Quién es quién 2. Conversión de María (1)
1 Septiembre, mes de María. Este es por tradición el mes de María, la Madre de Jesús, cuyo nacimiento se celebra el día 8. Con esta ocasión quiero tratar de ella, insistiendo en su “conversión” cristiana (paralela a la de Pedro, Pablo y otros). Llevo medio siglo tratando de ello, desde que publiqué un libro titulado Orígenes de Jesús (1976). Sigo pensando en ello, pero más que los Orígenes de Jesús me interesan ahora los Orígenes del cristianismo, que pueden vincularse a mi entender con la Conversión de María, que podría situarse simbólicamente hacia el año 50 d.C., en en entorno del llamado Concilio de Jerusalén (al 2; Hch 15).
No fue una conversión desde la falta de fe a la fe en Dios,
desde pecado a la santidad, del odio al amor, de la inmoralidad a la moralidad, de una religión a otra…, sino de una conversión en la fe, en el camino que va de un judaísmo de ley y getto a un cristianismo universal de gracia y comunión entre las iglesias y de las iglesias con el mundo.
Ciertamente, María, madre de Jesús era “santa”, pero en el sentido del judaísmo nacional mesiánico (davídico), en la línea de los nazoreos, como su esposo. Creía en el Dios de sus antepasados, amaba a Jesús con todo su corazón, esperando que fuera Mesías de Israel, conforme al camino normal de las promesas. Es muy posible que se tomara como madre mesiánica, tal como aparece en Mc 3 y Mc 6, en Cafarnaúm de Galilea y Nazaret), , por gracia de Dios y por familia, educando a su hijo como “mesías” de Israel, en la línea de otras madres “mesiánicas”, nazoreas… pero a lo largo de un camino que seguiré estudiando con cierta precisión en las páginas que siguen, descubrió que su hijo mesiánico tomaba un camino distinto del ella había deseado, en contra de lo que ella creía y decía, de forma que surgió y se fue agrandando un “cisma mesiánico” entre ellos: Jesús tomó un camino diferente y su madre y sus hermanos quisieron corregirle
Este “cisma mesiánico” entre Madre y Jesús (entre Jesús y sus hermanos) forma parte de la “santidad” judía y cristiana de la revelación de Dios. No fue “pecado” en el sentido moral de la palabra, Pecado hubiera sido que no hubiera cisma entre Jesús, su madre y sus hermanos. Pero éste fue un cismo bueno y necesario y de su desarrollo y solución trata el conjunto de este libro, con la “conversión de María y de sus otros hijos, hermanos de Jesús.
No hay pecado sino gracia (y mucha gracia) en este cisma y “conversión” de María y del conjunto de sus hijos, una conversión, en torno a la muerte y resurrección de Jesús, tema del que trata con finura y elegancia no sólo Mc 15-16, sino también Pablo (cuando cuenta la experiencia pascual de Santiago: 1 Cor 15, 3-9), con Hechos el evangelio de Juan (Jn 2, 1-11 y 9, 25-27) y quizá incluso el Apocalipsis, como verá quien siga leyendo.
Todo esto se sabe y se dice desde hace tiempoentre los estudiosos de la Biblia y de la historia del primitivo cristianismo (como yo mismo decía hace medio siglo en Orígenes de Jesús), pero no se ha insistido en ello, quizá por razones “falsamente dogmáticas” y por idealización de los orígenes del cristianismo, y así he querido destacarlo en este libro titulado, quizá de una forma atrevida Conversión de María.
Este nuevo libro sobre la conversión de María no es tratado de tesis para demostrar verdades nuevas, sino de sin-tesis (lectura unitaria de de la de la Biblia y de sin-odo, camino acompañado de vida cristiana, con católicos amigos, ortodoxos y evangélicos, compartiendo desde diversas perspectivas la canción de María (Lc 1, 46-55) que caminó y sigue siendo caminante entre Nazaret de Galilea y la nueva Jerusalén de Lc 1, 43-45.
Madre de Jesús. ¿Quién era María?
Tuvo una vida compleja, relacionada no sólo con el judaísmo galileo, y especialmente con la vida y proyecto de Jesús, su hijo (con quien se relacionó de forma materna y dramática), antes y después de su muerte:
1. Fue judía galilea, del Mediterráneo oriental, a comienzos de nuestra era, y, como miles de mujeres, vivió en condiciones de dependencia femenino, bajo cuidado y vigilancia de sus padres, y después de su marido, en relación muy compleja con su hijo Jesús. Fue creyente y encarnó en su vida la tradición de las madres mesiánicas judías, que confiaron en el Dios de su pueblo y revivieron la esperanza de una salvación nacional, pero su canto de Lc 1, 47-56 la vincula especialmente con los pobres de todas las naciones, más que con el pueblo de Israel. En esa línea, algunos se atreven a decir ella ha expresado los rasgos primordiales de lo humano, en clave de mujer y madre judía[1].
2. Fue esposa de José, un “descendiente de David”, nazoreo de Galilea, hombre comprometido al servicio de la libertad nacional del judaísmo, en unas condiciones difíciles de sometimiento social y militar, bajo el dominio de los reyes herodianos, vasallos de Roma. A Jesús, el hijo de José, le llamarán “el nazoreo” (y dirán que es hijo de David), pero no directamente por su madre, sino por José, su “padre”.
3. Fue madre de un pretendiente mesiánico, de línea “nazorea”, dentro de un ambiente de fuerte renovación personal y social. Tuvo qizá otros hijos de los que habla Mc 6, 1-6, que al parecer no estaban de acuerdo con la pretensión mesiánica de Jesús, lo que fue causa de duro enfrentamiento en la familia. Todo nos permite suponer que María estaba viuda cuando Jesús inició su vida pública, de manera que ella debió actuar como “gebîra” o mujer de autoridad sobre su familia y que mantuvo unas relaciones tensas con Jesus, su hijo primogénito. De manera sorprendente, Mc 6, 3 llama a Jesús “el hijo de María”.
4. En la línea anterior, debemos añadir que no aceptó el tipo de pretensiones mesiánica de Jesús, su hijo, permaneciendo así al lado de sus otros hijos (como supone no sólo Mc 3, 20-35 y 6, 1-6, sino Jn 7, 1-9), hasta que Jesús murió crucificado como pretendiente mesiánico (cf. Mc 15-16; Jn 19, 25-27). A partir de ese momento, por experiencia pascual, no sólo de ella (Mc 15, 41-47 y 16, 1-8, con Hech 1, 13-14), sino también de Santiagoy de otros hijos suyos, hermanos de Jesus, ella empezó a integrarse entre los partidarios de Jesús (cf. Hch 1, 13-14), terminando por ser una persona importante (gebira) de la iglesia (cf. Lc 1, 43-45, 2, 33-35 y Jn 2, 1-11 y 19, 25-27
Esta integración de María en la iglesia de los “hebreos· de Jerusalén, de la que ella pudo ser uno de los fundadores, con Santiago (uniendo la “noticia” de 1 Cor 15, 2-7 con Mc 15-16), constituye, a mi juicio, uno de los acontecimientos más importantes de la iglesia del primitivo cristianismo. El libro de los hechos cuenta de forma relativamente extensa en el nacimiento de la iglesia de los helenistas (Hech 7-15), pero no dice casi nada de la iglesia de los hebreos, con Santiago (a no ser en el entorno del “concilio de Jerusalén”y en visita final de Pablo a Jerusalén (Hech 21-36). Conocemos por Pablo la existencia, importancia y misión de esta iglesia “hebrea” de los parientes de Jesús.
En esa iglesia tiene que situarse la experiencia y misión de María. No sólo con sus parientes-hermanos, sino con un grupo especial de mujeres, como supone Hech 1, 13-14 y de un modo especial los relatos del final del evangelio de Marcos (Mc 15-16)´. Por razones que deben seguirse estudiando, María vino a convertirse en referencia o modelo para la comunidad cristiana, como testifica en perspectivas diferentes el conjunto del NT. En esa línea, Lucas le llama “gebîra”, Madre del Señor (cf. Lc, 43) y ella misma anuncia proféticamente que la llamarán bienaventurada todas las generaciones (Lc 1, 48).
Discusión de Nazaret: hijo de María, hijo de artesano. Mc 6, 1-5 par
Conforme a un texto anterior, los familiares nazarenos de Jesús habían ido con su madre a oponerse a la nueva familia de sjsDoce apóstoles (Mc 3, 15-19) para llevárselo de nuevo a Nazaret, pero no les escucha y ellos tienen que marcharse a Nazaret sin su hijo y hermano Mc 3, 20-35).
Pues bien, ahora, no bastándole aquel rechazo de Cafarnaúm, Jesús vino con su nueva familia (sus Doce) a Nazaret, y allí se presentó en la sinagoga, un sábado, para proclamar y ratificar su nueva elección de familia y de Reino, como delegado de Dios. Es normal que los nazarenos se extrañen, se escandalicen, rechazando su nueva familia y recordándole que él es simplemente el “artesano”, hijo de María, hermanos de hermanos y hermanas de pueblo. Por eso preguntan por su origen, por su sabiduría, por su capacidad para crear una nueva familia, llamándole de forma despectiva “el hijo de María”
Esta denominación metronímica (¿no es éste el hijo de María?) resulta sorprendente y por eso se ha pensado que los nazarenos podrían aludir a un nacimiento irregular de Jesús (pues en general el hijo suele tomar el apellido del padre no de la madre). Mc 6, 3 le presenta como hijo de María y hermano de Jacob y José, Judas y Simón, como suponiendo que todos ellos resultan conocidos para el lector, de manera que no se dice donde están, lo que puede hacernos suponer que el autor los vincula con Jerusalén (lo mismo que a la madre, de la que tampoco se dice donde está). Por el contrario, las hermanas, ya sin nombre, se vinculan a Nazaret: "¿No están sus hermanas aquí, entre nosotros?" (ὧδε πρὸς ἡμᾶς; Mc 6, 3).
Sea como fuere, desde el punto de vista de Marcos, el texto supone que la madre de Jesús era una mujer conocida, y que sus hermanos eran también conocidos, pero sin decirse dónde viven, si en Nazaret, su patria (o si han ido a vivir a una comunidad especial en Jerusalén. Sólo de las hermanas se dice que viven aquí en Nazaret[2].
Marcos cita por separado a los dos grupos (hermanos, hermanas), aunque después sólo destaque por su nombre a los hermanos (Jacob y José, Judas y Simón), suponiendo, posiblemente que ellos han sido importantes en la vida posterior de la iglesia cristiana para la qu Marcos está escribiendo. Parece claro que en principio, según Marcos, esos hermanos varones no asumieron el camino de Jesús, pero después se hicieron cristianos tras la pascua, como supone Pablo: cf. 1 Cor 9, 5; 15, 7; 1)… pero de una forma, que, a juicio de Marcos, resultaba insuficiente, pues no habían abandonado la ley nacional del judaísmo “rabínico”, ni se habían integrado en la nueva comunidad universal de Jesús.
La tradición cristiana ha preguntado sobre la identidad de estos hermanos de Jesús, que parecen ser los mismos que aparecen Mc 15, 40.47; 16, 1 (ante la cruz y en la tumba de Jesús), como indicando que, en un momento dado, que se identifica la muerte y pascua de Jesús ellos han dejado el judaísmo nacional anterior y se han hecho cristianos, como seguiremos viendo en todo este libr. Debemos suponer que ellos han tenido cierta importancia en la Iglesia primitiva, como indica Pablo, que les presenta como miembros significativos de la comunidad de Jerusalén, partiendo quizá de una “revelación pascual de Jesús a Jacob” (1 Cor 9, 5; 15, 7). En esta línea se sitúan las tradiciones de Jacob, el hermano de Jesús, primer «obispo» de Jerusalén, a quien se atribuye una carta-circular (Santiago) que muestra un buen conocimiento de la «ley» israelita.[3].
Condensando lo anterior, podemos decir que los nazarenos querían interpretar a Jesús desde su patria, dentro de los límites ya conocidos de su trabajo (era un artesano) y del hogar (madre, hermanos/as), aunque en un contexto problemático le llaman “el hijo” de María, un apelativo especial (como el de “nacido de mujer” de Pablo en Gal 4, 4). Su trabajo y su familia le habían concedido un espacio en el mundo (en Nazaret, en Israel), pero Jesús lo ha roto, ha quebrado (ha ensuciado o superado) el nivel en que le había situado su familia.
A partir de aquí puede interpretarse la visión cristiana de. Marcos, que cita a la madre y hermanos/as de Jesús, pero no admite la autoridad de los escribas que instauran y definen un tipo de legalidad israelita, ni la de los "presbíteros" o ancianos de la comunidad judía (cf. Mc 7, 5). Por eso, la pregunta (¿de dónde le vienen tales cosas?: Mc 5, 2) puede encerrar una ironía: Los paisanos de Nazaret insinuarían que Jesús era ilegítimo (hijo de soltera).
Así parecen decir los nazarenos, pero, en ironía más alta, (desde Mc 1, 9-11), el evangelista sabe que el verdadero padre de Jesús es Dios, como supone el "pasivo divino" del texto (¿de dónde la viene la sabiduría que se le ha dado). Es evidente que el lector de Marcos puede responder: ¡Dios le ha dado sus poderes, Dios mismo, que es su Padre! Por eso, la ausencia de padre en el mundo está evocando una presencia paterna superior. Sea como fuere, es posible que en la comunidad de Marcos (y en su entorno) se esté planteando el tema de un posible origen “especial” de Jesús, a quien Mt 1 y Lc 1 presentan como concebido por el Espíritu Santo[4].
María en las diversas iglesia
El recuerdo de María está vinculados a diversas comunidades cristianas, que aquí evoco de un modo general, recogiendo algunas trayectorias o tendencias, que puede relacionarse con los grupos que Pablo ha evocado en 1 Cor 15, 5-8 que se pueden condensar de esta manera: [5].
1. La comunidad primitiva de Jerusalén (con grupos de seguidores y simpatizantes de Galilea) recoge la experiencia del mensaje y de las obras del Jesús histórico. Sus representantes principales son Pedro y los Doce, que esperan en Jerusalén la “vuelta” de Jesús, con las mujeres que le han seguido desde Galilea (entre ellas, de un modo significativo, María la Madre de Jesús, con quinientos hermanos de 1 Cor 15, 5-6, que pueden situarse en Galilea o en Jerusalén, los primeros discípulos de Jerusalén a los que alude Hch 1-6 y los seguidores galileos de Jesús, evocados quizá por los miles hombres y mujeres a los que se refieren los relatos de las multiplicaciones (cf. Mc 6, 30-44 y 8, 1-10 par). En este principio galileo y jerosolimitano parecen fundarse (en forma positiva o crítica) los elementos básicos de la tradición sinóptica y de otros grupos y tendencias posteriores de la Iglesia, desde el llamado documento Q hasta Marcos[6].
2. Pedro y los Doce, los helenistas. Jesús había creado el grupo de los Doce como signo de culminación de Israel. Pedro lo recreó después (como supone Hech 1). Pablo afirma que Jesús resucitado “se apareció a Pedro-Cefas y los Doce” (1 Cor 15, 5), pero ya no les encuentra en Jerusalén a los tres años de su “llamada” (en torno al 35, cf. Gal 1, 18-19).Al lado de Pedro y los Doce surgieron los helenistas (con entre ellos estará Pablo) y por los “hebreos” en torno a los hermanos de Jesus, con de Santiago Menor (Jacobo)). Los helenistas se distanciaron, por causa de Jesús (y quizá por su propia teología anterior), del culto de Jerusalén y de la esperanza de la reconstrucción de las Doce, optando por un tipo de apertura misionera a los gentiles. Por el contrario, los parientes de Jesús optaron por crear un judaísmo más estricto, ocupando en Jerusalén el lugar que antes habían ocupado los Doce con Pedro.
3. Desde la perspectiva de Pablo y Hechos, el cambio fundamental de la iglesia lo realizan esos “helenistas”, hombres y mujeres de lengua griega que habían “vuelto” a Jerusalén para encontrar y cultivar sus raíces judías, descubriendo en y con ellas (con esas raíces) a Jesús, a quien vieron como signo del fracaso de un tipo de judaísmo levítico centrado centrado en le ley y templo) y como principio de una apertura universal de la tradición israelita. Posiblemente, ellos no habían planeado lo que harían, no sabían de antemano lo que sucedería, pero fueron fieles a un impulso que creyeron que venía Jesús resucitado y se dejaron marcar por la novedad de su experiencia pascual.
4. La iglesia de la familia de Jesús (los hebreos de Jerusalén, distinta de la iglesia de Pedro y los Doce), empieza a tomar importancia y a consolidarse en Jerusalén tras el surgimiento de los helenistas (diferenciándose de ellos, más que de Pedro y los doce). En un tiempo anterior (durante la vida histórica de Jesús), el “grupo” (¿clan nzoreo?) de los parientes de Jesús no había aceptado su proyecto y mensaje (como saben Mc 6, 1-6 y Jn 7, 3). Pero, como añade Pablo, en un momento dado, antes de aparecerse a «todos los apóstoles», que deben entenderse en línea “helenista”, Jesús resucitado debó “aparecerse” a Santiago (1 Cor 15, 7), quien parece concebirse como representante de todos los “hermanos” (=familiares) de Jesús, entre los que parece hallase su madre (1 Cor 15, 7; cf. Hch 1, 13-14), con Santiago y José, hermanos de Jesús que parecen líderes de la iglesia de Jerusale´n (cf. Mc 15, 40.47 y 16, 1. Por otra parte, Pablo dice en 1 Cor 9, 5, que Santiago, hermano de Jesús, y sus otros hermanos eran misioneros de la iglesia de Jesús y que iban acompañados de sus hermanas-mujeres.
A partir de este dato, podemos afirmar que la familia de Jesús, con su madre, asume el movimiento mesiánico de Jesús y que lo hace de un modo autónomo (no a través de Pedro y de los Doce), en una línea que, extrañamente, no aparece vinculada a Galilea (de donde son Jesús y su familia), sino a Jerusalén, donde le han asesinado y donde ellos (sus parientes) se instalan para formar una comunidad de «pobres» (cf. Gal 2, 10)
- Novedad de Pablo. En ese fondo se inscribe la “llamada” de Jesús a Pablo, que había sido, sin duda, presenta un “celota”, en sentido fuerte del término, un hombre que quiere defender con fuerza (incluso de un modo violento) la identidad nacional de su pueblo, oponiéndose por tanto a la “rama” cristiana de los helenistas, que a su juicio representaban una amenaza para el judaísmo. Este Pablo “celota” (celoso de la identidad nacional de Israel, no de los pobres y excluidos de Jesús) no se oponía al principio a Pedro, ni a Santiago, con quien en ese momento podría haberse identificado, sino a los helenistas que habían salido de Jerusalén, logrando adeptos en Damasco, donde al parecer vivía Pablo (cf. Gal 1, 17; Hch 9). En un momento dado (hacia el 32-33), este Pablo fariseo, judío nacional celoso (Flp 3, 5-6), nacionalista militante, tuvo una experiencia de Jesús y descubrió la verdad de Dios en aquellos a quienes perseguía, excluidos del verdadero “Israel” (Gal 1, 13-16), reconociedo que Dios había mandado a su Hijo, nacido de mujer (=María), por obra del Espíritu (Gal 4, 4).
Los Doce con Pedro eran signo de todo Israel, sin connotaciones especiales. Estaban vinculados a Jerusalén como lugar donde Jesús había muerto y donde debía volver, para instaurar el Reino, pero no intentaron crear una comunidad duradera, de «santos pobres», con una estructura sagrada que les permitiera vivir en el mundo como ciudadanos de un tipo de cielo superior. Por el contrario, los parientes de Jesús crearon una iglesia («ekklesia, qahal») que interpreta el mensaje y muerte de Jesús como principio una comunidad sagrada, israelita, en el sentido fuerte, vinculándose así a Jerusalén, donde Jesús había querido instaurar el Reino, para vivir allí en radicalidad la Ley israelita. Pablo que visitó a Pedro y Santiago (Gal 2) no formará parte de sus comunidades.
Conclusión abierta
¡Este Pablo! Tras ver a Jesús en Damasco, “vagar dos o tres años” por Arabia, decidió subir a Jerusalaén, donde trató del tema con Pedro (líder de los 12 apóstoles), y con Santiago el Menor (líder de la comunidad de los hermanos de Jesús, con su madre María y quizá de las mujeres amigas, cf. Hech 1, 13-14), pero no trató con María, la madre y con Magdalena, la amiga… (a no ser que no quiera decirlo, por lo causar problemas). Este es el tema clave del origen de la iglesia, según Gal 2. ¡Este Pablo!
(Seguiré, Dios mediante) el próximo día.
[1] Cf. Historia de Jesús, Verbo Divino, Estella 2013.
[2] Esa denominación (hijo de María) ha suscitado cuestiones de tipo social y teológico, como indiqué en Historia de Jesús (2013), con C. R. García Paredes, Mariología Madrid 1995, 225-252; 307-350. En el momento clave de su relato, Marcos presenta a María (al menos implícitamente) como madre [de Jacob y José... (Mc 15, 40), siendo definida por ellos. Parece que Marcos no la puede llamar madre de Jesús (en tema que sigue abierto en 16, 7-8). Jane Schaberg, exegeta de tradición católica (apoyándose en la denominación de Jesús como “el hijo de María”) ha insistido en su origen “irregular” Jesús, cf The Father, the Son and the Holy Spirit in Matthew 28:19b, Chico 1982; E. Stauffer, Jesus: Gestalt und Geschichte, Bern 1957; Cristo y los Césares, Madrid 1965.
[3] Jacob/Santiago, hermano de Jesús, no era un inculto, sino un erudito mesiánico, experto en interpretaciones de la «Ley». Cf. R. Bauckham, Jude and the Relatives of Jesus in the Early Church, Edinburgh 1990; B. Chilton (ed.), James the Just and Christian Origins, Leiden 1999; B. Chilton y J. Neusner (ed.), The Brother of Jesus: James the Just and His Mission, Louisville 2001.
[4] Cf L.W. Hurtado, Señor Jesucristo, Salamanca 2008, 328-362. Por eso, la pregunta (¿de dónde le vienen tales cosas?: Mc 6, 2-3) puede encerrar una ironía maliciosa: Jesús sería hijo ilegítimo. Pero el evangelista sabe, en ironía más alta que su Padre verdadero es Dios (cf "pasivo divino" (se le ha dado = Dios le ha dado).
[5] Cf Sistema, Libertad, Iglesia. Cf. F. Vouga, Primeros pasos del cristianismo, EVD, Estella 2001.
[6] Esta comunidad de Jerusalén (con la de Galilea) estuvo centrada en los Doce (con Pedro), como representantes y adelantados del Israel escatológico, que debería instaurarse con la parusía de Jesús en Jerusalén. Ella debió ser importante en los años que precedieron a la guerra del 67-70 d.C. Quizá Pedro y otros seguidores antiguos se vincularon después con la comunidad judeo-cristiana de Santiago y con las comunidades helenistas, en la línea de Pablo no dice que fue a ver a las mujeres de la primera experiencia pascual, ni a la madre de Jesús, según Gal 2. Para Pablo era fundamental el hecho de que Jesús había nacido de una mujer (Gal 4, 4), pero no hizo ningún esfuerzo por conocerla, ni a ella, ni a las mujeres del primer grupo cristiano (Mc 16, 1-8), ni a los doce, pues sólo vio a Cefas/Pedro y a Santiago (hermano de Jesús (cf. Gal 1, 18-19).