El Papa, entre los que no lo esperan y los que no lo escuchan (salvo la reina Letizia)
"Atenta a todo ello está la reina Letizia, a la que le cuesta dejar de ser periodista. Quizás también ella haya empezado a ver cierta luz. Al menos, la de la curiosidad y el respeto. Tras el discurso de León XIV en el Palacio Real, mientras sus manos aplaudían al papa Martínez, los ojos de la reina Ortiz buscaban en los rostros de políticos y eclesiásticos las reacciones"
Contento y contenido. Y demasiado pendiente del vuelo de su muceta roja y de que el crucifijo dorado que porta mirase de frente a España. Así ha llegado esta mañana a un país que ya le había acogido muchas veces el Papa de apellido Martínez, “donde están parte de sus raíces”, le dijo el rey Felipe VI en la recepción oficial en el Palacio Real, y donde algún líder político igual fantaseó justo en el momento en que le estrechó la mano con que ojalá pudiese ser aquel ‘Martínez el facha’ de los tebeos de su infancia.
Si tenía alguna duda, le quedó totalmente despejada tras escuchar la gratitud de este Martínez al Sánchez que le escuchaba en primera fila por mantener al país en los carriles del derecho internacional. No, este es Martínez a secas.
Contento, contenido y, además, muy bien informado. Su discurso es una pieza memorable donde está casi todo. Podría haberse marchado después de comer en la Nunciatura que habría dejado tarea para rato a políticos y eclesiásticos españoles. Pero se va a quedar casi una semana. Señal de que hay cosas que quiere remarcar.
Y eso que sabe, porque, insisto, está muy bien informado, que llega a España entre los que no le esperan y los que no lo escuchan. Los primeros son militantes de un laicismo que quizás necesita desbravarse, aunque esa perspectiva sea aún necesaria cuando vuelven los besamanos episcopales a Añastro, desterrados en la época de Tarancón, y reaparecen las manos lánguidas en otros actos fuera del recinto de Arturo Soria.
Más preocupante es, sin embargo, para nuestro papa Martínez (está en España, así que reivindiquemos la pertinencia del segundo apellido) que no lo quieran escuchar ni siquiera quienes se han inscrito, se supone que por católicos, para participar en los actos programados en estos seis días de visita apostólica.
Lo dice una encuesta de la propia organización del viaje. Viene con un mensaje medular (ahí está la etapa canaria) sobre la acogida, las migraciones y la dignidad de la personas. Y eso apenas le interesa al 17 % de los inscritos. Y en el discurso de esta mañana en el Palacio Real, volvió a hablar del cuidado de la Creación, un tema que le interesa al 7 % de los algo más de un millón de personas que entre la vigilia de hoy y la misa de mañana se concentrarán en Madrid, donde el mestizaje es tendencia.
Pero entre los que no lo esperan y los que no lo escuchan, León XIV viene a estar y a reconfortar a los que lo necesitan, como representante máximo de aquel que curaba a ciegos y tullidos. Lo tuvo claro el papa Martínez en el aeropuerto, donde, acompañados por los Reyes y con un Sánchez que se mantenía a distancia, niños con diversas discapacidades y enfermedades raras le abrieron una sonrisa de par en par mientras sus padres a duras penas contenían la emoción.
En esa categoría de ‘ciegos y tullidos’ –entiéndase– están hoy los migrantes, los descartados, los que acoge Cáritas en el CEDIA, las víctimas de abusos, pero incluso el Gobierno, que le ha aguardado a pie de pista en el aeropuerto, y que espera su propio milagro.
Atenta a todo ello está la reina Letizia, a la que le cuesta dejar de ser periodista. Quizás también ella haya empezado a ver cierta luz. Al menos, la de la curiosidad y el respeto. Tras el discurso de León XIV en el Palacio Real, mientras sus manos aplaudían al papa Martínez, los ojos de la reina Ortiz buscaban en los rostros las reacciones.
Primero, las de los eclesiásticos sentados en primera fila; luego, la sonrisa en el rostro, las de los políticos, también en la pole. Letizia barría signos, gestos, rictus sobre el calado que habían dejado las palabras de Robert F. P. Martínez, sobre si era lo que esperaban, más de lo esperado o demasiado. Vistas algunas reacciones mediáticas, creen que este Martínez se ha pasado con quien algunos consideran el "One" y, hoy por hoy, el auténtico Uno y Trino del PSOE. Se intuía la alegría de Sánchez, que se giró un instante para comentar algo con Parolin, y más contención en sus oponentes. A esas alturas, el flequillo de Aznar estaba descontrolado.