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María Magdalena y María de Nazaret: Lejos del dogma, cerca del Evangelio

'La cara oculta: María, madre de Jesús, y María Magdalena', del teólogo catalán Lluis Busquets Grabulosa, nos ayuda a recuperar la tradición del movimiento de Jesús como discipulado de iguales. Veinte siglos después, se vuelve a hacer justicia a las dos Marías

María y el Niño con dos santas. Detalle de un lienzo de Giovanni Bellini

El cristianismo institucional ha sufrido un proceso tal de dogmatización que ha desembocado en rigorismo doctrinal y vaciamiento de experiencia religiosa. Las instancias jerárquicas, más preocupadas por la reproducción de la institución eclesiástica que por el anuncio gozoso de la Buena Noticia de la liberación de los pobres, se han erigido en guardianes de una tradición esclerotizada que muy poco tiene que ver con el Evangelio. 

La Iglesia cristiana, instalada cómodamente en el dogma, se olvidó muy pronto de que el Evangelio es anterior al dogma y que éste constituye un empobrecimiento de aquél. Sustituyó la ortopraxis por la ortodoxia. Cambió el lenguaje simbólico, el más propio de las religiones, también del cristianismo, por el lenguaje dogmático con el consiguiente empobrecimiento semántico y de sentido. El símbolo abre nuevos horizontes y, al decir de Paul Ricoeur, da que pensar, mientras que el dogma cierra toda posibilidad de pensar e impone el pensamiento único.

En ese sentido he leído con sumo interés La cara oculta: María, madre de Jesús, y María Magdalena, el libro del teólogo catalán Lluis Busquets Grabulosa (Destino, Barcelona), precisamente estos días en que celebramos la fiesta de María Mgdalena (22 de julio). Esta obra se sitúa más cerca del Evangelio de Jesús que del sistema dogmático de la Iglesia. Ése es sin duda su principal mérito, ya que lee los textos cristianos del pasado no al modo fundamentalista, sino desde las preguntas, inquietudes y desafíos del presente. Así, los pocos datos que sobre María de Nazaret y María de Magdala nos ofrece los evangelios cobran vida, crecen en significado y adquieren nuevo sentido. 

Libro

María de Nazaret y María de Magdala: en el círculo de Jesús

Gregorio Nacianceno decía que la Biblia crece con sus lectores. Lo mismo cabe decir de las dos protagonistas de este libro: ambas logran nuevos perfiles y consiguen nuevas dimensiones en las páginas del teólogo catalán. La tradición (teología, arte, literatura, piedad, etc.) se ha empeñado en enfrentar a ambas mujeres y asignarles roles contrapuestos: a María, la madre de Jesús, el papel no fácilmente comprensible de Madre de Dios, tratándose de un ser humano, y de corredentora junto a su hijo, Jesús de Nazaret, Hijo de Dios; a María Magdalena, la imagen de mujer sensual y pecadora arrepentida. 

Sin embargo, nada de eso se deduce de los evangelios canónicos o apócrifos, que las presentan como protagonistas y actoras en el movimiento igualitario de hombres y mujeres que puso en marcha Jesús de Nazaret, como colaboradoras en la praxis liberadora y seguidoras de la causa de Jesús después de su muerte. Las dos son mujeres adultas, independientes, seguras de sí mismas, liberadas. Las dos pertenecen al círculo más cercano del Nazareno e intervienen en las decisiones más importantes de ese círculo. 

De ello dejan constancia repetidamente los textos evangélicos, aunque las interpretaciones patriarcales se han encargado de ocultarlo. De dichas interpretaciones se distancia Busquets, quien hace justicia a las dos mujeres con maestría exegética, conocimiento histórico y sensibilidad feminista. Dos mujeres que se mueven entre el símbolo y la realidad, la historia y la interpretación. 

El autor vuelve a los evangelios, a los canónicos y a los apócrifos, para hacer una reconstrucción histórica de ambas a través de los métodos histórico-críticos, pero siendo muy consciente de las dificultades que entraña separar con precisión la historia de la interpretación, la leyenda de la realidad. 

La recuperación de María Magdalena

Durante las últimas décadas se está produciendo un fuerte movimiento de recuperación de la figura de María Magdalena por parte de especialistas del Nuevo Testamento, preferentemente mujeres, que leen los textos en perspectiva de género, de historiadores e historiadoras, que llevan a cabo una reconstrucción no patriarcal de los primeros siglos del cristianismo, y de la teología feminista, con su lúcida y certera hermenéutica de la sospecha

Papel fundamental han jugado en esta recuperación los evangelios llamados “apócrifos”, sobre todo los de carácter gnóstico, entre los que cabe citar el Evangelio de Tomás, el Evangelio de Felipe, el Evangelio de María y Pistis Sophia. Busquets conoce y estudia estos textos, los sitúa en su contexto y se ayuda de las investigaciones exegéticas recientes para desentrañar el alcance de los mismos. Volveré sobre ellos más adelante. 

En la centralidad de la figura de María Magdalena están influyendo también y de manera decisiva, al menos en el imaginario religioso y social, algunas obras de ficción centradas en la relación amorosa entre Jesús y María Magdalena, sobre la que muy poco dicen los textos y casi todo es producto de la imaginación. Entre ellas cabe destacar la novela del escritor griego Nikos Kazantzakis (1885-1957) La última tentación, de gran calidad literaria, llevada al cine bajo la dirección de Martin Scorsese.

A las numerosas y rigurosas investigaciones sobre la figura de María de Magdala se suma ahora el excelente ensayo de Elena Gortázar, Tras las huellas de María Magdalena en el siglo XXI (Tirant, 2026, varias reimpresiones), que actualiza los nuevos avances en cuestiones hermenéuticas sobre tan relevante figura, le da nueva vida, deja al descubierto los errores y proyecta su importancia hacia el siglo futuro para un cristianismo liberador en clave feminista.

Las mujeres en el movimiento de Jesús: praxis de solidaridad desde abajo

Las actuales investigaciones sociológicas, de historia social, de antropología cultural y de hermenéutica feminista sobre los orígenes del cristianismo sitúan al grupo de seguidores y seguidoras de Jesús en el horizonte de los movimientos de renovación del judaísmo del siglo I, junto con los esenios, terapeutas, penitenciales y otros. Le ubican, asimismo dentro de los movimientos que lucharon contra la explotación patriarcal en las distintas culturas: griega, romana, asiática y judía. En la historia de Israel/Palestina hubo intensas luchas protagonizadas por mujeres que jugaron un papel político y cultural muy importante. 

Sin el testimonio de las mujeres, hoy no habría Iglesia cristiana

Las primeras seguidoras de Jesús eran mujeres galileas que se reunían para comidas comunes, eventos de oración y encuentros de reflexión religiosa con el sueño de liberar a toda mujer en Israel. Fue precisamente esa corriente que buscaba emanciparse del dominio patriarcal la que posibilitó el nacimiento del movimiento de Jesús como discipulado igualitario de hombres y mujeres en el que éstas jugaron un papel central, y no puramente periférico. 

La presencia y el protagonismo de las mujeres en dicho movimiento, reconoce la teóloga Elisabeth Schüssler Fiorenza, fue de la mayor importancia para la praxis de solidaridad desde abajo. Su actividad fue determinante para que el movimiento de Jesús continuara después de la ejecución del fundador y se extendiera fuera del entorno judío. 

Las diferentes tradiciones evangélicas coinciden en señalar que estas mujeres fueron protagonistas en cuatro momentos fundamentales: en el nacimiento del movimiento de Jesús en Galilea, durante su actividad pública acompañándole en el anuncio del reino de Dios, en la crucifixión junto al Jesús sufriente y en la resurrección como primeras testigos. La mayoría de las veces se citan tres nombres de mujeres dentro de un grupo femenino numeroso. Es la misma tendencia seguida en el caso de los varones. Con ello se pretende mostrar el lugar destacado que unas y otros ocupaban en la comunidad

María Magdalena, testigo de la resurrección y apóstola

La mujer que aparece casi siempre citada en primer lugar en el grupo de las amigas de Jesús es María Magdalena, que toma el nombre de su lugar de origen, Magdala, pequeña ciudad pesquera de la costa oriental del lago de Galilea, entre Cafarnaún y Tiberíades. Ella es discípula de primera hora, pertenece al grupo más cercano a Jesús, ocupa un lugar preeminente en él, hace el mismo camino que el Maestro hasta Jerusalén y comparte su proyecto de liberación y su causa. Las mujeres que siguen a Jesús suelen ser citadas en los evangelios en referencia a un varón; María Magdalena, no, una prueba más de su independencia de toda estructura patriarcal. 

Cuando Jesús es condenado a muerte, los discípulos varones huyen. Las mujeres le acompañan en el camino hacia el Gólgota y están a su lado en la cruz

La fidelidad o infidelidad a una causa y a una persona se demuestran “cuando vienen mal dadas”, en la hora de la persecución y del sufrimiento. Cuando Jesús es condenado a muerte, los discípulos varones huyen por temor a ser identificados como miembros de su movimiento y a correr la misma suerte que él. Las mujeres que le habían seguido desde Galilea acompañan en el camino hacia el Gólgota y están a su lado en la cruz. 

María Magdalena funge como discípula fiel no de un Mesías triunfante, sino de un Crucificado por subvertir el orden establecido tanto religioso como político. El hecho de estar al pie de la cruz de un condenado a muerte por subversivo convierte a María Magdalena, María de Nazaret y sus compañeras en subversivas.  

Los distintos relatos evangélicos coinciden en presentar a las mujeres como testigos de la resurrección y a María Magdalena como la primera entre ellas. Es precisamente ella quien comunica la noticia a los discípulos, quienes reaccionan con incredulidad. La Magdalena cumplió las tres condiciones para ser admitida en el grupo apostólico: haber seguido a Jesús desde Galilea, haber visto a Jesús resucitado y haber sido enviada por él a anunciar la resurrección. El reconocimiento de María Magdalena como primera testigo del Resucitado explica su protagonismo en el cristianismo primitivo, al mismo nivel que Pedro, e incluso mayor en algunas iglesias.

Sin embargo, en las cartas paulinas y en otros escritos del Nuevo Testamento, el testimonio de las mujeres ya no aparece, y María Magdalena es sustituida por Pedro. Ello se debe a que la Iglesia estaba empezando a someterse al dominio masculino, que muy pronto comenzó a suprimir el importante papel que Jesús encomendó a las mujeres. El silenciamiento, por parte de Pablo y de otras tradiciones neotestamentarias, de la aparición de Jesús a María Magdalena y a otras mujeres llevó derechamente a la exclusión de éstas de los ámbitos de responsabilidad comunitaria. 

Maria Magdalena
Bien puede afirmarse que las mujeres constituyen la referencia indispensable de la transmisión del mensaje evangélico, más aún, el eslabón esencial para el nacimiento de la comunidad cristiana

No obstante, el propio Pablo de Tarso afirma en la Carta a los Gálatas que “ya no hay ni hombre ni mujer, ni esclavo ni libre, ni judío ni gentil” (Gál 3,28) y al final de la Carta a los Romanos cita a numerosas mujeres reconociéndoles funciones directivas al frente de las comunidades cristianas.

Bien puede afirmarse que las mujeres constituyen la referencia indispensable de la transmisión del mensaje evangélico, más aún, el eslabón esencial para el nacimiento de la comunidad cristiana. Sin el testimonio de las mujeres, hoy no habría Iglesia cristiana

En los diálogos de revelación de los evangelios apócrifos de tendencia gnóstica, María Magdalena aparece como interlocutora preferente de Cristo resucitado y hermana de Jesús, discípula predilecta y compañera del Salvador. Esa posición privilegiada provoca celos en algunos apóstoles, especialmente en Pedro, quien, según el apócrifo Pistis Sophia, reacciona en estos términos: “Maestro, no podemos soportar a María Magdalena, porque nos quita todas las ocasiones de hablar; en todo momento está preguntando y no nos deja intervenir”.  

Con el proceso de patriarcalización, clericalización y jerarquización del cristianismo, María de Magdala fue relegada al olvido; más aún, identificada como prostituta

Apóstol de apóstoles es el título que da a María Magdalena Hipólito de Roma, quien no considera a las mujeres mentirosas, sino portadoras de la verdad. En similares términos se expresa San Jerónimo, quien reconoce a María Magdalena el privilegio de haber visto a Cristo resucitado, “incluso antes que los apóstoles”. Sin embargo, con el proceso de patriarcalización, clericalización y jerarquización del cristianismo, María de Magdala fue relegada al olvido; más aún, identificada como prostituta, representada como penitente, que tenía que servir a Jesús en agradecimiento por haber expulsado de ella los malos espíritus. 

Importancia especial tiene el apócrifo Evangelio de María, que recupera un cristianismo desconocido u olvidado y viene a quebrar el discurso dominante sobre los orígenes jerárquico-patriarcales del cristianismo, la sucesión apostólica y el cristianismo uniforme. Aun contando con las elaboraciones imaginarias, puede afirmarse que este Evangelio ofrece una aproximación quizá más rigurosa que la del relato dominante. Desaparece la idea de María de Magdala como prostituta, tan presente en el imaginario cristiano, y aparece como maestra, discípula ejemplar y consoladora, como líder y primera apóstola en comunicación directa con el Salvador a través de una pedagogía dialógica. 

El Evangelio de María pone en cuestión, más aún niega, el poder ilegítimo que se arrogan los discípulos varones, al tiempo que defiende con argumentos sólidos el liderazgo de las mujeres en la comunidad cristiana y de la relación directa con Jesús sin la mediación patriarcal. Se supera así la imagen de un cristianismo idílico y uniforme, y describe un cristianismo caracterizado por las diferencias y los conflictos. Y, lo más importante, no establece discriminación alguna por razones de género.   

María de Nazaret, en la tradición de las grandes mujeres judías

¿Y María, la madre de Jesús? Tuvo mejor suerte que María Magdalena, al menos en el cristianismo oficial: fue declarada Madre de Dios, elevada a los altares y tratada casi con honores divinos. De nuevo el dogma suplantó a la historia y se alejó del Evangelio. Los dogmas marianos y cristológicos han separado a María de los mortales, sobre todo de sus hermanas las mujeres, y a Jesús de sus congéneres. 

La maternidad divina de María, cuya fiesta se celebra el 1 de enero, ha ensombrecido su maternidad humana. La asunción en cuerpo y alma al cielo ha ocultado a la mujer galilea con los pies en la tierra. María corredentora ha impedido ver a María liberadora. María sometida servilmente a la voluntad divina ha anulado a la María profética del Magníficat

A María de Nazaret hay que ubicarla en la tradición de las mujeres veterotestamentarias: Eva, transgresora y dadora de vida; las matriarcas, en los orígenes de las tres religiones monoteístas, de los que hasta ahora sólo se recuerda a los patriarcas varones; las parteras de Egipto, mujeres revolucionarias que incumplen las órdenes del faraón; Myriam, que participó con su hermano Moisés en la liberación del pueblo hebreo de la opresión faraónica; la juez Débora, que administraba justicia bajo una palmera y era consultada por los reyes; Ana la profetisa, en cuyo cántico se inspira el Magnificat. Fueron todas ellas mujeres creyentes con fe crítica y no crédula. 

María de Nazaret
Busquets ayuda a recuperar la tradición del movimiento de Jesús como discipulado de iguales, aunque no clónicos, y a vencer las resistencias del pensamiento androcéntrico y de la organización patriarcal de la mayoría de las iglesias cristianas

Veinte siglos después, se vuelve a hacer justicia a las dos Marías: la de Nazaret y la de Magdala, dos mujeres a quienes se ha presentado en trincheras opuestas, cuando compartieron un proyecto común: romper el círculo patriarcal de la religión judía oficial y activar un nuevo paradigma religioso en clave emancipatoria para las mujeres y los excluidos. 

Busquets ayuda a recuperar la tradición del movimiento de Jesús como discipulado de iguales, aunque no clónicos, y a vencer las resistencias del pensamiento androcéntrico y de la organización patriarcal de la mayoría de las iglesias cristianas. Nos devuelve a María de Nazaret, liberada de los excesos lingüísticos de las letanías marianas y del culto idolátrico a su figura y presta una excelente contribución para pasar de la mariolatría, en la que está instalada la piedad mariana, a la mariología como discurso crítico-liberador. Igualmente nos devuelve a María de Magdala liberada de los estereotipos que el imaginario cristiano ha construido sobre ella.

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