29 IX 10. Huelga general, la huelga de Jesús
El 29 de septiembre del 2010 se anuncia en España huelga general, aunque con muchísimas matizaciones y diferencias, entre grupos, autonomías y colectivos. No se sabe del todo quienes la propone y apoya (o por lo menos yo no me he aclarado): sindicatos contra empresarios, empresarios y oposición contra gobierno, incluso el obispo de Madrid propone que vayan sus fieles con lazo blanco, pues se trata de una huelga de cristianos
No sé qué proponer en plano inmediato, me siento un poco ajeno, pues mi itinerario laboral ha sido de tipo más intelectual que "material" (por decirlo de algún modo). De todas formas, desde mi posición de observador cristiano, con personas que leen y comentan mi blog, puedo ofrecer algunas reflexiones, en la línea de lo que dije el 1 de mayo.
En principio me siento radicalmente a favor de la huelga, de una huelga que sea universal (si no es de todos, internacional, resuelve al fin pocas cosas, pues los males del dinero y del trabajo y falta de trabajo son hoy univresales).
Me siento a favor de una huelga en la que veo s muchos elementos cristianos, pues también Jesús hizo "huelga de carpintería"; dejó el trabajo, se liberó para "líder" de una transformación humana, al servicio de los más pobres (de los excluídos de todas las patronales y de todos los sindicatos), anunciando y preparando un reino de justicia universal. Es lo que puedo aportar en esta huelga: unas reflexiones de cristiano utópico. Buen día a todos, buen domingo.
El de la foto parece que va solo a la huelga del camino curvo ¿podemos acompañarle todos para hacer que el camino sea recto, como decía Isaías y recogiron los evanelgios: ¡Allanad el camino de la vida humanna, caminad unidos!
29 de septiembre, día universal de huelga al servicio de la paz humana
Es un día bueno para ofrece una especie de manifiesto al servicio de la “conversión de Reino” (cf. Mc 1, 14-15), tomando una decisión radical, de forma que el capital y el trabajo se pongan al servicio del hombre y así pueda surgir, por primera vez en la historia de los hombres, un tipo de abundancia universal, gozosa. Ese cambio no es fácil, como ha puesto de relieve el fracaso (al menos relativo) de las revoluciones marxistas, que han querido superar el modelo de economía capitalista… y el fracaso del capitalismo actual, que nos ha metido en la Gran Crisis.
Hasta ahora, en los últimos milenios y de un modo especial en los dos siglos finales, la economía dominante ha estado marcada por el dominio del capital y el mercado, que han impuesto su dictado desde arriba sobre el conjunto de los hombres y la tierra, al servicio del sistema. Del único mundo (one world), que nos precedía y engendraba, con sus signos divinos, como madre providente, hemos pasado al único mercado (one market), que nosotros mismos instauramos, como dioses pequeños, dispuestos a comprarlo y a venderlo todo (como decía Kant). Nada se hereda y comparte gratuitamente, todo se compra y se vende. Pues bien, en ese contexto, el evangelio de Jesús implica una ruptura radical de gracia y debe expresarse a través de una fuerte decisión económica.
Sabiendo que los bienes de la tierra son de todos
En este mundo “viejo” se ha podido decir que los bienes básicos de una población (o de la humanidad) no son los naturales (recibidos de forma gratuita), sino los producidos de manera técnica y comprados a través del único mercado, que regula desde arriba (por imposición) los recursos y bienes de la humanidad. De esa forma hemos pasado de la naturaleza madre a la empresa madrastra, dirigida por el capital y dominada mercado. La madre naturaleza regalaba a todos sol y lluvia (cf. Mt 5, 46 par), pero la industria y el mercado ofrecen casi todo muy pocos y casi nada a muchos.
Con su sabiduría natural, la tierra había mantenido hasta el momento su oferta y así hemos nacido y crecido en ella, a pesar de nuestras violencias. Pero el mercado que nosotros hemos producido puede necesitar la muerte de miles de millones de personas, a no ser que cambiemos su estructura actual. En ese contexto se inscribe la “decisión” de Jesús, la tarea del Reino.
Como he dicho, las revoluciones marxistas de principios y mediados del siglo XX han fracasado (por errores propios y por presiones ajenas) dejando en la actualidad un vacío, con la sensación de que nada se puede cambiar, pues el nuevo capitalismo lo ha dominado todo. Pues bien, ese nuevo capitalismo está en crisis (año 2010), de manera que son muchos los que piensan que no puede haber una revolución económica, sino que estamos condenados a la guerra permanente y la ruina de mercados, en contra de lo que había supuesto la gran Ilustración del siglo XIX y XX.
No huelga (de holgar), sino cambio de rumbo (conversión)
En este momento son muchos los que piensan que para evitar el colapso de la economía (con el riesgo que implica para miles de millones de personas), debemos realizar una profunda inversión (cambio de rumbo), de manera que el capital se ponga al servicio de los hombres, no en línea de compra/venta, sino de comunicación personal. Para ello debemos iniciar una “salida” y protesta, es decir, tomando la decisión de declarar una huelga general (universal), contra las leyes y normas del capital y del mercado, dejando de colaborar con el sistema y abandonando la “ciudad de opresión” (como pedía Mc 13, 14 y Ap 18, 4).
No se trata de tomar el poder económico/político para cambiarlo (como quiso Lenin en Rusia, el año 1917), sino de superar nuestro tipo de poder económico y trabajo , a través de un rechazo (una salida), al modo de Jesús, no para dejar de trabajar o para pedir simplemente salarios más altos (cosa que ha sido a menudo conveniente), sino para abrir nuestra mente y corazón a otros valores, para trabajar de una forma distinta y producir de otra manera, al servicio de los hombres (los pobres) y no del mercado capitalista o de la seguridad militar.
No será una huelga contra nadie, sino a favor de todos, desde los más pobres, en la línea de los itinerantes de Jesús, campesinos sin campo ni trabajo, que se unían para compartir, iniciando una nueva solidaridad y comunicación, para curar a los ricos.
Huelga de caminos múltiples
No será huelga para romper máquinas e incendiar casas o cosechas, sino para poner máquinas/casas/cosechas al servicio de todos, una huelga sanadora que pueda transformar incluso a los antiguos propietarios (¡capitalistas!). Sólo así podrá lograr una nueva economía mundial, que no esté al servicio del Imperio (capital, mercado), sino de todos los hombres y pueblos, empezando por los pobres, en una línea de paz.
Será una economía de caminos múltiples, que ha de expresarse como espacio de encuentros abiertos, como una red donde todos puedan introducirse, cada uno con sus peculiaridades y sus aportaciones. Tendremos que pasar de una estructura piramidal y jerárquica del capital, que impone su dictado, a una visión multi-polar del trabajo (producción) y del mercado (distribución), donde cada uno pueda recibir lo que necesita y ofrecer lo que pueda, en actitud de concordia universal (cf. Hech 2, 44-45), recreando en una perspectiva más alta la intuición primera del amor: lo que es bueno para otros lo será también para nosotros.
Una huelga desde abajo
Este cambio sólo puede hacerse desde abajo, no desde el capital (pues capital y mercado, en su forma actual, dominan todo) e implica un tipo de ruptura (huelga). En contra de ese capital/mercado de la actualidad, surgirá un modelo de trabajos e intercambios múltiples, unidos entre sí, creando interconexiones gratuitas, al servicio de todos, de manera que, conforme a su significado, el mercado no será institución de compra/venta, sino espacio de merced (mercy).
El modelo actual pone en riesgo la vida de los hombres y mujeres, sometiendo a su dictado a todos los pueblos y personas. Sólo un modelo de economía de centros múltiples, guiada por el gozo de la producción himanizadora y la comunicación (gratuita), hará posible el surgimiento de una sociedad de interacciones múltiples, superando el riesgo de guerra en que actualmente nos hallamos. Ciertamente, la solución de los problemas de la humanidad no es sólo económica, pero sin una nueva economía, al servicio de todos los hombres, a partir de los más pobres, seguiremos en riesgo de guerra.
Para que ese riesgo cese debe cambiar el modelo actual de economía del sistema y eso sólo se puede conseguir haciendo que ella “suba de nivel” a través de una mutación humana como la de Jesús. Eso significa que tenemos que abandonar el trabajo al servicio del sistema (como lo abandonaron los primeros seguidores de Jesús), no por rechazo destructor (quemando las mieses, derribando las fábricas, matando a los propietarios…), como a veces se ha hecho, sino creando formas de economía alternativa, en la línea del pacto y simbiosis de los itinerante y sedentarios del tiempo de Jesús.
Como la huelga de Jesús
Esa “huelga” universal se parece a la que hicieron los primeros cristianos, creando comunidades alternativas de comunicación económica y social, que no sigan sin más el modelo comunista, ni introduzcan unos simples retoques en el capitalismo, sino que ofrezcan nuevos modelos de comunicación laboral y personal, para el bien de todos. Ciertamente, Jesús no vino a cambiar el tipo exterior de economía en cuanto tal, pero su propuesta (su gran “huelga” evangélica), vinculada a los campesinos sin campo, una huelga realizada desplegada a modo de movimiento mesiánico, puede y debe ser principio de transformación económica.
Una huelga teológica
Algunos teólogos (y economistas) afirman que la revelación de Dios (fe) y la economía (vida material) deben separarse.
En contra de eso, afirmamos que las bienaventuranzas y el mensaje de evangelización de los pobres (cf. Mt 11, 2-4), con los impresionantes textos de San Lucas (Lc 15-17) sobre los pobres y los ricos, que estamos meditando estos domingos, forman parte esencial del evangelio y que en su fondo hay una experiencia y exigencia de transformación económica. La paz no depende sólo de la economía, pero sin una nueva economía al servicio de la comunión humana, no podrá haber paz sobre la tierra.
Esta propuesta asume algunos elementos del programa de Benedicto XVI, Caritas in Veritate (2009), pero es mucho más radical, pues no quiere un retoque por pacto entre el mercado y los estados (políticos), sino una “conversión e inversión” radical, con “huelga universal” económica, en la línea ya indicada.
Conclusión: uelga universal, huelga en Jerusalén
El 29 de septiembre debía ser huelga de los hombres y mujeres del Estado Español (indígenas e inmigrantes, como dice la Biblia), pero huelga abierta a todos los pueblos, como quisieron siempre los fundadores de las “internacionales”: Huelga en USA y en CHIBA a la vez, de todos los trabajadores, de todos los hombres y mujeres…
Huelga por todos aquellos que no pueden hacer ni huelga, pues nunca han trabajado para este mercado mundial, los condenados de siempre, los excluidos por el hambre (millones y millones que mueren de hambre), huelga a favor de las niñas explotadas, de los ancianos abandonados… Así fue la huelga de Jesús, que dejó de trabajar como carpintero para iniciar un movimiento de Reno en Jerusalén. Allí le mataron por hacer huelga, si, huelga de templo y de imperio. A él le mataron, pero su ideal sigue, y seguimos en huelga.