El obispo de Huesca instaura el diaconado permanente como nuevo paso en el proceso sinodal diocesano
La decisión ha sido formalizada mediante Decreto oficial y se produce tras un proceso de discernimiento compartido en los órganos de gobierno diocesanos. "No se trata de una novedad coyuntural, sino de la recuperación de un ministerio con raíces profundas en la historia eclesial", ha apuntado
(Iglesia en Aragón).- El obispo de Huesca, el padre Pedro Aguado Cuesta, ha instaurado el diaconado permanente en la diócesis mediante una Carta Pastoral fechada este lunes 23 de febrero de 2026 en la que comunica a toda la Iglesia diocesana una decisión que califica como “una importante decisión relacionada con la vida de nuestra diócesis y con el proceso sinodal que estamos viviendo”. Con este paso, la Iglesia que peregrina en Huesca incorpora de manera estable este ministerio ordenado, en continuidad con la tradición de la Iglesia y en respuesta a los retos pastorales actuales.
La decisión ha sido formalizada mediante Decreto oficial, fechado el 15 de febrero de 2026, y se produce tras un proceso de discernimiento compartido en los órganos de gobierno diocesanos. Tal como recuerda el propio obispo en su carta, la posibilidad de instaurar el diaconado permanente ya fue consultada por su predecesor, Julián Ruiz Martorell, en los Consejos del Presbiterio y de Pastoral, obteniendo entonces el parecer favorable de ambos organismos. Posteriormente, el nuevo Consejo Episcopal emitió también un parecer “unánimemente favorable”, y la intención de dar este paso fue comunicada públicamente en la asamblea sinodal diocesana celebrada el pasado 17 de enero.
El diaconado permanente fue aprobado y reinstaurado por el Concilio Vaticano II,
En su Carta Pastoral, el obispo sitúa esta decisión en plena fidelidad al magisterio de la Iglesia, recordando que el diaconado permanente fue aprobado y reinstaurado por el Concilio Vaticano II, en consonancia con la tradición apostólica testificada en el Nuevo Testamento y en la vida de la Iglesia primitiva. No se trata, por tanto, de una novedad coyuntural, sino de la recuperación de un ministerio con raíces profundas en la historia eclesial.
La diócesis oscense cuenta, además, con un fuerte vínculo espiritual con el ministerio diaconal a través de sus patronos, San Lorenzo y San Vicente, ambos diáconos y mártires. El obispo subraya que esta decisión “no es ajena a la inspiración que ambos santos provocan en todos nosotros”, destacando de San Lorenzo su defensa de los pobres y de San Vicente su predicación de la Buena Noticia, así como la íntima unión de ambos con la Eucaristía y su fidelidad a la Iglesia. Su testimonio, afirma, “marca el camino, las prioridades y la orientación de la vida y misión de los futuros diáconos permanentes de nuestra diócesis”.
Uno de los aspectos que el prelado ha querido aclarar con especial énfasis es que el diaconado permanente no responde a una lógica de suplencia ante la escasez de sacerdotes. “El diaconado no es una opción de sustitución del presbítero, a causa del escaso número de sacerdotes. El diaconado es un ministerio en sí mismo, no una opción de suplencia”, afirma expresamente en la carta. En este sentido, la diócesis mantiene su apuesta decidida por la pastoral vocacional al ministerio sacerdotal y por la promoción de los ministerios laicales, integrando el diaconado permanente como una vocación específica y complementaria dentro de la riqueza ministerial de la Iglesia.
El obispo explica que el diaconado es un ministerio ordenado con una identidad propia, orientado de manera particular a tres dimensiones fundamentales de la vida eclesial: la Palabra, la Liturgia y la Caridad. En el ámbito de la Palabra, los diáconos podrán proclamar el Evangelio, predicar la homilía e impulsar la catequesis; en la Liturgia, asistirán al obispo y a los presbíteros, podrán presidir celebraciones en ausencia de sacerdote, administrar la comunión y el viático a los enfermos, así como celebrar el Bautismo, el Matrimonio y las exequias; y en el ámbito de la Caridad, colaborarán en Cáritas, Manos Unidas, obras asistenciales y en la atención a enfermos y personas en situación de pobreza o exclusión.
Los futuros diáconos se integrarán en los equipos de las distintas Unidades Pastorales, desde donde impulsarán diversos aspectos de la acción pastoral diocesana, y podrán colaborar también en delegaciones y servicios de la Curia. Todo ello se enmarca en el horizonte de una Iglesia “sinodal y misionera”, en la que los distintos agentes pastorales trabajen de manera coordinada y corresponsable. El deseo expresado por el obispo es contar con “un diaconado que exprese de modo tan humilde como certero la respuesta eclesial a los retos de su misión evangelizadora”.
En cuanto al proceso formativo, la Carta Pastoral establece un itinerario que incluye el discernimiento vocacional acompañado, la formación teológica, pastoral, espiritual y comunitaria, y una etapa de experiencia pastoral en la que el candidato recibirá los ministerios de lector y acólito. En los casos en que el aspirante haya cursado estudios de Teología o cuente ya con una experiencia pastoral significativa, la formación podrá adaptarse a sus circunstancias personales.
La edad mínima para la admisión al diaconado permanente será de 25 años para los célibes y de 35 años para los casados. En estos últimos casos, será imprescindible el consentimiento expreso de la esposa y, si los hubiera, el parecer de los hijos mayores de edad. El obispo ha designado como director para la formación de los candidatos a D. Fernando Altemir Pardo, Vicario Episcopal de Caridad, Evangelización y Formación, y ha constituido una comisión específica dentro del Consejo Episcopal para la promoción de esta vocación en la diócesis.
En relación con el perfil de los candidatos, el obispo subraya que, aun reconociendo que “ninguno somos dignos de ningún ministerio”, se espera de ellos madurez humana, responsabilidad, equilibrio, capacidad de escucha y una vida cristiana coherente. Entre las cualidades señaladas destacan la integridad en la fe, la generosidad, la compasión y la entrega a la familia en el caso de los casados. De manera especial, afirma con claridad: “De modo especial, se les pide amor por los pobres y pasión por el Evangelio”.
La Carta concluye con una invitación a toda la diócesis a acompañar este nuevo paso con la oración y el apoyo fraterno. “Pido a todas nuestras comunidades y parroquias que encomienden vivamente en su oración a las personas que vayan asumiendo esta vocación”, escribe el obispo, pidiendo al Señor que conceda el don de vivir un proceso sincero y humilde de identificación con Cristo servidor.
Al instaurar el diaconado permanente, la Diócesis de Huesca da gracias a Dios por este nuevo ministerio y renueva su compromiso de ser una Iglesia “cada vez más sinodal, más misionera y más cercana al Evangelio”. Bajo la intercesión de San Lorenzo y San Vicente y la protección de la Virgen María, comienza así una nueva etapa en la vida pastoral de la diócesis, orientada a fortalecer su dimensión evangelizadora y su servicio a los más necesitados.