El monte se quema, la Iglesia sigue en llamas
Incendios y respuesta de la Iglesia, los nuevos lefebvrianos, Rupnik y los bulos, El Yunque y la falta de transparencia. Los costes de las visitas del Papa, y nuevos viajes en 2027. El #resumensemanal de @bastantejesus se va de vacaciones, @religiondigit sigue
Semana de incendios, de fuegos haciendo arder España. No se habían apagado los gritos por el Mundial, y todos comenzamos a mirar los cielos de Madrid. Pero también se han quemado bosques, campos y casas en Toledo, Almería, León, Teruel, Castellón, Guadalajara, Ávila… El fuego saca lo mejor, y lo peor de nosotros. El fuego es propagación, es calor, pero también es miedo, trae muerte, dolor. Los incendios son un símbolo de nuestra sociedad en llamas, chamuscada por la polarización, por el odio al contrario, que se ha metido, de lleno, también entre los cristianos, también en la misma Iglesia.
El ‘humo del diablo’, que dirían los tradis, que también toma formas de odio al extranjero, de maximalismos doctrinales, de cismas como el que este sábado han emprendido los redentoristas transalpinos, siguiendo los pasos de unos lefebvrianos más crecidos que nunca. Crecen además los bulos, como el de la supuesta absolución de Rupnik. También crece la presencia de El Yunque, y otras sociedades secretas, en el interior de las instituciones supuestamente católicas.
Nos quema la corrupción, aunque algunos, como el Arzobispado de Barcelona, ha logrado construir cortafuegos en mitad de la catástrofe de las fundaciones. Otros las esconden o, lo que es peor, las disfrazan de resoluciones de compliance que no resistirían el mínimo análisis de una auditoría externa. Tal vez por eso los informes nunca llegan a publicarse.
Nada ajeno a estos fuegos, León XIV concluye sus vacaciones, trabajando, preparando viajes, sus próximos textos, y la nueva configuración de su Curia, con la Secretaría de Estado en el punto de mira. Y España como ejemplo del modelo de sacerdotes, jerarquía y sinodalidad. De lo que se hace mal, y de lo que se espera hacer bien. Por cierto, que veremos al Papa de nuevo en España, en este caso en Compostela (¿también en Zaragoza?) el próximo año. Mientras, seguimos a la espera de los informes de gasto. De los de ahora (se habla de 17 millones de coste del viaje papal) y de otros. ¿Por qué nadie ha hablado de los 52 millones que costó la JMJ de Madrid, 16 años antes?
Unos vuelven, y otros nos vamos, de (esperamos) merecido descanso. Confiando que los fuegos, los físicos y los espirituales, se apaguen, que todos rememos a una para apagarlos, para acoger a las víctimas, cuidar de nuestros mayores (feliz día de los Abuelos, por cierto). Y, también, por qué no, que podamos descansar, y volver con fuerzas renovadas. Que el curso que se viene promete. Y lo contaremos, aquí, en Religión Digital. Feliz descanso.
