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Moncho Reboiras: memoria, justicia y compromiso cristiano con la verdad

La familia de Moncho Reboiras lleva su asesinato ante la justicia argentina para romper décadas de silencio e impunidad. Su historia rescata también la memoria de quienes, desde el compromiso político y el Evangelio, se atrevieron a defender a los trabajadores frente a la dictadura.

Moncho Reboiras
Moncho Reboiras

La familia del activista gallego recurre a la justicia argentina para esclarecer su asesinato. Su historia nos devuelve a una Galicia de lucha obrera y compromiso cristiano, y nos interpela ante los bulos, el odio y la manipulación de nuestro tiempo.

Hay recuerdos de infancia que permanecen vivos a pesar del paso de los años. Yo tendría unos ocho años cuando acabaron con la vida de Moncho Reboiras. Recuerdo que se hablaba de aquel joven gallego perseguido por la policía, de cómo escapaba por las calles y de los disparos que acabaron con su vida. Era un niño y no comprendía toda la dimensión política de lo sucedido. Pero aquella historia quedó grabada en mi memoria. Hoy, más de medio siglo después, su nombre vuelve a la actualidad y me invita a preguntarme cuánto hemos aprendido de nuestro pasado.

La familia de Xosé Ramón Reboiras Noia, conocido como Moncho Reboiras, ha decidido acudir a la justicia argentina, con el apoyo de la Coordinadora Estatal de Apoyo a la Querella Argentina (Ceaqua), para reclamar que se investigue su muerte y se determinen las posibles responsabilidades penales. La iniciativa se dirige contra 24 miembros de la Policía y de la Brigada Político-Social franquista. La denuncia presentada en Ferrol en 2023 fue archivada por los tribunales españoles, entre otros motivos, por la prescripción de los delitos. Ahora sus familiares buscan otra vía para esclarecer los hechos. Las acusaciones deberán examinarse judicialmente, pero su reclamación de verdad y justicia merece ser escuchada.

Obreros muertos por la represión franquisa
Obreros muertos por la represión franquisa
El 10 de marzo de 1972, la represión policial de una protesta en Ferrol causó la muerte de los trabajadores Amador Rey y Daniel Niebla. La respuesta de varios sacerdotes fue denunciar los hechos desde sus parroquias y reclamar justicia.

Reboiras tenía 25 años cuando murió, el 12 de agosto de 1975, en Ferrol. Militante de la Unión do Povo Galego, participó en la organización del movimiento obrero y en la defensa de los derechos de los trabajadores y de la identidad cultural gallega. Su trayectoria se inscribe en una época en la que la dictadura perseguía a quienes cuestionaban el orden político y restringía las libertades fundamentales.

Las huelgas de Ferrol y Vigo de 1972 mostraron la fuerza de un movimiento obrero que reclamaba derechos laborales y libertades sindicales. En aquel contexto, algunos sacerdotes comprometidos entendieron que la fe no podía permanecer al margen del sufrimiento de los trabajadores. El 10 de marzo de 1972, la represión policial de una protesta en Ferrol causó la muerte de los trabajadores Amador Rey y Daniel Niebla. La respuesta de varios sacerdotes fue denunciar los hechos desde sus parroquias y reclamar justicia.

Antonio Martínez Aneiros, Xosé Chao Rego y Vicente Couce estuvieron entre los sacerdotes involucrados con aquella realidad obrera. Las homilías que denunciaban la represión y defendían a los trabajadores provocaron la reacción de las autoridades franquistas. Hubo detenciones, multas, procesos y encarcelamientos, como le ocurrió al propio cura de la parroquia de Canido, Gabriel Vázquez Seijas, arrestado por abrir las puertas de la iglesia para resguardar a los trabajadores y protegerlos de los golpes de la policía. Su actitud expresaba una forma de entender el ministerio sacerdotal que no se conformaba con administrar los sacramentos, sino que quería acompañar a las personas en sus sufrimientos y reivindicaciones.

Gabriel Vazquez Seijas.
Gabriel Vazquez Seijas.
Las homilías que denunciaban la represión y defendían a los trabajadores provocaron la reacción de las autoridades franquistas.

En Galicia también destacó el obispo Miguel Anxo Araúxo Iglesias, que respaldó la denuncia de la violencia contra los trabajadores. La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) y la Juventud Obrera Cristiana (JOC) contribuyeron igualmente a despertar una conciencia social entre trabajadores y jóvenes.

Especialmente significativa fue la figura de Moncho Valcárcel, sacerdote comprometido con las luchas campesinas. En 1971 inició su ministerio en Sésamo y Sueiro, en Culleredo. Detenido en 1974 por su compromiso político, participó en la creación de Fouce, revista de las Comisiones Labriegas, y militó en la Asemblea Nacional-Popular Galega. Su nombre quedó ligado al conflicto de As Encrobas, en Cerceda, donde acompañó a los vecinos que se oponían a una explotación minera que amenazaba sus casas y sus tierras. Fue detenido durante los enfrentamientos de febrero de 1977.

Estos testimonios no permiten presentar a toda la Iglesia como opositora al franquismo: hubo también apoyos al régimen y silencios ante la represión. Pero muestran que numerosos cristianos encontraron en el Evangelio una razón para comprometerse con la justicia social. La doctrina social de la Iglesia sitúa en el centro la dignidad humana, la solidaridad, el bien común y los derechos de los trabajadores. «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia» (Mt 5,6): las palabras de Jesús adquieren una dimensión concreta cuando se traducen en acompañamiento y defensa de quienes sufren.

Moncho Valcarce Vega
Moncho Valcarce Vega | 5
Especialmente significativa fue la figura de Moncho Valcárcel, sacerdote comprometido con las luchas campesinas. En 1971 inició su ministerio en Sésamo y Sueiro, en Culleredo. Detenido en 1974 por su compromiso político, participó en la creación de Fouce, revista de las Comisiones Labriegas, y militó en la Asemblea Nacional-Popular Galega.

La memoria de Reboiras también nos interpela hoy. Vivimos en una democracia, y sería injusto equiparar la violencia de una dictadura con las controversias políticas actuales. Sin embargo, los bulos, las noticias falsas y la descalificación del adversario alimentan la desconfianza y pueden convertir al diferente en enemigo. Una mentira difundida masivamente puede destruir reputaciones y fomentar prejuicios.

«La verdad os hará libres» (Jn 8,32). Defenderla exige contrastar la información, reconocer los propios errores y no compartir mensajes destinados a manipular o humillar. La democracia no exige que pensemos igual, sino que respetemos la dignidad de quienes piensan de manera diferente.

Recordar el franquismo significa escuchar a las víctimas, investigar los hechos y evitar que su sufrimiento se niegue o se utilice partidistamente. Vuelvo a pensar en aquel niño que escuchaba hablar de Moncho Reboiras sin comprender plenamente lo sucedido. Hoy entiendo mejor que detrás de aquella muerte había una vida joven, una familia y unos proyectos truncados.

Para los cristianos, la memoria se convierte en compromiso cuando defendemos a las víctimas, rechazamos la mentira y trabajamos por una sociedad más justa. La lucha de la familia de Reboiras y el testimonio de aquellos sacerdotes gallegos nos recuerdan que la verdad, la justicia y la solidaridad no son patrimonio de ninguna ideología: son exigencias de humanidad y, para quienes seguimos a Jesús, una manera concreta de vivir el Evangelio.

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