24.9 Tres ídolos: Capital, empresa, mercado. Virgen de la Merced: ¿Mercado para liberar?

Hay tres ídolos falsos  

Dios  Capital. El hombre es lo que tiene. Jesús le llamó Mammón (cf. Mt 6, 24). Es  el principio al que todo lo demás se subordina. En ese plano, contra los posibles ensueños politeístas post-modernos, parece que sólo hay un Dios imperante, que no es Yahvé, Allah, ni Padre, sino el Capital todopoderoso.

Dios Empresa, al servicio del capital. Hombres y mujeres vivían antaño en contacto inmediato con la realidad, campo y mar, lluvia y cosecha, que eran signo de Dios (hierofanía). Pero el sistema neo-liberal ha divinizado la empresa productora.  Ella parece el Cristo actual y se eleva sobre grupos y pueblos, sin fronteras. Procede del Capital y le sirve, ofreciendo trabajo y consumo a sus beneficiados, como Mesías productor.

Dios Espíritu, el Mercado. Antes había naciones (unidades de generación), iglesias (castas, Shanga, pueblo, comunidad, Umma...) o estados, lugares de manifestación de Dios y encuentro humano. Ahora los hombres tienden a comunicarse de un modo indirecto, a través del mercado, donde van los devotos a ver, admirar y comprar. Todo se compra y vende, desde oro y metales hasta cuerpos y almas humanas (Apocalipsis 18) ¿Se puede liberar el mercado y convertirlo en fuente de libertad?

              La virgen de la Merced “se aparece” en el siglo XIII, en el entorno de Barcelona, ciudad de mercaderes como inspiradora de un mercado de libertad, para copra yliberación de cautivos, prisioneros y encarcelados.

              Sobre santuarios y advocaciones de la Virgen he tratado en días anteriores… Hoy quiero presentar un tratadito histórico-teológico sobre la Merced como Virgen que no está al servicio del capital, ni de la empresa productora, sino de la libertad de oprimidos, excluidos y oprimidos. Está tomado de un diccionario especializado, está publicado también on-line,  como verá quien lea hasta el final.

        Aprovecho la ocasión y la fiesta para saludar y felicitar a nis amigos y compañeros dela Merced. Con ellos he vivido 40 años. Ellos son mi familia. La Virgen de la Merced es la mejor inspiradora de mi teología.

María de la Merced, evangelio de libertad

El evangelio es ante todo buena nueva, anuncio de la acción liberadora de Jesús que ofrece el reino. En ese plano se sitúan las acciones y palabras de su historia, abierta en oración al Padre y extendida en amor hacia los pobres. En perspectiva pospascual, la buena nueva se concretiza como testimonio de la resurrección de Jesús entre los hombres: por eso proclamamos el perdón, la libertad y gracia de Dios sobre la tierra.

En plano de Merced, este evangelio ha recibido un carácter mariano: María se presenta como madre de cautivos, ella simboliza la presencia salvadora de Dios entre los pobres y perdidos de este mundo, como se precisa partiendo de dos textos. Conforme a Jn 19,25-27, María es madre del discípulo amado, en quien se incluyen todos los creyentes de la iglesia. Mt 25,31-46 identifica a esos hermanos con los hombres exiliados, enfermos o cautivos.

Uniendo ambos pasajes, el conjunto de la iglesia y de manera especial los mercedarios han sabido que María es madre de aquellos que se encuentran sin amparo sobre el mundo. Ella se convierte así en señal del evangelio: es buena nueva de Jesús para los pobres. El evangelio es en segundo lugar un compromiso. El kerigma de Jesús que anuncia el reino se traduce en forma de exigencia: "¡Convertíos!" Lo que importa es entregar la vida poniéndola al servicio de Dios y su evangelio, en actitud de amor abierto a los hermanos. Siguiendo en esa línea, en perspectiva pospascual, el compromiso de la iglesia se explicita por medio del bautismo: hay que dejarse transformar por Cristo, crear comunidad con los hermanos, en camino que conduce hacia la nueva humanidad reconciliada.

En plano de Merced, el evangelio de Jesús ha recibido también un carácter mariano: María está asociada al compromiso de Jesús y colabora en la misma tarea redentora con su fe y su maternidad entera (Lc 1,38.45; cf 1,30-35). Ella nos lleva hasta el lugar de la necesidad humana, para abrirnos los ojos y decirnos "falta el vino", falta libertad para mis hijos (cf Jn 2,1-11): nos conduce al lugar donde se encuentran los hermanos para compartir con ellos el mismo compromiso de unidad y de plegaria (cf. Hech 1,14).

A partir de aquí, desde esta primera experiencia pentecostal (María entre los apóstoles de Jesús, con los primeros cristianos) en perspectiva de Merced, ella se presenta como hermana mayor, mujer comprometida que conduce a toda la familia al lugar donde podemos desplegar y realizar la vida como entrega por los otros. Ella es, al mismo tiempo, madre que se ocupa de los hijos cautivos, pero no se ha limitado a llorar como Raquel la muerte irreparable (cf. Mt 2,16-18); sus hijos no están muertos todavía, y por eso se dispone a combatir, como "doncella de Sion", para ofrecerles amor y libertad sobre la tierra. Así lo han entendido los primeros mercedarios.

El evangelio es, finalmente,  un canto de vida y alegría. El anuncio y compromiso se traducen como júbilo festivo que actualiza la verdad del reino: así lo muestran en nivel de historia los milagros de Jesús, esa alegría que despierta su voz de salvación entre los hombres. En nivel de confesión pascual, la iglesia misma es una especie de sociedad celebrativa; comunidad de aquellos que mantienen la fiesta de Jesús sobre la tierra. En plano de Merced, la fiesta de Jesús recibe pronto un carácter mariano. María anuncia el reino, como madre, como hermana mayor nos introduce en el lugar de su exigencia, como compañera entona en nuestro nombre el canto de la libertad en el Magnificat (cf Lc 1,46-55). A través de esa canción ella ha iniciado una liturgia jubilosa de agradecimiento redentor: salta de gozo y nos invita a acompañarla porque el reino ha comenzado a realizarse como fiesta de amor en nuestra historia.

En esta línea se destaca un elemento a veces olvidado: la madre de Jesús es verdadero architriclino, mayordomo de la fiesta de los hombres, aquella que se encarga de ofrecer a los necesitados y tristes el vino de la alegría pascual, de la libertad y la dicha de la redención (cf Jn 2,9). Falta el vino de las bodas de Caná y los invitados deberán cerrar su fiesta: volverán vacíos a su vida precedente, al agua de los ritos, las obligaciones de la historia. Precisamente ha sido María la que dice a Jesús que falta el vino: ya se apaga la fiesta de los hombres, la alegría del banquete y de las bodas. María virgen-madre desbordante de amor hacia la vida, quiere que la vida, libertad y amor triunfen y culminen. Por eso mueve a Nolasco y sus hermanos mercedarios, pidiéndoles que extiendan la fiesta de la vida y libertad sobre la tierra, para que así pueda celebrarse el gozo de Dios entre los hombres.

  Cantora de Libertad, Magníficat (Lc 1, 46-55).

.Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador (Lc 1,46-47).

Esta oración expresa, en forma de liturgia jubilosa, la respuesta de María, que se entrega en manos de Dios, colaborando en su tarea redentora. Ella es la sierva de Yavhé; como pobre ha colocado lo que tiene en manos del Señor que ama a los pobres (cf Lc 1,38.48), realizando así un servicio redentor para los otros. Ella se sabe enriquecida, transformada por la acción de Dios, y canta: responde jubilosa al don que ha recibido, ofrece a los demás el gozo de su gracia. Ya no pide nada: constata la grandeza del misterio y alumbrada por la voz de su palabra, como nueva iluminada de los campos de liberación de Dios, entona a voz en grito el himno de la vida.

El Magníficat se muestra, por lo tanto, como canto-profecía de liberación: revela el compromiso de Dios, aquello que realiza en la historia de los hombres; pero, al mismo tiempo, anuncia la acción de aquellos hombres que, unidos a María, se ponen en las manos de Dios y explicitan su gracia redentora. No perdamos de vista estos dos planos: aunque el texto destaque la actuación de Dios, supone y acentúa igualmente la colaboración de los hombres que le escuchan y responden. Esa acción de Dios va dirigida a tres objetos o metas: María, humanidad, Israel. Dios actúa, antes que nada, en la persona y vida de María:

Ha hecho en mí cosas grandes aquel que es Poderoso; su nombre es santo y su misericordia se mantiene de generación en generación sobre aquellos que le aceptan (cf. Lc 1,49-50).

Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humillados.A los hambrientos los colma de bienes, a los ricos despide vacíos (Lc 1,51-53)

Significativamente, en todo ese gran cambio de la humanidad, que María entona como profetisa de liturgia divina, parecen diluirse las palabras religiosas: no se habla de fe como experiencia aislada de la vida, no se alude a prácticas de culto que pudieran separarse de la historia. María canta al hombre nuevo, al hombre que, al ponerse en manos de Dios, realiza plenamente las más viejas promesas de la biblia.

María es bienaventurada con los pobres y cautivos, con los siervos y oprimidos de la tierra, en los que el mismo Hijo de Dios se hace presente (cf Lc 6,20-21; Mt 25,40). Al mismo tiempo es bienaventurada con aquellos que ayudan a los pobres, con los misericordiosos y liberadores, los hombres que inauguran sobre el mundo un camino de servicio, de entrega de la vida por los otros (cf Mt 5,7-9; 25,40). En el lugar donde confluyen ambos rasgos, allí donde pequeñez y servicio aparecen a la luz del misterio de Dios, recibe su sentido y se explicita plenamente el misterio de María, Virgen de la Merced: ella, cantora del Magníficat, es signo de liberación y amor de Dios en nuestra historia.

María de la merced, sentido eclesial.

A veces hemos vivido la presencia mariana de manera más devocional que comprometida, más conservadora que misionera. Pues bien, en estos últimos años, a la luz del Vat II y de los textos de la Conferencia del Celam de Puebla (1979), se ha escuchado nuevamente el gran mensaje de liberación que el evangelio ha vinculado con María. De esta forma, en camino gozoso y sorprendente, la Merced ha vuelto al más antiguo y más precioso sentido redentor de su principio.

Por eso, la misma devoción mariana incluye una acción de compromiso a favor de los cautivos. No se puede hablar de María como madre de la libertad sino allí donde se siente intensamente la tragedia del cautiverio y se realizan esfuerzos por responder de un modo activo, poniendo la propia vida y libertad al servicio de la libertad y de la vida de los cautivos. Así surgió el título de Merced, como título mariano, como signo de la iglesia redentora. La nueva devoción creció en un campo de actuación liberadora. María enseñó a los mercedarios el camino y exigencia de su acción por los cautivos.

Significativamente, los obispos de América Latina en Puebla han colocado la figura de María allí donde el impulso del Espíritu conduce al compromiso de liberación de los pequeños y los pobres: ella es (con Jesús) "la gran protagonista de la historia" (n. 293), aquella que "con su amor materno cuida de los hermanos de Jesús que todavía peregrinan" (cf. Puebla 288; LG 62). Por eso puede presentarse como el modelo de una iglesia que quiere ser liberadora. En esta línea se sitúan las palabras de la Congregación para la defensa de la fe:

Dependiendo totalmente de Dios y plenamente orientada hacia él por el empuje de la fe, María, al lado de su Hijo, es la imagen más perfecta de la libertad y de la liberación de la humanidad y del cosmos. La iglesia debe mirar hacia ella, Madre y modelo, para comprender en su integridad el sentido de su misión... (Libertatis nuntius 1984)

De esta manera, una teología de la libertad y de la liberación, como eco filial del Magnificat de María conservado en la memoria de la iglesia, constituye una exigencia de nuestro tiempo. Un reto formidable se lanza a la esperanza teologal y humana. La Virgen magnánima del Magníficat, que envuelve a la iglesia y a la humanidad con su plegaria, es el firme soporte de la esperanza. En efecto, en ella contemplamos la victoria del amor divino que ningún obstáculo puede detener y descubrimos a qué sublime libertad eleva Dios a los humildes".

La Merced ya resaltaba esa función liberadora de María desde el mismo s. XIII. Ahora lo ha vuelto a resaltar en los diversos textos de su legislación posconciliar (de 1970 a 1986), que pudieran tomarse como ejemplo práctico de mariología liberadora, en la línea de san Pedro Nolasco, antes de toda discusión moderna. Por eso, podemos decir y decimos: las pero fundadas en el primitivo espíritu de la Merced, dicen:

           Desde su misma fundación y a lo largo de la historia, la mercedaria ha visto en María, la Madre de Jesús, el prototipo de liberación, la verdad y el sentido de aquello que se realiza en la obra redentora. La mercedaria descubre y venera en María de la Merced (= de la redención de los cautivos) aquel principio de libertad y entrega por los otros, de sacrificio por los demás y de esperanza escatológica que expresa y define toda su existencia, según las palabras del Magníficat: Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes... (Lc 1,47ss).

Mirando hacia María, mujer de fe, los mercenarios y los devotos de María de la Merced. comprende la mercedaria lo que significa libertad, amor que se ofrece, esperanza que se mantiene abierta a todos los caminos. Por haber recibido de María su inspiración y su nombre la venera, alaba y ama (Constituciones de las religiosas de Ntra. Sra. de la Merced 1980).

Como segundo texto de inspiración mariano-redentora presentamos parte de las conclusiones de un encuentro inter-mercedario, con la participación de hermanos/as de los diversos institutos de la Merced, empeñados en descubrir y proclamar (asumir) el compromiso liberador de la Virgen de la Merced: 

  Nuestra propia liberación, según el modelo que es María, nos llevará a la acción redentora y a cantar con María y como María en el Magníficat la grandeza de Dios que libera al hombre. De una verdadera devoción o amor filial a María debe surgir la disponibilidad más completa para participar con ella en la liberación de los pobres y esclavos. El canto a María de la Merced debe sugerir nuestro trabajo liberador. Siendo María de la Merced símbolo de una realidad plenamente actual, hemos de ser capaces de transmitirlo y comunicarlo a un mundo que necesita y desea una nueva presentación de María, a través de nuestra vida, de la liturgia, de nuestro trabajo, etc. Los mercedarios debemos recabar de María una gran sensibilidad para conocer y comprender los problemas de la fe en el mundo de hoy, para descubrir las situaciones de mayor esclavitud y las personas que más necesitan de la liberación que nos trae María de la Merced" (Congreso inter-mercedario, Barcelona 1981).

La acción redentora, ligada a la Merced, brota según eso de una intensa devoción mariana que patentiza, a mi entender, tres rasgos principales. Momento de veneración: María se presenta desde el corazón del evangelio como madre y protectora de cautivos; por eso la invoca el redentor y descubre su presencia entre los pobres y perdidos, utilizando con ellos la palabra de la Salve: "a ti llamamos, desterrados..." Momento de iluminación: María está empeñada por Cristo y como Cristo en la tarea de transformación liberadora de la historia; allí la encuentra el redentor, también interpelado por la misma gran tarea. Momento decompromiso: amar a María significa ponerse como ella y con ella  al servicio de los cautivos y oprimidos. Solo siendo servidores y liberadores de esclavos, cautivos y oprimidos poder ser y seremos devotos de María de la Merced. .

Esos tres momentos reproducen la trama original del título de Merced. También san Pedro Nolasco veneraba a María, dejándose iluminar por su palabra redentora y asumiendo su mismo compromiso de liberación. Aquel comienzo plantea ante nosotros un gran reto. No basta con rezar a María de un modo emotivamente cordial, hay que traducir su inspiración y su presencia, logrando que ella emerja como signo universal de libertad y de esperanza sobre el mundo. El día en que asumamos y mostremos el misterio de María redentora de cautivos desde el centro de esta tierra cautivada serán muchos los que encuentren en ella un fundamento de vida y esperanza.

María de la Merced pertenece no sólo al patrimonio espiritual de los mercedarios, sino al tesoro y corazón de una iglesia cristiana que quiere ser liberadora. Ella patentiza, manifiesta, hace presente, la misericordia maternal de Dios para aquellos que sufren cautiverio y se encuentran de esa forma en riesgo de perder su dignidad humana y su misma libertad y conciencia religiosa.

 Mercado  Libertad y liberación de los hombres: la Merced de María.

Hace más de medio siglo (en 1960), G.M. Roschini, uno de los mariólogos más significativos de todos los tiempos, escribía, en un trabajo enciclopédico dedicado a los fundamentos teológicos y a las aplicaciones pastorales y devocionales de la figura de María, Madre de Jesús, escribió: 

  En la actualidad la advocación y título de Nuestra Señora de la Merced tiene más vigencia que nunca. Quizá en ninguna época de la historia, como en la nuestra, se sufra tanto de la privación física de la libertad por profesar el ideal cristiano o, a lo menos, un amor noble a su patria. Pensamos en la iglesia del silencio y, dentro también de los países civilizados, pensamos en los que sufren privación de libertad por profesar un ideal político, profesional o ideológico distinto del que tiene el poder. Cuando en cualquiera de estas situaciones surge el encarcelamiento, la prisión, la coacción física mucho aprovechará encomendarse a la Virgen de la Merced, invocándola como Madre de Misericordia y Redentora de cautivos (Diccionario Mariano, trad. Española, Samos 1961).

Desde entonces han cambiado algo las cosas, pero no puede afirmarse que hayan mejorado mucho en plano de justicia y libertad entre los hombres. La iglesia católica ha intentado actualizarse, a través del Concilio VaticanoII y sus aplicaciones posteriores, aunque en este campo de la devoción mariana no ha sabido valorar la actualidad liberadora de María y de san Pedro Nolasco, su devoto; de esa forma, las dos fiestas (la Merced el 24 de septiembre, san Pedro Nolasco el 28 de enero) han sido suprimidas del calendario universal y no han quedado ni siquiera como una memoria libre ante el recuerdo de los fieles.

Vistas las cosas en un plano general, pensamos que esa supresión ha resultado poco afortunada, como indica lo ya dicho acerca de María como Madre de Merced y como mostraremos todavía en estas observaciones conclusivas. Si algo ha crecido verdaderamente dentro de la iglesia, es la conciencia de opresión y es el empeño por llevar la libertad (económica, social, cultural y religiosa) hacia los hombres cautivados. Esto es precisamente lo que reflejaba y potenciaba el culto de María bajo el título de Virgen de la Merced.

 Quizá en tiempo pasado la Virgen consolaba a los más pobres con su gesto de belleza y de ternura; así les prometía la dicha del futuro, mientras aguantaban la herida del dolor (como el Jesús sangrante) en medio de la tierra. Ahora las cosas han cambiado. Habrá momentos en que todos nos tenemos que encontrar unidos con el Cristo flagelado, cautivo, ajusticiado de todas las imágenes antiguas de América Latina; también encontraremos muy cercana a la Madre solidaria de Dolores, que padece y llora con nosotros, en el centro de esa historia. Pero esa historia ha comenzado ya a moverse y dentro de ese movimiento descubrimos a María de la Merced, liberadora, que promueve en medio de nosotros un camino de transformación y redención para los pobres.

Ese camino de María redentora que, empleando el nombre antiguo, hemos llamado camino de Merced implica un movimiento muy profundo de encarnación, análisis social y compromiso, en la línea de aquello que en su tiempo hicieron Pedro Nolasco y sus amigos, los devotos de María, la Liberadora. De esta forma superamos el espacio de la simple invocación, que destacaba antes Roschini, y penetramos en un mundo nuevo de inserción cristiana y compromiso.

El primer paso consiste en una encarnación. No pueden verse los problemas desde fuera. Por eso, los devotos de santa María de la Merced se hallaban comprometidos a "visitar y liberar a los cristianos cautivados". Visitar es adentrarse en el lugar del sufrimiento, penetrar desde María y con María en el tejido de injusticias y opresiones que destruyen al hombre sobre el mundo. María nos inquieta: rasga esa coraza de seguridades sociales y sacrales que formamos en torno a nuestra vida y nos invita a descender al cautiverio, sólo allí puede encendernos los ojos, para comprender la realidad e interpretarla en su nivel cristiano.

El segundo paso está formado por el análisis social. No basta con vivir, hay que saber y entender lo que se vive. Por eso, los antiguos mercedarios tenían que ser "hombres sabios", capaces de entender el cautiverio, sus razones, sus motivos y sus formas: Esto es lo que ahora destacamos al hablar del análisis social: para cambiar las cosas hay que conocerlas; desde Cristo, con los instrumentos de lógica y política económica que ofrece nuestro tiempo. En ese aspecto, María —la Madre de Merced o de la gracia— viene a presentarse como Virgen iluminadora: ella nos lleva hasta el lugar donde, a la luz de la Palabra que penetra en las junturas y entresijos de la vida (cf. Heb 4,12-13), comprendemos los principios de la iniquidad del mundo. Sólo quien conoce al opresor puede cambiarlo, liberando el mundo de opresión que él ha creado. Por eso, la Virgen de la Merced ha de guiarnos, como luz y protección, cuando queremos descubrir los cautiverios y opresiones de la tierra.

Finalmente, es necesario el compromiso: La convesión del dinero…. En dinero-mercado al servicio de los hombres, al servicio de la libertad.

. El devoto de María no se puede quedar sólo contemplando mientras sigue sobre el mundo el cautiverio. No basta con rezar por los cautivos, hay que liberarlos. Por eso, María de la Merced camina con los liberadores, penetrando con ellos en las cárceles, los campos de exterminio, los lugares donde están los oprimidos. La forma de expresar y realizar este compromiso varía con los tiempos y lugares; no puede ser hoy como lo era en el siglo de Nolasco. Ya no se puede comprar a los cautivos por dinero, ni se puede canjearlos, ni quedar en su lugar como rehenes, al menos en líneas generales. Pero se puede y debe liberar con métodos que ofrece en nuestro tiempo la instrucción, la militancia social, la resistencia a los poderes opresores, la denuncia y actuación económica y política en el mundo.

Pienso que estamos en un momento crucial. Los responsables de la Comisión Litúrgica del Vaticano II arrancaron a la Virgen de la Merced del calendario universal de la iglesia pensando que su título se había vuelto inoperante con los tiempos. Pues bien, los nuevos tiempos han mostrado que ese título se encuentra entrañablemente unido al sufrimiento y esperanza de los fieles. De una u otra forma, más de la mitad de los católicos del mundo, que hablan lengua hispano-portuguesa, invocan a la Virgen como Madre de Merced o de Misericordia redentora. En ella han visto y siguen viendo el signo de su gracia redentora abierta hacia los hombres cautivados, oprimidos, explotados, expulsados de la tierra, encarcelados.

La transformación eclesial esperamos que volverá a tener signo mariano. Nuevamente encontraremos a María como Madre de Merced, es decir, protectora de oprimidos, redentora de cautivos. Muchos la veneran con un nombre semejante, más o menos vinculado a lo que quiso iniciar Pedro Nolasco. Así la llaman Madre del Refugio o del Amparo, Madre del Perpetuo Socorro o de las Gracias, Madre Auxiliadora, Redentora, de los Desamparados, etc. Pues bien, entre todas esas advocaciones, por su especial densidad liberadora y por su historia, ocupa un lugar muy importante aquella que presenta a María como Virgen de la Merced, es decir, liberadora universal de los cautivos (cf. X. Pikaza, Diccionario de mariología, Paulinas, Madrid 1999, 1324-1333, edición parcial enhttps://www.mercaba.org/FICHAS/MAR%C3%8DA/562.htm).

APÉNDICE. DESTRUCCIÓN DEL TEMPLO FALSO DEL DINERO

  

           Sin duda, es muy importante, y ha hecho grandes obras…Pero allí donde se convierte en fin y meta de la vida (convertido en Mammón, como dice Jesús en Mateo 6, 24), ese dinero acaba convirtiendo a los hombres en esclavos, no esclavos de unos amos/señores o reyes, ni de unos dioses del cielo, sino del mismo dinero de la tierra. Ésta es la fortuna y tragedia de los hombres: Han “creado” un dinero que es muy importante para relacionarse y vivir como seres humanos, pero al fin han terminado convirtiéndose en esclavos. Así sigue diciendo Jesús:

No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra donde la polilla y el orín corrompen, y donde los ladrones excavan y roban (Lc 12, 33:  Vended vuestros bienes y dadlos en limosna…) Atesorad más bien para vosotros tesoros de vida (de humanidad), que ni la polilla ni el orín corrompen, ni los ladrones pueden robar ni atesorar en cajas muertas…Porque donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón; atesorad por tanto “humanidad de vida vida”, no dinero muerte. Haced que el dinero esté al servicio de la Vida (cf- Mt 6, 19-21).

 Así decía Jesús en un tiempo los sacerdotes de Jerusalén, los comerciantes de Tiro y los legionarios de Roma seestaban apoderando de las propiedades de los pobres,para ponerlas (y poner a todos) al servicio del dinero. En ese contexto se alzó Jesús como un revolucionario campesino, sin violencia armada (no fue líder bandolero o militar),  al servicio de la humanidad fraterna, en contra de un tipo de dinero que mata a los hombres vivos, para convertirse en “dios” muerto por encima de todos.

Fue un líder campesino radical, desde los más pobres, y no quiso transformar la economía desde arriba, controlando los mercados imperiales, ni empleó dinero para lanzar su revolución al servicio de la Vida, sino que hizo algo anterior y más profundo: empezó ofreciendo dignidad a los campesinos expulsados de su tierra,curando” a los “enfermos” (esclavizados por el dinero de otros), sanando a los enloquecidos por una sociedad en la que el único dios era el dinero.

 De esa forma quiso crear un “tesoro de humanidad”, un “banco universal de corazón”, esto es, de comunicación gratuito. Conocía bien el sentido del dinero que se compra y vende, que todo lo compra y vende… Lo conoció y lo utilizó, pero invirtiendo su sentido: Vender el dinero para “comprar” (crear) más corazón, más humanidad.

Jesús quiso que los hombres “vendieran todo”, para crear una “Bolsa” de humanidad. Así lo dice, con la palabra técnica (ballantion); no la bolsa de divisas comerciales  , sino unaBolsa de cielo, esto es, de humanidad resucita.

- Jesús quiso que muriera un tipo de dinero que mata, para que resucitara la humanidad que vive, que ama… Ésta fue la nueva “cartera de valores” de Jesús, un Banco en que se ingresa todo el “dinero de muerte” (que mata a los pobres), para convertirlo

. En sentido extenso se podría hablar de una “cartera” de valores o de un banco en que se ingresa aquello que se vende y se da a los pobres. Pero aquí no se habla de invertir en una bolsa de comercio de dinero (al servicio del mismo dinero de los ricos), sino en una cartera o banco al servicio de la vida de todos, no para amontonar (como el agricultor del rico tonto que muere sin llevarse nada), sino para regalar y compartir. Se trata, pues, de superar un tipo de economía egoísta de dinero al servicio de sí mismo, sino de economía de humanidad. 

Ésa quiso crear una Bolsa o cartera de dinero (anti-dinero) en el reino de los cielos, es decir, en este mismo mundo, convertido en laboratorio y experiencia de humanidad. No se trata, pues, de atesorar para “el más allá” (tesoros amontonados en un tipo de banco celeste, para después de esta vida, olvidándose de lo que pasa aquí), sino de atesorar aquí, en este mismo mundo, para los pobres concretos que nos rodean, pues su amor y su vida es nuestro mayor tesoro. Se trata de atesorar de otra manera, obteniendo el ciento por uno al darlo y compartirlo

 1. Jesús quiso así destruir un tipo de mundo fundado en el dinero, diciendo: No acumuléis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde los ladrones excavan y roban.El tesoro de la tierra que se amontona al servicio de unos pocos, está sometido a la corrupción (devorado por la polilla y el orín) y a la violencia, pues las riquezas privadas excitan el deseo de ladrones. Jesús no dice nada sobre la “razón” de esos “ladrones”, si son justos o injustos, sino que los “tesoros” (escondidos en bancos, inversiones de bolsa o pozos bajo tierra) suscitan su deseo de tenerlos. Evidentemente, los dueños de tesoros buscarán policías o soldados para defenderlos, pero será inútil; vendrán siempre nuevos ladrones. Esa es para Jesús la ley de una riqueza particular, que suscita violencia y contra-violencia, definiendo nuestra realidad política y comercial, pues seguimos jugando al juego macabro de más capitales y mercados, policías, soldados y ladrones. Estamos al borde del colapso.

2. Jesús quiso crear un mundo al servicio de la humanidad. Así dijo:  acumulad para vosotros tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido corrompen, y donde los ladrones no excavan ni roban. porque donde esté tu tesoro, allí estará tu corazón.Jesús no habla de cosas que han de hacerse en un “cielo espiritual”, sino de una manera nueva de tener y compartir. Conforme a su dinámica (tanto en Lucas como en Mateo) atesorar para el cielo no es quemar los bienes o venderlos, sino darlos, compartirlos con los pobres, de manera que ellos sean signo y realidad de comunicación entre todo, de comunión de vida Atesorar para el cielo significa ganar amigos regalando aquello que tenemos (cf. Lc 16, 9), de manera que los bienes que así damos (=compartimos) forman un tesoro que no se pudre con orín, ni se consume con polilla, ni atrae la codicia de ladrones. No con más policía ni ejército, sino con más comunión era posible el cielo en la tierra, en aquellos años duros de neocapitalismo romano y ladrones que estaban surgiendo en Galilea.

 No fue contra nadie (es decir, contra personas concretas); no quiso matar a Caifás, ni a Pilato, ni al César (que por entonces andaba en Capri, la isla de los ricos), sino a favor de todos, desde los más pobres, en la línea de los itinerantes de Jesús, campesinos sin campo ni trabajo, que han de unirse para compartir una nueva solidaridad y comunicación, capaz de curar a los ricos. Sólo así podrá surgir una nueva economía mundial, que no sea de Imperio (capital, mercado), sino de todos los hombres y pueblos, empezando por los pobres.

  Un dinero divinizado mata a Jesús, mata a los pobres (y no resucita)

Tras haber entrado en Jerusalén como Rey, para iniciar de esa forma su reinado, en nombre de Dios, frente al orden político y social de Roma, conforme al testimonio de los evangelios (cf. Mt 21, 1-17 par), Jesús entró en el templo para “limpiarlo”, es decir, para expulsar a los banqueros (cambistas) y a los comerciantes y vendedores de animales para los sacrificios, pues quería que el templo fuera casa de Dios, es decir, de oración y comunión personal, sin dinero ni sacrificios de animales.

           La escena ha sido cuidadosamente redactada por los evangelios. El evangelio de Mc 11, 15-18)dice que Jesús condenó el templo de Jerusalén como “cueva/banco” de ladrones reunidos. El evangelio de Juan 2, 14-17 dice que ese templo/banco se había convertido encasa de negocios (oikosemporiou) al servicio de los ricos (es decir, de un sistema político y religioso que crece al servicio del dinero, sacrificando en su altar a los pobres).

Jesús expulsa a vendedores y compradores de animales para los sacrificios (Mc 11,15b). De esa forma quiso decir que no se puede “sacrificar” a nadir (ni animal ni hombre, ni negro ni blanco, ni enfermo ni sano) al servicio del dinero. No se puede comprar/vender ni sacrificar nada para bien del Templo (es decir, del Estado de España o de USA, ni de ningún otro templo… Todo ha de ponerse al servicio de los hombres, empezando por los pobres.

Derriba las mesas de cambistas de dinero y de los vendedores de palomas (11,15c). No se limita a expulsar a los vendedores, sino que derriba ese centro material del templo que es la mesa de cambios, banco de economía y de venta de palomas. Se trata claramente de un gesto simbólico: Como caen estas mesas, vendrá a derrumbarse en el suelo el edificio «sagrado» del templo.

 No fue algo marginal, hecho de paso, en un momento menos importante de su misión, sino que condensa y culmina su misión de Reino, un gesto simbólico de condena y destrucción, centrado especialmente en las mesas de los cambistas. Derribar esas mesas significa rechazar el comercio y economía del templo, lo que implica derribar el mismo templo, con su función de poder sagrado, para proclamar de esa manera una visión distinta de Dios, en dimensión de gracia creadora, desde los más pobres.

     Jesús vio el templo del dinero (dinero económico y sacral, al servicio de sí mismo) como patología económico-religiosa, centrada no sólo en el poder de los sacerdotes, sino en el dinero del tributo y en los animales que se compran y venden. Aquel templo era signo de que todo se compra y vende por dinero, desde el oro y la plata, el euro, el dólar o el bitcoin… hasta los hombres y mujeres por dinero, como dice el Apocalisis 18, 13

‒ Jesús condenó el templo del dinero porque lo entendió como religión de bandidos-sacerdotes, que se valen de Dios y de su culto para oprimir a los pobres, no para servirles. No lo condenó en nombre de un tipo de barbarie regresiva o de resentimiento contra su autoridad, sino todo lo contrario: desde la belleza más alta del amor del Reino, y sobre todo desde el amor y servicio a los pobres. Lógicamente, por mantener su poder sacral y su economía fundada en el templo, los sacerdotes le condenaron a muerta.

  Conclusión.  El templo del dinero destruye al hombre y termina destruyéndose a sí mismo. Ese templo mata a la humanidad, y al fin se mata a sí mismo, sin resurrección posible.Jesús, en cambio, muere para regalar su vida, para que resucite la humanidad, como dice el Evangelio de Juan 2, 18-20:

- Destruid ese templo… No lo destruye él, lo destruyen los hombres, en guerra unos con otros, judíos y romanos (como sucederá el año 70 d.C.), como sucederá muy pronto entre nosotros: Estamos destruyendo este mundo de la economía capitalista al servicio de sí misma.

- Pero yo resucitaré otro templo distinto...un templo para liberar transformando el dinero de Mamón en dinero de la Redención, como ha querido desde el siglo XIII la Virgen de la Merced

Una mujer vestida al sol
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