16.5.26 Ascensión. No hay más Dios que el Enamorado, ni más Cristo que el Enamorador, ni más Cielo que el enamoramiento (en la tierra como en el cielo).

No lo digo yo, lo dijo Jesús de Nazaret. No lo explico yo, quien mejor lo ha explicado es san Juan de la Cruz No conozco libro que lo explique mejor que su libro Llama de amor vida. Así quiero exponerlo en las reflexiones que siguen, tomadas de mis tres libros sobre el Cántico Espiritual y de la ponencia sobre Llama, que impartiré el próximo jueves en Segovia en el congreso que allí se celebra sobre Juan de la Cruz. Aquí expongo algunas ideas sobre el tema.

            Llama 1. Rompe la tela de este dulce encuentro

¡Oh llama de amor viva, que tiernamente hieres de mi alma en el más profundo centro! Pues ya no eres esquiva, acaba ya, si quieres, ¡rompe la tela de este dulce encuentro!

  La vida humana es un dulce encuentro de amor. Juan de la Cruz (=SJC) pone “encuentro”, de en-contrarse, en-frentarse, en vez “abrazo” como quizá nosotros habríamos puesto, distinguiendo así entre el encuentro, más propio de esta vida en ese mundo y el abrazo posterior, cuando la lucha del mundo se vuelva paz eterna, en la línea de 1 Cor 13 y 2 Cor 3. El encuentro se puede entender en forma de relación o acercamiento de personas, pero tiene en su origen un sentido básico de oposición, frente a frente, en la línea de los duelos, desafíos, torneos y justas entre caballeros del signo XIV- XVI. Este encuentro dulce de hombres y mujeres en amor es la clave de la vida.

SJC presenta así al hombre como “herido de amor”, en el interior del dulce encuentro de la vida humana, como dice el final de esta estrofa. Ciertamente, los seres humanos (varones y mujeres) pueden vivir inmersos en otros espacios externos de vida, como ha supuesto y mostrado SJC en Cántico, pero en su más profundo centro, el ser humano sólo existe de verdad si vive inmerso en dulce duelo-encuentro de amor   del Espíritu Santo, llama de amor viva de Dios y de los hombres

En el interior de esa llama ha nacido el ser humano, en ella vive, descubriendo y realizando su verdad en el mundo hasta consumirse de amor (rota la tela de este dulce encuentro). Este Dios, Llama-Fuego-Espíritu de Vida vino a revelarse ante Moisés en el desierto (Ex 3) como zarza ardiendo, Dios vivo, fuente de identidad de Israel, simbolizada según la teología cristiana ortodoxa, en María, Madre de Dios, zarza ardiente, humanidad capaz de concebir y dar a luz a Cristo, Verbo de Dios encarnado (Jn 8, 12, Llama 3).

Varones y mujeres nacen y crecen según eso en el interior de la Llama de amor de Dios, como Moises, como  María madre de Jesús. El fuego de esa llama les despierta a la vida verdadera, que es un dulce “encuentro”, combate de vida con Dios. Varones y mujeres vivimos según eso heridos (incendiados) como fuego de la llama de amor de Dios, encendida en el centro más profundo de nuestra alma, que es respiración de vida.

Sólo porque Dios arde en amor en nuestra vida (=alma) vivimos como humanos, podemos escuchar, atender, responder y comunicarnos en amor, siendo lo que somos, llama viva de amor de Dios en la tierra, Espíritu Santo), sin perdernos en ídolos muertos, que son construcciones que hemos fabricado obra de nuestras manos…  

Cada ser humano es una herida de amor de Dios sin  más finalidad que amar y más amar y así lo expresa en cada inspiración y expiración de aliento (=alma). Ciertamente, el “alma” o principio vital existencia se podría puede entender y explicar de otras maneras, en otras perspectivas, pero ésta es la más precisa, pues se funda en  Dios como Espíritu Santo, llama de amor de la que nacemos, vivimos y somos. No hemos nacido simplemente como seres biológicos, ni como pensantes puros,sino como herida de llama de Dios, señal de su presencia Dios en esta oscura “caverna del sentido” (Llama 3).        El orante no pide pan, ni perdón, sino que llegue plenamente el reino de la llama de Dios. Esta petición invierte el sentido del Salmo del rey Ezequías (cf Is 38, 10-12), que pedía a Dios un aumento temporal de vida en el mundo, mirando el reloj de sol de sus horas en la tierra. El orante de Llama pide en cambio que el sol divino de amor rompa ya la tela/trama de este dulce encuentro,  no porque el encuentro en el mundo sea malo, sino, al contrario, porque es bueno, muy bueno, pero puede y debe ser aún mejor.

2. Matando muerte, en vida la has trocado

¡Oh cauterio suave!¡Oh regalada llaga!¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado, que a vida eterna sabe, y toda deuda paga! Matando muerte en vida la has trocado.

Esta segunda estrofa expone algunos elementos de la vida de Cristo, Verbo de Dios, Hijo de María, que ha matado” a la muerte, trocándola en vida. Ha muerto, aceptando en su vida el dolor de la historia y muriendo por amor ha matado a la muerte,  transformándola en vida.

¡Oh cauterio suave, oh regalada llaga! El cauterio es una quemadura terapéutica que sana heridas y deformaciones al quemarlas, con un instrumento ardiente. Así Cristo, verbo de Dios, nuestro amigo, sufrió en su carne nuestras quemaduras y dolencias, tomándolas como suyas, pues con nosotros se había desposado en matrimonio, aceptando de esa forma nuestra muerte para darnos su  vida. Se dejó herir por nuestras llagas, como si fueran suyas y lo eran, como regalo que habíamos aportado al matrimonio de amor, en pequeñez y esperanza. Para superar la situación anterior, al morir no  quiso darnos nada ajeno, sino su propia vida de Amado de Dios, para que compartiera su propio ser divino.  

No sólo con miradas y palabras, sino con las manos que sostienen, acarician, animan y curan nos enamora el Cristo de Dios, en itinerario supremo de amor reverente,   llevándonos en sus manos, con delicadeza, respeto, suavidad y ternura, en contra del gesto brusco y animal de aquellos que quieren ganar este mundo violandoy matando.

Que a vida eterna sabe. Este es el sabor de la vida perdurable de la resurrección de la carne, la comida que no solamente está sazonada y tiene buen gusto,  sino que a vida eterna “sabe” (nos hace saber, nos da a conocer), de forma que superemos en este mismo mundo el miedo de la muerte, viviendo ya como resucitados.

Y toda deuda paga…SJC retoma el motivo esencial del Padre-Nuestro: ¡Perdona nuestra deudas! (Mt 6, 12),  como la teología de Pablo, centrada en el perdón de Dios, por encima de todo de talión de castigo o venganza. Dios perdona por Jesús toda deuda, supera en nosotros toda obligación, en contra del diablo a quien tendríamos que pagar un “impuesto infernal” para quedar así libres de su cautiverio. Dios, en cambio, perdona toda deuda y pecado en Cristo,  porque es amor gratuito, de manera que y si en él  vivimos, debemos perdonar a los demás en Cristo, como Cristo.

Matando muerte, en vida la has trocado. Cristo no sólo ha matado a la muerte muriendo por los hombres, sino que la ha trocado en vida, conforme a los principio de este dulce encuentro o duelo divino(Llama 1) en el que perder es ganar, morir por los demás es vivir para siempre, superando toda referencia al Diablo y al infierno como castigo/venganza de muerte. 

La estrofa anterior (Llama 1)  se formulaba como petición, de forma que el orante pedía “rompe la tela de este dulce encuentro”. Por el contrario, esta segunda estrofa  (Llama 2) es una confesión de fe por la que proclamamos que Cristo ha vencido con su muerte a la muerte, transformándola en vida, como pondrá de relieve Llama 3

 El amor de Cristo, que está al fondo de Llama 2 (cauterio, llaga, mano suave, toque delicado)viene a presentarse así como  revelación humana del amor divino, como he puesto de relieve en el comentario de  Cántico. Dios no ha enviado al mundo a su Hijo para imponer su ley a la fuerza, sino para realizar en forma humana el mismo amor divino, que es generosidad, donación gozosa, perdón pleno (=toda deuda paga), en forma de encuentro y abrazo con la humanidad de la que ha nacido por la “doncella María”.

Dios es amor y así muere Jesús, porque los hombres (su esposa pastora, según el símbomo) no responden a su llamada de amor. No es Dios quien mata a los hombres y les manda al infierno, sino que son los hombres los que matan a Dios al abandonarle[1].

 - Dios, amor enamorado, existe en sí viviendo fuera de sí, de tal forma que muere (pierde su aliento y sentido) al no ser amado).  La Cábala judía había supuesto que Dios se retiraba, abriendo en su interior un vacío, para que pudiera surgir  el mundo, la historia de los hombres. En contra de eso, con la tradición cristiana, SJC presenta a Dios como amor enamorado que no se cierra en sí dejando un hueco, sino que sale de sí, para regalar su amor, no para perderse en los amados o para obligarles a quererle, sino para compartir con ellos vida en amor, si ellos libremente con-sienten, como María, por libertad de amor, sin ninguna obligación.

-  Existiendo en Dios, el ser humano puede ser también despliegue personal y libre de amor, si libremente quiere, no por obligación de ley o miedo de castigo. El hombre no nace por ley, ni por capricho de Dios o de los dioses, ni por fatalidad, sino por amor de unos padres (=de Dios), que nos ha hecho para que nosotros nos enamoremos. Él es un Dios que “delicadamente”, sin ninguna imposición,  desea enamorarle. En ese sentido, la vida de los hombres llamados al enamoramiento, es una obra de arte amoroso, tierno, delicado de Dios.  

Sólo al interior del Dios enamorado podemos hablar de enamoramiento humano, en el sentido fuerte del término. Por enamoramiento, el hombre es como Dios, presencia de Dios. No existe encerrado en sí (como sujeto de posibles accidentes), rey de sí mismo, sino sólo recibiendo el ser de otros y abriéndose a ellos, en la entraña de Dios que es donación gratuita de amor. Más que animal racional o constructor de herramientas de trabajo, pastor del ser o soledad originaria, el hombre es auto-presencia relacional, ser que se descubre libre naciendo del amor de otros y viviendo para amar a otros. 

  En ese fondo, ha elaborado San Juan de la Cruz su "fenomenología del enamoramiento creador", insistiendo en el gozo y tarea de la vida compartida, sobre el nivel de la ley donde nos sitúan los sistemas político-sociales del mundo. Para un sistema social no existe verdadero , ni un yo en sentido estricto, ni un  auténtico nosotros como portadores de amor común. El sistema sólo conoce estructuras y leyes intercambiables, al servicio de los intereses del conjunto. Por el contrario, la vida humana es siempre encuentro concreto de personas en el sentido de interacción y comunión.

Cada ser humano se deja liberar de la nada (nace a la vida humana) por el don del otro, de tal forma que podemos afirmar que no es ya naturaleza, sino gracia (un ser sobrenatural, capaz de enamorarse).  

Lámparas de fuego: Calor y luz dan junto a su querido

¡Oh lámparas de fuego, en cuyos resplandores las profundas cavernas del sentido, que estaba oscuro y ciego, con extraños primores calor y luz dan junto a su Querido!

  No tenemos que salir de la caverna del sentido (mundo sensible, carne) y subir al plano celeste, superior, del platonismo, para contempla a Dios, como decía Fray Luis de León   y como sigue queriendo un tipo de hinduismo y de budismo “místico”, mezclado con un toque de maniqueísmo. SJC ha descubierto y pone de relieve el valor de que las cavernas del mundo, que  han sido creadas y redimidas por Dios para dar calor y luz a los hombres de este mundo, junto a su querido  

    La presencia del querido en las profundas cavernas del sentido, vinculadas a las cavernas de la piedra de Dios (CB 37) constituye a mi juicio la revelación y promesa más alta de Llama y de todo el mensaje de SJC. Esas cavernas, iluminadas por la Llama de Dios (=Espíritu Santo) dan calor junto al ”querido de Dios y de los hombres, cf.  Jn 19, 25-27,con la madre de Jesús.  

4. Cuan delicadamente me enamoras

¡Cuán manso y amoroso recuerdas en mi seno donde secretamente solo moras y en tu aspirar sabroso de bien y gloria lleno cuán delicadamente me enamoras!

   Esta estrofa final es un compendio de Llama, de Cántico y de toda la teología de SJC, en forma de confesión de amor, llena de ternura, una declaración de enamoramiento, en la que culmina y se cumple todo el camino anterior de la vida. La mejor manera de entender esta estrofa es comentarla sobriamente, frase a frase, verso a verso, sabiendo que quien habla es el mismo SJC, dirigiéndose en primera persona a su querido, pero que lo hace no sólo en su nombre, sino en nombres de María, madre de Jesús, con Israel, la iglesia y la humanidad entera. 

            1. El hombre empieza siendo recuerdo vivo de Dios, conforme a la experiencia central del platonismo de occidente y de las filosofías religiosas de oriente (hinduismo y platonismo). De lo divino venimos, de manera que nuestro pensamiento y amor es recuerdo, y “figura” imitación del pensamiento divino. Por su parte, toda la teología de Israel ha sido y sigue siendo teología del zikkaron o memoria de las obras de Dios a favor de su pueblo, como dice SJC:

- Cuan manso y amoroso… SJC se dirige a su querido Dios que se ha encarnado en Jesús, para enamorarse asi de nosotros. Este es el Jesús “manso y humilde de corazón (Mt 11, 19), aquel que invita a todos a buscarle y caminar con él, el mismo Jesús que llama a los cansados y agobiados de la vida; este es el mismo Jesús amoroso que sólo pide a sus seguidores que se amen unos a otros “como yo os he amado” (Jn 13, 34). Este es el Jesús por quien el amante (SJC) había optado diciendo Ya no guardo ganado, porque sólo en amar es mi ejercicio” (CB 28).

- ¡Cuán manso y amoroso Recuerdas en mi seno donde secretamente solo moras… El amado mora en el seno de la amante, de un modo secreto, escondido, viviendo a solas en ella (como se repite cinco veces

     Los hombres compartimos según eso el recuerdo “secreto” de Dios;  pero de tal forma que ese secreto no nos avasalla y aplasta, sino que se expresa y despliega de forma mansa y amorosa, con respeto infinito, con toque delicado, en cada uno se nosotros y en el amor que nos tenemos unos a otros. No nos limitamos a recordar a Dios, como tiende a decir el platonismo, sino que el mismo Dios recuerda y expresa su vida, se dice a sí mismo, en nosotros, en el seno de la amante: del Cántico de  SJC, en María, en la humanidad).

   El hombre no es recuerdo de Dios por haber “caído” de la altura divina, como pensaba el platonismo y repetía de algún modo Fray Luis de León,sino por haber nacido del amor de Dios, para así desposarse en matrimonio de libertad amorosa con su Verbo Jesucristo. Según eso, el hombre lleva en su seno el recuerdo activo de su generación-engendramiento y esperanza de Dios, en matrimonio de amor con su Verbo.

      2. El hombre es  respiración vital de Dios, en la línea de la tradición oriental (hinduismo, budismo) y también de la Biblia, cuando afirma (Gen 3) que Dios nos el hombre su aliento de vida (ruah, neshema). Según eso, el hombre no es “recuerdo de Dios” en sentido meramente receptivo, sino que lleva en sus “genes” y expresa en su alma, de manera vital  la memoria engendradora y creadora de Dios, como he puesto de relieve en comentario a Cántico (cf. CB 29, El aspirar del aire), y en Verbo de Dios, Cristo y la Biblia (Estella 2026). Aquí me limito a repetir algunos rasgos de esa respiración divina, que forma la esencia de ser humano, mujer o varón.:

Los seres humanos ormamos parte de Llama de amor de Dios: En nosotros, con nosotros, respira el Querido de Dios, que es Cristo y de esa forma nos enamora con su beso de amor que es la respiración compartida, en sentido afectivo (respirar uno de otro y con el otro), compartiendo así el mismo recuerdo del pasado, la misma vida presente, buscando juntos el mismo futuro.  

              Cuán delicadamente me enamoras. Este verso final de Llama es  quizá la palabra más significativa de la vida y obra de SJC, que se desahoga con Jesús (Jesús encarnado en la caverna del sentido de este mundo oscuro y ciego), tras haber recorrido su camino de enamoramiento con él, como su Amado (Querido), como él lo proclama abiertamente ante todos los pastores del ejido de la iglesia y del mundo: Diréis que me he perdido, que andando enamorada me hic perdidiza y fui ganada  (CB 29)  Éste es el verso final de Llama, una palabra clave de la vida y obra de SJC. Le ha sorprendido Jesús como llama de amo viva (Llama 1) y él/ella (Juan de la Cruz, María, la humanidad entera) se ha dejado sorprender, por su ternura y dulzura, (Llama 1), pero, sobre todo, por su delicadeza, por su cortesía y su finura, por su elegancia y hermosura, como hemos podido ir mostrando a lo largo de todo el Cántico y Llama Ahora al final nos sorprende de nuevo este camino y así decimo, con SJ, con María y con toda la humanidad creyente: Cuán delicadamente me enamoras.

   Excurso sobre el enamoramiento. Por circunstancias culturales, económicas y sociales, el enamoramien­to resultaba hasta ahora menos importante, pues familia, riqueza  y sociedad se apoyaban sobre otras bases de lucha, poder, sometimiento de unos sobre. Sólo ahora, tras los cambios culturales de la modernidad puede y  debe suscitarse una eclosión de amor enamorado, con SJC como testigo y promotor de su novedad dentro de la tradición occidental de fondo cristiano.

Hasta ahora (siglo XX), se  ha enseñado a hombres y mujeres a obedecer, a insertarse en la trama de la naturaleza y transformar la sociedad, con trabajo, creatividad instrumental, poder y dinero,  pero apenas se ha dado importancia al enamoramiento. Sólo ahora, a través de un salto cualitativo en la historia, puede y debe surgir el ser humano como viviente especial que puede enamorarse y encontrar su cielo en el amor, de forma que sólo así, en amor, puede superar los riesgos de muerte por odio y violencia que nos amenazan. En esta circunstancia resulta esencial la aportación de poetas, pensadores, testigos y promotores de amor enamorado como SJC. 

 El enamoramiento consiste, según esto, en el encuentro de dos o más personas que despiertan a una vida superior de conocimiento, amor y vida de unos en otros,  en comunión, no en exclusión, en libertad no en imposición, en abrazo, no en puño cerrado, desde el centro más profundo del alma, en libertad, no por necesidad o imposición

  (1) En el fondo de ese enamoramiento que ha de llegar hay un deseo de  sentido (esto es, de la carne humana), el tejido o tela humana de la vida. El amor ha  de tejerse como un vestido, una tela, de delicadísimos encuentros, llenos de ternura y hermosura, de dulzura y esperanza. El amor es una llama viva, una corriente de fuego, un aliento o beso de respiración compartida que nos conecta y vincula a todos los seres humanos, en un camino abierto hacia cielo de la nueva humanidad del cielo de Jesús.

(2) Ese enamoramiento es una pasión que nos hace ser padeciendo. El enamoramiento de cielo No lo hacemos nosotros, no somos sus dueños, sino que nos hace, como llama de fuego de amor en el en la que vivimos, nos movemos y somos, es decir, encontramos nuestra identidad, como vivientes en la gran Vida que es Dios, tomando así conciencia de nuestra singularidad compartida, en la conciencia universal de enamoramiento que es Dios como llama de amor vivo, a quien podemos comparar con la tierra y el agua de la que estamos formados, pero siendo, en especial aliento (espíritu, aspiración) y llama, que surge de la gran Llama divina que arde en el dulce encuentro de la vida de los hombres en el mundo, hasta que se consuma (arda del todo) nuestra tela antigua de separación y nos integremos como personas plenamente vivas en la llama infinita de Dios.

(3)  Este camino del Dios que es llama y aliento de vida universal se expresa en la historia de los hombres y mujeres del mundo en forma de enamoramiento, como ha mostrado SJC en Cántico y Llama, cuando ha cantado (Cántico) y ha proclamado (Llama) el enamoramiento como parábola (=comunidad viva)  de Dios en la historia. Están uno junto a otros los enamorados, sin opresiones ni domi­nios, respetándose y potenciándose mutuamente, como un comienzo de cielo en la tierra. Cada uno vive en libertad, todos comparten la vida en comunión de manera que cada uno pone su libertad y su futuro en manos de los otros,  resucitando de esa forma en ellos, en esperanza de cielo.

         En este camino de cielo que es el amor enamorado, la mujer no es descanso de placer y olvido en manos del guerrero, no es criada de hogar, simple fuego y cama de paso del varón, sino compañera de vida hasta la muerte en este mundo, que no es fin, sino principio de vida transformada.

         Por su parte, El varón  no es conquistador, dueño de la vida de otros, sino amante y amigo en el camino de vida compartida que es el cielo, iniciado en este mundo. Varones  y mujeres, implicados implicados, entre sí se descubren co­mo libremente humanos, iguales en dignidad y complementariedad de Vda.  

Cada enamoramiento es un modo nuevo, divino, de ser Dios sobre la tierra, con un trasfondo de indigencia y atracción “mendicante” en la profunda caverna del sentido, como necesitando que Dios nos enamore, para que así encarnemos su amor sobre la tierra. Pero, al mismo tiempo, un  enamoramiento es un modo superior de culminación personal de los seres humanos dulce encuentro de vida (Llama 1), curadas las heridas, pagadas las deudas, superadas las muertes en Cristo (Llama 2), de manera que iluminados por las lámparas de fuego del Espíritu podamos vivir con el amado en estas profundas cavernas del sentido, es decir, de una tierra oscura y ciega, pero llena de amor de un Dios que se encarna y revela en el soto inferior de la tierra (Llama 3).

Tierra somos con agua, pero tierra enamorada de Dios, tierra en la que Dios, llama infinita de vida, re-cuerda y re-crea su vida, como aliento compartido, de manera que cada uno de nosotros podemos decir y digamos, con infinito agradecimiento cuán delicadamente me enamoras,  es decir, nos enamoras, para seguir viviendo en amor como Jesús querido suyo (de Dios), nuestro querido, compartiendo la respiración común, en beso universal de amor, porque el Esp´ritu/aliento de Dios es la vida enn la que somos, nos movemos y existimos

Éste es un amor que se expresa en los diversos planos de la unión, de comunión de vida en-amorada, en pareja, en familia, en grupo,  desde la atracción física hasta la amistad personal, desde el erotismo más intenso hasta la ternura que pudiera parecernos  más supra-material, siendo totalmente “material”, de respiración de aire, de sinapsis de neuronas, de comunicación de todos con todos, pues el el Dios Padre de Jesús, fuente del Espíritu, vivimos todos, como ha formulado Pablo en 1 Cor 15.

 Éste es  el amor que define al ser humano como aquel viviente peculiar que sólo existe en sí existiendo en otro, de tal forma que "uno cerrado en sí o es no es ninguno". J. P. Sartre dijo un día desafortunado que el infierno son los otros. Pues bien,  en contra de esa boutade, infierno sería un hombre o mujer que se cierra totalmente en sí mismo, sin comunicación con la llama de vida universal que es Dios.

Ciertamente, el amor de cielo puede parecernos frágil, envuelto en las incertidumbres de un proceso que puede quebrarse, un amor amenazado por desencuentros y celos, por los egoísmos y enfermedades, por vejez y el miedo de la muerte y sobre todo por ruin mezquindad de aquellos que piensan que sólo machacando a otros son ellos machos, siendo sólo unos marra-machos (machos marrados).

 Éste es, al mismo tiempo, al mismo tiempo, es un amor muy fuerte, la revelación más honda del ser divino de la vida humana, como historia de personas   que "son" cada una de ellas al encontrarse  con otra dándose la vida y teniéndola al darla, en Dios que todos los poderes el mundo, que Jesús había definido como Belzebú (poder mental y social que destruye) y Mammón (poder económico qu esclaviza), como he descrito en No podéis servir a Dios y al dinero (Santander 2019)

 

[1] He desarrollado este motivo en Compañeros y amigos de Jesús, Sal Terrae, Santander 2023

Eucaristía, carne de Dios
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