Fallece el filósofo Habermas, que protagonizó en 2004 un histórico 'duelo de intelectuales' con el entonces cardenal Ratzinger
El filósofo y sociólogo alemán fue uno de los más grandes pensadores del siglo XX
El filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas, uno de los más grandes pensadores del siglo XX, ha fallecido este sábado a los 96 años de edad en la ciudad de Starnberg, según ha informado su editorial Suhrkamp en un comunicado, citando a su vez a la familia.
Miembro de la segunda generación de la Escuela de Fráncfort, Jürgen Habermas se convierte pronto en un filósofo de referencia por sus libros sobre ética y filosofía política. De la mano de Karl-Otto Apel, elabora una nueva teoría de la racionalidad práctica conocida bajo el nombre de ética discursiva, ética del diálogo o ética de la comunicación. Su fama se la debió más que nada a su incansable necesidad de pronunciarse sobre todo acontecimiento que en cada momento ha sacudido a la opinión pública; es decir, más a su rol de intelectual que a su intricada filosofía.
En enero del 2004, protagonizó un histórico debate con el entonces cardenal Jospeh Ratzinger, organizado por la Academia Católica de Baviera, en donde, como reflejó nuestro colaborador Leandro Sequeiros en un artículo conmemorativo, la postura de ambos intelectuales "son, en el fondo inconmensurables", donde "parten de cosmovisiones diferentes y no complementarias. Por eso el debate fue un debate de sordos"
"Habermas considera la religión desde la perspectiva de una libertad que sabe que ha cometido muchos errores; mientras que Ratzinger, desde el cielo de la verdad católica, miraba con escepticismo los afanes de la razón secular, es decir, los afanes de esa libertad", señala Sequeiros en el citado artículo.
Las principales obras principales de Habermas surgieron en Fráncfort, donde comenzó su carrera en la década de 1950 en el Instituto de Investigación Social junto a Theodor W. Adorno. En 1961 se doctoró en Marburgo con la obra La transformación estructural de la esfera pública.
Alistado en las juventudes hitlerianas
Habermas pasó su infancia en Gummersbach, cerca de Colonia, ciudad donde su padre dirigía la Cámara de Comercio e Industria y, por tanto, colaboró implícitamente con el régimen dominante, aunque era de convicciones liberales. Durante la guerra es alistado en las juventudes hitlerianas, si bien nunca llega a participar en la guerra. Esta y en general el totalitarismo nazi le dejará, sin embargo, una huella profunda que le inclina enseguida hacia un firme compromiso con la democracia y una enorme desconfianza hacia quienes se readaptaron sin purgar sus responsabilidades anteriores.
Tras unos años en la Universidad de Heidelberg, en 1964 asumió la cátedra de Filosofía y Sociología de Max Horkheimer en la Universidad de Fráncfort. De su conferencia inaugural surgió en 1968 el libro Conocimiento e interés (1968). Durante la revuelta estudiantil, Habermas fue percibido como un partidario del movimiento, aunque rechazó su radicalización.
En 1971 se trasladó a Starnberg, cerca de Múnich, donde dirigió hasta 1981 el Instituto Max Planck para la Investigación de las Condiciones de Vida del Mundo Científico-Técnico. En su último año publicó su obra principal, Teoría de la acción comunicativa. En 1983 regresó a Fráncfort, donde volvió a ocupar una cátedra de Filosofía hasta su jubilación en 1994.
Tuvo bien presente desde el principio de su carrera que no es posible acceder a una nueva teoría de la racionalidad sin contar con la cooperación entre la filosofía y todas las ciencias sociales. Emprende así una reapropiación crítica de la teoría y filosofía de la democracia liberal, reconstruyendo en particular los presupuestos institucionales y normativos necesarios que subyacen en la dimensión pública de la razón, tal y como fuera formulada inicialmente por Kant; formula una ética del discurso que elabora junto con K. O. Apel; y promueve una relectura de Weber, Parsons y Luhmann, así como del pragmatismo y del “giro lingüístico” que se emprendió en la filosofía contemporánea.
En su vejez, que pasó a orillas del lago de Starnberg, se pronunció sobre cuestiones políticas, como la guerra de Kosovo, la investigación sobre el cerebro o los conflictos religiosos. Una característica de su discurso oral era la dificultad para hablar debido a una fisura palatina congénita.