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El Papa viaja a Mónaco

29.3.26. Domingo de Ramos: Pasión de Cristo, porosis de Israel-humanidad (Rom 11, 25-26).

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(Prefiero no introducir imágenes en los textos de RD. Para imágenes cf.i FB X. Pikaza (20+) Facebook o https://www.bing.com/search?pglt=43&q=Pikaza+Novedades+ San+Pablo&c)

Cristo es presencia de Dios: Comunión, amor mutuo, vida iluminada. Israel es el pueblo/humanidad en la que ha nacido y resucita Cristo (en comunión, amor, luz), pero que corre el riesgo de rechazarle, encerrándose en un tipo de cerrazón, endurecimiento y estupidez, conforme a un texto de Pablo, el judío más sabio y doliente de la historia que, al final de una vida de dolores u esperanzas rotas, arrastrado de manera inexorable hacia la muerte declara y profetiza:

La πώρωσις (cerrazón/endurecimiento/estupidez) de parte de Israel durará hasta que entre en el Reino de Dios la totalidad de los gentiles y entonces todo Israel se salvará (Rom 11, 25-26)

Las “profecías” de la Biblia no se pueden aplicar “verbatim”, al pie de la letra, como puse de relieve en Ciudad Biblia (Verbo divino, Estella 2019), pero al fondo de ellas late un conocimiento un conocimiento profundo, que se cumple con exactitud evidente que se está cumpliendo en este tiempo, fuerte, Cuaresma 2026, en medio de guerras y odios que se están extendiendo sobre el mundo entero.

En esa línea quiero evocar hoy la porosis de la humanidad. El próximo Viernes Santo hablaré de la Pasión de Cristo. El texto de la porosis dice así:

No quiero que ignoréis, hermanos, este misterio,para que no os engriáis:el endurecimiento (porosis) de una parte de Israel ha sucedido hasta que llegue a entrar la totalidad de los gentiles y así todo Israel será salvo, como está escrito: Llegará de Sión el Libertador; alejará los crímenes de Jacob (Rom 11, 25-26)

Pablo había sido de joven un brillantísimo académico y activista judío, defensor de la identidad israelita, y perseguidor de los cristianos/nazoreos, porque a su juicio negaban la superioridad nacional judía, vinculaban a Dios con un crucificado y defendían la elección divina de los pobres, los excluidos sociales y los marginales y parias del mudo.

Pero él mismo dice (en Gal 2 y en varios textos del libro cristiano de los Hechos) que el mismo Dios le había mostrado su error), hacia el año 35 d.C., en la ciudad de Damasco donde al parecer vivía. Desde entonces, a lo largo de unos 20 años (hasta el 56-57 d.C, cuando escribe ese pasaje de su carta a los Cristianos de Roma, mantuvo una misión y un polémica incesante para convertir a la fe cristiana a los paganos y para convencer a los judíos de que su misma educación bíblica les llevaba a convertirse en cristianos.

Dejando a un lado a Jesús (que ha de estudiarse en otra perspectiva) Pablo ha sido el mayor genio cultural, social y religioso de occidente, aunque su polémica con una parte del nacional, que a su juicio estaba enfermo de porosis (ceguera, endurecimiento, estupidez) le haya creado y le siga creando muchos enemigos.

Pablo no dice que todos los judíos estén enfermos de porosis, sino sólo algunos. El decía y dice que hay muchísimos judíos clarividentes, dialogantes y sabios, no sólo entre los que se han hecho cristianos, sino entre los que siguen siendo judíos nacionales, de los que en su tiempo podemos citar a Filón Alejandrino, Hillel proto-fariseo y el Maestro de Justicia esenio…. Entre los posteriores, de una línea u otra, baste con citar a Moshe de León, Benito Espinosa, Marx, Freud, Einstein…

n, la dignidad de los excluidos sociales y de la separación entre un tipo de autonomía personal y religiosa y el “orden” económico/social de la humanidad, tal como, a su juicio puede deducirse del ideal y camino de vida de Jesús de Nazaret, resucitado de la muerte, esto es, “vivo” en la experiencia de los creyentes.

Muchos enemigos le salieron, muchísimas persecuciones pasó, gran parte de ellos de parte de algunos compatriotas judíos que le persiguieron sistemáticamente hasta que lograron que fuera condenado muerte en Roma, por un tipo de judíos y judeo-cristianos) no todos, enfermos de porosis, es decir, de ceguera (no ver la realidad), de endurecimiento (de incapacidad de aceptar a los distintos) y de un tipo de imbecilidad…

20 años pasó perseguido perseguidos por judíos de su vieja escuela (la que había cultivado el Pablo joven, violento anticristiano… Desgraciadamente una semilla de anti-libertad, de persecución de todo lo distinto, con intento de control violento universal se ha mantenido en ciertos grupos judíos (y ha proliferado en en muchos grupos cristianos anti-semitas.

Por eso quiero repetir que, según Pablo, esta porosis (ceguera, insensibilidad) es sólo de algunos grupos judíos (πώρωσις ἀπὸ μέρους τῷ Ἰσραὴλ)…. ), pues ha sido mucho mayor el anti-judaísmo (anti-semitismo de muchos cristianos, hasta la shoah del 1939-45 que el anti-cristianismo de algunos judíos “apo merous”, como dice Pablo. Con profundísima pena escribo esta nota, en un momento en que algunos judíos (apo-merous) han optado por una política de violencia.

Texto paralelo del Apocalipsis

Con estos judíos a los que critica Pablo pueden juntarse también aquellos los que se refiere el Apocalipsis cristiano, citado por el Papa León XIV en Dilexi te:

Conozco tus obras,y he abierto ante ti una puerta que nadie puede cerrar.

Ya sé que tu poder es pequeño,pero has guardado mi palabra y no has negado mi nombre (Ap 3, 9)

Al separarse del judaísmo nacional, cerrado en sí

siendo expulsados por los judíos nacionales de su sinagoga), estos cristianos de Filadeldia (signo y compendio de las siete iglesias antiguas de Asia, a finales del siglo I d.C., y de todas las iglesias actuales, del siglo XXI d.C., pueden escuchar y escuchan la palabra de Jesús:

Voy a poner en tus manos a algunos de la sinagoga de Satanás,de esos que se dicen judíos, pero mienten porque no lo son: voy a hacer que se postren a tus piesy sabrán que yo te quise (καὶ γνῶσιν ὅτι ἐγὼ ἠγάπησά σε: Ap 3, 9):

Según el Apocalipsis los los que persiguen a los cristianos, condenan y quieren matar a sus pretendidos enemigos, no son judíos verdaderos, sino miembros de una “sinagoga de Satán” (συναγωγῆς τοῦ Σατανᾶ), pues “mienten”, van en contra de su identidad israelita. Esta es una acusación durísima y no implica condena total, que en un texto “paralelo”, el mismo Jesús llama a Pedro, Satanás• porque se opone a la pasión de Cristo (Mt 16, 23), pero le sigue aceptando a la cabeza de la iglesia. En esa línea, estos judíos de la sinagoga de Satán realzan también una función importante en la iglesia.

Este Jesús del Apocalipsis, citado por el Papa León, dice que “va a entregar/dar a algunos de esa sinagoga (ἰδοὺ διδῶ ἐκ τῆς…). Jesús va a entregarles, pero no dice en manos de quién: ¿De romanos, judíos, o cristianos…? Quizá en manos en manos de Dios, para que el mismo Dios de Cristo sea quien les responda, conforme al programa de amor de 1 Jn 4, 7-21.

Haré que vengan y se inclinen ante tus pies… (ἵνα ἥξουσιν καὶ προσκυνήσουσιν ἐνώπιον τῶν ποδῶν σου). Todo nos permite a pensar que esta venida y postración de los judíos tiene un sentido mesiánico de “conversión y reconocimiento de la salvación de Cristo”. No serán los gentiles los que vendrán y reconocerán como pueblo de Dios a los judíos de Jerusalén, con los que se unirán, sino que serán los judíos anti-mesiánicos los que vendrán y reconocerán como pueblo mesiánico a los cristianos, conforma a un motivo que está en el fondo de Rom 10-11, donde Pablo afirma que la ceguera de Israel (πώρωσις τῷ Ἰσραὴλ ) permanecerá hasta que la la totalidad de los gentiles “se convierta” (vuelva a Cristo) y entonces, de esa manera, todo Israel será salvado ( καὶ οὕτως πᾶς Ἰσραὴλ σωθήσεται, Rom 11, 26), es decir, toda a humanidad por medio de Israel, como indicaré el día de la Pasión de Dios,, el Viernes Santo .

Según eso, habrá judíos que se convertirán a la fe de Cristo a través de los sufrimientos (persecuciones) que éstos, los cristianos, han debido padecer, conforme al logos de la cruz (1 Cor, 1, 18-25) . A través de su sufrimiento, los cristianos de Filadelfia demostrarán la verdad del evangelio, de forma que todos sabrán sabrán que te quise (καὶ γνῶσιν ὅτι ἐγὼ ἠγάπησά σε). De esa manera se “convertirán” primero los gentiles, y sólo al final, a través de la entrada o conversión de los gentiles, entraran también los judíos, de forma que todo Israel será salvado .

Ésta es en el fondo la esperanza y fuerte que León XIV ha puesto como lema, y argumento clave de su exhortación (Dilexi te): Cristo ama a los filadelfios acompañándoles en la prueba, sosteniéndoles en el sufrimiento; en esa línea se convertirán primero al amor de Jesús y de su iglesia los gentiles, de manera que, al final, se convertirán también por medio de ellos los judíos, y así todo Israel será salvado. Todo srael es aquí toda la humanidad, llamada a recibir la salvación de Dios en Cisto. En ese contexto dice Jesús a la iglesia cristiana de Filadelfia:

Porque has guardado la palabra de mi resistencia (τὸν λόγον τῆς ὑπομονῆς μου, ),también yo te guardaré (κἀγώ σε τηρήσω)en esta hora de la tentación (ἐκ τῆς ὥρας τοῦ πειρασμοῦ ).que se avecina sobre el mundo entero, para probar a los habitantes de la tierra (Ap 3,10).

Esta conclusión conserva la estructura de los textos bíblicos de pacto, como Mt 25, 31-46. El Dios de Israel premia a los que han sido fieles a la prueba, resistiendo con paciencia en tiempo de tribulación, conforme a la llamada al aguante/resistencia (λόγον τῆς ὑπομονῆς μου), que está en el fondo del Apocalipsis. Conforme a la visión de León XIV, nos hallams ahora (año 2026) ante la hora de la gran tentación (τοῦ πειρασμοῦ ).de la prueba de muerte/destrucción) que se cierne sobre el mundo entero (ἐπὶ τῆς οἰκουμένης ὅλης).

Pero aquí, en el texto más completo y más complejo de Rom 11,26, la salvación final no vendrá a través del judaísmo, sino al contrario a pesar del judaísmo. Como dice Pablo cierto tipo de judíos han querido apoderarse de la salvación de Dios, como si fuera para ellos, en posesión perpetua, sin permitir que llegue a los gentiles.

Este es el cierre mesiánico, πώρωσις (pōrōsis), es decir, el endurecimiento, la ceguera, la insensibilidad, de un tipo de un tipo de judíos, que se han cerrado en sí mismos como si fueran el único pueblo de Dios, como si tuvieran derecho divino de existir por sí (para sí) mismos, como si los restantes pueblos debieran servirles, de forma que ellos, por derecho divino, pudieran liberarse de manera selectiva (uno por uso) a todos los que les parecen enemigos, de todos los que no se sometan a su “dominio””, sin otra ley o razón que la de su pretendida elección divina.

Ésta es la respuesta que Pablo ha recibido (apo merous, en parte) por un tipo de judaísmo, a lo largo de veinte años de tarea misionera, desde su “conversión” hacia el 35, hasta su despedida de oriente hacia el 56 d.C., en la carta a los Romanos.

Ampliación, Apocalipsis 3. Los gentiles salvarán a Israel (no al contrario

El Apocalipsis nos sitúa en torno al 95 d.C. Habían pasado más de cuarenta años desde que Pablo y sus discípulos habían fundado las iglesias del entorno. Ha surgido una profunda conmoción en ellas, pues algunos cristianos parecían inclinarse hacia un espiritualismo intimista, sin compromiso de amor mutuo), mientras otros aceptaban sin más la sacralidad política de Roma, con un culto al poder económico-social del imperio, y otros tendían a volver a la ley social y sacral del judaísmo.

En otro tiempo, los judeocristianos podían presentarse como miembros de la sinagoga: un grupo al interior del judaísmo. Ahora se han cerrado las fronteras. Conforme a la visión del profeta Juan, un tipo de "falsos" judíios, cerrados en sí mismos, habían dejado a los cristianos sin defensa legal ante el imperio. Juan responde con dureza, llamándoles sinagoga de Satán y defendiendo, en contra de ellos, el "verdadero" judaísmo de la iglesia. Desde ese fondo se entiende la carta Cristo, Hijo de Hombre, a la iglesia de Filadelfía en la que dice.

Conozco tus obras, y he abierto ante ti una puerta que nadie puede cerrar. Ya sé que tu poder es pequeño, pero has guardado mi palabra y no has negado mi nombre (Ap 3, 9

Al separarse del judaísmo nacional, cerrado en sí

siendo expulsados por los judíos nacionales de su sinagoga), estos cristianos de Filadeldia (signo y compendio de las siete iglesias antiguas de Asia, a finales del siglo I d.C., y de todas las iglesias actuales, del siglo XXI d.C., pueden escuchar y escuchan la palabra de Jesús:

Voy a poner en tus manos a algunos de la sinagoga de Satanás, de esos que se dicen judíos, pero mienten porque no lo son:voy a hacer que se postren a tus piesy sabrán que yo te quise (καὶ γνῶσιν ὅτι ἐγὼ ἠγάπησά σε: Ap 3, 9):

- Los que combaten a los cristianos no son judíos verdaderos, sino miembros de una “sinagoga de Satán” (συναγωγῆς τοῦ Σατανᾶ), pues “mienten”, van en contra de su identidad israelita. Esta es una acusación durísima y no implica condena total, que en un texto “paralelo”, el mismo Jesús llama a Pedro, Satanás• porque se opone a la pasión de Cristo (Mt 16, 23), pero le sigue aceptando a la cabeza de la iglesia. En esa línea, estos judíos de la sinagoga d Satán realzan también una función importante en la iglesia.

- Jesús dice “va a entregar/dar a algunos de esa sinagoga (ἰδοὺ διδῶ ἐκ τῆς…). Jesús va a entregarles, pero no dice en manos de quién: ¿De romanos, judíos, o cristianos…? Quizá en manos en manos de Dios, para que sea el mismo Dios de Cristo sea quien les responda, conforme al programa de amor de 1 Jn 4, 7-21, el argumento de los siete días de camino de amor que seguiremos trazando en este libro.

- Haré que vengan y se inclinen ante tus pies… (ἵνα ἥξουσιν καὶ προσκυνήσουσιν ἐνώπιον τῶν ποδῶν σου). Todo nos permite a pensar que esta venida y postración de los judíos tiene un sentido mesiánico de “conversión y reconocimiento de la salvación de Cristo”. No serán los gentiles los que vendrán y reconocerán como pueblo de Dios a los judíos de Jerusalén, con los que se unirán, sino que serán los judíos anti-mesiánicos los que vendrán y reconocerán como pueblo mesiánico a los cristianos, conforma a un motivo que está en el fondo de Rom 10-11, donde Pablo afirma que la ceguera de Israel (πώρωσις τῷ Ἰσραὴλ ) de Israel permanecerá hasta que la la totalidad de los gentiles “se convierta” (vuelva a Cristo) y entonces, de esa manera, todo Israel será salvado (καὶ οὕτως πᾶς Ἰσραὴλ σωθήσεται, Rom 11, 26) .

Éste es, en el fondo, el argumento de este libro, que desemboca en la historia de amor del Evangelio de Juan y, más en concreto, en el capítulo siete (Jn 21) y en la conclusión, con las dos figuras principales de Pedro y el Discípulo amado de Jesús. Pedro ha de cumplir su tarea de pesca y pastoreo de amor. pero su función culmina en la presencia (permanencia misteriosa) del Discípulo amado.

Según eso, habrá judíos que se convertirán a la fe de Cristo a través de los sufrimientos (persecuciones) que éstos, los cristianos, han debido padecer, conforme al logos de la cruz (1 Cor, 1, 18-25) .

A través de su sufrimiento, los cristianos de Filadelfia demostrarán la verdad del evangelio, de forma que todos sabrán sabrán que te quise (καὶ γνῶσιν ὅτι ἐγὼ ἠγάπησά σε). De esa manera se “convertirán” primero los gentiles, y sólo al final, a través de la entrada o conversión de los gentiles, entraran también los judíos, de forma que todo Israel será salvado .

Ésta es en el fondo la esperanza y fuerte que León XIV ha puesto como lema, y argumento clave de su exhortación (Dilexi te): Cristo ama a los filadelfios acompañándoles en la prueba, sosteniéndoles en el sufrimiento; en esa línea se convertirán primero al amor de Jesús y de su iglesia los gentiles, de manera que, al final, se convertirán también por medio de ellos los judíos, y así todo Israel será salvado. Todo Israel es aquí toda la humanidad, llamada a recibir la salvación de Dios en Cristo. En ese contexto dice Jesús a la iglesia cristiana de Filadelfia:

Porque has guardado mi palabra de resistencia(τὸν λόγον τῆς ὑπομονῆς μου, ), también yo te guardaré (κἀγώ σε τηρήσω)en esta hora de la tentación (ἐκ τῆς ὥρας τοῦ πειρασμοῦ ).que se avecina sobre el mundo entero, para probar a los habitantes de la tierra (Ap 3,10).

Esta conclusión conserva la estructura de los textos bíblicos de pacto, como Mt 25, 31-46. El Dios de Israel premia a los que han sido fieles a la prueba, resistiendo con paciencia en tiempo de tribulación, conforme a la llamada al aguante/resistencia (λόγον τῆς ὑπομονῆς μου), que está en el fondo del Apocalipsis. Conforme a la visión de León XIV, nos hallams ahora (año 2026) ante la hora de la gran tentación (τοῦ πειρασμοῦ ).de la prueba de muerte/destrucción) que se cierne sobre el mundo entero (ἐπὶ τῆς οἰκουμένης ὅλης).

Nota personal

Llevo más de 40 años pensando en este tema a partir de Rom 11 y Ap 3, desde el libro de F. Refoulé, « ...Et ainsi tout Israël sera sauvé », Rom. 11, 25-32, Cerf, Paris 1984. Quizá un día publique mi reflexión de conjunto sobre el tema. Hoy, 29.3. 2026, Domingo de Ramos, de entrada fallida de Jesús en Jerusalén, he querido reflexionar con gran dolor sobre la porosis de parte de Israel, que es porosis de la humanidad ante el Dios de Cristo. Es porosis de una parte del judaísmo, una pórosis que, por un es endurecimiento (dureza de corazón, insensibilidad), por otra parte es ceguera, falta de conocimiento de las Escrituras, y por otra es simple estupidez, un tipo de locura, un amor fati.

Conforme a la visión de Pablo, tal como ha sido ratificada por el Apocalipsis, el amor de Dios en Cristo empieza por el judaísmo, de manera que, en ese sentido los primeros cristianos son judíos que han llegado a la plenitud y final de su camino. Pero, al mismo tiempo, conforme al principio de sabiduría universal corruptio optimi pessima (la corrupción de lo mejor es lo peor), los últimos enemigos de la salvación universal de Dios en Cristo, los últimos enemigos de la vida y comunión universal, los enemigos finales del evangelio y de la salvación humana han de ser (¿están siendo, en este año 2026) en las guerras del petróleo del golfo y de otras guerras un tipo de judíos (no todos, sino una parte, apo merous), como dice Pablo.

Desde ese fondo podemos leer y entender el otro texto esencial de Pablo, en el centro de su gran carrera misionera cuando dice que el último enemigo que Cristo ha de vencer es la muerte. El último enemigo que ha de ser vencido por Dios en Cristo será el poder de la muerte (1 Cor 15, ἔσχατος ἐχθρὸς καταργεῖται ὁ θάνατος), de manera que el Dios de la vida/gratuidad podrá ser y será todo en todos (cf. 1 Cor 15, 26-28: ἵνα ᾖ ὁ θεὸς [τὰ] πάντα ἐν πᾶσιν).

Ésta es la historia del amor de Dios vinculando los dos textos centrales de Pablo: I Cor 15 (el último enemigo que Dios ha de vencer será la muerte) y Rom 11 (entonces, tras la conversión de los gentiles, se convertirá también Israel, y cesará su ceguera/pórosis/imbecilidad, su violencia de muerte), de manera que todo Israel será salvado, por el amor de Dios en Cristo, no por “industria” (sabiduría, política, economía) de los hombres.

En este contexto debe situarse y entenderse ( este pasaje de la carta de Jesús a los filadelfios (Ap 3, 9: dilexi te, sabrán que yo te quise dice Cristo anunciando la llegada de una hora de tentación/prueba que se avecina sobre el orbe de la tierra (ὥρας τοῦ πειρασμοῦ τῆς μελλούσης), hora de tentación del Apocalipsis antiguo, de finales del I d.C., hora de tentación actual de la iglesia y de la humanidad, en este comienzo del siglo XXI en el que León XIV ha situado la prueba de Dios Dilexi te (te quise, te quiero, 2025).

Anejo. Reflexión sobre Pablo y el judaísmo

Sobre la “conversión” de Pablo ha escrito Lucas un hermoso relato, tres veces repetido (Hech 9, 1-19; 22, 6-16; 26, 12-18), donde dice que el mismo Jesús (a quien él perseguía) salió a su encuentro y se le manifestó como Señor e Hijo de Dios. Pero más claro y fuerte es el testimonio de Pablo, cuando responde a la crítica de algunos judeocristianos (quizá del grupo de Santiago), que le llaman apóstol falso, carente de autoridad. Su defensa, inspirada en textos de vocación de los profetas (Isaías, Jeremías), constituye un testimonio precioso de su conciencia apostólica y su autoridad carismática al servicio de la misión de la iglesia. Lo que dice de sí mismo resulta suficiente para conocer los rasgos principales de su vida. Él no inventó el cristianismo, ni creó la iglesia, sino que asumió la misión de la iglesia helenista, a cuyos partidarios había perseguido, por pensar que destruían la unidad e identidad nacional del judaísmo:

«Ya conocéis mi conducta anterior en el judaísmo, cómo perseguía con fuerza a la iglesia de Dios y la asolaba. Y aventajaba en el judaísmo a muchos de los contemporáneos de mi pueblo, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres. Pero cuando Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia, quiso revelar en mí a su Hijo, para que lo predicara entre los gentiles... no consulté con nadie el tema... sino que fui a Arabia y volví de nuevo a Damasco. Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro y permanecí con él quince días; pero no vi a ninguno de los demás apóstoles, sino a Santiago» (Gal 1, 13-19).

Nada nos permite afirmar que se hallaba angustiado dentro del judaísmo o que tenía mala conciencia, sino todo lo contrario: «Yo podría confiar en la carne. Si alguno cree tener de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia de la ley, irreprensible. Pero las cosas que para mí eran ganancia, las he considerado pérdida a causa de Cristo. Y aun más: Considero como pérdida todas las cosas, en comparación con el valor incomparable de conocer a Cristo Jesús mi Señor. Por su causa lo he perdido todo y lo tengo por basura, a fin de ganar a Cristo y ser hallado en él; sin pretender una justicia mía, derivada de la ley, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que proviene de Dios por la fe» (Flp 3, 4-9). No tenía problemas de conciencia, podía haberse mantenido en el judaísmo, cuya «carne» (ley nacional) quería defender. Pero en el fondo de esa seguridad se escondía una inseguridad más grande, que se expresaba en la misma violencia con que perseguía a la iglesia. En ese contexto se inscribe su experiencia de Jesús resucitado, que él presenta en forma de confesión pascual. La misma «conversión» de Pablo ha de entenderse así como misión: «Quiero que sepáis, hermanos, que mi evangelio no es de origen humano. Pues no lo recibí de hombres..., sino por revelación de Jesucristo. Porque habéis oído mi conducta antigua en el judaísmo... Pero cuando el Dios, que me eligió desde el vientre de mi madre... quiso revelarme a su Hijo para que lo anuncie a los gentiles, no consulté con nadie, ni subí a Jerusalén, a los apóstoles anteriores, sino que fui a Arabia, y otra vez a Damasco» (cf. Gal 1, 11-17).

Pablo perseguía a los cristianos “helenistas” de Damasco, porque ellos habían “abierto” el judaísmo a los gentiles. Perseguía, en el fondo, su “misión”, su apertura mesiánica, que rompía los confines de la Ley del judaísmo fariseo que él quería defender. En ese sentido, el tema de la “misión”, es decir, de la apertura de Israel a los gentiles, precede a la conversión de Pablo y a su misión posterior. En su conversión hay dos aspectos básicos: (a) La visión del Cristo crucificado (un Cristo rechazado por el Israel oficial, un Cristo maldito por la Ley). (b) La superación de un Israel de la “carne”, es decir, de la Ley. Pablo debía conocer bien el cristianismo, pero desde la perspectiva de los misioneros helenistas a quienes él perseguía. Por eso, tras convertirse, no tiene que “aprender” quién es Jesús, ni qué es su Iglesia, pus ya la conoce.

En el principio de la “vocación” de Pablo tenemos una revelación de Dios, que recuerda las llamadas proféticas (cf. Is 6, 1-11; Jer 1) y la vocación de Jesús en su bautismo (Mc 1, 9-11 par). Se trata de una revelación misionera, por la que el mismo Dios de Jesucristo le encarga su tarea apostólica, haciéndole misionero de su Hijo entre las gentes. Sólo en un segundo momento, pasados tres años «subí a Jerusalén para conversar con Cefas y estuve con él quince días. Pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Santiago, el hermano del Señor» (Gal 1, 18-19).

Ciertamente quiere contrastar su experiencia con Cefas (=Pedro, Piedra), referencia central de la iglesia; pero no pide que le ordenen (que le hagan presbítero u obispo, en el sentido posterior de la palabra), sino que le acepten en la comunión de los que viven y anunciar el evangelio, lo mismo que a Pedro, lo mismo que a Santiago. Teniendo esto en cuenta podemos seguir leyendo el pasaje anterior:

«Después, tras catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también a Tito. Subí por revelación y les presenté el evangelio que predico entre los gentiles, pero en privado a los que tenían reputación, para cerciorarme de que no corría ni había corrido en vano... por unos falsos hermanos que se habían introducido para vigilar nuestra libertad en Cristo Jesús... Y al reconocer la gracia que se me había dado, Santiago, Cefas y Juan, considerados columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la mano derecha, en señal de comunión, para que nosotros (fuéramos) a los gentiles y ellos a los circuncisos; sólo que recordáramos a los pobres, cosa que nos apresuramos a cumplir. Pero cuando Cefas vino a Antioquía, le resistí a la cara, porque era censurable. Pues antes de venir algunos de Santiago, comía con los gentiles, pero cuando vinieron, empezó a retraerse y apartarse, pues temía a los circuncisos. Y el resto de los judíos se unieron en su hipocresía, incluso Bernabé... Pero cuando vi que no andaban con rectitud según la verdad del evangelio, dije a Pedro ante todos: Si tú, judío, vives como gentil ¿cómo obligas a los gentiles a judaizar?» (Gal 2, 11-14).

Pablo interpreta su vocación como experiencia de Dios, dentro del judaísmo, en línea mesiánica, abierta a las naciones, distinguiéndose así no sólo de Santiago, sino también de Pedro. En ese sentido, Pedro es más “prudente”: quiere mantener ciertos ritos de los judeo-cristianos. Desde ese fondo avanzará gran parte de la iglesia posterior, como suponen los evangelios de Marcos, Mateo y Juan. Pablo es más radical: Jesús ha superado la ley, de manera que los judeo-cristianos han de abandonar sus ritos, en ámbito eclesial. Parece que el mismo Pablo suavizó después su postura en la carta a los Romanos, quedando más cerca de Pedro, y así lo ratifica gran parte de la misión posterior de la iglesia. La dualidad de Pedro y Pablo ha sido y es muy positiva dentro de la iglesia, en contra de cierto tipo de uniformidad que ha querido más tarde imponerse, en línea petrina o paulina. Desde este fondo podemos volver al texto de la vocación y ministerio de Pablo.

Es evidente que algunos judeo-cristianos de la línea más dura le han acusado, negando su autoridad apostólica y el valor de su testimonio eclesial. No lo han hecho en teoría, sino mandando delegados (apóstoles) a las comunidades paulinas de Galacia, para que allí “moderen” la herencia de Pablo, aceptando unas bases más judías. Pablo se defiende, en los cuatro momentos que hemos destacado al traducir y comentar brevemente el texto. Aquí los retomamos desde una perspectiva ministerial. (a) Revelación. Pablo no es apóstol por "mandato eclesial", sino directamente por llamada y decisión de Cristo (cf Gal 1, 1). Este elemento de inmediatez forma parte de toda vocación: sólo puede ser ministro de la iglesia alguien que "ha visto a Jesús" y ha recibido su tarea. Ciertamente, las cosas se pueden luego contar de otra manera, como hace Lucas en Hech 9, 1-18 (bautismo por medio de Ananás) y 13, 1-3 ("ordenación" ministerial de parte de la iglesia de Antioquia). Pero en su origen, Pablo se sabe y siente directamente avalado y enviado por Cristo (el Cristo a quien él perseguía) a través de su experiencia de Damasco.

(b) Inserción eclesial. Pablo no va a Jerusalén para que "le ordenen apóstol", sino para compartir la fe y tarea con los primeros testigos de Jesús. No hace falta rito de imposición de manos; basta el reconocimiento mutuo y el diálogo, en línea de evangelio. Lo que sucedió con Pablo puede suceder también ahora, siempre que haya personas que escuchen como él la voz de Cristo e iglesias que admitan su testimonio y les acojan en su comunión. El rito de ordenación no fue entonces necesario, ni lo es ahora, al menos en principio.

(c) Comunión discutida. El problema de la unidad y diversidad de las iglesias exige un ejercicio de diálogo laborioso, paciente. Éste es el gesto básico de la comunión: darse la mano, reconociendo juntos a Cristo, reconociéndose unidos en la gran tarea. De manera ejemplar, al fin del relato no aparece un "idilio" de iglesia que tiene resueltos sus problemas, sino un camino abierto con nuevas disputas: la unidad eclesial no es algo que se logra por la fuerza o que se impone desde arriba, sino un proceso paciente y creador, en medio de las dificultades de un camino donde unos y otros parecen tener la razón.

Este es el camino ministerial de Pablo que, significativamente, queda abierto, pues no es el único de la Iglesia. Pablo escribe su carta a los Gálatas convencido de que su postura es la mejor. Pero debe admitir que su visión de Jesús no es la única. Él sigue predicando Pedro, siguen otros, abriendo un camino de riqueza y unidad eclesial, como muestran varias cartas de Pablo. Es significativo el hecho de que otros textos centrales del Nuevo Testamento mantienen la misma actitud, dejando abierto el camino ministerial. En contra de lo que ha pasado a veces en la historia cristiana posterior, la iglesia del principio supo que la sabiduría y acción de Cristo es multiforme.

Pablo interpreta su encuentro con Jesús como vocación (¡Dios le llama para que cumpla su tarea, como había llamado a otros profetas de Israel: Isaías, Jeremías!) y como aparición pascual, que se sitúa dentro de una lista más amplia de «apariciones de resucitado». Cristo se había aparecido ya a otros (a Pedro, a los doce, a quinientos hermanos, a Santiago, a todos los apóstoles). Pues bien «al final de todos, como a un aborto, se me apareció también a mí. Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la iglesia de los Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy y su gracia en mí no ha sido en vano, sino que me he fatigado más que todos ellos, no yo sino la gracia de Dios conmigo. Sea yo, sean ellos, así predicamos, así creemos» (1 Cor 15, 8-11). Pablo ha interpretado su experiencia a la luz de los testigos anteriores (Pedro, los Doce...) y, sobre todo, a la luz de la experiencia de “todos los apóstoles” entre los que se incluye. No comienza de la nada, sino que se introduce en un camino que ya existía, en un camino donde él también ha encontrado al Cristo, culminando la lista de apariciones anteriores. Nada nos permite suponer que todas fueran iguales: habría en cada caso rasgos distintivos. Pero esos rasgos han pasado aquí a segundo plano; lo que importa es aquello que todas tienen en común: se les aparece Jesús resucitado perdonando su negación o rechazo anterior. .

En ese sentido, la iglesia posterior de Pablo será iglesia de “convertidos”, es decir, de perdonados, iglesia de personas que han pasado del odio al amor. Odiar es una forma invertida de conocer; perseguir es un modo contrario de amar. Odiando y persiguiendo al Cristo pascual de los primeros cristianos, Pablo estaba mostrando un gran interés por la Pascua. Podemos decir que, en el fondo, Jesús ya le había transformado por dentro. Sin haberle visto, Pablo sabía que Jesús era fuente de unidad y salvación para todos los hombres, superando las fronteras de la nación sagrada de Israel. Precisamente por eso, desde sus principios de judío observante de una ley particular o nacional, les odiaba y perseguía al perseguir a sus apóstoles entre los que se incluye, después que Jesús se le ha aparecido. Pero Pablo no se siente uno más. Sabe que Jesús le ha encargado una misión y tiene que cumplirla. Por eso se presenta, de manera muy significativa, como el último de todos (1 Cor 15,

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De esa forma cierra y culmina un proceso pascual que se hallaba en camino. Había empezado en Pedro, se había expresado en los Doce, pero solo ahora se completa y llega a su final, precisamente en Pablo: «Pues quien ha actuado en Pedro, para hacerle apóstol de los judíos ha actuado también en mí, para hacerme apóstol de los gentiles» (Gal 2,) Mirada sólo en la línea de Pedro, la pascua podía correr el peligro de cerrarse como una experiencia intra-judía. Pues bien, asumiendo y completando la visión y obra de Pedro, Pablo ha descubierto y expandido el carácter universal del evangelio. Por eso cuenta su experiencia, por eso se defiende: «¿No soy apóstol? ¿No he visto a Jesús, nuestro Señor?» (1 Cor 9, 1).

Lógicamente, desde su perspectiva de celoso fariseo, defensor de la identidad legal judía, él debía haber perseguido a la iglesia de Jesús con todo celo, es decir, por fidelidad a la ley judía (Flp 3, 6). Pues bien, el mismo Jesús a quien él perseguía en sus fieles le ha salido al encuentro: «Pero cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia se dignó revelarme a su Hijo para que yo lo anunciara a los paganos...» (Gal 1, 11-17). Perseguía a los cristianos porque veneraban a un Mesías crucificado (un buen “cristo” no podía haber muerto de ese modo) y porque tenían un mensaje universal (destruyendo el valor del judaísmo como pueblo aparte, elegido y distinto). Pues bien, en un momento determinado, por un cambio interior muy profundo, Pablo vio que Dios se revela precisamente a través del mismo Cristo que él estaba persiguiendo. Él no quería escuchar lo que ha escuchado y ver lo que ha visto, al menos en un sentido externo. Él había comenzaba queriendo otra cosa, pero el mismo Dios le ha mostrado un rostro diferente en Cristo y él ha querido ser fiel a su llamada, como los antiguos profetas de Israel. Así se considera como último profeta del auténtico judaísmo, el judaísmo de Jesús, el Cristo.

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