El silencio o la denuncia: las dos caras de la Iglesia española ante los escándalos
León XIV supera el cáncer, el Vaticano publica Venite ad me y las calles arden. ¿Un fruto más del emotivismo? ¿Un adelanto para lo que viene tras las elecciones generales? El #resumensemanal de @bastantejesus en @religiondigit
León ha superado el cáncer. En tiempo récord, ha tirado por la borda los pensamientos pesimistas, las estrategias preconclavistas y a los urdidores de teorías de la conspiración. Prevost está libre de cáncer, y sigue adelante con su trabajo, siempre guiado por el diagnóstico de los médicos. Por ello, se ha desaconsejado que viaje la semana próxima a Asís, y todavía no se sabe si finalmente viajará, cumpliendo el programa previsto, a Uruguay, Argentina y Perú, o retrasará el viaje. Nada particular.
El pontífice sigue trabajando, y ya le hemos visto dándose un baño de masas en la audiencia de este miércoles. En España, la espita de nombramientos ya se ha abierto, y continuará en estos días. Algunos se están tentando los machos, y otros, más tranquilos, siguen haciendo su trabajo. Con la mirada puesta en unas elecciones que se prevén más enconadas que nunca, y con una Asamblea Plenaria justo una semana antes del 29N. ¿Habrá mensaje electoral de los obispos? ¿Será prudente? Veremos
Mientras tanto, continuamos viendo dos maneras muy distintas de proceder cuando se dan escándalos. La primera, personificada en el obispo de Zamora, Fernando Valera, tomando el toro por los cuernos en el escándalo de su ex vicario y ex director de Cáritas diocesana, un caso que ya está juzgando el tribunal de la Rota. Del otro, la actitud del arzobispo de Sevilla, José Ángel Sáiz Meneses, haciendo silencio ante un posible caso de abusos que afecta a quien fue, hasta este martes, su delegado de misiones. Y es que, a veces, uno no termina de entender cómo se sigue respondiendo así desde la Iglesia. Ya sucedió en lo tocante al caso, resuelto en falso, de monseñor Zornoza, y lamentablemente parece que seguimos sin aprender, y seguimos sin escuchar a las víctimas. Algunas, pagando incluso con su salud, ya se han cansado de luchar. No nos cansemos de defenderlas.
Aunque sí hay que agradecer actitudes como el de las mercedarias de Madrid, que acompañaron a la Policía en su investigación contra un ex profesor, detenido y acusado de, al menos, nueve violaciones a menores.
Mientras, monseñor Conesa echa un jarro de agua fría al tan cacareado ‘giro católico’ que, cada vez más, parece demostrarse como fruto de una sociedad emotivista y falta de paciencia. Una enfermedad que estamos viendo por toda Europa, en algunos casos, en forma violenta, como ha pasado en Francia y, esta misma noche, en las calles de Barcelona. Por el contrario, otras acampadas, como la de Sol, se mantienen pacíficas. Porque es posible el sagrado derecho a protestar contra un sistema que no funciona. Y hacerlo de manera pacífica.
¿Qué debe hacer la Iglesia ante este tipo de situaciones? O, dicho de otro modo, ¿cómo evangelizar en el mundo de hoy? Esta es una de las razones del último documento de Doctrina de la Fe, Venite ad Me, que adelantó José Manuel Vidal en RD y que pretende, no tanto ofrecer respuestas como dar un diagnóstico de la realidad de un mundo en cambio, y al que la Iglesia no puede observar desde su torre de marfil.
Vivimos tiempos apasionantes. Tomémosnolo en serio. Trabajando por una laicidad inclusiva, por una sociedad en la que, como soñaba Francisco, quepamos todos, todos, todos. No debería ser tan difícil. Por cierto, enhorabuena a Ángel Cordovilla, nuevo miembro de la Comisión Teológica Internacional.