El obispo burgalés del Vicariato de Puyo (Ecuador) ha pasado el verano en su pueblo natal de la Ribera del Duero, donde ha recuperado fuerzas junto a su familia y ha recordado sus raíces
"Las vacaciones son un gran regalo que Dios, dueño de la vida y del tiempo, nos concede", asegura el prelado que este año cumple 26 de servicio episcopal en la selva amazónica: "el descanso es imprescindible"
En La Horra ha disfrutado de paseos matinales por los pinares y viñedos, ejercicio que combina con la oración y la eucaristía diaria en la iglesia parroquial. También ha retomado algunos de sus hobbies, como la pintura y la lectura
Antes de regresar a Ecuador, expresó su gratitud por lo vivido: "Volver a La Horra es mi mejor playa. Como burgalés y horrense no olvido mis raíces. Recordar, como dicen, es volver a vivir"