24.9.26. Anti-Merced: Capital mammón (Mt 6, 24; Ap 17-18), no mundo-demonio-carne como abstracciones, ni Islam como religión…
Merced significa misericordia-piedad-compasión, como ha sabido el budismo que identifica la liberación del hombre con la superación del deseo posesivo y la com-pasíon o misericordia universal. El judaísmo antiguo identifica también la libertad del hombre con la misericordia (hen-gratuidad, rehem-ternura, hesed-fidelidad, emuna-verdad).
Algunos catecismos católicos dicen que los tres enemigos que cautivan al hombre son mundo-demonio-carne, contra los que debemos luchar.
Muchos cristianos del siglo XIII creían que los enemigos que cautivan y venden mujeres y hombres son los musulmanes que oprimen y cautivan personas…
Pero la opresión y cautiverio no viene del demonio-mundo-carne como poderes abstractos, ni del Islam como religión de compasión y misericordia, sino de la opresión y dictadura del Mammón-Capital, como sabe el Evangelio.
Hoy quiero tratar de la anti-merced como cautiverio de Mammón, retomando el motivo de ayer, sobre los tres “poderes” de la modernidad: Capital, empresa y mercado. El próximo día trataré de María, madre de Jesús, signo de Merced-misericordia.
Felicidades a todos, este día de Merced.
DICTADURA DEL CAPITAL DIVINIZADO.
Este es un tema que hs sido desarrollado no sólo en el libro del Apocalipsis histórico” sino en el el logion de Mt 6, 24 (no podéis servir a Dios y a Mammón), en el programa de Mc 10, 28-31 (el ciento por uno en casas-campos-familia) e incluso el proyecto de Rom 13, 1-7, vinculado a los tributos del imperio (el orden social).
En este contexto, como rayo de luz que nos ciega e ilumina de nuevo, empezamos a entender la palabra de Jesús que interpreta a Mammón como anti-dios, esto es, un dinero prostituido que, sin valor en sí mismo, tiende a imponerse y dominar sobre todo lo que existe. En ese contexto debemos distinguir dos tipos de capital.
(a) Hay un capital que tiende a producir bienes reales, a través de la empresa, en un contexto social abierto, al servicio efectivo de los hombres.
(b) Y otro que sólo produce más dinero, pues no hace más que re-producirse y multiplicarse a sí mismo, de manera que todo en él es una especie de “usura absoluta” (dinero sin más fin que producir más dinero), pura plus-valía o quizá mejor ultra-valía, “valor” financiero sin ninguna base real de servicio de los hombres.
En una obra ya clásica, J. Habermas[1] había hablado de la “colonización” económica del de la vida humano: Todos los hombres y mujeres del mundo somos una colonia, una propiedad del dinero que nos esclaviza, se impone sobre el mundo entero. En esa línea decía que la dinámica del mundo financiero tiende a desligarse de toda normatividad (haciéndose ley sobre todas las leyes, poder sobre todos los poderes, religión sobre todas lass religiones….sin aceptar ninguna regla superior sin ponerse al servicio de los hombres como tales), convirtiéndose a sí misma en un tipo de mentira supra-estructural sostenida por políticas engañosas, dominadas por una economía financiera, al servicio de sí misma. Aquello que entonces, cuando escribió Habermas su libro (1981) empezaba a verse como algo para el futuro ha venido a convertirse (2026) en un problema que todos ven y sufren ya, sin que las autoridades pongan las medidas político-económicas pertinentes para resolverlo, al servicio de los hombres concretos (de lo que Habermas llamaba el mundo de la vida).
En esa línea de autonomía absoluta del dinero (que no tiene ya función económica: como nomos o norma al servicio de la vida humana), el principio del laissez faire (dejar hacer) del liberalismo, formulado de A. Smith (1723-1790), ha permitido que las finanzas se desplieguen y regulen por sí mismas, con independencia de la realidad y del valor de las personases decir, del “capital humano”, en contra de lo que había querido y formulado I. Kant, en su imperativo categórico, al decir que la acción humana debía valorarse por su capacidad de servir a todos los hombres.
Pues bien, en contra del imperativo de I. Kant y del sentido original de la economía, este dinero financiero sólo se busca a sí mismo, buscando su propio aumento como un cáncer desbocado, separado del mundo de la vida, sin preocuparse de los hombres como tales, ni de crear instituciones sociales donde ellos puedan vivir acogidos en conjunto de amor , ni de la enfermedad, ni de la violencia que lleva a la cárcel (Mt 25, 31-46).
En ese contexto hemos llegado a una situación en la que los mismos “estados”, que han nacido y se han desarrollado para “proteger” y potenciar a los pueblos (al servicio de los derechos humanos), están en riesgo de perder su identidad y función, bajo el poder superior del capital financiero, que tiende a dominarlo y dirigirlo todo. Eso significa que ellos como tales pueden perder su importancia y sentido, en manos de un dinero absoluto, por encima de estados, sociedades y hombres concretos, que vienen a convertirse en puros medios al servicio del Capital divinizado, que utiliza todo lo demás (estados y economía, sociedades y personas) a su propio servicio. En este contexto se entiende ya con claridad el dicho de Jesús: “No podéis servir de Dios y a Mammón”. Lo malo no es el dinero creado al servicio de los hombres, sino que los hombres estén al servicio del dinero, tomado como Mammón, aquel en quien se cree.
A las puertas del desastre, por culpa del dinero. En ese contexto, desde el momento en que los resortes de la sociedad caen en manos de las fuerzas financieras, como viene sucediendo en los últimos decenios, los hombres y mujeres (y los pueblos) ya no se toman valor en sí, sino que vienen a quedar dominados por la idea ficticia de que el sistema financiero triunfante (el gran capital) pudiera garantizarles mayores bienes (en la línea de la famosa mano oculta de A. Smith, por otra parte mal entendida, pues él partía de un presupuesto social previo de solidaridad).
Antes se podía pensar que el trabajo producía bienes y liberaba a las personas, de manera que trabajando bien un hombre podía ser autónomo, y desarrollar su vida, en libertad, en el contexto de una tierra abierta a más tierras por descubrir y dominar (conforme al ideal note-americano de la conquista de un Oeste vacío y salvaje, al servicio de los “pioneros”, como si no hubiera allí seres humanos). Pero el mundo se nos ha cerrado (hemos descubierto su redondez y limitación); ya no podemos conquistar nuevas tierras, de manera que para algunos la mejor manera de conseguir muchos bienes sería “embarcarse” en un tipo de “juego financiero”, en la línea del Mammón puro y duro (un dinero-Mammçon que Mt 6, 24 y Lc 16, 10 habían condenado).
Así podemos volvernos esclavos. cautivos en manos de ese Mammón, que es el intento de ganar dinero por dinero, sin límite alguno, en línea financiera (sin verdadera economía, pues economía es el “nomos” o norma de vida de la casa humana, al servicio de los hombres). Pues bien, esta distorsión financiera de los últimos decenios se parece en el fondo a la historia y crisis económica que había descubierto y presentado el autor del Apocalipsis a finales del siglo I d.C.
-- Este sistema financiero globalizado en que vivimos ha producido y sigue produciendo grandes convulsiones que se deben al pánico ante las posibles pérdidas de dinero, tal como hemos podido advertir en las crisis que han marcado y siguen marcando la historia de los últimos decenios. Frente al verdadero Dios, que se mostraba como poder creador, lleno de fortaleza y abundancia, capaz de actuar desde sí mismo, al servicio de los hombres y mujeres, sin perder su potencia amorosa (porque es de verdad infinito, En Sof, Padre que no pierde lo que da sino que al darlo se enriquece), este Dios-Capital, que quiere independizarse de la vida de los hombres concretos, para imponerse por encima de ellos, parece vinculado a grandes bandazos y convulsiones, que pueden ser imprevisibles (causados por la fragilidad del sistema), pero en general suelen ser provocados y previstos por una élite de supra personas al servicio del mismo Capital, que viven y crecen a costa del hambre y de la muerte de millones de personas.
-- El dinero virtual de este sistema de Mammón sólo se busca a sí mismo, sin respaldo efectivo en la vida de los hombres, sin infinitud propia No es ya dinero creador, al servicio de la “empresa”, dinero del trabajo y la ganancia real de los trabajadores (es decir, de una economía humana), sino un capital imaginario, que no existe, pero que ejerce un influjo inmenso en la vida real de los hombres. Ciertamente, este “capital financiero” no está al servicio de los seres humanos, dentro de un mercado en el que ganan de alguna forma todos, sino sólo de sí mismo.
No todos los economistas concuerdan en el tanto por ciento de su importe, dentro de la economía de conjunto; unos dice que constituye el 90% del capital del mundo, otros que menos pero unos y otros saben ese capital no está ya al servicio de la empresa y de la producción de bienes (de la economía real, que es para todos), sino sólo al servicio exclusivo de sí mismo. Éste es el gran cáncer, el egoísmo divinizdo, dinero que produce más dinero, sin control humano por parte de las autoridades políticas, sin normatividad que regule su despliegue al servicio de hombres reales, sino que se sirve sólo a sí mismo, a un un capital virtual o imaginario..
-- Esta situación conduce al sometimiento o esclavitud de gran parte de los hombres y mujeres reales y al desastre ecológico del mundo, esto es, a una destrucción de la misma tierra en que nacimos y de la que vivimos. En ese contexto podemos añadir que esa falsa o racionalidad financiera/capitalista no basta para articular (garantizar y potenciar) nuestra vida común, porque la hemos puesto (nos hemos puesto) en manos de un sistema financiero autónomo, que en vez de estar al servicio de loa hombres (del mundo de la vida, es decir, de la vida del mundo y de los hombres) pone al mundo y a los hombres reales a su servicio.
Éste es el sentido más profundo de la idolatría, representada por Mammón, que es una creatura, un tipo de “entidad virtual” que no es vital, sino mortal, una entidad que que no es ya símbolo de nada, sino sóo de sí misma, y hemos creado para así relacionarnos mejor, pero que de tal forma la hemos hecho que no nos lleva a relacionarnos mejor, sino a romper toda relación humana de vida y amor. De esa manera, Mammón ha terminado tomando autonomía, como si pudiera dirigirse por sí misma, de manera que quedamos bajo su dominio, con riesgo de muerte (es decir, de que ella nos termine matando a todos o que que nosotros nos matemos unos a los otros).
Este dinero nos sitúa ante una nueva versión del becerro de oro (cf. Ex 32), al que Jesús de Nazaret llamó Mammón, que no es ya expresión particular de un pecado de avaricia de algunos sacerdotes de Israel en el desierto, o de un imperio militar como el romano, que no pudo conquistar el mundo entero, sino que se convierte en Dios universal como Avaricia Absoluta, que sólo se busca a sí mismo, un Capital divinizado y opaco, cuyas transacciones son secretas, manteniendo de esa forma la falsa utopía (idolatría) de que servirá en el futuro para bien de todos, pero que de hecho sólo sirve para su propio proveccho pues no se pone al servicio del pan y el trabajo humano inter-humano, con empresas productoras de bienes reales, ni al servicio de personas (de los pobres, hambrientos extranjeros, enfermos de Mt 25, 31, 46), esto es, de seres humanos necesitados (SIGUE MAÑANA)
[1]Teoría de la acción comunicativa, Taurus, Madrid 1987 (original 1981), cf. Verdad y justificación, Trotta, Madrid 2002.