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Feliz Pascua. ¡Cristo ha resucitado!

Francisco José Prieto: “La Pascua nos saca de una fe cómoda y nos introduce en una fe comprometida”

“La Pascua no es solo un acontecimiento: es un compromiso”, afirmó el arzobispo de Santiago de Compostela, invitando a los fieles a hacer visible esa vida nueva en sus acciones diarias

El arzobispo de Santiago de Compostela, en la Vigilia Pascual | Archicompostela

El arzobispo de Santiago, Francisco José Prieto Fernández, presidió la Vigilia Pascual en la Catedral de Santiago de Compostela, una de las celebraciones más significativas del calendario cristiano que conmemora la Resurrección de Cristo.

Al inicio de la liturgia, el templo permanecía sumido en el silencio y la penumbra que caracterizan esta tradición. Sin embargo, poco después, la oscuridad se vio iluminada por una luz especial, como señaló el arzobispo: “En medio de la noche ha brillado una luz. No una luz cualquiera, sino la luz de Cristo. Porque esta es la noche en la que todo comienza de nuevo”.

En la homilía, el prelado destacó el sentido transformador de la Pascua, subrayando que no se trata únicamente de un acontecimiento simbólico, sino de una llamada concreta a la vida nueva: “La Pascua nos saca de una fe cómoda y nos introduce en una fe comprometida”.

Una celebración que recorre la historia de la salvación

La Vigilia Pascual se desarrolló siguiendo su estructura tradicional en cuatro partes. Comenzó con el lucernario y el pregón pascual, donde la luz del cirio simbolizó la victoria de Cristo sobre la oscuridad. A partir de ahí, la liturgia de la Palabra condujo a los fieles a través de los principales momentos de la historia de la salvación.

El arzobispo hizo alusión al relato de la creación para destacar la acción transformadora de Dios, capaz de convertir el desorden y la oscuridad en luz y vida. A partir de esta imagen, invitó a los fieles a mirarse por dentro y reconocer sus propias sombras, subrayando que, también hoy, «Dios sigue pronunciando su palabra creadora sobre cada persona«.

Asimismo, hizo referencia al paso del pueblo de Israel por el mar Rojo como símbolo de liberación, señalando que la Pascua sigue siendo hoy un mensaje de esperanza ante las distintas formas de esclavitud contemporánea, como el miedo o la desesperanza. “Dios sigue abriendo caminos donde no los hay”, aseguró.

“¿Vivimos como resucitados o seguimos viviendo como si Cristo no hubiera vencido la muerte?”

Bautismo, vida nueva y misión

Uno de los momentos más significativos de la celebración fue la renovación de las promesas bautismales y la atención especial a los catecúmenos, quienes se preparan para recibir los sacramentos de iniciación cristiana. El arzobispo subrayó que el Bautismo implica una transformación real: “Morimos al hombre viejo y nacemos a una vida nueva”.

Dirigiéndose directamente a ellos, les animó a vivir sin temor su fe: “No tengáis miedo de ser testigos de la vida nueva”. Esta llamada se extendió a todos los presentes, invitados a examinar su propia coherencia: “¿Vivimos como resucitados o seguimos viviendo como si Cristo no hubiera vencido la muerte?”.

El relato evangélico de las mujeres ante el sepulcro vacío sirvió como culminación del mensaje, destacando la centralidad de la resurrección como núcleo de la fe cristiana. “La última palabra es la vida”, proclamó el prelado.

Una fe que se traduce en compromiso

En la parte final de su homilía, el arzobispo compostelano concretó las implicaciones prácticas de la fe pascual, destacando que creer en la Resurrección exige una respuesta activa en la vida cotidiana. Entre otros aspectos, señaló la defensa de la vida en todas sus etapas, la atención a los más vulnerables, el cuidado de la creación y la construcción de relaciones basadas en el perdón y la paz.

La Pascua no es solo un acontecimiento: es un compromiso”, afirmó, invitando a los fieles a hacer visible esa vida nueva en sus acciones diarias.

La celebración concluyó con la mirada puesta en el Domingo de Pascua, cuando tendrá lugar la procesión de Jesús Resucitado en la Praza da Quintana y la posterior Misa solemne en la Catedral. Mientras tanto, el mensaje de la Vigilia quedó resumido en una doble llamada: la certeza de que “Cristo vive” y la tarea de reflejar esa vida en el mundo.

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