17.8.26. María Gebira. Mariología de Jerusalén
Hemos celebrado hace dos días (15.8.26) la gran fiesta de la Virgen de Agosto, la mayor de las festividades marianas de la Iglesia de Roma y del conjunto de las iglesias católicas. Comenté en ese contexto el Canto del Magníficat, situándolo a la luz de la Iglesia cristiana de Jerusalén, a diferencia del Benedictus. himno nacional del sacerdote Zacarías.
En esa línea quiero comentar hoy algo que, en general, los cristianos y, en particular, los católicos ignoramos. El principio del "culto mariano" está vinculada a María Gebira. Esta es la Mariología de Jerusalén. No sé por qué razones la mayoría de los cristianos lo hemos olvidado (y queremos seguirlo quizá olvidando).
1. Breve . María Gebîra, Madre del Señor (cf. Lc 1, 43). María aparece vinculada a la comunidad de los judeo-cristianos de Jesús, y tanto Mc 3, 31-35 como Hch 1, 13-14 suponen que ella forma parte de la iglesia dirigida por Santiago y los parientes del Señor en Jerusalén. Es muy posible que haya venido a convertirse en una figura muy importante para el grupo, como parecen exigirlo las tradiciones de la gebîra o Señora-Madre de las tradiciones reales de Israel. La historia y cultura israelita más antigua avala esta visión: el hombre es fuerte como guerrero y gobernante, la mujer como madre, pues en cuanto esposa, ella estaba a merced del marido que podía expulsarla de casa (cf. Dt 24, 1-4).
Pero, muerto el marido, y defendida por sus hijos, ella se vuelve muy importante en la familia[1]. Parece seguro que Jesús no se casó, pues un tema como el matrimonio era en aquel tiempo algo público[2]. Pero aunque hubiera estado casado, su mujer en cuanto tal no habría tenido autoridad, pues la autoridad de un hombre no estaba vinculada a su esposa (un marido podía tener varias), sino como madre.
Sea como fuere, Lc 1, 43 supone que a la muerte de Jesús los cristianos conceden autoridad (como madre del Señor, gebîra) a su madre María (Cf. 1 Rey 15, 13; 2 Rey 10, 13; Jer 13, 18). El varón israelita se vuelve importante (gbr) por lo que hace. La mujer por los hijos que engendra. Pues bien, en esa línea, por razón de Jesús, Mesías, ses parientes han considerado a su madre como gebîra o Señora.
Este es el primero de los primeros de los signos de veneración mariana de la iglesia, que ha dado autoridad la madre del Señor mesiánico como expresión de providencia divina. La madre de Jesús aparece como gebîra-Señora en el fondo de las narraciones de Mt 2 (Jesús está en sus manos); en esa perspectiva pueden entenderse también Lc 1, 43 (¿de dónde a mí que venga a visitarme la madre de mi Señor) y Jn 2, 1-11 (donde parece que María acude a su calidad de madre para pedirle a Jesús que actúe, como indicándolo qué ha de hacer).
Desarrollo del tema. María Gebirá, Madre del Señor (cf. Lc 1, 43).
La madre de Jesús está vinculada a la comunidad de los hermanos de Jesús y tanto Mc 3, 31-35 como Hech 1, 13-14 suponen ella forma parte del grupo o iglesia dirigida por Santiago y los parientes del Señor en Jerusalén. Es muy posible que haya venido a convertirse en una figura muy importante para el grupo, como parecen exigirlo las tradiciones de la gebirá o Señora-Madre de las tradiciones reales de Israel. La historia y cultura israelita más antigua avala esta visión: el hombre es fuerte como guerrero dominador, la mujer como madre.
En cuanto esposa, ella se encuentra a merced del marido que puede expulsarla de casa por ley (cf. Dt 24, 1-4). Pero, muerto el marido, y defendida por sus hijos, ella se vuelve muy importante en la familia. Así Betsabé, muerto David su esposo, se vuelve gebirá bajó Salomón (su hijo), que la recibe con gran honor y la sienta a su derecha: 1 Rey 2, 19 (cf. también 2 Rey 1l, 1 ss; 5, 21). Por la importancia que ellas tienen, el libro de los Reyes mencione el nombre de cada madre de un nuevo rey en la introducción de cada reinado de Judá[1].
La esposa o esposas del rey pertenecen a su mundo privado, carecen de rango oficial sobre el pueblo; al contrario, la madre del rey posee el poder de la maternidad, simboliza el principio de la vida y así ocupa un lugar especial en corte y reino. La pareja simbólica que expresa el poder no es la que forman el esposo y la esposa sino el hijo con su madre. Mientras vive el padre rey, el hijo no tiene autoridad, está bajo la madre, vive en casa de ella (si el rey tiene varias mujeres) y recibe su educación. Tan sólo como muere el padre (o uno de sus hijos se vuelve heredero oficial), la madre del rey nuevo supera la vida privada y se vuelve poderosa (primera dama), dirigente o soberana, como traducen los LXX, respetando el sentido fundamental de la raíz gbr de donde viene gebirá (ser poderoso)[2]. Veamos los matices:
El varón israelita se vuelve geber por la guerra o o por las actividades de violencia y conquista asociadas con ellas. Por eso, los fuertes o gibborim, por antonomasia son los héroes, valientes (asociados a la tropa de David). En una sociedad que pervive y triunfa en guerra y/o conquista, los varones son fuertes porqueemplean la violencia; por ella se definen, consagran su heroísmo, se hacen "hombres". Por el contrario, la mujer es gabar por maternidad. Estrictamente hablando, ella se vuelve gebirá, tiene gbr o poder en cuanto madre de un varón que es importante (no como madre de otra mujer). Parece lógico que los parientes del Jesús, pretendiente mesiánico, después du su muerte (¡mete por su causa!) hayan elevado a su madre como gebira o Señora.
Éste es el primero de los signos de veneración mariana de la iglesia, que ha visto en la madre del Señor mesiánico un signo especial de providencia divina. En esa línea, la madre de Jesús aparece como gebirá o Señora en el fondo de las narraciones de Mt 2 (Jesús está en sus manos); en esa perspectiva pueden entenderse también Lc 1, 43 (¿de dónde a mí que venga a visitarme la madre de mi Señor) y Jn 2, 1-11 (donde parece que María acude a su calidad de madre para pedirle a Jesús que actúe, como indicándole aquello que ha de hacer).
Así aparece en la escena de la visitación (Lc 1, 39-45), Isabel saluda a María diciendo que es la Madre de mi Señor (hê meter tou Kyriou mou), destacando así su “realeza” o señorío, con una fórmula en la que vienen a cruzarse casi todos los temas mariológicos de la tradición antigua, formulados desde la historia y cultura israelita.
Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.
¿De dónde a mí que venga a visitarme la madre de mi Señor?
Pues que tan pronto como llegó la voz de tu saludo a mis oídos
saltó de gozo el niño en mi vientre.
bienaventurada tú, que has creído
porque se cumplirá todo lo que le ha dicho el Señor (1, 42-45).
A la doble bendición (de María y del fruto de su vientre) sigue la pregunta retórica de Isabel, que sirve para mostrar por un lado su indignidad (¿quién es ella para recibir a la madre de su Señor?) y para exponer por otro su gran conocimiento (ella sabe que María es Madre de su Señor). El sacerdote Zacarías (su marido) fue ignorante, no supo recibir e interpretar los signos del ángel del templo en su anunciación y por eso quedó mudo (cf. Lc 1, 5-20). Su esposa Isabel, sin embargo, ha comprendido y confesado la “dignidad” de María, llamándola Madre de mi Señor[3]:
‒ ¿De dónde a mí que venga? El siervo es quien debe visitar a su Señor y no al revés. Pues bien, aquí se invierte el movimiento y por eso se sorprende la madre del profeta, al descubrir que llega la mujer más importante a visitarla.
‒ La madre de mi Señor (hê meter tou Kyriou mou). Esta es la afirmación central. Isabel podía haber dicho simplemente mi Señor o Kyrios (kyrios mou), aludiendo al niño que María lleva en su vientre poniéndolo así en paralelo al niño Juan que salta de gozo en el suyo. Pero, retomando el motivo de la bendición anterior, Isabel presenta ahora a María como Madre y al fruto de su vientre como Kyrios.
‒ A mí (pros me). Viene la Madre del Kyrios y lo hace de forma reveladora, trayendo consigo la salvación o nuevo conocimiento que ese Kyrios realizará más tarde.
El peso de la pregunta está en la confesión de fe de Isabel, que presenta a María como Madre de mi Señor, situándola así en el trasfondo de un título y función bien conocida dentro del AT: la madre del rey ocupaba un cargo oficial dentro de la corta; ella y no la esposa (o favorita) del rey poseía la mayor autoridad femenina en el reino. .
– Isabel comienza destacando la importancia de María en primer lugar por su fecundidad (Lc1, 42). Ella es bendita (eulogêmenê) por ser madre, conforme a una visión que nos arraiga en hondas tradiciones de Israel, ratificadas en Dt 28. Siguiendo esa línea, su bendición puede ampliarse en perspectiva liberadora: llamando a María bendita no por sus hijos por su compromiso a favor del pueblo, como en el caso de Yael) o de la heroína final israelita (Judit).
‒ Isabel define a María como la madre del Señor (1, 43), dentro de una perspectiva en que parece vinculada a la realeza. No hay en Israel lugar para reinas,, a no ser Ester, que es la reina (malka) israelita por excelencia, en calidad de esposa de un monarca extranjero. Como mujeres importantes (gebiras) aparecen en Israel las madres del rey (como aquí María).
Significativamente, la única mujer judía que dentro de la Biblia lleva el nombre de reina es Ester, la esposa, favorita, del rey pagano de Persia. En esa línea, el libro de Ester representa, de manera paradójica y providencial, una de las culminaciones simbólicas de la historia bíblica. No ha existido dentro de Israel lugar para la reina, ni en clave inmanente (de realeza femenina humana), ni en clave transcendente (de realeza femenina divina).
El Dios rey[4] de Israel hacía imposible el surgimiento de una realeza femenina dentro de su entorno. Pero eso no ha impedido que la imaginación religiosa israelita haya creado una reina hacia fuera, es decir, una mujer que aparezca como intermediaria entre la furia del gran Rey (siempre inaccesible) y la vida amenazada de los pobres israelitas[5].
Ester ha podido tomarse como figura de María, pero hay entre ambas unas diferencias significativas. (a) Ester es reina como esposa, por la atracción que ejerce sobre el gran rey; ella no puede nunca presentarse como madre israelita. María, en cambio, es importante como madre, no como esposa de un rey mundano; su posible realeza ha de verse a nivel de maternidad mesiánica y de fe en el evangelio. (b) Ester es importante y reina en la medida en que logra mantener el atractivo femenino sobre el rey; ella sigue siendo, de algún modo, mujer cuerpo, belleza que debe cultivarse con perfumes, en medio de banquetes, en un juego constante de oración ante Dios y seducciones ante el monarca. María, en cambio, es importante por la fe; por eso, el texto la sigue presentando como aquella que ha creído (hê pisteusasa: Lc 1, 45)[6].
- El “título de María como “madre de mi Señor puede estar vinculado al título que Pablo ha dado a los parientes de Jesús como hermanos del Señor (adelphoi tou kyriou) en Gal 1, 19 y 1 Cor 9, 8. Eso supone que en Jerusalén se había desarrollado una iglesia judeocristiana que interpreta a Jesús como el Kyrios, rey mesiánico, en línea de cumplimiento judío. Pablo, tan crítico en otros aspectos con la iglesia judeocristiana, acepta este título: tomando a Jesús como Kyrios real israelita y reconoce a los hermanos del Kyrios una autoridad especial dentro de la iglesia[7]. María, como madre del Kyrios, formaría parte de ese grupo (cf. Mc 3, 31-365 par; 6, 3; Jn 2, 12; Hch 1, 14)[8].
– El varón es gibbor (tiene señorío) sobre todo por la guerra o por las actividades de violencia y conquista asociadas con ellas. Así son gibborim los gigantes (sexualmente insaciables, guerreros) que nacen de la unión de ángeles y mujeres y es gibor por excelencia el gran Nimrod, cazador mítico del principio, primer soldado de la historia (cf. Gen 6, 4; 10, 8). De ordinario se asocian poderío militar y económico, de forma que gibbor hayil es el guerrero profesional que puede costearse una armadura o un equipo de guerra (es, por tanto, rico). Los gibborim son por antonomasia los héroes, los valientes (asociados de un modo especial al ejército de David). En una sociedad que pervive y triunfa en claves de guerra y conquista, los varones son fuertes porque emplean la violencia; por ella se definen, en ella consiguen su fortaleza, se hacen "hombres".
– Por el contrario, la mujer es gebîra por la maternidad. Ciertamente, puede serlo en cuanto esposa del señor o mujer libre (dueña de una esclava), como muestran varios textos del AT: Gen 16, 4.8.9; 2 Rey 5, 3; Is 24, 2; Sal 123, 2 etc. Pero estrictamente hablando, la mujer se vuelve gebîra-señora en cuanto madre y sobre todo en cuanto madre de un varón que llega a ser importante (no de otra mujer). Frente al varón guerrero, que cree volverse persona (gibbor) conquistando o demostrando su poder en la guerra, emerge la mujer madre, que se realiza a sí misma y adquiere autoridad (se hace gebîra) a través del hijo rey (importante) o de los hijos que ha engendrado; ellos la definen, ellos la defienden, ellos la convierten en Señora[9].
El movimiento de Jesús había seguido vinculado a su misión pre-pascual de Galilea, con su anuncio profético-escatológico del Reino de Dios, su enseñanza sapiencial y su acción carismática, centrada en gestos milagrosos, que se concretizaron en la acogida y curación de los enfermos y expulsados. Estos elementos (cf. Mt 4, 23; 9, 35), constituyen la base galilea de su memoria eclesial y le definen como profeta, maestro y sanador[10]. En ese contexto podemos añadir que su propuesta fue al menos parcialmente escuchada y recibida, de manera que muchos parecían dispuestos a iniciar con él un camino de reino.
En la línea de Pablo que dice en Gal 4, 4 que “Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley” podemos y debemos suponer que ese “nacimiento de mujer”, en familia, ha de entenderse como acontecimiento pascual, más que como acontecimiento de “navidad” (nacimiento histórico de Jesús).
Ciertamente, podemos pensar que la propuesta de Jesús fue discutida y las autoridades del Templo actuaron por miedo (cf. Mc 11, 15-15; 14, 1-2.57). Algunos discípulos le traicionaron y negaron (cf. 14, 43-50.66-72). Intervino también la autoridad romana que condenó a muerte a Jesús por las implicaciones político-sociales de su movimiento. Pero tenemos que seguir suponiendo qu algunos, incluso ajenos a su grupo, se pusieron de parte de Jesús, y entre ellos pueden estar no sólo los primeros judíos 'helenistas', que definirán de un modo poderoso la visión posterior del movimiento de Jesús, sino también la Madre y los (algunos) hermanos de Jesús, como seguiré indicando.[11].
Debemos suponer que la madre de Jesús estaba Jerusalén en ese momento de “fiesta” (para cumplir la ley de peregrinación judía y, sobre todo, para acompañar su hijo. Nos parece claro qu ella estaba entre las mujeres que Mc 15, 40.47 sitúa ante la cruz de Jesús (como ratifica Jn 19, 25-27) y ante su sepultura, en la primera experiencia pascual. En principio, no es necesario que la madre estuviera allí como “creyente” cristiana, pero estaba como madre, acompañando a las mujeres amigas (más que a los hermanos de Jesús). Tanto la referencia de Mc 15.40.47; 16, 1-8, como la de Jn 19, 25-27 sólo se explican como recuerdo histórico y como testimonio de nacimiento eclesial. En este contexto, María aparece no sólo como “madre biológica” de Jesús (amiga de las amigas de Jesús, y madre de los hermanos de Jesús (cf. de Mc 15, 40.47; 16, 1-8, con Hech 1, 12-14 y Jn 19, 27-27), sino como “gebira”, en el sentido judío de ese término, como “madre del Señor”, en la línea de los hermanos del Señor a los que alude expresamente Pablo
En ese contexto se pueden citar los primeros “creyentes” oficiales, aceptados por la tradición cristiana que fueron galileos (como supone de Mc 16, 1-8; cf. Mc 26, 69 par; Hch 1, 16; 2, 7; Hch 9, 31; 13, 31) y como ratifica la reinterpretación posterior de Mt 28, 16-20)[12]. Ellos se llamaron nazarenos (nazoreos) o galileos y allí, en el entorno donde Jesús había realizado la mayor parte de su anuncio de Reino, siguieron manteniendo su misión, como portadores de su mensaje. En ese momento resulta absolutamente fundamental la misión de las mujeres de Mc 16,1‒8, que son las verdaderas iniciadoras del movimiento cristiano. Pero, partiendo de ellas, en un segundo momento, se pueden trazar tres “movimientos” o, mejor dicho, tres principio eclesiales:
1. Pedro y los Doce en Jerusalén. En un momento dado, muy pronto, algunos discípulos, en especial los Doce a quienes Jesús había elegido para simbolizar el retorno y cumplimiento de las doce tribus de Israel, dirigidos o animados de un modo especial por Simón Pedro, parecen haberse trasladado a Jerusalén, reinterpretando así el mensaje y movimiento de Jesús y esperando su pronto retorno de Cristo resucitado, fundando a partir de esa esperanza una comunidad de “seguidores” mesiánicos, como un tipo de “secta” escatológica judía, entre otras que había ya en su tiempo.
2. Los “helenistas”. En ese movimiento de “seguidores escatológicos” de Jesús se añadieron pronto un grupo muy significativo de helenistas, es decir, de judíos de lengua griega, venidos de la diáspora, para renovar o ratificar su vocación judía y su esperanza mesiánica en Jerusalén. De ellos habla de un modo sorprendente y sorprendido el libro de los Hechos (cap. 6‒7). Fueron hombres y mujeres que no habían conocido a Jesús “según la carne”, pero que quedaron sorprendidos (transformados) por su “destino” mesiánico, por su “crucifixión”. Ellos tendieron así a rechazar el judaísmo del templo, creando, recreando desde Jesús muerto y resucitado su experiencia y compromiso judío. Entre ellos se contará pronto Pablo.
3. Los hermanos de Jesús, una iglesia de parientes. Al mismo tiempo surgió, sin que el libro de los Hechos diga cómo, una “comunidad” de cristianos “judíos‒judíos”, que ven a Jesús como un “renovador de la ley nacional”. Ellos se encuentran encabezados por Santiago, hermano de Jesús, y así aparecen como “fundadores” de un cristianismo “legal”, esperando a Jesús como gran maestro de la Ley. Entre ellos se encuentra, sin duda, la madre de Jesús, que aparece pronto como una figura importante del grupo.
− La comunidad de Santiago, en Jerusalén, asume la sacralidad judía del templo y de la nación, reinterpretándola desde Jesús. Ella está formada sólo por cristianos de observancia judía, que empezaron viniendo de Galilea, pero se instalaron en Jerusalén, donde recibieron nuevos miembros que Hch vincula a los grupos sacerdotales (Hch 6, 7) y fariseos cristianos (Hch 15, 5). La relación de parentesco con Jesús parece importante en esta comunidad formada por judíos cristianos. En este contexto se puede hablar de la madre de Jesús como “gebîra”, señora mesiánica. Para ser miembro de esa comunidad, un pagano tendría que hacerse al mismo tiempo judío (circuncidarse etc.).
− La misión helenista se inspira en una visión escatológica mucho más intensa, en forma de crítica del templo y del judaísmo de la ley (que aparece ya en Hch 6-7), suponiendo que la muerte de Jesús ha superado las viejas diferencias sacrales simbolizadas por el templo y las leyes de pureza nacional judía; por eso, el evangelio puede extenderse a los gentiles, que son aceptados en el gran cuerpo renovado de Israel. En este contexto se puede hablar de una “concepción virginal de Jesús”, superando un tipo de maternidad puramente judía de María.
− La misión paulina empieza vinculada a la helenista, pero lleva hasta el final su tendencia universal, creando iglesias pagano-cristianas, donde no se exige la observancia de la Ley judía. Sus iglesias no son ya comunidades de judíos helenistas que admiten en su grupo a los gentiles, sino comunidades de paganos que se hacen cristianos de un modo directo. Ciertamente, ellas pueden aceptar también a cristianos de origen judío, pero ellos tendrían que aceptar las normas de vida pagana (comidas compartidas, leyes de pureza).
Conforme al testimonio de 1 Cor 15, 7 y al conjunto de la obra paulina, confirmada por Hch 1, 13-14 (y 12, 17), podemos suponer que la comunidad judeo-cristiana de Jerusalén, reunida en torno a Santiago, no ha nacido por escisión o separación, ni a través de un posible "golpe de mano" de los parientes de Jesús, sino por una experiencia pascual de Santiago y de esos familiares de Jesús, que han establecido en Jerusalén su propia iglesia, entre el año 30-33 d.C. No han vuelto a Galilea como Pedro y los doce (cf. Mc 16, 7-8), para continuar allí el tipo de misión de Jesús, sino que han fundado un nuevo tipo de "sacralidad mesiánica", en torno al templo, esperando, sin duda, el próximo retorno de Jesús como Hijo de David, mesías escatológico[13]. En este contexto podemos y debemos evocar nuevamente el “título” de la madre de Jesús como Gebira.
NOTAS
[1] Es posible que la dignidad de gebîra se confiriese en el momento de la entronización del hijo... (cf. 2 Rey 23, 31.36; 24, 8.18)... Parece ser que la reina madre conservaba su dignidad aún después de la muerte del hijo. Así Maaká, esposa de Roboam, sigue siendo gebîra bajo su nieto Asá, después del corto reinado de su hijo Abiyya, 1 Rey 15, 13R. de Vaux, Instituciones del AT, Herder, Barcelona 1985, 172-173. Para un estudio más amplio de la gebira y sus funciones cf. G. Molin, "Die Stellung der Gebira im State Juda" ThZ 10 (1954) 161-175; H. Donner, Art und Herkunft des Amtes der Königinmutter im AT", en Fest. J. Friedrich, Heidelberg 1959, 105-145; N. E. A. Andreasen, "The role of the Queen Mother in the Israelite Society": CBQ 45 (1983) 179-194.
[2] Cf. 1 Rey 15, 13; 2 Rey 10, 13; Jer 13, 18.
[3] Cf. A. Rábanos, ¿De dónde a mí esto, que la Madre de mi Señor venga a mí? (Lc 1, 43), EstMar 8 (1949) 9-27. La pregunta de Isabel está concebida retóricamente. Cf. 2 Sal 6, 9: ¿cómo entrará en mi casa el Arca del Señor? o 2 Sam 24, 21: ¿cómo es que viene el Rey mi Señor hasta su siervo?
[4] Cf. entre otros M. Buber, La regalità di Dio, Marietti, Genora 1989, 106-121; T. N. D. Mettinger, Buscando a Dios. Significado y mensaje de los nombres divinos en la Biblia, Almendro, Córdoba 1994, 107-136.
[5] Ester es reina mediadora: aparece como objeto de amor del rey (que se pone en sus manos al amarla) y también como abogada y protectora de su pueblo. De esa forma se mantiene abierta en ambas direcciones, sin dividirse por ello: tiene acceso al rey, puede siempre influenciarle con su fuerza de atracción, con su belleza; al mismo tiempo, se mantiene vinculada al pueblo, a cuyo servicio vive. A través de la fiesta popular de los Purim, la figura de Ester ha pervivido y pervive en la memoria israelita, como una de las heroínas e intercesoras del pueblo. Por eso se le sigue llamando la reina.
[6] La pervivencia de Ester en la formación simbólica de la mentalidad judía forma una de los fenómenos más interesantes de la historia de las religiones. Es evidente que los cristianos han apropiado la figura de Ester, interpretándola de un modo general en claves marianas, cambiando (espiritualizando) el sentido del libro. Para una relectura actual de Ester cf. D. J. A. Clines, The Esther Scroll the Story of the Story, JSOT SuppSer 30, Sheffield 1984.
[7] Los comentarios a Gal y 1 Cor ponen de relieve el carácter, honorífico y ministerial del los hermanos de Jesús, que forman un grupo de autoridad dentro de la iglesia primitiva; ellos tienden a crear, posiblemente, una iglesia genealógica, criticada por Mc 3, 31-35 y reasumida (también críticamevnte) por Hech 1, 13-14 dentro de su panorama de los grupos y caminos de la iglesia primitiva.
[8]Madre del Señor. Sólo aquí se ha dado a María en el NT el título de “la madre del Kyrios”, que después la iglesia cristiana ha desarrollado en forma teológica, al presentarla como Madre de Dios (mêter Theou) en el Concilio de Éfeso (431 d.C.). Es muy posible que, por ahora, en este primer momento de su formulación evangélica, Lucas esté recogiendo un título judeocristiano de María, a quien la iglesia primitiva de Jerusalén venera como madre del rey mesiánico, es decir, del Kyrios, en claves que deben formularse desde el AT (y desde el contexto judío del tiempo), como seguiré indicando:
[9] Esta dualidad de varón guerrero y mujer madre forma un arquetipo que reaparece en áreas humanas muy distintas. Tanto la potencia del varón (más centrada en guerra y/o sexualidad), como la de la mujer (más centrada en maternidad) están relacionadas con la geburah fundante de Dios en quien todo se asienta. Es normal que cuando el nombre de Yahvé deje de pronunciarse, por reverencia o miedo, los israelitas tiendan a sustituirlo por Geburah (dynamis: cf. Mc 14, 62 par). Cf. H. Kosmala, DTAT I, 919-937; J. Kühlewein, DTMAT I, 568-574. Recoge la Gebura como emanación de Dios E. N. Testa, Nomi Personali Semitici, Porziuncola, Assisi 1994, 177.
[10] Así lo he destacado en la Historia de Jesús, Verbo Divino, Estella 2013.
[11] La muerte de Jesús fue un hecho social, con repercusiones públicas, que ahora no podemos precisar con más precisión. Gran parte del cristianismo primitivo se inicia con la reacción de los diversos 'grupos de Jesús' ante el 'fracaso' de su muerte. Había venido a Jerusalén como enviado escatológico de Dios, para anunciar el Reino, con su sabiduría y su capacidad carismática, pero el gobernador romano (Poncio Pilato) le condenó a muerte, con la colaboración de los mismos representantes de la ley judía (del templo de Jerusalén) y los romanos.
[12] La interpretación que Lucas-Hechos ofrece de las apariciones pascuales y el surgimiento de la primera iglesia unitaria de los Doce-Apóstoles en Jerusalén, resulta secundaria o por lo menos muy parcial y debemos entenderla desde la propia perspectiva del autor, que 'ignora' (lo mismo que Pablo) la existencia e importancia de estos primeros cristianos galileos (a los que conoce, según Hch 9, 31).
[13] Tras la muerte de Santiago Zebedeo y la marcha de Pedro, en tiempos de Herodes Agripa (años 43–44 d.C.; cf. Hch 12), la comunidad de Jerusalén quedó dirigida por Santiago, hermano del Señor, (cf. Hch 15, 13; 21, 18; 1 Cor 15, 7; Gal 1, 19; 2, 9.12). Santiago y su grupo son partidarios de un cristianismo judío, vinculado a Jerusalén y a las tradiciones legales y mesiánicas de Israel. Ellos son plenamente judíos, en Jerusalén y en los demás lugares donde viven, formando así parte de la “federación” de sinagogas; pero, al mismo tiempo, mantienen su comunión mesiánica con los cristianos que vienen de la gentilidad y que no han sido circuncidados, ni cumplen las observancias judías. Ellos debieron sufrir una fuerte conmoción con el asesinato de Santiago (el año 62 d.C.; cf. F. Josefo, Ant XX, 197) y, sobre todo, con la guerra judía (del 67-70 d.C.). En esa línea parecen moverse algunos textos de la tradición de Mt, que intensifican la más alta justicia y obediencia a la ley, pero en línea de interioridad (como en las antítesis de Mt 6) y de justicia del Reino (cf. Mt 5, 17-20).
[1] Cf. R. de Vaux, Instituciones del AT, Herder, Barcelona 1985, 172-173. Para un estudio más amplio de la gebîra y sus funciones cf. G. Molin, "Die Stellung der gebîra im State Juda" ThZ 10 (1954) 161-175; H. Donner, ·Art und Herkunft des Amtes der Königinmutter im AT", en Fest. J. Friedrich, Heidelberg 1959, 105-145; N. E. A. Andreasen, "The role of the Queen Mother in the Israelite Society": CBQ 45 (1983) 179-194.
[2] He desarrollado el tema en Historia de Jesús, Verbo Divino, Estella 2013.