"Servir, amar, levantar dignidades": Tres invitaciones del arzobispo de Madrid para esta Semana Santa
La Almudena ha acogido este domingo la solemne celebración del Domingo de Ramos, en una liturgia impartida por el arzobispo Cobo: "Solo quien atraviesa la cruz… entiende de verdad la alegría de la Pascua"
(Archimadrid).- Ha comenzado la Semana Santa en Madrid. La catedral de la Almudena ha acogido este domingo, 29 de marzo, la solemne celebración del Domingo de Ramos, en una liturgia que ha comenzado con la tradicional bendición de las palmas en la entrada de la calle Bailén, seguida de procesión. «Acogemos a Cristo que viene a nuestras vidas y nos abre el portal de la Semana Santa […] que esta procesión sea una parábola de nuestra vida, con nuestras ganas de acompañar a Jesús hacia la Semana Santa. Nosotros hoy nos ponemos en marcha hacia esa Jerusalén».
Ya en la Eucaristia de inicio de la Semana Santa, el arzobispo de Madrid, ha llamado a los fieles a no conformarse con una fe superficial y a acompañar a Cristo más allá del entusiasmo inicial, hasta el fondo de la Pasión y la esperanza de la Pascua. Junto al cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, que ha presidido la celebración, han concelebrado el obispo auxiliar de Madrid, Juan Antonio Martínez Camino, vicarios episcopales, sacerdotes y seminaristas.
El cardenal José Cobo ha subrayado el significado hondo del gesto «sencillo y desconcertante» con el que comienza la Semana Santa: unas ramas en las manos, una procesión, un canto. «Lo que celebramos desborda lo visible —ha afirmado—. Porque lo que entra hoy en Jerusalén no es solo Jesús… es el modo de ser de Dios».
Frente a un mundo marcado por la guerra, la desconfianza y la crispación social, el arzobispo ha invitado a contemplar la entrada de Jesús en Jerusalén como una revelación de quién es el Dios al que la Iglesia aclama: «No hay caballo de guerra, no hay signos de poder, no hay imposición. Entra en un borrico, provocativamente desarmado y humilde. Y lo hace como príncipe de la paz».
Para el cardenal José Cobo, este gesto no es un detalle decorativo, sino una propuesta para la humanidad: «Dios no viene a dominar, sino a entregarse y a padecer hasta el extremo para explicarnos lo que es amar.» Y desde ahí, ha añadido, la Iglesia de Madrid está llamada a «sembrar paz, no imponerse, sino proponer; no dividir, sino convocar; no aislarse, sino caminar juntos».
La tentación de una "fe de palmas de domingo de Ramos solamente"
Siguiendo su homilía, el arzobispo de Madrid ha alertado sobre la fragilidad del corazón humano, capaz de «aplaudir» a Cristo el domingo y de retirarse cuando la cosa se complica. «El corazón humano es así: capaz de entusiasmarse… y de abandonar a los cuatro días».
El arzobispo de Madrid ha identificado en ello la tentación de vivir «una fe con palmas de domingo de Ramos solamente»: superficial, de momentos, que celebra pero no acompaña, que aplaude el domingo pero no acompaña el lunes por la mañana; una fe de sentimientos o de días concretos, que se vive en solitario, a ratos, sin arraigo en una comunidad concreta que nos confronte, sin rostro, sin historia compartida».
La liturgia de hoy, ha señalado, refleja esa misma tensión: «Comenzamos con la entrada festiva… y terminamos escuchando la Pasión. Del ‘Hosanna’ pasamos al ‘Crucifícalo’. Y no es un cambio brusco sin sentido. Es la vida. Es la verdad de nuestro mundo. Es la verdad de nuestro corazón».
Ante esa realidad, el cardenal José Cobo ha interpelado a los fieles con varias preguntas: «¿Somos de los que agitan ramos… o de los que permanecen cuando todo se oscurece? ¿Somos una fe aislada… o una fe que se sostiene en los otros, en la comunidad, en la Iglesia que camina entre las semanas santas de la historia?».
La lógica de la cruz y el llamamiento urgente a la paz
Asimismo, el arzobispo ha subrayado que ante el rechazo humano, Dios no se retira: “La cruz no es un accidente, sino el lugar donde se nos revela quién es Dios de verdad. «Y allí, en la cruz, descubrimos que Dios nos ama tanto que no se retira ante el rechazo, no se defiende, no responde con violencia. Permanece. Ama hasta el extremo».
Y desde ahí, lanzó una llamada urgente a la paz. «A la luz de la Pasión vemos un mundo herido: pueblos enteros golpeados por la guerra, ciudades destruidas, familias rotas; conflictos abiertos como Ucrania o Tierra Santa, y tantos otros olvidados». Pero también, ha apuntado el arzobispo de Madrid, violencias más cercanas: «Una sociedad crispada, relaciones tensas, palabras que hieren, indiferencias que desgastan lentamente la convivencia». Sin embargo, para el cardenal José Cobo quizá la raíz más profunda «no sea solo la violencia visible, sino algo más silencioso: la pérdida de esperanza en el otro».
«Hemos dejado de creer que es posible encontrarnos, dialogar, construir juntos; desconfiamos de quien es distinto y, poco a poco, lo convertimos en amenaza. De la desconfianza nace el miedo, del miedo el rechazo, y del rechazo la violencia».
Por eso, la entrada de Jesús en Jerusalén resulta, a su juicio, radicalmente actual: «Él entra desarmado, confiando, sin excluir a nadie, abriendo un camino donde el otro no es enemigo, sino hermano posible». Esta lógica, ha afirmado, interpela también a la forma de ser Iglesia: «Una Iglesia que no compite, que no se fragmenta, sino que aprende a vivir las pasiones juntos, a ver juntos el horizonte a donde ir, a ser realmente un solo cuerpo».
"No quedarse en la orilla"
El arzobispo de Madrid ha concluido su homilía con tres invitaciones concretas para esta Semana Santa: «dejar que Jesús entre» - en nuestras decisiones, en nuestras heridas, en nuestras contradicciones—; «caminar con Él», más allá del entusiasmo inicial, «siempre con otros, en comunidad, en una Iglesia que se acompaña»; y «aprender de memoria su estilo: un estilo que no busca imponerse, sino servir. Amar antes que pedir. Que no aplasta, sino levanta».
«Comenzamos la Semana Santa —ha remarcado el cardenal José Cobo al cerrar la homilía—. No es un recuerdo. Es una invitación.A dejarnos transformar por Él. Porque solo quien atraviesa la cruz… entiende de verdad la alegría de la Pascua».
