Satué: "Se ha pretendido domesticar a la Iglesia, y a veces nos hemos dejado domesticar"
"Tenemos que ser nosotros mismos y ser valientes. Esa valentía vale tanto para defender los derechos de las personas migrantes como para afirmar la dignidad de la vida humana en todas sus etapas, incluida la de los no nacidos. Pero con humildad y coherencia"
"A lo largo de la historia, con mucha facilidad se ha pretendido domesticar a la Iglesia, y a veces nos hemos dejado domesticar. Por eso creo que tenemos que ser nosotros mismos y ser valientes". El obispo de Málaga, José Antonio Satué, cumple cien días al frente de la sede andaluza, y concede una entrevista a La Opinión de Málaga donde habla de sus retos en la diócesis, el papel de las cofradías, la renovación en la Iglesia y los debates sociales.
Preguntado sobre la inmigración, Satué recomienda "escuchar y conocer". "Hay que empezar por algo muy sencillo: hablar con inmigrantes", señala el prelado, quien admite que "los gobiernos tienen derecho a regular los flujos migratorios, y es necesario que lo hagan. Pero, al mismo tiempo, con las personas que conviven en nuestra escalera, que nos sirven un café, que vienen a trabajar a nuestra casa o que forman parte de nuestro día a día, nuestra actitud tiene que ser de acogida: compartir lo que tenemos y aprender también de ellos".
"Eso, para mí, es Evangelio y es doctrina social de la Iglesia", zanja el prelado, quien lamenta la polarización que existe en torno a este tema, y el discurso político de quienes dicen defender la vida pero dejan fuera a migrantes y pobres, e intentan que la Iglesia haga lo mismo. "Tenemos que ser nosotros mismos y ser valientes. Esa valentía vale tanto para defender los derechos de las personas migrantes como para afirmar la dignidad de la vida humana en todas sus etapas, incluida la de los no nacidos. Pero con humildad y coherencia".
La defensa de la vida debería ser transversal: jóvenes, mayores, enfermos, quienes viven en situación de pobreza o vulnerabilidad, quienes vienen de fuera y quienes están dentro. Sin contraponer unas vidas a otras
"La defensa de la vida debería ser transversal: jóvenes, mayores, enfermos, quienes viven en situación de pobreza o vulnerabilidad, quienes vienen de fuera y quienes están dentro. Sin contraponer unas vidas a otras. Y lo que pido —sobre todo a los católicos, pero también a todas las personas de buena voluntad— es una alianza a favor de toda la vida humana, porque cada persona es una riqueza. Y que lo planteemos no como un tema de confrontación política, porque cuando se instrumentaliza, siempre hay personas que acaban sufriendo", subraya Satué.
En esta tesitura, añade el prelado, "lo que debemos hacer es asumir los retos que se nos presentan: los de la sociedad en su conjunto y los de cada grupo en particular. Si solo se tratara de ‘adaptarse’, corremos el riesgo de perder la esencia. En cambio, asumir los desafíos desde el Evangelio nos permite mantener lo esencial y, a la vez, estar donde hay que estar".
Satué también lamenta "la precariedad" que "hoy afecta a perfiles muy distintos", tanto extranjeros como nacionales, "gente que tiene trabajo y, aun así, no llega a fin de mes. Personas que, después de pagar el alquiler, se quedan con muy poco dinero en el bolsillo". "Es verdad que es un problema que la Iglesia no puede solucionar por sí sola, pero sí puede aportar su granito de arena. Y en ese sentido, estoy contento con lo que se está haciendo: por un lado, la labor de denuncia, que me parece importante cuando se cometen injusticias; por otro, la ayuda a personas concretas que viven en sus propias casas y a las que se apoya económicamente; y, además, las casas que tiene la diócesis para ‘los últimos de los últimos’, que cumplen una función social imprescindible", incide.
Alejamiento de los jóvenes de la Iglesia
Sobre el supuesto 'giro católico', Satué pide "ser realistas y estar muy pegados a la realidad". "A veces suceden acontecimientos significativos que parecen signos que alientan la esperanza, pero no pueden hacernos perder de vista el conjunto. Y una realidad evidente es el alejamiento de los jóvenes de la Iglesia", admite, abogando por dar prioridad a la pastoral juvenil, con "creatividad pastoral y comunicativa".
Frente a la polarización, el obispo de Málaga defiende la labor de las parroquias, que "son un espacio de encuentro: se reúnen personas distintas, con sensibilidades políticas diferentes, de diversas procedencias sociales y de distintas edades", algo que también observa en las hermandades. "Eso es algo valioso, siempre que quienes asumen el gobierno de las hermandades sepan mantener la esencia cristiana de la cofradía", advierte.