Pentecostés y martirio
Isaías Duarte Cancino, mártir del nuevo milenio
“Los queremos vivos, libres y en paz”
“No es cometiendo injusticias como se lucha por la justicia, ni agrediendo a seres inocentes como se llega a la paz”
Gersaín Paz: “Para quienes lo asesinaron, Monseñor Duarte hubiera pedido programas educativos porque la guerra y la venganza no eran para él”
Familiares de los secuestrados de La María: “Fue el amigo que puso la cara en Cali”
Bogotá/ Jesús anuncia, en el evangelio de Juan, “Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio” (Jn 15, 26-27).
A propósito de la solemnidad de Pentecostés, la promesa de Jesús sigue cumpliéndose hoy, como en los primeros siglos a través del martirio de los cristianos. Es el caso de monseñor Isaías Duarte Cancino, cuyo asesinato hace 24 años, el sábado 16 de marzo de 2002, demuestra que la primavera de Pentecostés continúa en la Iglesia del siglo XXI, con la esperanza que “la sangre de los mártires sea semilla de cristianos”, según la máxima de Tertuliano.
A pesar de un conflicto armado de varios decenios, el magnicidio del arzobispo de Cali, en marzo de 2002, no pasó desapercibido en un país acostumbrado a la corrupción política y a la violencia de las guerrillas, el narcotráfico y el paramilitarismo. Así publicaron la noticia algunos de los diarios más populares de Colombia:
Asesinado Monseñor Duarte Dos hombres le dispararon en seis oportunidades. Candidatos presidenciales condenaron el hecho. El Tiempo, 17 de marzo de 2002
El arzobispo de Cali, monseñor Isaías Duarte Cancino, murió anoche tras un atentado perpetrado por sicarios que le dispararon en la cabeza después de realizar un oficio religioso en la parroquia del Buen Pastor del distrito de Agua Blanca, en Cali.
Duarte Cancino iba acompañado por su conductor, Edilberto Ceballos, y otros dos sacerdotes: Óscar de la Vega, párroco de la iglesia, y Joaquín Cortés, rector del Seminario de Cali, quien al parecer fue herido en un brazo. Según testigos, a las ocho y media de la noche dos hombres le propinaron varios disparos cuando monseñor abandonaba la parroquia. De inmediato fue trasladado al hospital Carlos Holmes Trujillo de la capital del Valle y minutos más tarde murió.
Monseñor Duarte Cancino había llegado a la iglesia para oficiar una boda masiva de 100 parejas vecinas del barrio Ricardo Belalcázar, al oriente de Cali. Al salir de la iglesia, en el atrio fue abordado por dos hombres que le dispararon. La gente trató de montarlo a una camioneta, pero iba muy mal, afirmó Ceballos.
Monseñor Duarte se caracterizó por ser uno de los principales opositores al proceso de paz del gobierno con la guerrilla en Cali. Denunció días antes de las elecciones para el Congreso del domingo pasado, que algunas campañas estaban infiltradas por el narcotráfico. Sobre esta denuncia, el presidente Andrés Pastrana le pidió al religioso que identificara a los supuestos responsables de recibir dineros ilícitos. Además, Duarte Cancino había sido defensor de los familiares de los secuestrados de La María y el kilómetro 18 y acuñó la frase de protesta “Los queremos vivos, libres y en paz”.
Reacciones:
El candidato Horacio Serpa comentó que es una horrible noticia para el país y para todos los católicos. Era una persona preocupada por la convivencia y la paz en Colombia. Está comprobado que acá vale más la contundencia de las armas que las opiniones. El presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Alberto Giraldo, aseguró también que Duarte Cancino era muy conocido su compromiso con el país. Queda el interrogante sobre qué está pasando y cuáles son las fuerzas oscuras que se ensañan contra el país, agregó Giraldo. El candidato Lucho Garzón expresó No quiero dramatizar, pero intuyo que estamos entrando en la fase de mayor violencia que se ha vivido en Colombia. Matar a monseñor Isaías Duarte es herir el sentimiento más profundo de los colombianos, enfatizó.
Por su parte, Álvaro Uribe, con quien monseñor Duarte había fundado la Comisión de Paz de Antioquia comentó: “Me duele profundamente su asesinato. Es una tragedia para la vida nacional”.
La gente huyó diciendo: "Mataron a Monseñor". Casó a 100 parejas antes de morir en su última ceremonia. Por Carolina Bohorquez Redactor de El Tiempo En Cali.
Monseñor Isaías Duarte Cancino sonreía bajo los pies del gigantesco Cristo del altar de la iglesia del Buen Pastor, en el barrio Ricardo Balcázar del distrito de Agua Blanca. El arzobispo de Cali observaba al párroco Oscar de la Vega organizar a las 100 parejas que llegaron de diferentes barrios del oriente de Cali en busca de bendición a unas uniones que en algunos casos llevaban más de 30 años. La iglesia, con capacidad para 400 personas, estaba atiborrada de familiares de los novios y curiosos. La multitud llegaba hasta la calle, donde tampoco fue suficiente el centenar de sillas plásticas de color blanco que compró el padre de la Vega. Más de 700 personas ocupaban el interior y el atrio de la parroquia.
“Siento una alegría muy grande porque hay parejas que llevan 45 años juntas y al fin pudieron santificar su amor con la bendición de Dios”, dijo el prelado minutos antes de iniciar la última ceremonia de su vida. Estaba feliz y a la vez sorprendido del matrimonio masivo en la pequeña iglesia adornada con globos blancos.
El arzobispo llegó a las seis y media de la tarde a la parroquia, donde el padre de la Vega convocó desde noviembre pasado a quienes vivían en unión libre, garantizándoles que la iglesia se haría cargo de los costos de los documentos necesarios para los matrimonios. Tranquilo y confiado, Monseñor caminaba entre los feligreses a empujones. La ceremonia inició con la marcha nupcial. El centenar de parejas se abrió paso entre fotógrafos, familiares y amigos. El padre Joaquín Cortés, rector del Seminario de la Arquidiócesis de Cali, siempre estuvo cerca de monseñor, quien llegó sin ninguna protección. Muchos asistentes ocuparon el altar. Los adultos estuvieron de pie y los niños en el piso, a pocos metros del arzobispo.
“Sólo voy a decir dos palabras: quiéranse y respétense”. Luego bromeó al recomendar a los nuevos esposos nada de violencia, porque “hay hombres muy guapos que les pegan a las mujeres, pero las mujeres tampoco se quedan atrás. No pegan, pero usan la lengua”. Una hora después de iniciar el matrimonio, el prelado se acercó a cada una de las parejas. “A cada una casaré y les preguntaré si están seguros del paso que van a dar”, dijo. Raúl Dávila, de 65 años, y Rosalba Tascón, quienes conviven hace 44 años, estaban nerviosos cuando Monseñor se les acercó. Junto a esta pareja oriunda de Calima, el Darién, estaba uno de sus cuatro hijos que también se casaba. “Estoy orgulloso de ustedes”, dijo Monseñor.
La ceremonia finalizó a las ocho y cuarto de la noche. Monseñor se quedó un rato más en la calle felicitando a algunos de los nuevos esposos. Edilberto Ceballos, conductor del prelado durante los siete años como arzobispo de Cali, lo esperaba a unos metros de la parroquia. A las ocho y media de la noche se escuchó la balacera que disipó la multitud. Mataron a Monseñor, decía la gente que huyó a sus casas.
“Fue el amigo que puso la cara en Cali”, dicen familiares de los secuestrados de La María
Los familiares de los secuestrados de La María y el kilómetro 18 fueron algunos de los más golpeados por el asesinato de monseñor Isaías Duarte Cancino. Su dolor fue grande, pues el prelado fue uno de los líderes que realizó marchas y se reunió muchas veces con la guerrilla para solicitar la libertad de sus familiares retenidos por el ELN (Ejército de Liberación Nacional). Su frase: “Los queremos vivos, libres y en paz”, se convirtió en lema y se repitió muchas veces en las jornadas de protesta contra el secuestro.
Ayer, mientras acompañaban el cuerpo del arzobispo de Cali en la Catedral de San Pedro de esa ciudad, algunos expresaron dolor y desesperanza hacia el futuro y otros quisieron enviar un mensaje de fe en que Colombia no va a decaer. Portando banderas de Colombia, los familiares de los secuestrados y plagiados rezaban y cantaban la estrofa “Tú eres mi hermano del alma, realmente mi amigo”. Guillermo Zúñiga, exsecuestrado junto con su esposa Roxana Ramírez, dijo que se cegó la vida de un hombre que lo único que hizo fue trabajar por los pobres y los secuestrados de este país. Era una voz de aliento en la montaña, lo escuchábamos por radio, nos ayudó espiritualmente a sobrevivir, dijo Zúñiga. Jimena Beltrán, cuyo suegro fue secuestrado, dijo que monseñor Duarte Cancino era un hombre bueno, valiente, honesto, que defendió no sólo a los secuestrados, sino a las personas que han sido tocadas por la violencia. Fue quien puso la cara no solo con el caso de La María, sino en muchas ocasiones. Héctor Ateortúa, padre de Ana Lucía, también secuestrada, afirmó que no podía expresar con palabras sus sentimientos. Lo único que sé es que se siente mucho dolor, dijo. A esas palabras se sumó María Angélica Mesa, cuyo familiar, Alejandro Henao, murió en el secuestro del kilómetro 18. Ella asegura que el sacerdote fue una persona incondicional que siempre les dio ánimo y a veces lloró con ellos. Por eso programaron por turnos la velación de monseñor. Mientras unos estarán en la Catedral junto a su féretro, otros irán a rezar hasta en la iglesia de la María, donde también se llora por el arzobispo. Si no se respeta la jerarquía de monseñor, qué más se puede esperar de este país, concluye Claudia Aranda, del grupo de la María.
El apóstol que hablaba duro. El Tiempo.
Cuando monseñor Isaías Duarte Cancino fue nombrado obispo de Apartado, Antioquia, tuvo la valentía de sentar en la mesa regional de diálogo a los sectores más disímiles: empresarios, sindicatos, guerrilleros, autodefensas y gobiernos local y departamental. Al crear el Papa Juan Pablo II esta diócesis en 1988, a todos los representantes les habló claro: que no quería más sangre en la zona, azotada por una gran violencia, ni muertos, ni viudas, ni huérfanos. El lugar tenía que progresar y él estaba ahí para hacer su aporte. Los habitantes agradecieron su llegada y lo consideraron un apóstol, porque además creó los seminarios Mayor y Menor y seis colegios de secundaria. Le parecía inconcebible los pocos centros educativos de la zona. Pero mientras organizaba estas nuevas formas de ayuda, no dejó de hablar duro.
En 1991 estuvo presente en el proceso de reinserción de los miembros de la guerrilla del EPL Ejército Popular de Liberación. Su gestión incluyó a las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá. Les dijo que estaba cansado de su conflicto con las FARC, grupo erradicado de la región.
El guía espiritual En San Gil, Santander, nació el 15 de febrero de 1939 y en Bucaramanga estudió en el Instituto del Estado. Como sacerdote se formó en Pamplona, Norte de Santander, en el Seminario Mayor. Luego viajó a Roma, Italia, a la Universidad Gregoriana para graduarse como licenciado en Teología. En esta misma ciudad se ordenó el 1 de diciembre de 1963 y regresó al país para asumir el cargo de vicario de la Catedral de Bucaramanga. -El 10 de abril fue nombrado obispo auxiliar de Bucaramanga y consagrado obispo el 17 de junio de 1985. Fue nombrado luego obispo de Apartadó el 18 de junio de 1988. Finalmente, fue nombrado arzobispo de Cali el 19 de agosto de 1995.
El 23 de septiembre de 1995 fue su posesión. A la capital del Valle llegó a apoyar la educación y la religión. Creó 45 nuevas parroquias en sectores populares y 9 colegios en estratos bajos, así como los programas Samaritanos de la Calle, Ser Gente y el Banco de Alimentos. También la Comisión de Vida, Justicia y Paz, que adelanta estudios sobre las víctimas de la violencia. Los derechos humanos Por su trabajo en pro de la paz y su meta de desterrar la violencia de Colombia; también fue un abanderado de los derechos humanos.
En 1999, al ocurrir el secuestro de la Iglesia La María de Cali excomulgó a los guerrilleros del ELN. “No es cometiendo injusticias como se lucha por la justicia, ni agrediendo a seres inocentes como se llega a la paz”, dijo en esa ocasión. Por eso criticó tan duramente el proceso de paz del presidente Andrés Pastrana con las FARC, argumentando que era un despropósito hablar con un grupo rebelde que continuaba sus acciones violentas mientras dialoga.
Y aunque se afirma en algunos sectores que no existía conocimiento sobre amenazas a su vida, el sábado Monseñor Duarte cayó asesinado cuando salía de casar a 100 parejas, 101 parejas. Comentaba en medio de broma que su récord casando llegaba a 40 parejas y esa noche a había triplicado la cifra. El prelado ya no volverá a comer su plato favorito, carne asada con arepa santandereana. El apóstol de la paz, como se le conocía, se fue sin ver a Colombia, lejos de la guerra. Mañana será enterrado en la Catedral de San Pedro de Cali.
“la verdad mató al arzobispo”.
Monseñor Duarte no había aceptado escoltas. Monseñor Duarte siempre hizo duros cuestionamientos contra guerrilleros, paramilitares y narcos. Dos hombres y una mujer habrían cometido el ataque.
No quería que alguien muriera a su lado si algún día lo atacaban. Por eso Isaías Duarte Cancino prefería oficiar como arzobispo de Cali sin escoltas, así sus palabras causaran revuelo. La noche del sábado sólo lo acompañaban dos sacerdotes, en cuyos brazos murió sólo. En ese momento se supo que cerca del templo del Buen Pastor del distrito de Agua Blanca, en el oriente de la ciudad, habían merodeado dos sospechosos. Éstos se fueron, al parecer, en una moto. El presidente Andrés Pastrana dijo que Monseñor hablaba claro al país y los colombianos le reconocían que como pastor de la Iglesia le no importaba a quién hubiera que denunciar porque él estaba dispuesto a hacerlo. De resto, andaba solo e iba a los barrios del nororiente, pese a que él mismo sabía que varios de sus sacerdotes habían sido atracados varias veces.
Perfil crítico de los violentos
Hay tantas fuerzas oscuras que resulta complejo definir quiénes fueron los autores. Él siempre fue enemigo de la guerra porque en ella todos perdíamos la justicia y la paz. Se mantenía preocupado porque sólo en el Valle se quedaban más de 200.000 niños sin estudio y eso significaba tener 200.000 criminales en potencia, dice Gersaín Paz, de la arquidiócesis.
Desde el 30 de mayo de 1999 el arzobispo expresó su rechazo cuando 185 fieles y el párroco de La María, Jorge Humberto Cadavid, fueron sacados a la fuerza por el ELN de ese templo del sur de Cali. Para los autores del plagio anunció la excomunión. Luego reafirmó sus críticas al ELN el 17 de septiembre del 2000, ante otro secuestro masivo en el kilómetro 18 de la vía Cali Buenaventura.
De todos modos, el arzobispo siempre estaba dispuesto a la paz e incluso cuando era obispo de Urabá, tenía la confianza de los actores del conflicto. En 1991, por ejemplo, fue testigo de un pacto entre la Asociación de Bananeros de Colombia Augura y el recién desmovilizado EPL para abrir espacios políticos y desarrollo social. La violencia en esa zona no cejó, pero él lo siguió intentando.
En 1994 pidió al gobierno que frenara a los paramilitares y contó que alguna vez le tocó ver cómo estos incendiaban casas con gente en su interior. Un año después pidió incluir esos grupos en un diálogo de paz.
En mayo de 1995 en medio en la liberación de los topógrafos suecos Danny Aplegate y Bertil Tyrvong, secuestrados por las FARC, cuando trabajaba en una comisión facilitadora de paz, se produjo su traslado a Cali. En 1996 calificó como burla que después de un año de participar en una comisión no hubo acuerdos con el grupo Jaime Bateman, disidente del M-19.
Los sacerdotes y seminaristas en Cali decían ayer que a monseñor lo mató decir la verdad porque era como el profeta Isaías, que siempre denunciaba aquello que estaba contra el bien humano. Lo último que les dijo fue que “la paz es de todos o es de nadie” y que “no hay paz sin justicia y no hay justicia sin perdón”.
Tres implicados en el crimen con pistolas calibre 7.65 mm.
La Policía divulgó ayer dos retratos hablados sobre dos de los presuntos autores materiales del homicidio. “Para quienes lo asesinaron, Monseñor Duarte hubiera pedido programas educativos porque la guerra y la venganza no eran para él”, dijo ayer el sacerdote Gersaín Paz. “Tenemos que seguir trabajando por una Colombia en paz”, dijo.