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El Hombre es lo que vale. Un proyecto de B. Pérez Andreo

Entre las coediciones de RD con diversas editoriales españolas ocupa un lugar especial ésta de Bernardo Pérez Andreo, pues nos sitúa en el centro de la crisis económica, social y religiosa de los últimos decenios, abriendo un camino para el Hombre (en contra del Capital), un camino de solidaridad global desde la pobreza, en línea cristiana (económica y política), en medio de la gran crisis actual.

Expuse ya en este blog la propuesta de Bernardo P. A., el pasado 07.08.12 y sus trabajos aparecen con regularidad en RD y, de un modo especial, en su blog ( http://bernardoperezandreo.blogspot.com.es/ ) que a todos recomiendo. Hoy lo haré de nuevo, destacando su proyecto y camino de humanidad (de globalidad humana desde la pobreza, que es libertad activa y comunión).

Incluyo su propuesta, tras haber hablado de las viudas-huérfanos-extranjeros como piedra de toque de Dios (07.08.13) y de haber presentando el diagnóstico de R. Grosfoguel (del pasado 09), pues ambas pueden y deben completarse, desde perspectivas distintas:

-- Empiezo comparando la visión de Pérez Andreo con la de Grosfoguel, es decir, situando la crisis actual de la economía y de la Iglesia en un contexto general de crisis de cultura y de humanidad;

-- Presento después la propuesta de Pérez Andreo, tal como aparece en este libro, mostrando sus aspectos religiosos, económicos, políticos etc.

-- Recojo finalmente como apéndice uno de los últimos trabajos de Pérez Andre, en línea de globalización a favor del hombre, en contra del capital.

Dos estilos, dos visiones: Grosfoguel y Pérez Andreo

Hoy quiero felicitar a Bernardo por el libro y volverlo a presentar a los lectores de mi blog, aunque ya han podido conocer su contenido por RD.

‒ Grosfoguel es un sociólogo y un filósofo de la historia y la cultura. Analiza el despliegue de la cultura capitalista dentro de un entorno mucho mayor en el que inciden elementos sociales y religiosos, políticos e históricos, psicológicos y de género, con un fondo evidentemente económico.

No es un profeta, sino un analista. Enseña en una universidad de alta élite (Berkeley,CA, USA) y se permite desde allí hablar contra el sistema desde dentro del corazón del gran mundo. Le siento en sintonía con E. Dussel, historiador y filósofo de la liberación, con quien alguna vez tuve alguna intensa conversación. Su crítica de la historia me parece clara, y clara su condena de muchos de los males de nuestra situación. Pero su propuesta me termina pareciendo algo plano: Como si no tuviéramos más salida que contar lo que pasó, como si todas visiones culturales fueran al fin semejantes.

‒ B. Pérez Andreo es también sociólogo y filósofo, pero me parece ante todo un profeta, es decir, alguien que ofrece una propuesta desde la raíz ética del Testamento de Israel, desde el Mensaje de Jesús y el “excedente” utópico y creador del Cristianismo, con figuras como las de Francisco de Asís. En esa línea, su proyecto de vida (es decir, de cambio) me parece más importante que el de Grosfoguel, ante todo porque ofrece una real alternativa.

La alternativa de P. Andreo

a. Es ante todo una alternativa de Cristianismo… No un cristianismo en contra de nadie (de otras religiones o culturas), sino desde la raíz del evangelio entendido como proyecto y camino utópico (y por tanto) real de fraternidad. Ésta es, a mi juicio, la línea de fuerza más honda del libro, que resitúa a Jesús en su lugar, que es el proyecto y camino del Reino, tal como lo han visto algunos grandes cristianos, como Francisco de Asís, que abrió un camino de humanidad solidaria, desde la pobreza que es libertad y vida compartida (no capital).

b. Es, en segundo lugar, una alternativa de pensamiento en libertad. Las páginas más impactantes de su libro son, a mi juicio, aquellas en las que se enfrenta con el mercado de la propaganda, donde ya no rige el “pienso luego soy” (ni mucho menos el me aman y amo, luego somos), sino el “es verdad y existe porque lo dice la propaganda del sistema”. Frente al “nos piensa la propaganda luego somos” eleva B. P. Andreo la exigencia del pienso, pensamos, nos pensamos en libertad y somos. Se trata, pues, de saber que somos libros, que podemos pensar y optar por nosotros mismos, sin que otros piensen por nosotros y nos esclavicen mentalmente (para hacerlo después económicamente).

c. Ésta es una alternativa política, es decir, civil, que va en la línea de recuperar las verdaderas libertades al servicio de la comunicación global, de todos los hombres y mujeres, abriendo para ello un espacio para la palabra de todos (entre todos). Esa alternativa sólo es posible en una línea kenótica de servicio mutuo, es decir, como alternativa de “encarnación”, desde la pequeñez (pobreza) al servicio de la fraternidad.

No se trata de salvar (de transformar) las cosas desde arriba, tomando el poder para ello, sino de renunciar a un tipo de poder impositivo (económico) para hacer así posible una comunicación que pueda ser global. Tenemos pendiente una revolución de humanidad, más allá de la francesa, americana o rusa (soviética), una revolución de libertad real, superando las formas actuales de política estatal y económica.

d. B. Pérez Andreo propone una alternativa económica que ha de ser radical, empezando para ello por renunciar a los modos actuales de capitalización y de mercado (el dólar, el euro…). Se trata de crear sociedades alternativas fuera del modelo de acumulación e imposición del euro o dólar… Ésta me parecía hace unos años una propuesta poco realista; daba la impresión de que no había vuelta atrás en el camino del euro. Pero son ya muchos los que proponen y exigen esa salida, desde exbanqueros (como M. Conde), hasta multitud de gentes de la calle (en su forma actual, el euro-marco alemán) está siendo causa de esclavizamiento para millones de europeos

Si no salimos de este euro-marco-dólar no tendremos salida (acabaremos trabajando por 50 euros al mes, como profetizaba Grosfoguel). La solución no es fácil, pero cuanto más tardemos en buscarla y encontrarla más nos habremos hundido en este mundo desigual, que crea desigualdades cada día mayores.

e. Desde ese fondo es posible una globalización distinta, que no sea simplemente la del capital-empresa-mercado de la actualidad, una globalización desde la pobreza (es decir, sin medios de poder), al servicio de la comunión y del gozo humano. No quiero exponer aquí los pasos a seguir para que pueda realizarse esa propuesta; los verá quien lea el libro. Sólo me queda decir Bernardo escribió este libro cuando era Papa Benedicto XIV. El nombramiento y papado de Francisco le permite afianzarse en esa línea, como muestra una de sus últimas contribuciones al tema, su trabajo sobre el anticapitalismo cristiano, que me permito reproducir aquí, para aquellos lectores que no entren en el blog de Bernardo.

Estamos empezando a pensar (a sentir) algo que forma parte de la raíz del evangelio: Yo no tengo más derechos a salario y vida confortable que un africano de Ruando o un asiático del Bangladesh, mientras todos los hombres y mujeres no nos sintamos y queramos ser de verdad hermanos no tendrá sentido nuestro mundo. Haremos una globalización del euro-marco-dólar, pero destruiremos a la humanidad.

Nada más, Bernardo. Un saludo, y seguimos caminando.

Anejo. Anticapitalismo cristiano

http://bernardoperezandreo.blogspot.com.es/2013/05/anticapitalismo-cristiano.html

Las palabras del papa atribuyendo al sistema capitalista la causa de la crisis actual, no por una mala praxis del modelo, sino por una maldad intrínseca, ha armado un pequeño revuelo en algunos sectores. Pero, como siempre, los críticos con el capitalismo no hacen mucho caso a la Iglesia y los católicos no se toman en serio esta crítica, pensando que al fin la Iglesia está del lado de la libertad económica del orden liberal y que lo que en realidad quiere decir el papa es que hay quien se porta mal y hace lo que no debe. Creo que esta última interpretación es un error de percepción. Los gestos y las palabras de Francisco han cambiado esta realidad y ya no es posible interpretar de esta guisa al papa. Con Juan Pablo II y con Benedicto XVI aun era posible; con Francisco no lo es.

La crítica de Centessimus annus al capitalismo iba a la esencia del mismo: la búsqueda del lucro sin más miramientos. La crítica de Benedicto XVI, en Caritas in veritate, apenas rozaba la superficie, aunque es cierto que documentos menores posteriores han profundizado en una crítica de la esencia perversa del capitalismo, sin llegar a tocar el fondo problemático. Sin embargo, Francisco ya ha marcado una línea roja frente al capitalismo, una línea que supone ponerlo en su lugar y evitar ese contubernio de algunos grupos católicos que afirman la supuesta bondad, no solo instrumental, también esencial, del modelo capitalista. Si leemos bien a Francisco vemos que el capitalismo es perverso por negar la dimensión fundamental del mundo creado y del hombre: el don. La Creación es un don para que el hombre lo cuide y el propio hombre es un don que debe ser respetado. El capitalismo destruye esta lógica de la Gracia y convierte la Creación y al propio ser humano en un instrumento al servicio de la creación de lucro a toda costa, destruyendo la realidad creado por Dios. El capitalismo es, en esencia, diabólico, es decir, separa a los hombres de Dios y destruye la lógica de la Gracia y el orden del don en el ser. Por eso debe ser combatido con todas las energías del cristianismo.

Se anuncia encíclica sobre la pobreza, Beati pauperes, de la que esperamos que la pobreza se sitúe no como un valor moral sino como un valor político. Debería quedar claro que la civilización de la riqueza ha fracasado, que la riqueza solo produce exclusión y que lo que hay que combatir no es la pobreza, sino la riqueza. Una civilización verdaderamente humana es una civilización que vive dentro de la lógica de la Gracia y el don que llevan a la pobreza asumida como la voluntad de Dios para el mundo. La pobreza salvará al mundo y nos devolverá la esencia cristiana de la existencia humana: la entrega por los demás. En mi último libro,No podéis servir a dos amos. Crisis del mundo, crisis en la Iglesia, realzo una crítica substancial al error de aceptar el capitalismo de forma instrumental por parte de Caritas in veritate. Dejo aquí el texto correspondiente a las páginas 72 y 73 del mismo para que pueda cotejarse esta idea que está naciendo en el pensamiento del actual papa.

Como decíamos en el inicio de esta lectura de Caritas in veritate, la encíclica ha llevado a cabo una forclusión del término Capitalismo, no se trata de que se corrija una percepción inapropiada de la sociedad como es el Capitalismo, sino que el término ha desaparecido del discurso, pero la realidad sigue estando ahí, tozuda como siempre, para imponerse y cobrarse sus reales. No por no citarlo el Capitalismo dejará de ser el sistema económico, social y político que gobierna y rige los destinos de, ahora sí, toda la humanidad. No basta con culpar a la razón oscurecida del hombre, ni a la pérdida de los fundamentos éticos de los inversores, ni a la confusión entre fines y medios, ni a la perversión de la moral moderna. No, no se trata de malas aplicaciones de correctas recetas económicas, se trata de que el Capitalismo es en sí mismo un sistema perverso de organización social, no es el orden natural de las cosas, ni mucho menos querido por Dios. El Capitalismo es la explanación social del famoso seréis como dioses, tras estas palabras la humanidad quedó prendada en su corazón y en su acción, convirtiendo todo lo posible en beneficio y lucros, sin atender a las consecuencias naturales y humanas de tal aplicación. Como dijera Kafka, el Capitalismo es un estado del mundo y un estado del alma. El ser humano, desde el advenimiento de la Modernidad capitalista, y más específicamente desde la configuración del orden monopolístico capitalista, cuyo fruto último es la Globalización, ha perdido su capacidad para ser lo que varios millones de años de evolución consiguieron: un ser humano concreto. Desde el advenimiento de la Postmodernidad globalizada capitalista, la humanidad ha entrado en un periodo de pérdida de su ser y de destrucción del medio de vida y de la humanidad misma de los hombres.

El actual estado de crisis sistémica capitalista, como lo explican los analistas serios, no así los estipendiados por el modelo económico capitalista, no se ha debido a una mala aplicación del modelo, ni a la razón oscurecida del hombre, ni siquiera a la sola avaricia de unos cuantos; la crisis sistémica depende de la lógica propia del sistema capitalista: se trata de un sistema económico de destrucción generalizada, no de intercambio generalizado, es un sistema que necesita convertirlo todo en capital, es decir, necesita destruirlo todo al transformarlo en beneficio objetivo. El Capitalismo es el mayor crimen que se ha cometido contra la humanidad y no podemos contemporizar con este mal que está destruyendo a la humanidad.

Esta encíclica es un acto fallido, y será necesario reconducir otra vez la doctrina social hacia la línea que desde el Concilio Vaticano II nos llevaba, tortuosamente, hasta Centessimus annus. A menos que aceptemos la Kehre que esta encíclica supone respecto a la doctrina precedente. El giro ha sido brutal, pues de criticar el Capitalismo hemos pasado, no sólo a aceptarlo, sino a considerarlo como natural al hombre y al mundo, mediante el proceso de no cuestionarlo, de ni siquiera nombrarlo. Esta forclusión del término, por la cual ya no se habla de ello porque se presupone como lo lícito, es un gran motivo de riesgo para el cristianismo en los tiempos que corren. De la misma manera que el agustinismo modeló el cristianismo durante el milenio que siguió a su formulación, este neoagustinismo puede suponer la desaparición del último reducto de lo que hemos entendido en los años posteriores al Concilio como catolicismo, haciéndose necesaria una reformulación completa del mismo. Si no ayudamos a reconducir esta Kehre de la doctrina social, podemos vernos en la necesidad de plantear el grave problema del ser eclesial al nivel más alto y más grave posible. Las consecuencias pueden ser importantes, aunque estamos convencidos de que las puertas del abismo no prevalecerán.

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