5.4.2026. Pregón Pascual. (1) Se ha dejado matar para que nosotros vivamos. (2) Somos Pascua en su amor: Un alma, una vida, un corazón. (3) Negamos su Pascua (=nos negamos) si odiamos/matamos, aunque Él nos sigue amando (Flp 2, 1-11)

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Cinco parroquias de la zona este de Salamanca (Aldealengua, Aldearubia, San Morales. Arabayona y Huerta) hemos celebrado juntos la Vigilia de Pascua. Por “senior” me han pedido que proclame el pregón y así lo he hecho (cf imágenes FB)… Ahora, de mañana, mientras el Sol de pascua sube por Oriente voy a comentar con calma el primer pregón de Pascua de la iglesia, FLP 2, 1-11. Es algo largo. Siga sólo quien tenga tiempo. Es un texto intenso, el más importante de la Biblia y de toda la historia cristiana. Lo dejaré colgado un par de días con la imagen del Altar de Pascua de Huerta de Tormes.

La lectura clave de esta noche es Flp 2, 1-11, no sólo la segunda parte (2, 6-11: Cristo “obediente” hasta la muerte), sino también la primera (2, 1-5: Todos formamos en pascua un solo corazón, un alma).

Normalmente, la iglesia latina (católica y protestante), del segundo milenio) sólo ha leído e interpretado/aplicado la segunda parte (2, 6-11), con un riesgo de mala interpretación, con gran incoherencia bíblica pues, según Pablo y la iglesia primitiva esa segunda parte está al servicio de la primera (Flp 2, 1-5).

Por eso, siguiendo la tradición del primer milenio cristiano y el texto de Pablo he querido leer y aplicar las dos partes juntas del pregón pascual de Pablo, poniedo de relieve los tres argumentos de fondo de la pascua cristiana

1) Cristo ha muerto por nosotros. Le hemos matada, se ha dejado matar. Es Dios que muere por nosotros para vivamos.

(2) Todos formamos un corazón y vida en Cristo. Su pascua somos nosotros (2, 1-5), un solo corazón, un alma, una vida…presencia y comunión de Dios en la historia

(3) Quien odia o matar a su hermano no celebra pascua (Flp 2, 1-11), vive en contradicción con el Dios de Cristo, que le quiere.

Flp 2, 1‒11. Primer pregón de pascua. Amor de iglesia, en él resucitamos

             El mismo Dios de la zarza que revela a Moisés su Nombre (Yahvé: soy el que soy: Ex 3, 14), el Dios Uno en amor sobre/en todas las cosas (Shema, Dt 5, 5-8) se revela como Cristo Uno en la Iglesia Una, de manera que todos los creyentes podamos ser uno en frónesis (τὸ ἓν φρονοῦντες,, Flp 2, 3), formando en él y por él un cuerpo de manera que cada uno puede y debe amar a los otros como a sí mismo, formando con ellos un solo cuerpo, resucitando en ellos. De esa manera se puede cumplir y se cumple en Cristo el mandato fundamental de Lev 19, 18: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lev 19, 17).

         Por su muerte/resurrección Jesús ha hecho posible el cumplimiento de ese “mandato” (amar al prójimo como a ti mismo), no en forma de imposición, sino de experiencia gratuita de comunión, viviendo y resucitando unos en otros y con otros. Este pasado, unido con Rom 8 (del que ya hemos tratado en cap 4) y con Rom 13, del que trataremos más adelante (cap 6) forma el corazón de la experiencia de amor de Cristo, conforme al mensaje de Pablo.  

         Este pasaje (Flp 2, 1-11) vinculas los dos momentos fundamentales del amor de Cristo en forma eclesial y cristológica, ofreciendo la primera confesión cristiana integral que conocemos en el Nuevo Testamento, principio y compendio de toda la teología de la iglesia. Consta de dos partes, vinculadas entre sí:

- Parénesis, Amor interhumano (Flp 2, 1-5). Es una exordio, una especie de exhortación temática, con dos palabras fundamentales que son paráclesisis (consuelo en Cristo ) y para-mithyion (estímulo de amor). Por su frónesis (forma de pensar/actuar) los creyentes de la iglesia de Filipos son (=han de ser) revelación y presencia de Dios en el mundo, de forma que su unión comunitaria es signo y presencia de la unidad de Dios. La resurrección de Jesús se expresa en la iglesia en forma de frónesis como unidad/comunión de pensamiento y vida.

- Himno cristológico (Flp 2, 6-11). La vinculación interpersonal de los hombres (creyentes) en forma de comunidad creyente forma parte de la revelación de Dios, por medio de Cristo, es decir, de su realidad más honda de Dios en Cristo. La raíz y esencia de la comunidad cristiana no es tipo de poder social, de comunicación racial, de ley de estado o de religión particular, como el judaísmo del templo de Jerusalén. Este himno identifica la comunión de amor entre los hombres y mujeres (resurrección interhumana) con la presencia pascual de Dios y los hombres por Cristo en los hombres.

 

Parénesis (paraclesis, paramythyon): Un amor, sólo un alma (Flp 2, 1-5)

           En la línea del Shema (Yahvé tu Dios es Uno: Dt 6, 5-8), tomando como punto de partida el canto tradicional a Cristo (Flp 2, 6-11), compuesto por una iglesia antigua, de tipo judero-helenista, el mismo Pablo en persona, de primera mano, con todo el afecto posible de su corazón, ha compuesto esta parénesis o exhortación introductoria al frónema (sentimiento-acción de amor) que define y constituye a los creyentes cristianos de Filipos.

   No es un canto al pueblo como unidad social de raza, de poder militar o de dinero, sino un himno superior a la unión de mutuo amor, la más alta sinfonía elevada en la Biblia judeo-cristiana y en la historia de occidente al afecto que vincula a los miembros de la comunidad creyente, en la línea de Lev 19, 18, como amor mutuo, en unidad de alma, de pensamiento y vida.

           Ésta parénesis o exhortación a la unidad en el amor (Flp 2, 1-5) no es una sinfonía anónima, que ha sido proclamada por un autor desconocido y popularizada más tarde entre todos los miembros de un grupos, sino que tiene un autor bien conocido, que es Pablo, perseguido por unos y encarcelado por otros, a causa de su empeño por mantener viva la comunidad de amantes cristianos de Filipos, unidos entre sí por el amor de Cristo (del que trata el himno cristológico que cita luego (Flp 2, 6-11). El mismo Pablo perseguido por unos, rechazado por otros, presenta ante los filipenses su testimonio y alegato de amor mutuo, como presencia de Dios en Cristo como fuente y sentido de comunión interhumana.

           ´Ésta es la parénesis más personal y vibrante de todo el epistolario de Pablo, un exhortación y súplica que brota de su propia entraña de misionero y testigo de Cristo, un ruego de amor, no un mandato de ley (el amor no se impone, ni obliga y se pide, de un modo gratuito, pidiendo a cada uno de los “amigos” cristianos de Filipos que busquen y cultiven el amor mutuo, preocupándose cada uno por el el bien de los otros más que por el suyo propio, de forma que cada uno viva más en aquellos a quienes ofrece y con quienes imparte su amor que en sí mismo.

           Pablo nos lleva así del plano teológico (amor al Dios uno: Shema, Dt 6, 5-8) al antropológica, es decir, al amor de la comunidad de creyentes que es una comunidad de amor y de vida, en la que habita el mismo Dios que es misericordia,      no una sociedad del imposición, sino todo lo contrario, ina comunión en libertad en amor, una comunión en la que todos sean testigos y creadores de vida compartida en el Cristo de Dios.

           Éste es el amor nuevo y más hondo de la iglesia, comunión personal. Lo que vincula al pueblo de creyentes no es la raza, ni el poder del todo, ni el dinero…, ni un tipo de sexual, ni siquiera un vínculo de generación de padres con hijos, sino el amor en libertad, en comunión de pensamiento/ activo o frónesis, que vincula en Dios (que es unidad de amor) a todos los creyentes. Éste es el “milagro”, la novedad de amor de Dios y de amor interhumana, que Pablo ha descubierto y proclamado, por encima de la ley antigua, que mantenía a los hombres y mujeres sometidos desde fuera de sí mismo, por una ley social de comunicación impositiva (de ley, de parentesco de misión social) a unos con otros.

           Este es el milagro, estímulo o ruego de Cristo como amor (ágape), en comunión de Espíritu, en compasión de corazón, de manera que se puede afirmar y se afirma que los creyentes/amantes de la comunidad cristiana tienen/forman todos un alma, son σύνψυχοι, un proyecto y voluntad de psyche, vida compartida. Éste es el canto, el camino del nuevo nacimiento eclesial, la gracia y enseñanza suprema de la unión comunitaria. Así exhorta (asi se desahoga, así pide) Pablo a todos y cada uno de los creyentes de Filipos, no a sus posibles jerarcas (por arriba) no a sus posibles menores o subordinados, sino a todos, como unidad se sentimiento y vida (=frónema) de todos

Si tenéis algún consuelo (παράκλησις) en Cristo,

si tenéis algún estímulo de amor (παραμύθιον ἀγάπης),

comunión de espíritu (κοινωνία Πνεύματος),

alguna entraña y compasión (εἴ τις σπλάγχνα καὶ οἰκτιρμοί),

 colmad mi gozo (πληρώσατέ μου τὴν χαρὰν),

pensad/haced lo mismo (tened una frónesis:τὸ αὐτὸ φρονῆτε),

teniendo (siendo) un mismo amor (τὴν αὐτὴν ἀγάπην), un alma (σύνψυχοι),

pensando/ haciendo una cosa (τὸ ἓν φρονοῦντες),

 nada por rivalidad, nada por vanagloria, sino con humildad

 considerando cada uno a los otros superiores (ἀλλήλους ἡγούμενοι ὑπερέχοντας ἑαυτῶν,)

no buscando cada uno lo suyo, sino cada uno lo de los otros (Flp 2, 1‒5)

           Según eso, la unidad de frónesis es un tipo de “prudencia práctica”, una forma de virtud y pensamiento activo, que va unida a la justicia y a la continencia, e incluso a la gracia (jara, jaris) alegría que surge en cada uno de los hombres y mujeres por amor, gozo de ser y obrar, convivir con los demás. Ésta es una virtud humana, pero es, al mismo tiempo, la virtud cristológica/cristiana (divina) por excelencia, propia del Dios Uno del Shema (Dt 6, 5-8) que viene a revelarse así en Cristo unificando a los creyentes, de manera que compartan su alma (sean σύνψυχοι). El alma no es, por tanto, lo que separa y distingue, sino lo que vincula y unifica en diálogo de amo a todos los creyentes.

 De esa forma se vincula la frónesis comunitaria (Flp 2, 1-5) con el canto a la kénosis de Cristo que se vacía de un tipo de divinidad para vincularse en comunión con los hombres (Flp 2, 6-11). Estos dos momentos de unidad de Flp 2, 2-11, (la vida de Dios que es Uno en sí y la de los hombres que se unifican entre sí por Cristo) están implicados, se iluminan y completan entre sí, de manera que son inseparables, aunque, desde el punto de vista de Pablo, el amor de kénosis de Cristo está al servicio del de amor de frónesis de la comunidad cristiana.

          El tema que preocupa a Pablo no es el amor del “canto superior” de Cristo, que se vacía (kénosis) para servir a los hombres (Flp 2, 6-11), sino el amor de frónesis de los creyentes en la iglesia. Ciertamente, en un sentido, el canto de kénosis de Cristo se eleva en un plano “religioso” (teológico) por encima de todos los cantos y amores de la tierra. Pero en otro sentido este canto de Cristo está al servicio del amor eclesial, pues no son los cristianos para Cristo, sino Cristo para los cristianos.

           Este el motivo central de la teología y misión de Pablo, que vincula kénosis de Cristo (Flp 2, 6-11) con frónesis de iglesia (Flp 2, 1-5), que no se se reúne y sella su unidad por algún tipo de ley divina (Israel) o por alguna ley imperial romana), sino por una de frónesis o comunicación personal interhumana, que el mismo Lucas ha puesto como principio y sentido de la comunidad de los creyentes de la iglesia primitiva en el libro de los Hechos diciendo que todos tenían un corazón y un alma (Hch 4, 3-4: ἦν καρδία καὶ ψυχὴ μία), que se querían entre sí (corazón) y que mantenían un tipo de unidad de acción y de visiones vida en un plano espiritual, y social y económico.

           Esta unidad de alma y corazón que Pablo hs presentado como principio de frónesis de iglesia en Flp 2, 1-5 es la que Lucas presenta como experiencia fundante de la comunidad primitiva de Jerusalén o quizá mejor de la comunidad judeocristiana posterior (de Santiago/Jacobo y los hermanos de Jesús…). Sin duda, esta unidad de alma y corazón, de pensamiento y voluntad aparece también como ideal en otros pensadores y moralistas, romanos y griegos. Pero no hay, que yo sepa, ningún testimonio tan radical y universal como este de Pablo en Flp 2, 1-11, vinculando unidad de comunión cristiana con la revelación de Dios en Cristo, kénosis con frónensis, como ponen de relieve sus diversos elementos:

- Pensad/haced lo mismo, tened una frónesis: τὸ αὐτὸ φρονῆτε), No se trata sólo de pensar, sino de hacer, de sentír, sino de ser. Así formula Pablo su exhortación o canto a la la frónesis comunitaria, que no se establece por imposición de unos sobre otros, sino por libertad y comunión de todos. En esta línea ha formulado Pablo este canto a la “frónesis” como principio de identidad de las iglesia que no se unen por raza o ley externa, por dominio o por dinero, sino a través de una vinculación práctica de aceptación muta y de comunicación de afecto e ideales.

- Tened un/el mismo amor (τὴν αὐτὴν ἀγάπην). Si duda este es un amor de todos a Dios en Cristo. Pero al mismo tiempo es un amor de unos a otros, entre todos los creyentes, sin hipocresía ni ocultamiento, sin envidia ni recelo sino en forma recíproca y universal de comunión de unos a otros, sin envidia, ni división. Pablo está refiriéndose así a la creación de comunidades reales de amor mutuo, en forma de iglesias mesiánicas. Éste es el amor de comunión, la iglesia como omunidad afectiva

- Tened todos un alma (σύνψυχοι), un deseo mutuo de comunión., no en la línea de un budismo clásico que tiende a rechazar y negar los deseos, para crear así comunidades en las que no deseando nadie nada puede vivir todos en un tipo de comunión negativa de nirvana, como Pablo parece haber formulado en el texto paralelo y posterior de Rom 13, 8-9 donde a partir del movimiento universal del “no deseo” (no desearás) se reformular en sentido universal el pensamiento positivo de Lev 19, 18: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

- Pensando/haciendo lo Uno (lo que unifica lo mismo (τὸ ἓν φρονοῦντες), siendo Uno. Vuelve aquí la palabra frónema, como recuperando los dos motivos anteriores, uno de amor (agape) y el otro de alma (siendo σύνψυχοι, compartiendo una misma alma): Alma es lo que nos mantiene vivos, el impulso vital, la hondura de la respiración, como signo de la vida. Respirando vivimos, por respiración nos vinculamos, siendo cada uno apoyo y principio de vida para los otros.

             Entendida así, la iglesia cristiana es una comunidad de vida intensa, no una sociedad de cansados de la vida, de angustiados, derrotados, pesimistas, aburridos, sino todo lo contrario, una sociedad de varones y mujeres que se comprometen por la vida en amor, no por auto-satisfacción, sino por satisfacción de amor a los demás. Este es un impulso de vida que no sace auto-suficiencia, sino por afecto de entrega a los demás en la línea de Cristo. Desde esta perspectiva iremos viendo que sólo en amor a los demás (la entrega de la vida por ellos sana y satisface, como sigue mostrando la siguiente parte del texto.

Kénosis de Cristo,

           Éste es el primer canto de amor del resucitado que conservamos enn la Iglesia y que Pablo ha citado aquí su parénesis de unidad comunitaria o frónema. No sabemos quién lo compuso, si fueron los primeros cristianos helenistas de Jerusalén, o si fueron los misioneros (apóstoles) helenistas que iniciaron la misión “libre” de ley (sin obligación de cumplir de unas normas de de tipo particular), como fuente y expresión del amor universal de Cristo. Este es el canto de amor de kénosis, de abajamiento gratuito de Dios, que se hce servidor de los hombres en Cristo, un canto que es con Rom 8, 28-39 el corazón de la teología del nuevo testamento:

 

(Jesucristo), siendo de condición de Dios (divina),

no quiso conseguir por fuerza el ser igual a Dios.

Al contrario, se despojó/vació de sí mismo (ἑαυτὸν ἐκένωσεν),

tomando condición de siervo (μορφὴν δούλου λαβών) .

Hecho semejante a los hombres,

y mostrándose en su forma de ser como los hombres,

 se humilló/empequeñeció sí mismo (ἐταπείνωσεν ἑαυτὸν)

haciéndose obediente (ὑπήκοος hasta la muerte y muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó en forma suprema

concediéndole el Nombre que está sobre todo nombre

(τὸ ὄνομα τὸ ὑπὲρ πᾶν ὄνομα,),

de forma que al nombre de Jesús

toda rodilla se doble (en cielo, tierra y el abismo)

y toda lengua confiese: Jesús Cristo, es el Señor (ΚΥΡΙΟΣ)

(para gloria de Dios Padre) (Flp 2, 6-11)[1].

             Este himno no expone la “historia” de Dios en su esencia supra- histórica, sino en su encarnación como Cristo-Logos (palabra-amor) en la vida de los hombres. En contra de unos hombres que quieren hacerse “divinos” dominando con poder sobre otros, Jesús es Dios (divino) siendo servidor de los otros. De esa forma ha mostrado la mentira de una religión político-imperial, falsam de mentira o dominación, que se toma como superior porque se impone sobre otros, el Dios verdadero se ha revelado por medio de Jesús como amigo, compañero, servidor de los demás, siendo de esa forma Yahvé (ΚΥΡΙΟΣ , Señor).

           Sólo desde aquí se puede entender el carácter voluntario y fundante de su amor al servicio de los demás: «no quiso aferrarse a (no quiso conseguir con fuerza) un tipo de ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo, se vació de su poder de imposición, negándose a ser Dios por dominio, siendo Dios por generación de vida. Dos formas de existencia (despliegue de ser) se abrían según eso ante Jesús:

- Jesús podía haberse aprovechado de su gloria y disfrutar de su grandeza, convirtiendo así su «condición divina» en fuente de egoísmo (búsqueda de sí) y de dominio por encima de los otros: Ser Dios buscándose a sí mismo, a través de un tipo de amor adulterado; ser Dios imponiendo su poder sobre los demás; ser Dios siendo rico para sí mismo (cf. Rom 13, 8).

- Pero Jesús quiso realizar su vida en forma de servicio, compartiendo la existencia con los más necesitados, renunciando a su grandeza egoísta como amor/placer (eros), dominio poder (kratos) y riqueza (plutos), para expresarla realizarse como puro don.

   Esta es la novedad del texto, el mensaje más profundo de la Biblia, la forma de ser (manifestarse) de Dios. Este himno canta de manera simbólica y solemne la elección de Jesucristo: como revelación definitiva de Dios y fundamento de hombre nuevo, en contra de un tipo de pensamiento y “filosofía” de imposición:

- Conforme a la visión normal del pensamiento griego, expresado en forma de superioridad/excelencia (dominio, poder), y en contra de la apocalíptica militar, del último pensamiento judío (tradición de Henoc y Daniel), Dios es aquel que triunfa al fin con su gran poder, imponiéndose sobre los enemigos.

- En contra de esa visión, conforme a la experiencia de Jesús, Dios es aquel que se solidariza con los más pequeños, que no triunfa imponiéndose sobre los demás, sino revelándose como servidor de la vida, cuidando, curando, animando y muriendo por los demás. En esa línea, el representante de Dios que es Jesús no se encarnado para dominar sobre los hombres, sino para compartir con ellos el camino de entrega de la vida.

- Dios es amor en el mundo, no amo/dueño del mundo. No vive exigiendo a los demás que adoren, sino al contrario: Dios vive adorando a los hombres, pero de un modo libre y respetuoso, no humillante, compartiendo con ellos el camino de la humanidad, del don y regalo de sí mismo hasta la muerte.

- La grandeza de Dios es hacerse siervo de los hombres, como indica de manera sorprendente este pasaje. Para mostrarse en su verdad, Dios toma forma de esclavo (μορφὴν δούλου), al servicio de los demás, en gesto de obediencia (escucha) hasta la muerte y muerte de cruz, como Jesús: γενόμενος ὑπήκοος μέχρι θανάτου, θανάτου δὲ σταυροῦ).

Jesús es ὑπήκοος, aquel que sabe “escuchar” (hypo-akuein, ob-audire), aquel que obedece, las necesidades de los hombres. No se escucha a si mismo (en sí mismo), poniendo a los demás a su servicio, sino que escucha la llamada de Dios que le llega a través de los más necesitados de su entorno, respondiendo con amor salud, curación, perdón, dignidad.

- En contra de un Adán que quiso hacerse Dios como Satán (cf. tentaciones Mt 4; Lc 4), Jesús es Dios verdadero en forma humana. Según la lectura de Pablo y de los sinópticos, tentado por Satán, Adán vino a elevarse frente a Dios, y pretendiendo convertirse en ser divino en clave de elevación propia, altivez y dominio, destruyó su propia vida, haciéndose principio de violencia y pecado para todos. En contra de eso, Jesús es mesías y presencia de Dios en amor verdadero, hombres y mujeres de frónesis, en ágape/amor, en servicio mutuo, superando así la muerte.

- Ese himno no expone una teoría imaginaria sobre Dios no comienza por llevarnos a una eternidad, separada de la historia, ni expone una genealogía imaginaria de generaciones divina, como los mitos gnósticos, sino que nos conduce hasta el principio de la historia humana.

                        Cuando dice que Jesús, teniendo «condición divina», pudo haber optado por una existencia de dominio sobre otros, el himno nos sitúa ante las fuentes del pecado original, que consiste en emplear el poder de la vida al servicio del propio egoísmo, esclavizando de esa forma a los demás.Ante el hombre Jesús se abren dos opciones, como en el relato de las tentaciones (Mt 4; Lc 4), de manera que este himno (Flp 2, 6-11) debe haber surgido en un contexto semejante de las tentaciones de Jesús, tal como han sido expuestas por el llamado “texto Q”, que está en el fondo de los evangelios de Lucas y Mateo:

- Por un lado está la opción por un dominio, que no es Dios sino satán, ídolo de amor adulterado (querer y utilizar a los demás para servicio propio, clnforme a los tres riesgos, que Pablo ha puesto de relieve en Rom 13, 8 (culminando su visión del reino/imperio de la espada militar y judicial). Ésta es la opción que muchos toman como “normal”, la de un Jesús que quiere vivir «como Dios», en actitud dominadora).

- En contra de eso, Jesús ha sido oyente de la palabra (γενόμενος ὑπήκοος, cf. una obediencia de diálogo, esto es, de “encarnación de la palabra (en la línea de Jn 1, 14), en diálogo personal de vida, en comunicación de amor, conforme el camino de Lev 19, 18, retomado por por Pablo en Rom 13, 8-9 y Mc 12, 28-35. En esta línea, obedecer/dialogar es compartir la palabra y la vida en amor (ágape) compartiendo cada uno la vida/aliento con los otros, siendo de esa forma co-amantes, co-animados (τὴν αὐτὴν ἀγάπην ἔχοντες, σύνψυχοι). Esta es la experiencia radical de la vida humana, que así podemos definir en forma de comunicación de palabra y afecto, siendo σύνψυχοι, participantes de una misma pysche o alma.

           Una opción lleva a la esclavitud y a la muerte, otra a la libertad en comunión y a la vida. Los que intentan vivir dominando a los demás destruyen su existencia, como Satán. El que renuncia a dominar como divino (Jesús) funda la existencia verdadera, como Dios, en amor mutuo. Por eso, Jesús, no queriendo ser divino como quiere el Diablo de Lc 4 y Mt 4, ha venido a desvelarse como verdadero ser Divino, mostrando así su señorío (=amor), recibiendo el nombre propio de Dios que es Yahvé, Kyrios (ΚΥΡΙΟΣ) .

 Jesús ha surgido de Dios como hombre nuevo, pero no sobre la nada, en un mundo virgen de opciones, sino en un mundo marcado por los deseos de pecado, por dioses/ídolos de falso amor adulterado, deseo de dominio/imposición sobre otros, riqueza divinizada como mamón (Mt 2 24). En ese mundo determinado de antemano por el deseo- concupiscencia de amor adulterador, imposición y riqueza ha escuchado Jesús la palabra verdadera de Dios, ha “obedecido”, ha trazado una vida de amor, en servicio a los demás, en auténtica frónesis, en comunión de amor, en comunicación de vida.

En ese contexto, para vivir como siervo/amigo de Dios, regalando su vida (su proyecto mesiánico) a los hombres, Jesús tiene que hacerse servidor y esclavo de los hombres, sabiendo que van a matarle. Así lo ha destacado el texto: «hecho a semejanza de los hombres y mostrándose en la forma de ser como los hombres», Jesús ha introducido (encarnado) su humanidad “obediente” a Dios (en diálogo con Dios) en el camino de la antigua humanidad de Adán, que había divinizado su popia violencia, la de la espada del sistema político (Roma) y la de la expulsión del sistema religioso (templo de Jerusalén).Ante esa situación, por impulso de amor (ágape), por fidelidad a su opción (frónesis) y por servicio a la unidad (a la comunión y con-cordia, a la unidad vital de Dios con los hombres) Jesús se ha mantenido firme en su obediencia (llamada de la voz de Dios) hasta la muerte.

       Jesús ha realizado en forma de amor la vida humana, pero no sobre el vacío previo sino en el mismo centro de un camino dominado por la angustia de la muerte y por la lucha más violenta entre los hombres. No habita en un espacio inmunizado; no se guarda de las fuerzas de lo malo cerrándose en un tipo de refugio, desligado, aislado del entorno. Jesús ha decidido suscitar su humanidad (su reino) desde el fondo de este mundo do­ minado por lo malo. La entrega de Jesús se puede precisar por eso en dos rasgos, que ya he señalado y que vuelvo a poner de relieve

- Jesús no asume y recorre su opción mesiánica en un mundo ideal, sino en aquel mundo concreto del primer tercio del siglo I d.C., en un momento que Gal 4, 1 ha definido como plenitud de los tiempos (lo mismo que Mc 1,4).

- Jesús no ha sido hombre en general sino un hombre concreto heredero de una rica y compleja humanidad, en Galilea, tierra marginada de la frontera de Israel, en un momento muy preciso de la historia de Roma, en un contexto definido por la llamada bautismal de Juan Bautista etc. En ese contexto, ha sido hecho hombre (ser humano, varón, galileo etc) en condición de «siervo», vaciándose, humillándose, entregando su vida hasta la muerte.

 Mirados esa forma, los dos verbos centrales del pasaje, se vació (se anonadó: ekenosen; 2, 7) y se humilló (se hizo pequeño, etapeinosen; 2, 8) no presentan dos momentos sucesivos de su vida como serían encarnación y muerte. Ambos aluden al mismo gesto de la entrega de Jesús que, en vez de haber optado por una humanidad dominadora, como la de Adán (comer del árbol) y la de Satán en Mt 4 y Lc 4 (vencer por dinero, tomar el poder, hacerse un ídolo para ser adorado) ha realizado su vida como ofrenda humilde y pobre en amor por los demás, hasta la muerte, asumiendo la suerte de los derrotados de la historia humana, sin ganas batallas como los macabeos israeliita del siglo II a.C., sin crear imperios (como julio César, siglo I a.C), sin crear escuelas de separado, penitentes, rabinos (siglo II a-C. al II d.C.),

       No fue un hombre importante en línea de política, poder religioso o dinero, sino simplemente en humanidad, pudiendo así presentase como representantes de todos los seres humanos. Representante significa “portavoz”, signo de todos, de forma que todos pueden sentirse así vinculados con él, varones y mujeres, judíos y gentiles, libres y esclavizados…, todos ellos necesitados de palabra, de comunión de Vida, en un Cristo que forma parte de la humanidad como tal, no de un género social, de una raza, de un grupo o partido (cf. Gal 3, 28).

NOTAS

[1] He planteado el tema en Experiencia religiosa y cristianismo, Salamanca 1981, 363-388 y en Hermanos de Jesús y servidores de los más pequeños, Salamanca 1984, 89- 117, 428-43l; O. Hofius, Der Christushymnus Philipper 2, 6-11, WUNT 17, Tübingen 1976; R. P. Martín; Carmen Christi. Philippians 2, 5-11, Grand Rapids Mi 1983; J. Murphy­O'Connor, Christological Anthropology in Phi/ JI, 6-11: RB 83 (1976) 25-50; C. J. Robbins, Rhetorical Structure of Philippians, 2, 6-11: CBQ 42 (1980) 73-82; J. T. Sanders, The NT christological hymns, Cambridge 1971, 58-74.

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