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CRECER DECRECIENDO Recorrido histórico del concepto de vejez (IV, fin)

* Ponencia en los Cursos de verano de la EHU (Universidad del País Vasco), 2026 (continuación y fin)

8. La tradición bíblica judía y cristiana

La Biblia judeo-cristiana es un mundo, hay de todo. Hay textos que celebran la ancianidad como bendición de Dios y textos que deploran las cargas de la vejez y la brevedad de la vida.

En esta sección recojo algunos textos mayores de la Tanaj (Biblia judía, conocida en la tradición cristiana como “Antiguo testamento”) y de la literatura bíblica cristiana conocida como “Nuevo Testamento”

a) Algunos textos de la Tanaj (Biblia judía)

“Te reunirás en paz con tus antepasados y te enterrarán tras una feliz ancianidad”, promete Dios a Abrahán cuando sella su alianza con él (Gn 15,16). Como en tantas tradiciones indígenas, también en la antigüedad judía la muerte puede ser, no ya una maldición, sino una bendición, cuando sucede tras una feliz ancianidad, es decir: dejando una descendencia y “colmado de días”, como se dice del mismo Abrahán en el relato de su muerte (Gn 25,8).

Por otro lado, la tradición sapiencial de la Biblia concuerda con la unánime enseñanza de las tradiciones históricas a las que me he referido, cuando relaciona estrechamente vejez y sabiduría. “En los ancianos está la sabiduría, y en la larga vida, la inteligencia”, dice Job 12,12.

Pero en la misma tradición bíblica sapiencial, en el libro de Qohelet (o Eclesiastés) tenemos un texto de tono más sombrío y extraordinariamente bello que no podemos eludir.

“Ten en cuenta a tu Creador en los días de tu juventud,

antes de que lleguen los días malos

y se acerquen los años de los que digas: ‘No me gustan’;

antes de que se oscurezcan el sol, la luz, la luna y las estrellas

y vuelvan las nubes tras la lluvia.

Cuando tiemblen los guardianes de la casa [manos] y se encorven los robustos [piernas];

cuando se paren las que muelen [dientes y muelas] porque son ya pocas,

y se oscurezcan las que miran por las ventanas [ojos];

se cierren las puertas de la calle y se apague el  ruido del molino,

se extinga el canto del pájaro, y se enmudezcan las canciones;

cuando den miedo las alturas y los sobresaltos del camino;

cuando se desprecie el almendro, se haga pesada la langosta,

y no tenga efecto la alcaparra.

Porque el hombre va a su morada eterna,

y merodean por las calles las plañideras.

Antes de que se rompa el hilo de plata, y se destroce la lámpara de oro,

se quiebre el cántaro en la fuete, y se precipite la polea en el pozo;

antes que vuelva el polvo a la tierra de donde vino,

y el espíritu vuelva a Dios, que lo dio.

Vanidad de vanidades, dice Qohelet, todo es vanidad” (Ecl 12,1-8).

“Acuérdate de tu Creador”, es decir, del misterio fontal de la vida. Cobra conciencia de lo que es verdaderamente valioso, libérate de lo que te aparte de tu ser profundo, bueno, feliz, aprende a vivir. Vive como merece la pena vivir, libre de los miedos y de los apegos de tu ser superficial, de tu ego. Vive. 

“Comprendí –dice Qohelet unos capítulos antes– que la única felicidad del hombre consiste en alegrarse y disfrutar de la vida; ya que también es don de Dios que el hombre coma, beba y disfrute de su trabajo” (Ecl 3,12-13). Pero el afán de disfrutar a costa de lo que sea y de quien sea en realidad impide disfrutar de verdad.

           b) Algunos textos del “Nuevo Testamento (literatura bíblica cristiana)

Si pasamos a lo que en la tradición cristiana se llama Nuevo Testamento, destacaría tres textos y una figura.

En la segunda carta a la comunidad de Corinto, en uno de los textos más influyentes del cristianismo, Pablo escribe “Aunque nuestra condición física se vaya deteriorando, nuestro ser interior se renueva cada día” (2 Co 4,16). No se trata de ningún modo de oponer cuerpo exterior y alma interior; llama “ser interior” a la posibilidad de que nuestro ser inseparablemente físico-espiritual se vaya volviendo libre y pacífica, desapegada de sí, empática y feliz, a la posibilidad de llegar a ser lo que no somos.

En la carta a Tito, cuyo autor es algo posterior a Pablo, un discípulo suyo, leemos: “Que los ancianos sean sobrios, juiciosos y prudentes; que vivan plenamente la fe, la caridad y la paciencia” (Tit 2,2). Como he indicado más arriba, las Iglesias cristianas, secundando la tradición judía, eran dirigidas por varones ancianos; ahora bien, el autorde la carta reclama a todos los varones ancianos las virtudes de los ancianos dirigentes: sobriedad, juicio, prudencia, fe, caridad, paciencia… (¿Y las mujeres ancianas? No podemos eludir la pregunta. Tanto menos cuanto que, justo a continuación de las palabras citadas, el autor escribe unas palabras que ilustran perfectamente la denuncia y la enseñanza de Simone de Beauvoir y que, por eso mismo, no deben ser silenciadas aquí: “De igual modo, que las ancianas observen una conducta digna de personas santas, que no sean calumniadoras, ni dadas al vino, sino buenas consejeras; de este modo enseñarán a las jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser reservadas, honestas, mujeres de su casa, buenas y sumisas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea denigrada” [Tit 2,3-5]. Quien lo escribió no imaginaba a cuántas mujeres y hombres habrían de llevar esas palabras que denigran al ser humano a denigrar con toda razón la “palabra de Dios” y la palabra Dios).

Otro texto mayor que puede aplicarse a la condición del anciano es una frase que el evangelista Juan pone en boca de Jesús, palabras dirigidas a Pedro que describen con bellísimas imágenes el itinerario profundo de la existencia humana: “Te aseguro que cuando eras más joven, tú mismo te ceñías el vestido e ibas adonde querías; más, cuando seas viejo, extenderás los brazos y será otro quien te ceñirá y te conducirá adonde no quieras ir” (Jn 21,18). De por sí, este dicho atribuido a Jesús décadas despuésde la muerte de Jesús y del propio Pedro, no se refiere al estado de desvalimiento de Pedro a causa de su vejez, sino al Pedro prisionero, presumiblemente vigoroso, que será ejecutado por orden del emperador Nerón. No por ello es menos verdadera, expresiva y bella la sentencia de Jesús: “Llegará un día en que no te valdrás por ti mismo y dependerás de otros que te traerán y te llevarán”. No solo los ancianos son dependientes. En el fondo, es la condición de todo ser humano en todas las edades: siempre somos dependientes, y la sabiduría de la vida consiste en aceptarlo y en aprender a serlo. En efecto, la vida y la libertad no consisten en poder hacer lo que nos viene en gana, sino en querer hacer aquello que es bueno para sí y para los demás, en aceptar y querer que la vida nos lleve a donde nos lleva, en la red de relaciones e interdependencias que nos hacen ser, en las diversas circunstancias y vicisitudes que nos acontecen, y eso tanto cuando creemos valernos como cuando ya no nos valemos. Y ése es siempre uno de los principales retos para todo anciano, pero también una de sus grandes oportunidades: aceptar y querer ir adonde la vida nos lleva, cuando ello sea lo mejor para nosotros mismos y quienes nos rodean.

Para terminar, quiero mencionar una figura de anciano que nos presenta el evangelio de Lucas y puede ser mirada como el icono más bello de anciano realizado. Es Simeón, “un hombre justo y piadoso que esperaba el consuelo de Israel”. Cuando, según el relato de Lucas, María y José llevan a Jesús para presentarlo en el Templo, lo recibe Simeón y reconoce en el niño al Mesías que traería el consuelo, la liberación de su pueblo. Y, profundamente conmovido, toma a Jesús en sus brazos y dice: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar que tu siervo muera en paz” (Lc 2,29). Esa sería mi máxima aspiración para cada día y para el último día de mi vida.

Documentación fundamental

Aristóteles, Retórica, Libro II, capítulos 13–14

https://cristoraul.org/SPANISH/sala-de-lectura/BIBLIOTECATERCERMILENIO/CLASICOS/ARISTOTELES/Aristoteles-Retorica.pdf

Aristóteles, Ética para Nicómaco, Libro VI, 1142-1143

https://www.imprentanacional.go.cr/editorialdigital/libros/literatura%20universal/etica_a_nicomaco_edincr.pdf

Bhagavad Gita (https://nueva-acropolis.es/libros/Bhagavad_Gita.pdf)

Biblia (La Casa de la Biblia)

Brihadaranyaka Upanishad (https://yoganidra.com.mx/wp-content/uploads/2022/02/Brihadaranyaka-Upanishad-yoga-nidra-mx-cdmx-1.pdf)

Buda Gautama

https://hastinapura.org.ar/editorial/textos/Dhammapada.pdf

Cicerón, Sobre la vejez

file:///C:/Users/user/Downloads/de-la-vejez-bilingue-4.pdf

Confucio, Analectas

https://www.suneo.mx/literatura/subidas/vdocuments.mx_analectas-confucio.pdf

Hesse, H., Elogio de la vejez

elogio-de-la-vejez-herman-hesse.pdf

Laozi, Tao Te King

https://nueva-acropolis.es/libros/Lao_Tse-Tao_Te_King.pdf

Platón, República Libro I, 329-331; Libro VII (540a–b)

https://circulosemiotico.wordpress.com/wp-content/uploads/2019/03/platc3b3n-la-republica.pdf

Schopenhauer, A., El arte de envejecer [Senilia]

https://web.seducoahuila.gob.mx/biblioweb/upload/el_arte_de_envejecer.pdf

Séneca, Cartas a Lucilio

https://www.mercaba.es/roma/cartas_a_lucilio_de_seneca.pdf

Simone de Beauvoir, La vejez

La Vejez Simone De Beauvoir : Simone de Beauvoir. : Free Download, Borrow, and Streaming : Internet Archive

Yalal al-Din Rumi, Fihi ma Fihi. El libro del interior, Paidós, Barcelona, 1996

José Arregi, Aizarna, 29 de julio de 2026

www.josearregi.com

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