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2026: un año nuevo de noticias

San Juan de la Cruz, místico subversivo de ojos abiertos

En 2026 se celebra el tercer centenario de la canonización y el centenario del reconocimiento de doctor de la Iglesia de San Juan de la Cruz, efemérides precedidas por la publicación de La mística de la compasión (Editorial Cántico, Córdoba, 2025), del filósofo y teólogo Antonio Mialdea

San Juan de la Cruz

En 2026 se celebra el tercer centenario de la canonización y el centenario del reconocimiento de doctor de la Iglesia de San Juan de la Cruz. Ambas efemérides han estado precedidas por la reciente publicación de La mística de la compasión(Editorial Cántico, Córdoba, 2025), del filósofo y teólogo cordobés Antonio Mialdea. El título constituye la mejor síntesis de su contenido en torno a la compasión en la vida, el pensamiento y la praxis de san Juan de la Cruz (1542-1591), carmelita descalzo consecuente, encarcelado y torturado por sus propios hermanos, reformador del Carmelo junto a Teresa de Jesús, maestro espiritual, místico de ojos abiertos, de praxis compasiva y subversiva, y autor del Cántico espiritual, cumbre de la poesía mística de todos los tiempos. 

De dicha joya literaria subraya Mialdea la belleza y sublimidad cosmológicas, que Juan de la Cruz descubre “con la mirada interior de aquel que primero se ha vaciado de todo”. El vaciamiento de todo como condición para valorar la sublimidad del cosmos es la clave de la experiencia mística y debería serlo de toda experiencia humana. ¡Qué maravilla!

San Juan de la Cruz

Vaciamiento y desnudez son también el camino para acceder a Dios y encontrarse con él. Para tener a Dios, afirma el místico descalzo, es necesario que el alma, el corazón y la voluntad estén vacíos y desnudos, ya que los bienes de Dios no caben sino en un corazón vacío. Y “la desnudez -comenta Lola José en su magnífico comentario al Cántico espiritual a la luz de la mística hebrea (Lumen, Barcelona, 2023, pp. 93 y 145)- es el mismo Dios […]. La espiritualidad hebrea entendió que un cuerpo desnudo es la mejor representación física del vacío sin el cual es imposible el amor y la experiencia del amor. El amor comporta muertes, desprendimiento, pérdida de velos hasta llegar a la desnudez”.  

Mialdea define a Juan de la Cruz como “corresponsal incansable de la esperanza”, pequeño y negruzco y, a su vez, gigante, “un ser único e irrepetible en la historia”, pero consciente de su imperfección, que fue “su mejor trampolín para llegar al Ser”. Por paradójico que parezca, la soledad del descalzo abulense fue la que le condujo a descubrir la verdad del Ser. Es presentado como subversivo del sistema, tanto eclesiástico como político, e incluso para sus propios hermanos calzados, que se opusieron a su reforma radical, nunca le trataron bien y no reconocieron su talento literario. 

San Juan de la Cruz

Mialdea lleva a cabo su reflexión sobre la práctica sanjuanista de la compasión en diálogo fecundo, creativo e intertextual con pensadores y pensadoras como Pascal, Nietzsche, María Zambrano, Simone de Beauvoir, Adorno, Benjamin, Martin Buber, Wittgenstein, Byung Chul Han, Boff, Joan-Carles Mèlich y conmigo, ¡gracias, Antonio! Con esta múltiple hermenéutica dialogal abre la figura y el pensamiento del carmelita descalzo a nuevos horizontes de sentido y comprensión que trascienden el texto literario y la ejemplaridad de su experiencia religiosa y les da un carácter universal. 

Como buen filósofo, Mialdea subraya la originalidad del lenguaje sanjuanista, considera la mística de la compasión inseparable de la mística de la alteridad, es decir, del cuidado con los demás, y afirma que el universo es el lugar de la verdadera compasión.

La mejor síntesis del libro y de la personalidad radical de Juan de la Cruz es esta certera descripción que hace el filósofo cordobés: Juan de la Cruz vivió en soledad, pero no fue solipsista, ni individualista. Logró alcanzar el vacío, pero la plenitud lo abrazó. Utilizó, ¡como todos!, sus máscaras, pero por debajo de las mismas creció su personalidad de gigante. Llevó el lenguaje hasta el límite de lo decible hasta el punto de convertirlo en un lenguaje que habla de sí mismo […]. El carácter compasivo presidió su vida” (p. 154). 

Portadilla de la obra de Mialdea | RD/Captura

Lola Josa, una de las mejores especialistas del místico abulense, completa el perfil de Mialdea en su edición del Cántico espiritual a la luz de la mística hebrea (Lumen) de esta guisa: “Qué incómodo tuvo que ser el místico para las fuerzas y la vigilancia oficiales, poco menos que un revolucionario que defendía la no necesidad de absolutamente nada de lo que pudiera ofrecer el orden implantado. Él, pobre de nacimiento, que cuidó a enfermos desahuciados, sabía que la bondad y la caridad, atributos de la voluntad del vacío, pueden más que cualquier gobierno”

Yo encuentro un gran parecido con Juan de la Cruz en el obispo-profeta-poeta Pedro Casaldáliga (1928-2200), quien escribiera este poema y lo pusiera en práctica: “No tener nada,/no llevar nada,/ no poder nada,/ no pedir nada./ Y, de pasada, no matar nada,/ no callar nada./Solamente el Evangelio,/ como una faca afilada./ Y el llanto y la risa en la mirada./ Y la mano extendida y apretada./ Y la vida, a caballo dada./ Y este sol y estos ríos y esta tierra comprada/ para testigos de la Revolución ya estallada./¡Y mais nada!”.

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