Las obras en la iglesia de Campo Real descubren una botella con un documento sobre el párroco asesinado en 1936
La botella de cristal contenía un documento fechado en 1947 relacionado con el párroco Valentín Rodríguez Cañas, asesinado a tiros el 29 de julio de 1936, durante el inicio de la Guerra Civil
Las obras de rehabilitación de la iglesia parroquial de Santa María del Castillo, en el municipio de Campo Real, han sacado a la luz una botella de cristal que contenía un documento fechado en 1947 relacionado con el párroco Valentín Rodríguez Cañas, asesinado a tiros el 29 de julio de 1936, durante el inicio de la Guerra Civil.
Así lo ha compartido la Diócesis de Alcalá de Henares en un comunicado, en el que recoge que el hallazgo se produjo en la primavera de 2025 durante los trabajos de consolidación de la cimentación de la torre del templo, así como en las intervenciones realizadas en las cubiertas y el solado del edificio.
Fue en el transcurso de estas obras cuando apareció, junto a la tumba del sacerdote, una botella de cristal correspondiente a un popular jarabe denominado 'Ceregumil'. En su interior se encontraba un papel enrollado, que fue trasladado al Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares, donde un arqueólogo procedió a su limpieza y extracción.
El documento, redactado en papel timbrado con el sello de la parroquia de Santa María del Castillo, está fechado el 20 de junio de 1947 y recoge el acta de exhumación y reconocimiento de los restos mortales de Valentín Rodríguez Cañas para su posterior traslado a una nueva sepultura dentro de la propia iglesia parroquial.
El texto está rubricado por varios sacerdotes del Arciprestazgo de Arganda, entre ellos el coadjutor de Arganda, el párroco de Campo Real, el arcipreste de Arganda y el cura de Perales de Tajuña. Asimismo, deja constancia de que en el acto de exhumación estuvieron presentes el juez municipal, el secretario de la corporación municipal, el farmacéutico y el sepulturero.
Según detalla el acta, cuyo texto íntegro ha sido difundido por la propia Diócesis, los restos fueron exhumados del cementerio municipal, identificados pese a que la fosa había sido removida con anterioridad por error, y depositados provisionalmente antes de ser trasladados de forma procesional al templo parroquial. Allí se celebró un solemne funeral con asistencia de numeroso público y la presencia de autoridades, tras lo cual se dio sepultura definitiva a los restos en la iglesia.
El documento señala que el acta fue incluida junto a los restos "para perpetua memoria", con el fin de que pudiera servir en el futuro como testimonio auténtico de estos hechos, quedando constancia también en los libros sacramentales del archivo parroquial.