Francisco José Prieto recibe la Insignia de Oro y el título de Socio de Honor de la asociación Día de Galicia en Asturias
El arzobispo compostelano presidió una eucaristía en la catedral de Oviedo, donde invitó a "caminar reconciliados", antes de participar en el acto institucional: "Perdonamos porque vivimos del perdón"
(Archicompostela).- El arzobispo de Santiago de Compostela, mons. Francisco José Prieto Fernández, recibió este domingo, 13 de septiembre, la Insignia de Oro y el título de Socio de Honor de la Asociación Día de Galicia en Asturias. La distinción le fue entregada en Oviedo durante el acto institucional de la trigésimo primera edición de esta celebración, dedicada a mantener y estrechar los vínculos sociales y culturales entre Galicia y Asturias.
La jornada comenzó a las 11.00 horas con una misa cantada en la Catedral de Oviedo, presidida por el arzobispo compostelano y con la participación de la soprano Tina Gutiérrez. La celebración recordó a los socios y amigos fallecidos de la asociación, y tuvo también presente al pueblo venezolano y a las poblaciones españolas afectadas por los incendios.
El perdón, una forma de caminar
En su homilía, mons. Prieto reflexionó sobre el perdón a partir de la parábola evangélica del siervo que, después de ver perdonada una gran deuda, fue incapaz de actuar con la misma misericordia hacia uno de sus compañeros. El arzobispo señaló que la dificultad para perdonar nace muchas veces de haber olvidado que cada persona también ha necesitado ser perdonada.
Perdonamos porque vivimos del perdón
«Perdonamos porque vivimos del perdón», afirmó, antes de recordar que la misericordia de Dios precede siempre a la respuesta humana. Por ello, invitó a preguntarse no solo cuánto se debe perdonar, sino también cuánto perdón se ha recibido a lo largo de la vida.
El arzobispo relacionó esta reflexión con la experiencia del Camino de Santiago y con los lazos históricos que unen Oviedo y Compostela a través del Camino Primitivo. Como el peregrino debe seleccionar aquello que realmente necesita y desprenderse de lo que pesa en su mochila, también cada persona está llamada a revisar las heridas, decepciones y resentimientos que dificultan su camino.
Mons. Prieto destacó que perdonar no significa restar importancia al daño sufrido ni considerar bueno aquello que estuvo mal. Algunas heridas, indicó, necesitan tiempo, justicia, verdad y sanación. El perdón consiste en «no permitir que el mal recibido tenga la última palabra sobre nuestra vida» y en evitar que quien causó una herida determine para siempre la forma de vivir de quien la sufrió.
"Caminemos reconciliados"
La experiencia del Camino muestra, según explicó el arzobispo, cómo personas de distintos países, culturas, ideas y creencias pueden avanzar juntas hacia una misma meta. A lo largo del recorrido caen muchas barreras y cada peregrino descubre que necesita la ayuda, la hospitalidad, la paciencia y la compañía de los demás.
Frente a la autosuficiencia y la confrontación, el Camino devuelve a la persona a su verdadera condición: la de alguien que necesita que le indiquen la dirección, que esperen por ella y que le ofrezcan una palabra de ánimo: «Somos más peregrinos que jueces unos de otros. Somos compañeros de camino».
El prelado recordó que llegar a Compostela no consiste únicamente en completar unos kilómetros u obtener la acreditación del peregrino. «La verdadera peregrinación sucede cuando, por gracia, algo cambia en nuestras vidas», señaló. Desde esta perspectiva, planteó otra pregunta para la reflexión personal: «¿Hacia dónde estoy caminando?».
También advirtió de que es posible caminar mucho y avanzar poco, acumular actividades, preocupaciones e incluso prácticas religiosas sin abandonar los resentimientos. Frente a esa situación, explicó que Cristo propone otra manera de recorrer el camino de la vida: «Caminar reconciliados».
Mons. Prieto concluyó invitando a vivir de manera concreta las palabras del padrenuestro: «Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos». Así, pidió una memoria agradecida por el perdón recibido y una mirada misericordiosa hacia los demás, conscientes de que todos son peregrinos frágiles en el camino de la vida: «Nuestra vida se sostiene en la misericordia, no en las heridas».
Nuestra vida se sostiene en la misericordia, no en las heridas
Un reconocimiento que implica responsabilidad
Tras la celebración religiosa, el acto institucional tuvo lugar a las 13.00 horas en el Hotel de la Reconquista. El presidente de la Asociación Día de Galicia en Asturias, Manuel Fernández Quevedo, impuso las Insignias de Oro y entregó los carnés de Socio de Honor a mons. Francisco José Prieto Fernández y a Rafael del Río Sendino. Entre los asistentes se encontraba el presidente del Parlamento de Galicia, Miguel Ángel Santalices Vieira. La jornada continuó con la tradicional comida de hermandad entre representantes de Galicia y Asturias.
En su intervención, el arzobispo agradeció el galardón y volvió a referirse al Camino Primitivo como expresión del vínculo histórico entre Oviedo y Santiago. Recordó el itinerario iniciado por el rey Alfonso II tras ser informado del descubrimiento de la tumba del apóstol Santiago, un acontecimiento que unió desde sus comienzos a ambos territorios y cuya repercusión se ha prolongado hasta la actualidad.
Mons. Prieto afirmó que recibía el nombramiento no tanto como un reconocimiento personal, sino como una responsabilidad. Esa responsabilidad, señaló, alcanza al camino cotidiano que la sociedad debe recorrer mediante la disposición a caminar juntos, esperar unos por otros y construir oportunidades compartidas.
La esperanza como horizonte
El arzobispo recurrió a la referencia de Dante a Santiago de Compostela como lugar en el que «renace la esperanza». Desde esa imagen, pidió que la esperanza vuelva a resonar en una humanidad marcada por conflictos próximos y lejanos, entre los que citó las situaciones vividas en Ceuta y Ucrania, junto a otras guerras que han caído en el olvido.
Mons. Prieto recordó que la esperanza es la convicción de que existe un horizonte porque hay un camino y una meta hacia la que dirigirse. Explicó también que el reconocimiento recibido lo compromete desde su responsabilidad pastoral y eclesial, pero también social.
En este sentido, expresó su deseo de que la Iglesia sea como la plaza del Obradoiro, un lugar abierto al encuentro. Invitó a que las plazas de Oviedo y Santiago sean espacios donde las personas puedan reconocerse como cercanas desde la verdad, la justicia y el respeto al otro.