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La alegría del Evangelio: Papa Francisco

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Papa Francisco

El anuncio del Evangelio en el mundo actual

Capítulo Tercero

El Anuncio del Evangelio

(Cont., viene del día 8)

La lectura espiritual

152. Hay una forma concreta de escuchar lo que el Señor nos quiere decir en su palabra y de dejarnos transformar por el Espíritu. Es lo que llamamos "lectio divina". Consiste en la lectura de la Palabra de Dios en un momento de oración para permitirle que nos ilumine y nos renueve

Esta lectura orante de la Biblia no está separada del estudio que realiza el predicador para descubrir el mensaje central del texto, al contrario, debe partir de allí, para descubrir qué le dice ese mismo mensaje a la propia vida. La lectura espiritual de un texto debe partir de su sentido literal. De otra manera, uno fácilmente le hará decir a ese texto lo que le conviene, lo que le sirva para confirmar sus

propias decisiones, lo que se adapta a los propios esquemas mentales. Esto, en definitiva,, será utilizar algo sagrado para el propio beneficio y trasladar esa confusión al Pueblo de Dios. Nunca hay que olvidar que a veces "el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz" ((2 Cor 11,14).

153. En la presencia de Dios, en una lectura reposada del texto, es bueno preguntar, por ejemplo: "¿Señor, qué me dice a mí este texto? ¿Qué quieres cambiar de mi vida con este mensaje? ¿Que me molesta en este texto? ¿Por qué esto no me interesa?", o bien:"Que me agrada? Qué me estimula de esta palabra? ¿Qué me atrae? ¿Por qué me atrae?". Cuando uno intenta escuchar al Señor, suele haber tentaciones. Una de ellas es sentirse molesto o abrumado y cerrarse; otra tentación muy común es comenzar a pensar lo que el texto dice a otros, para evitar aplicarla a la propia vida. También sucede que uno comienza a buscar excusas que le permitan diluir el mensaje específico de un texto.

Otras veces pensamos que Dios nos exige una decisión demasiado grande, que no estamos todavía en condiciones de tomar. Esto lleva a muchas personas perder el gozo en su encuestro con la Palabra, pero sería olvidar que nadie es más paciente que el Padre Dios, que nadie comprende y espera como Él. Invita siempre a dar un paso más, pero no exige una respuesta plena si todsvía no hemos recorrido el camino que la hace posible. Simplemente quiere que miremos con sinceridad la propia existencia y la presentemos sin mentiras ante sus ojos, que estemos dispuestos a seguir creciendo, y que le pidamos a él lo que todavía no podamos lograr.

Ver:Papa Francisco

La alegría del Evangelio

Exhortación apostólica

Evangelii gaudium

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