Ignacio María Fernández: "Los curas que no están en el SARCU no saben lo que se pierden"
La Iglesia que sale a la noche
Cada noche del año, de 22.00 a 7.00 horas, hay un sacerdote con el teléfono encendido y el estuche con los santos óleos a mano. Es el SARCU, el Servicio de Asistencia Religiosa Católica Urgente de la archidiócesis de Madrid
(Archimadrid).- Cada noche del año, de 22.00 a 7.00 horas, hay un sacerdote con el teléfono encendido y el estuche con los santos óleos a mano. Es el SARCU, el Servicio de Asistencia Religiosa Católica Urgente (SARCU) de la archidiócesis de Madrid, que echó a andar el 15 de mayo de 2017. Hablamos con Ignacio María Fernández de Torres, que hizo la primera guardia el día de San Isidro de aquel año y que hoy define el servicio como «un regalo que Dios nos ha hecho».
Una Iglesia presente en la noche
«El SARCU es una expresión de la Iglesia samaritana», explica Fernández de Torres. Es un servicio concretado en un momento muy determinado: la noche, «el tiempo de los miedos, de los fantasmas, de las soledades, de las desesperanzas», y también aquel en que las personas se sienten más vulnerables.
Aclara que se trata de un servicio de urgencia que no pretende suplantar el trabajo cotidiano de las parroquias o las capellanías, ni ir en paralelo o al margen de él. Su misión es que la Iglesia esté presente en el ámbito del dolor y del sufrimiento para transmitir esperanza, luz y consuelo, «a veces simplemente para estar». Lo resume en un mensaje: «Aquí estoy para lo que usted me necesite, usted no está solo». Por eso insiste en que «el SARCU no es un grupo de curas, el SARCU es la Iglesia». Los sacerdotes que participan se sienten «enviados por la Iglesia y respaldados por la Iglesia»: «No somos francotiradores».
Escuchar, acoger, acompañar
El trabajo, resume, consiste en escuchar, acoger y acompañar. Cuando empieza la guardia, «lo importante es quién llama», y el sacerdote está ahí «para servir, no para juzgar». A veces basta con la conversación telefónica. Otras, hay que acudir a un domicilio, un hospital o una residencia para administrar la unción de enfermos, llevar la comunión o rezar un responso. También forma parte del servicio orientar y facilitar datos de instituciones y lugares que puedan atender después a quien llama.
Para ello, cada sacerdote prepara su pequeño «kit SARCU»: el móvil cargado y con el volumen alto, los santos óleos, el portaviático con las formas consagradas y el ritual. Fernández de Torres bromea con que algún día pedirá al obispo «un estuche chulo» homologado, como las mochilas del SAMUR, porque «después de tantos años nos lo hemos ganado».
La soledad, cada vez más presente
Según el sacerdote, las llamadas relacionadas con la soledad, la ansiedad y la angustia han ido en aumento desde el principio. «Hay que descubrir la soledad como una enfermedad que no te mata físicamente pero que te mata en vida», afirma. Se trata, dice, de personas en situaciones vitales muy inestables que, en un momento dado, «explotan» y llaman.
Se mantienen también las llamadas más tradicionales: la unción de enfermos, el viático o el responso por un fallecido. Algunas noches no suena el teléfono; otras, la misma persona llama varias veces. Las llamadas de personas con deseos autodestructivos son, reconoce, «especialmente complejas y dolorosas». Aun así, subraya, incluso en las más difíciles queda la alegría de poder decir: «La Iglesia ha estado aquí».
Hay que descubrir la soledad como una enfermedad que no te mata físicamente pero que te mata en vida
La pandemia: noches de seis, siete u ocho llamadas
Uno de los periodos más duros fue el de la pandemia, de marzo a septiembre de 2020, con noches de seis, siete u ocho llamadas, algunas «absolutamente desgarradoras».
Fernández de Torres recuerda su primera guardia de aquellos meses: una familia le pidió que diera la unción a un paciente de COVID que estaba muriendo en una zona de aislamiento del hospital. Los médicos ya les habían avisado de que no podría pasar por falta de equipos de protección y por protocolo de seguridad. Hubo que rezar «casi a distancia».
Impotencia, vulnerabilidad y "noches oscuras del alma"
Fernández de Torres habla con franqueza de lo que el servicio exige a quienes lo prestan. Cita la «espiritualidad de la impotencia y de la vulnerabilidad», que explica el vicario de pastoral: querer tener una respuesta y no tenerla, sentirse desbordado «como ante un tsunami». En el SARCU, dice, se entiende «el silencio de Dios» y se aprende a vivir la fe «en la noche de Getsemaní». Reconoce que los sacerdotes del servicio viven también sus propias «noches oscuras del alma».
Y hay noches en que uno cuelga el teléfono pensando «lo he hecho bien, he estado a la altura», y otras en que se queda «un poco tocado».
Un regalo para el sacerdote
Lejos de presentarlo solo como una carga, el sacerdote lo describe como «uno de los grandes regalos» de su vida: una imagen viva de Cristo Buen Pastor que carga sobre sus hombros con la oveja herida. «El SARCU te descentra: te dice que no estás aquí para lo que te gusta, sino para lo que hace falta. Como cura te quita mucha tontería», afirma. Y añade: «Los curas que no están en el SARCU no saben lo que se pierden».
Recuerda además que la primera guardia respondía a una necesidad real: desde los servicios de urgencia del Ayuntamiento les decían que había personas que pedían expresamente un cura, y que a veces preguntaban dos, tres o cuatro veces si de verdad era sacerdote.
Un buen uso del servicio
Fernández de Torres pide, en primer lugar, un buen uso del SARCU. No es un servicio para consultas generales: cuenta que un compañero recibió una vez, a la una de la madrugada, una llamada para aclarar una duda sobre el Concilio de Nicea. También pide que el espíritu del SARCU (disponibilidad, cercanía a quien sufre, apertura) «recorra transversalmente toda la Iglesia», porque «el SARCU no se ha inventado nada: es el Evangelio, en una expresión intensa y encarnada en un momento del día muy complicado». Y termina con una petición: «Que la gente rece por nosotros, que falta nos hace».
Qué es el SARCU
-Servicio de la Archidiócesis de Madrid que funciona de 22.00 a 7.00 horas, todos los días del año. Fuera de ese horario está inactivo.
-Atiende casos urgentes y graves: moribundos, situaciones de peligro vital físico o psicológico, grandes accidentes o catástrofes, violaciones de los derechos humanos que requieren una rápida actuación, etc.
-Funciona con una simple llamada telefónica: un sacerdote atiende directamente.
-En caso de urgencia masiva, está preparado para activar a todos los sacerdotes colaboradores a cualquier hora del día o de la noche.
Cómo funciona
1. Llama al 913 717 717 entre las 22.00 y las 7.00 horas.
2. Te atenderá directamente un sacerdote. Explícale la situación y tomará los datos necesarios para intervenir.
3. El sacerdote te volverá a llamar para comprobar que no se trata de una broma o de algo malintencionado.
4. Al poco tiempo, se presentará para acompañar pastoral y evangélicamente la situación.
5. En los días siguientes, ese sacerdote y el SARCU procurarán complementar su ayuda, si se ve necesario, poniendo en contacto con la parroquia, servicios de escucha o lo que sea preciso.
¿Puede llamar cualquiera y para cualquier cosa?
Puede llamar cualquier persona, pero solo ante una situación urgente. Si el problema es genérico, es mejor esperar a que sea de día y acudir a cualquier iglesia. Si se necesita atender a un enfermo de un hospital público (y de algunas clínicas privadas), conviene dirigirse al personal de enfermería de noche: esos hospitales cuentan con capellanes de guardia.
¿Cuánto cuesta?
Nada. «Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis» (Mt 10, 8).
¿Eres sacerdote y quieres colaborar?
Contacta con la Secretaría de la Vicaría de Pastoral Social e Innovación en el teléfono 91 454 64 22.