Rafael Narbona: pensar contra el odio, escribir contra la intolerancia

El fascismo vuelve cuando el odio se disfraza de patriotismo y la ignorancia se convierte en bandera. Rafael Narbona desenmascara sus nuevas formas en un libro valiente y necesario para quienes no están dispuestos a callar.

Rafael Narbona.
Rafael Narbona.

Presentar Manifiesto contra la intolerancia. Las nuevas máscaras del fascismo, de Rafael Narbona, publicado por Roca Editorial, es mucho más que presentar un libro. Es una invitación a detenernos, a mirar críticamente la sociedad en la que vivimos y a preguntarnos qué está sucediendo para que, en pleno siglo XXI, vuelvan a ganar terreno el autoritarismo, el desprecio al diferente, la simplificación de los problemas y la peligrosa fascinación por los líderes que prometen soluciones fáciles a problemas complejos.

Rafael Narbona, nacido en Madrid en 1963, fue profesor de Filosofía y es hoy uno de los críticos literarios y periodistas culturales más reconocidos de España. Colaborador de El Cultural, Revista de Libros y Lengua, y participante en el programa Julia en la onda, de Onda Cero, ha construido una trayectoria intelectual que une la sensibilidad literaria con la reflexión filosófica y el compromiso moral. Autor de libros como Peregrinos del absoluto, El coleccionista de asombros e Ira, Narbona ha demostrado que la literatura no es un lujo ornamental, sino una manera de comprender al ser humano y de iluminar las contradicciones de su tiempo.

Rafael Narbona..
Rafael Narbona..
Manifiesto contra la intolerancia es una obra oportuna y necesaria. No pretende eximirnos de pensar ni ofrecernos la comodidad de una respuesta sencilla. Nos exige leer, contrastar, reconocer los peligros y asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos. Su mayor valentía consiste en recordarnos que la democracia no se defiende únicamente en las urnas: también se defiende en la educación, en la palabra, en la memoria y en la resistencia cotidiana frente al odio.

Hay que agradecerle especialmente que haya escrito este libro con rigor, valentía y una admirable voluntad de no mirar hacia otro lado. Es un trabajo serio, documentado y atrevido, no porque busque la provocación gratuita, sino porque se atreve a señalar aquello que demasiadas veces preferimos ignorar. Su mérito consiste en poner nombre a los mecanismos del odio, reconocer sus disfraces contemporáneos y advertirnos de que el fascismo no siempre regresa con los símbolos del pasado: puede presentarse con nuevos lenguajes, aprovechar las redes sociales, explotar los miedos colectivos y revestirse incluso de respetabilidad democrática.

Una de las ideas centrales de Narbona es que el desprecio hacia la cultura y el pensamiento crítico constituye un terreno fértil para el autoritarismo. Cuando se presume de ignorancia, se ridiculiza el conocimiento y se sustituye el razonamiento por la consigna, la ciudadanía corre el riesgo de convertirse en una masa manipulable. De ahí su insistencia en la lectura y en la educación. Leer significa aprender a distinguir, contrastar, dudar y formar un criterio propio. Una sociedad que deja de pensar por sí misma termina entregando su libertad a quienes piensan —o dicen pensar— en su nombre.

El libro examina también el culto al líder, una de las características recurrentes de los movimientos fascistas. La figura del dirigente se convierte en el centro de una adhesión emocional que resiste incluso las contradicciones, los escándalos y los comportamientos que, en otras circunstancias, resultarían inaceptables. En el caso de Donald Trump, Narbona encuentra un ejemplo de esa lealtad política casi incondicional. En España, analiza el liderazgo de Santiago Abascal y el funcionamiento de Vox, señalando el papel del enemigo como instrumento para cohesionar a los seguidores y justificar la agresividad. Cuando la discrepancia se castiga y el debate interno desaparece, la obediencia empieza a ocupar el lugar de la libertad.

Libro de Rafael Narbona
Libro de Rafael Narbona
Presentar Manifiesto contra la intolerancia. Las nuevas máscaras del fascismo, de Rafael Narbona, publicado por Roca Editorial, es mucho más que presentar un libro. Es una invitación a detenernos, a mirar críticamente la sociedad en la que vivimos y a preguntarnos qué está sucediendo para que, en pleno siglo XXI, vuelvan a ganar terreno el autoritarismo, el desprecio al diferente, la simplificación de los problemas y la peligrosa fascinación por los líderes que prometen soluciones fáciles a problemas complejos.

Otro de los grandes aciertos de la obra es mostrar que la intolerancia no se dirige contra un único colectivo. El rechazo a las mujeres, la demonización de la inmigración y la construcción de enemigos culturales forman parte de una misma lógica: convertir las inseguridades sociales en resentimiento contra quienes parecen amenazar un orden establecido. La precariedad, los salarios insuficientes y las dificultades para acceder a una vivienda digna son problemas reales; pero, en lugar de afrontar sus causas, algunos discursos políticos prefieren responsabilizar a las personas inmigrantes, al feminismo o a las minorías.

Narbona nos recuerda que los inmigrantes no son una amenaza abstracta, sino personas que contribuyen a sostener nuestra sociedad, trabajando en la agricultura, la construcción, los cuidados, la sanidad y tantos otros ámbitos. La diversidad cultural, lejos de ser necesariamente un peligro, puede enriquecernos cuando se construye sobre la convivencia, la igualdad de derechos y el respeto mutuo. El verdadero problema aparece cuando alguien necesita fabricar un chivo expiatorio para ocultar las responsabilidades de quienes ejercen el poder.

Especialmente relevante es su reflexión sobre el machismo y las resistencias que despierta el avance de las mujeres. Que ellas ocupen cada vez más espacios profesionales y sociales no debería interpretarse como una pérdida para los hombres, sino como una conquista colectiva. Sin embargo, la violencia machista persiste y determinados discursos intentan minimizarla. Una sociedad que se acostumbra a la violencia contra las mujeres corre el riesgo de acostumbrarse también a la injusticia.

Abascal y Trump
Abascal y Trump
También resuena la advertencia evangélica: «Por sus frutos los conoceréis» (Mateo 7,16). Las convicciones políticas y religiosas deben juzgarse por sus consecuencias: si producen compasión o crueldad, justicia o privilegio, convivencia o exclusión. La fe no debería servir para levantar muros, sino para tender puentes.

El autor aborda, asimismo, el llamado cristofascismo: la utilización de la religión para legitimar jerarquías rígidas, nacionalismos excluyentes y actitudes contrarias al espíritu de fraternidad que proclama el Evangelio. Su mirada crítica sobre las estructuras eclesiásticas y la marginación de teólogos como Hans Küng, Leonardo Boff, Pedro Casaldáliga e Ivone Gebara nos invita a distinguir entre la experiencia espiritual y el uso del poder religioso. También recuerda cómo las primeras comunidades cristianas fueron transformándose, con el paso de los siglos, en estructuras cada vez más jerárquicas.

Aquí resulta inevitable volver al mensaje de Jesús. En el Evangelio de Mateo leemos: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mateo 22,39). Y en la parábola del buen samaritano (Lucas 10,25-37), Jesús desplaza la pregunta desde la identidad del otro hacia nuestra responsabilidad ante su sufrimiento. No pregunta quién merece nuestra compasión, sino quién se comporta como prójimo. Esa enseñanza difícilmente puede conciliarse con la deshumanización del inmigrante, el desprecio a la mujer o la indiferencia ante quien sufre.

También resuena la advertencia evangélica: «Por sus frutos los conoceréis» (Mateo 7,16). Las convicciones políticas y religiosas deben juzgarse por sus consecuencias: si producen compasión o crueldad, justicia o privilegio, convivencia o exclusión. La fe no debería servir para levantar muros, sino para tender puentes.

Por una España Grande
Por una España Grande
En España, analiza el liderazgo de Santiago Abascal y el funcionamiento de Vox, señalando el papel del enemigo como instrumento para cohesionar a los seguidores y justificar la agresividad. Cuando la discrepancia se castiga y el debate interno desaparece, la obediencia empieza a ocupar el lugar de la libertad.

Por todo ello, Manifiesto contra la intolerancia es una obra oportuna y necesaria. No pretende eximirnos de pensar ni ofrecernos la comodidad de una respuesta sencilla. Nos exige leer, contrastar, reconocer los peligros y asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos. Su mayor valentía consiste en recordarnos que la democracia no se defiende únicamente en las urnas: también se defiende en la educación, en la palabra, en la memoria y en la resistencia cotidiana frente al odio.

Quiero terminar expresando mi reconocimiento a Rafael Narbona. Gracias por su trabajo, por su lucidez y por no confundir la neutralidad con el silencio ante la injusticia. Gracias por recordarnos que la cultura puede ser una forma de resistencia y que pensar con libertad sigue siendo un acto profundamente necesario.

Porque, en definitiva, la intolerancia comienza cuando dejamos de reconocer la humanidad del otro; y la esperanza comienza cuando nos negamos a aceptar esa renuncia.

Ojalá este libro encuentre muchos lectores, suscite conversaciones y nos ayude a recuperar algo imprescindible: la capacidad de pensar sin someternos, discrepar sin odiar y convivir sin convertir nuestras diferencias en trincheras.

 

Rafael Narbona, presentación de su libro
Rafael Narbona, presentación de su libro

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