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Vacío fértil

La ausencia de relato en el día de hoy es una llamada a ir más allá.

El Sábado Santo es, en sí mismo, una escuela del no-hacer. Hoy se nos pide simplemente permanecer más allá de la oscuridad, del silencio inquieto del ego y de toda ausencia de sentido.

Sepulcro cerrado

La ausencia de relato en el día de hoy es una llamada a ir más allá, a dar un paso que nos conduzca de lleno al silencio. Un silencio que no es vacío insostenible, sino que posee una densidad oculta, una fertilidad latente.

La ausencia de relato en el día de hoy es una llamada a ir más allá, a dar un paso que nos conduzca de lleno al silencio.

Tras la cruz, a pesar de la compañía que consuela todo abandono más allá de la pérdida —pensemos en la madre, en las Marías y en Juan—, no hay signos inmediatos, no hay consuelo, tampoco respuestas. Lo único posible es permanecer, sostener el desgarro de la experiencia, dejar que encuentre su lugar en el hondón del alma. Sólo cuando faltan las evidencias puede emerger la desnudez de la fe, desde la que siempre brota la pregunta: ¿qué buscamos, las manifestaciones de Dios o a Dios mismo? Este día nos pide algo más; nos invita a madurar, a purificar la fe y desprenderla de los estímulos a los que tantas veces la vinculamos. La unión con Dios, vivir desde Él, no requiere ya de sensaciones ni de comprensiones: es un saber silencioso que nos revela que, aunque haya dejado de ser perceptible, su Presencia lo inunda todo. Como escribió San Juan de la Cruz: «para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes».

Cruz con sudario

Todo parece terminado. No hay rastro de las promesas, y la esperanza misma deja de ser evidente, pues sus apoyos se han disuelto entre tantos “porqués” sin respuesta. Ante ello sólo queda permanecer en una fidelidad que apenas sostiene. Una fidelidad que no es mera respuesta a la promesa, sino la capacidad de mantenerse cuando ya no puede palparse. No es tiempo de alardes ni de heroicidades, sino de una fidelidad callada, casi anónima. En medio de esta escena, ¿qué puede quedar de uno mismo cuando se pierde el sentido? Amar. Amar como Dios ama, como Jesús amó: aun cuando no hay garantías, sin retorno, sin evidencia alguna.

Aunque todo parece detenido, sabemos que Cristo ha descendido a lo más profundo. Su obrar hoy es como el del invierno en los árboles: es tiempo de que las raíces se hundan y crezcan, aunque en la superficie todo parezca inerte. Su acción acontece en lo invisible, en ese ámbito ignoto al que no podemos acceder, en la profundidad donde incluso la esperanza parece extinguirse. La realidad es más honda de lo que alcanzamos a percibir; sus estratos son innumerables, pero Dios los habita todos.

La realidad es más honda de lo que alcanzamos a percibir; sus estratos son innumerables, pero Dios los habita todos.

Este día nos recuerda que la verdadera transformación —no un simple cambio— nunca acontece en la superficie, sino en lo más profundo de la vida, en ese lugar que escapa a nuestro control y también a nuestro lenguaje.

El Sábado Santo es, en sí mismo, una escuela del no-hacer. Hoy se nos pide simplemente permanecer más allá de la oscuridad, del silencio inquieto del ego y de toda ausencia de sentido. Se trata de vencer la tentación de la huida para habitar el vacío, de modo que la fe se purifique y haga posible una fecundidad escondida en la que la Luz pueda germinar: ese destello inconmensurable de una vida nueva.

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