descubre que Él siempre sale a la plaza y no se cansa de llamar», subrayó el arzobispo.
Renovar la vocación a trabajar en la viña
Desde ahí llamó a «renovar cada uno de nosotros nuestra vocación, la llamada que el Señor nos hace a trabajar en su viña», y junto con ello, «renovar también esta llamada que el Señor hace para trabajar con otros», en la diversidad de carismas, pero con una única misión. Por ello, hizo ver la necesidad de convertirse, de superar «la tentación de ir siempre con el piloto automático, de ir siempre con lo mismo».
A partir de aquellos que querían trabajar, pero no habían sido todavía llamados, el cardenal Cobo reflexionó sobre «tantos jóvenes que no encuentran su lugar, en bautizados que no encuentran comunidades cristianas, en familias que se han alejado de la vida de la Iglesia, en gente herida por la Iglesia, en gente que llega a nuestro país o a nuestra ciudad de otros lugares y no encuentra lugares de acogida».
Por ello, la necesidad de «escuchar esas voces y salir donde están ellos», de salir al encuentro de quien está buscando a Dios y no sabe cómo hacerlo, de quien necesita una comunidad y todavía no la ha encontrado. «¿Qué preguntas nos hace nuestra gente y nunca llegan a nuestro corazón?», cuestionó el arzobispo, remitiéndose a la visita del papa León XIV, en la que «gente que no viene habitualmente a nuestras reuniones ni a nuestras iglesias, salió a la calle buscando».
Esperando una llamada
«¿No estarían esperando una llamada? ¿No están muchos esperando reconocer la llamada del Señor desde los labios de la Iglesia?», preguntó. Cuestionamientos que muestran que «necesitamos a principio de curso recuperar la inquietud del propietario de la parábola y volver a salir, no como una actividad más, sino como el Espíritu que habita en nosotros y nos empuja, nos urge a ello». El inicio de curso es «una nueva hora y un nuevo momento para ir con nuestros hermanos a esto que la Iglesia de Madrid pretende: generar discípulos, construir comunidades y cómo no anunciar el Evangelio».
A la luz de las palabras del Santo Padre en su visita, el cardenal llamó a «reconocer qué llamadas hay en nuestra ciudad que nos hacen ir cambiando, readaptando nuestro trabajo, para responder a las llamadas que esta gran ciudad nos hace y tanta gente que está en la plaza esperando ser llamada». De ahí surgen preguntas: «¿Qué es, en definitiva, lo que el Espíritu Santo está pidiendo a esta Iglesia de Madrid? ¿Qué es lo que el Espíritu Santo me pide a mí dentro de esta Iglesia? ¿A qué te está llamando a trabajar?»
Por encima de las circunstancias concretas, «el don es que podemos estar con el Señor, que podemos trabajar en esta viña», afirmó el arzobispo. Por eso, invitó a escuchar y a responder y a decirle: «Señor, ¿dónde quieres que trabaje esta vez? ¿Dónde quieres que trabajemos este año? ¿A qué plazas tendremos que salir? ¿Qué tendremos que revisar y con quién? ¿Con quién nuevo tendremos que aprender a trabajar y a caminar?» Para ello, «escuchemos la voz del Señor y disfrutemos de ser llamados a esta viña».