"Vattimo se declara católico, crítico con la estructura establecida, pero agradecido a la Iglesia" Gianni Vattimo (1936-2023), el futuro del pensamiento débil ha comenzando

Gianni Vattimo
Gianni Vattimo

Acaba de morir (19.9.23) y son muchos los que en RD y FB, en la prensa católica y en otros medios han publicado semblanzas admiradas, emocionadas, pero también críticas de su pensamiento.

    Estoy convencido de que su vida y su influjo como intelectual, activista político y testigo de las “causas y hombres débiles” (marginados sociales y sexuales, expulsados, indigentes perpetuos y oprimidos bajo el fuerte poder económico y militar, político y eclesial) no ha hecho más que  empezar.

Vattimo no ha sido sólo él, como persona y obra aislada, sino que es y seguirá siendo  voz de millones de expulsados y débiles, que desde la vieja Europa (Italia) y desde todo el mundo abogan (abogamos) por un futuro de nueva humanidad, en la que que Jesús (Mesías Débil) y una nueva Iglesia Débil (que debe surgir, si no quiere desaparecer) comparta, con miles de millones de hombres nuevos, una historia de amor débil, que es más fuerte que todos los poderes un sistema impositivo.

Me ocupé extensamente de su obra en las páginas finales de Dios es Palabra (Palabra Débil), dedicándole también una página Diccionario de Pensadores cristianos.

Vattimo, Gianni

Filósofo y político católico italiano, uno de los representantes fundamentales del pensamiento postmoderno, llamado con más propiedad pensamiento “débil”. Ha estudiado y enseñado en la Universidad de Turín y ha participado en el Partido Radical y en los Demócratas de Izquierda. Es miembro de la dirección nacional de Coordinamento Omosessuale. Su pensamiento está vinculado a Nietzsche, Heidegger y Gadamer y se suele definir como postmoderno, declarando superado el pensamiento “fuerte”, capaz de conocer la esencia de las cosas o la verdad del pensamiento, en forma de ontología abierta a lo divino.

Vattimo supone que la era de Aristóteles y Santo Tomás, de Descartes e incluso de Kant ha terminado, de manera que no existe ya una ontología general, ni una verdad de conjunto de las cosas. Sólo quedan fragmentos de verdad. Pues bien, a su juicio, desde la fragilidad de todos los pensamientos humanos, puede plantearse y se plantea una nueva forma de experiencia religiosa, cultural y social, capaz de vincularse a un cristianismo que es débil (de kénosis, de muerte de Cristo), siendo, al mismo tiempo, de esa forma, poderoso: fuente de esperanza.

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Vattimo se declara católico, crítico con la estructura establecida, pero agradecido a la Iglesia, porque ella ha seguido trasmitiendo el latido fuerte del Cristo débil. De esa forma busca desde el cristianismo la defensa de las minorías (o mayorías) empobrecidas y rechazadas, desde los homosexuales hasta los emigrantes. La mayor parte de sus obras han sido traducidas al castellano.

Entre las que tratan de un tema religioso y cristiano, como Filosofía, política, religión: más allá del "pensamiento débil" (Oviedo 1996); Después de la cristiandad: por un cristianismo no religioso (Barcelona 2003); Creer que se cree (Barcelona 2004); El futuro de la religión: solidaridad, caridad, ironía (Barcelona 2005). Cf. también Las aventuras de la diferencia: pensar después de Nietzsche y Heidegger (Barcelona 1999); El sujeto y la máscara: Nietzsche y el problema de la liberación (Barcelona 2003). En torno a la posmodernidad (Barcelona 2003). Para situar su vida y obra, cf. No ser Dios: una autobiografía a cuatro manos (Barcelona 2008)(cf. Diccionario de pensadores cristianos, VD, Estella 2023)

Ratzinger y los filósofos: de Platón a Vattimo - ReL

VATTIMO, PARA SITUAR LA HISTORIA DE DIOSDÉBIL   (Últimas páginas de Pikaza, Dios es palabra, retomadas en Teología de la Biblia) 

Una visión fuerte del Dios fuerte (ontológica o teológica, racial o racional) puede llevar a la barbarie colectiva, como muestran las guerras de religión del XVI-XVII y los conflictos ideológico-sociales del XX: muchos han divinizado su Torre de Babel, imponiendo sobre los demás su dictadura, en nombre de un «dios» particular, de religión o ideología, de patria o de estado. Por eso es lógico que algunos prefieran decir que la historia fuerte de Dios carece de sentido, pues ningún sistema de poder religioso, social, político económico  que nadie pueda divinizarla para  su provecho propio.

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Desarrollando ese argumento, desde la raíz del judaísmo,  K. R. Popper (1902-1994) había  rechazado diversas visiones fuertes de un tipo de Dios político, desde Platón (República) hasta las dictaduras recientes del marxismo o nazismo: Aquellos que han querido aplicar socialmente una verdad se han vuelto intolerantes, porque la historia en sí no tiene verdad, no está al servicio de ninguna idea o política, nación o sistema. En ese fondo se sitúa su visión del historicismo[1].

Comunismo, nazismo y capitalismo fuerte han sido los últimos intentos mundiales de divinización  histórica del poder y han conducido a la barbarie de un partido o a la locura de un estado racista y al triunfo actual de un capitalismo poderoso, que lleva a la destrucción ecológica y humana del mundo.  Por eso, tenemos que pasar de la modernidad del poder ilustrado que puede convertirse en barbarie de muerte mundial, a la    debilidad de un amor que acoge y promueve a las personas débiles del mundo.  

Desde la debilidad de un mundo condenado a la muerte ecológica (si no cambiamos), desde el otro lado de la política fuerte (desde una izquierda popular, débil y sufriente, Váttimo ha buscado y promovido un mundo que debe estar marcado por la gratuidad que es siempre débil para ser eficiente:

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- Gratuidad implica descubrimiento del valor infinito de pobres y pequeños, excluidos del sistema: El huérfano-viuda-extranjero de la tradición judía, el hambriento-enfermo-encarcelado de Mt 25, 32-46. En este contexto se sitúa la propuesta de una razón débil (G. Vattimo), propia de aquellos que no pueden (ni quieren) triunfar ni imponerse sobre los demás por la fuerza, sino que descubren y valoran en amor la importancia de los pobres y expulsados del sistema (sin el resentimiento de que hablaba Nietzsche). Sin la afirmación del valor infinito de los pobres, entendidos como encarnación de Dios (Realidad fundante, Voluntad de Vida) la historia se destruye.

- Eficiencia de la debilidad (con partidos políticos débiles, desde la misma vida del pueblo...) Allí donde se impone la fuerza o el mercado de intereses, la vida se convierte en pura imposición, campo de batalla donde triunfan los más fuertes, consolados quizá por una experiencia intimista (como la que ofrece el Dios del Gita o de algunos grupos cristianos). En contra de eso, debemos buscar y promover la «eficiencia gratuita de la debilidad». El descubrimiento de la gracia de Dios no nos deja inactivos sobre el mundo, sino que nos ofrece una más honda Voluntad de Vida, un deseo más fuerte de comunión y gozo compartido, en la línea de  Jesús y de sus primeros seguidores. No hay que tomar el poder para cambiar el mundo, ni dejarlo en manos de la falsa libertad del mercado, sino superarlo, desde el don de Dios y la dis- tensión más alta del amor enamorado, desde los expulados del "dios" del sistema[2].

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Por eso, Vattimo ha desarrollado una razón dialogal en la que puede revelarse el mismo Dios , no como imposición racional, sino como experiencia de amor, gozo del encuentro mutuo, desde los expulsados sociales y sexuales. Dios se encarna en la misma comunión personal, que es una tensa dis-tensión, descubrimiento gratuito del don de la vida, por encima de un tipo de naturaleza poderosa (tensión físico-biológica), de un económico impositivo (tensión social) y de un tipo de obligaciones moralistas (tensión legal), impuestas desde arriba.

En este sentido, más que Voluntad de Poder, el hombre (que vive en Dios) es Voluntad de Gozo, experiencia agradecida de amor, desde la debilidad. Por eso, el interés supremo del hombre es un «des-interés» más hondo: No querer nada (en el plano del deseo posesivo), queriendo todo y a todos (en el plano afectivo). Sobre esta base puede  el diálogo más hondo entre los hombres, en amor mutuo, conforme a la experiencia del pacto, que Israel había destacado desde antiguo y siguiendo el modelo de Jesús, que vincula en amor poderoso a los hombres y mujeres de su entorno, sin dinero, ni poder político o religioso, sino simplemente por amor distendido y creador, desde una debilidad que es la mayor de todas las fortalezas[3].

Aisladas en sí, las verdades son pequeñas y frágiles (no pueden imponerse de un modo dictatorial), pero ellas encuentran sentido en la medida en que los hombres dialogan, buscando un acuerdo que se exprese en forma de «con-spiración» (inspiración dialogal) en la que todos ofrecen su voz, en debilidad compartida que se vuelve poderosa. No podemos huir de Babel, tomando cada uno su camino, como los fugitivos de Gen 11, porque es imposible dejar este pequeño barco (tierra, cosmos), única patria universal.

Pero tampoco podemos construir una nueva Babel de poder, ni pequeñas torres, babeles,  cada uno la suya, pues no habría lugar para tantas, sino que debemos compartir palabra y vida, de manera que la libertad se traduzca en gracia y comunión. Esta es la tarea y destino de nuestro tiempo: o descubrimos a un Dios-diálogo universal en distensión o acabamos destruyéndonos.

Gianni Vattimo: Del "pensamiento débil" al pensamiento de los débiles  (2008) - YouTube

  1. Los ilustrados modernos buscaban un tipo de unión racional del conjunto de la humanidad, pero en línea de poder. Querían tomar el poder para imponerlo e imponerse, en la línea de Hegel o Marx: una Torre de humanidad donde cupieran muchos, pero por la fuerza Podían sentirse más civilizados, más perfectos y desarrollados, pensando que era bueno imponer su razón sobre el resto de la humanidad, a la que tendían a someter.
  2. Con otros muchos pos-modernos Vattimo ha supuesto suponen que no existe un camino universal de poder, pues la humanidad no se salva por la fuerza de la unidad, sino por el respeto a las diferencias, a los caminos que parecen perdidos, a los condenados y expulsados del mundo, cuyo modelo sigue siendo Jesús Crucificado
  3. Este modelo de comunión dialogal desde la debilidad no es moderno ni antiguo, sino simplemente humano, es un modelo que está en el fondo de cierto tipo de budismo, de un Tao Radical, de la Bagavad Gita.

 Ese Dios  débil de la kónosis y el diálogo, desde lo más débiles, no es indiferencia (todo da lo mismo), ni imposición de algunos, sino distensión creadora, que asume y supera las tensiones y obligaciones del sistema. Este es el Dios del amor que sólo existe dándose a sí mismo, en debilidad creadora (en la cruz de Jesús),  en libertad y comunión, gratuidad e historia. La libertad de capital y mercado es buena, pero corre el riesgo de volverse sistema, que avala el triunfo de algunos y la exclusión de la mayoría (cf. Ap 12-18)[4].

Han fracasado las teologías o anti-teologías fuertes de Hegel, de Marx y Comte, y con ellas la visión unitaria de la historia, en línea de progreso del poder. Sólo un Dios creador y salvador del mundo, en debilidad de amor, un Dios que parece expulsado de este mundo podría haberle dado sentido. Este un signo esencial del tiempo pos-moderno.

 El triunfo del sistema de poder, que se impone derrota y expulsa a gran parte de los hombres, va unido a la soledad y angustia de muchos triunfadores, que no encuentran sentido a su vida. El Dios-superhombre no basta, ni bastan los dioses del sistema para darnos deseo y gozo por de vida. En otro tiempo nos había impulsado un gran «deseo» de existir, una «gana» profunda, que estaba de hecho vinculada a una experiencia religiosa o filosófica (Espinosa: Conatus, Deseo) o a la Voluntad de poder (Nietzsche).

Ahora, sobre todo en occidente, muchos no desean nada: Piensan que nada tiene sentido, sobreviven, vagan y ruedan, en torno a la droga, sin saber lo que quieren, sin quererse, aunque tengan miles de posibilidades a la mano. Parece que la angustia avanza, como signo creciente de este tiempo posmoderno. Nuestro mal es la angustia de algunos más privilegiados y la opresión social de la mayoría[5].

EL PENSAMIENTO DEBIL - GIANNI VATTIMO - 9788437607399

[1] Este es el título de su obra de divulgación más conocida: La miseria del historicismo, Alianza, Madrid 1984. Cf. además: La sociedad abierta y sus enemigos, Paidós, Barcelona 1982.

[2] Para una crítica de Popper, cf. F. J. Hinkelammert, Cultura de la esperanza y sociedad sin exclusión, DEI, San José de C. R. 1995; Id. Crítica de la razón utópica, Desclée, Bilbao 2002; J. Mo Sung, Teología y economía, Nueva Utopía, Madrid 1996; Id., Deseo, mercado y religión, Sal Terrae, Santander 1999. Compendio el pensamiento de G. Vattimo en Creer que se cree, Paidos, Barcelona 1996.

[3] Sobre la distensión personal, cf. A. González, Teología de la praxis evangélica, Sal Terrae, Santander 1999. He analizado el tema en «Trinidad y antropología. Tres modelos»: Estudios Trinitarios 35 (2001) pp. 547-639.

[4] He desarrollado el tema en Sistema, libertad, iglesia. Instituciones del Nuevo Testamento, Trotta, Madrid 2201. No está en juego una teoría, sino la vida de los hombres: ¿Podremos dialogar, sin caer en la dictadura de un grupo o en un mercado de tensiones donde triunfan los más fuertes?

[5] Contra esa angustia e injusticia no existe más respuesta que el deseo de la vida, unido al gozo de la gratuidad, abierta a la comunicación personal, en la historia. Por eso, superando un modelo intimista de Dios, que deja el mundo-mercado en manos del sistema (donde unos mueren de hambre y otros de soledad existencial), se debe el gozo creador de Dios de Dios débil, que crea el mundo nuevo, desde la debilidad del Cristo crucificado, en comunicación creyente. No puede salvarnos el sistema, ni una pura resistencia intimista (por más importante que sea), sino la libertad abierta gratuita y creadoramente, desde el gozo de la relación interhumana. Desde los más pobres.  

Somos al hacernos unos a los otros, más aún, al existir unos en otros. Debemos dialogar y así alzaremos nuestro templo (vida compartida), que no es Torre de Babel sino Cuerpo mesiánico de humanidad, en donación mutua. La historia cristiana no es teoría de razón, ni imposición de una verdad externa, sino experiencia y palabra de comunicación en gratuidad, unos en los otros, siendo cada uno en sí mismo, en distensión gozosa.  

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