Amores que matan. Ninfas de Judea: Morá en los arrabales (CB 18)

Amores que matan. Ninfas de Judea:  Morá en los arrabales (CB 18)En un castellano que es casi proto-argentino (morá en vez de morad), San Juan de la Cruz escribió una de sus más famosas liras (Cántico B 18) sobre amores que matan literalmente que él llamaba “ninfas de judea” por las razones y con el sentido de quien quiera seguir leyendo

En principio, las ninfas eran simplemente muchachas, pero la mitología las ha convertido en figuras mágicas que pueblan campiñas, bosques y aguas, figuras engañan y al final matar los amores.

En principio las ninfas eran novias, muchachitas, espíritus de los campos y de la naturaleza en general, cuya fecundidad y gracia personifican...  Existían varias categorías de ninfas, que se distinguen por el lugar donde habitan. Las Náyades viven en las fuentes; las Nereidas se consideran a menudo como ninfas del mar en calma... Con frecuencia, los grandes dioses no desdeñan sus favores: se unen a Zeus, Apolo, Hermes, Dionisio etc [1].

SJC se ha sentido inquietado por esas figuras. Quizá teme que algunos compañeros  o  lectores puedan convertir su Cántico Espiritual en noche de engaño y amor adulterado  y parcial, sólo para algunos del propio grupo, no para todos No las maldice ni condena muerte, pero quiere confinarlas a su espacio, en los arrabales de la ciudad de Dios.

Oh, ninfas de Judea,

en tanto que en las flores y rosales

el ámbar perfumea,

morá en los arrabales,

y no queráis tocar nuestros umbrales (CB 18)[2].

SJC sabe que las ninfas provienen, de cultos, mitos e intereses cerrados de grupos egoístas del paganismo (Grecia y Roma) como signo de amores de fondo particular, de un tipo de religión y sociedad. Ese tipo de ninfas pueden darse en cualquier nación, religión, partido o grupo social y religioso o grupos que se cierra en sí misma, pero Juan de la Cruz les llama Nifas de Judea, porque las vincula con un tipo de judaísmo particular que, en contra de sus grandes valores bíblicos ha terminado por cerrarse en su egoísmo grupal.

Dentro la visión de Juan de la Cruz, más que propias del judaísmo, esta “ninfas de Judea” son propias de un pseudo-cristiaismo de poder que quiere dominar sobre la iglesia, sobre todos los creyentes, sobre el mundo entero.. Sin duda, hay “ninfas de Judea” que son judías de raza, religión y estado, pero hay también ninfas de judea que son de origen cristiano, musulmán o pagano [3]:

Llama Judea a la parte inferior del alma, que es la sensitiva.

Y llámala Judea porque es flaca y carnal y de suyo ciega,

como lo es la gente judaica.

(Coment 18, 4).

Juan de la Cruz compara ese mal judaísmo (y mal cristianismo) de ninfas, flaco y carnal, con un mundo clásico (pagano) y con la poesía greco-latina y renacentista, poblada de ninfas, que no son en sí mismas pecadoras y perversas sin más, pero que corren el riesgo de cerrarse en sí mismas. , sino imperfectas, cerradas en una ley propia del mundo sensitivo (deseo egoísta), de normas y de imposiciones de ley particular sin abrirse al amor de gratuidad de Cristo, más allá de toda   norma externa y de toda sensibilidad egoísta (deseo adulterado) que Juan de la Cruz condena en su libro de Subida al Monte Carmelo, que es un proyecto de ascenso de monte universal de la concordia y amor entre los hombres y pueblos del mundo.

San Juan de la Cruz no condena a muerte  ni manda al infierno a las ninfas de Judea, ni al estado de Roma, ni a un tipo de estados posteriores,   pero los confina a los arrabales del huerto de amor  universal que traza el evangelio, como proyecto y camino de encuentro para todos, como él pone de relieve en su libro sobre la Llama universal del amor de Dios.

 Según SJC, el judaísmo (o cristianimo o islam particular de las ninfas tiene que quedar  fuera de la “montiña de los amantes”, esto es, del monte y mar abierto de del amor universal. Cuando se llega al corazón de amor del evangelio hay que dejar ninfas judías, águilas romanas y otros posibles elefantes particulares del hinduismo o del budismo, para llegar al monte universal del amor, sin otro ideal o camino que el amor purificado.

SJC ha identificado el “culto” de las Ninfas de Judea con una religión de amor adulterado, unida al poder opresor y a la riqueza idolatrada que a su juicio está en el fondo de un “judaísmo” (o cristianismo) de mandatos religiosos o sociales, expresado en leyes particulares, regulaciones de poder militar y normas de organización económica, que derivan de imaginaciones y deseos sensitivos, es decir, de egoísmo particular o grupal (cf. Rom 13, 7-8)

Solo superando de raíz ese mundo de imaginaciones, razones “sensitivas” (=egoístas) y leyes que responden a una “egolatría del deseo” grupal (en vez de superarlo de raíz como debían), puede revelarse y expandirse el amor como verdad y bondad de Dios, que es liberación de todo (nada, nada, nada) y comunión de amor en Cristo (todo, todo, todo), amando a los otros como como distintos, como son, ellos mismo-

Las “ninfas de Judea” son amores, poderes y posesiones imperfectas, reguladas por una ley de egoísmo propio que encierran a los hombres y a los grupos socialesen sí mismos (en sus deseos e imaginaciones religiosas).

De un modo sorprendente, San Juan de la Cruz rechaza esas ninfas,  las confina en los arrabales, pero, no las condena a muerte (no las juzga en tribunales, ni las expulsa de la tierra, sino que, simplemente les pide (ordena) que queden fuera del jardín de amor (flores y rosales) de los enamorados en la plenitud de un cristo universal en el que hay espacio de vida para todos los que respeten la vida de los otros, diciéndoles que moren en los arrabales (que se diviertan allí, que se enriquezcan y disfruten, que coman y beben, que se “emborrachen” con su droga de violencia, respetando a los que quieran vivir en amor.

Esa colocación de la ninfas judías en los arrabales no es una expulsión militar, como la de los judíos de España el año 1491, sino una delimitación de espacios que en el fondo afecta más a los amantes mesiánicos de Jesús, que no pueden habitar (por ética y respeto) en los arrabales del amor adulterado, del poder y del dinero de las ninfas, mientras que las ninfas “judías” pueden hacerlo según su visión del mundo.

Un espacio para ninfas, en los “arrabales”, no una discriminación social o moral

Está palabra de exclusión (moraden los arrabales) significa que un tipo de ninfas judías con sus amores imperfectos (de auto-separación de poder y riquezs, igual que un tipo de “paganismo post-religioso” pueden optar por el dinero y el poder, mientras que amantes y amados en gratuidad generosa (como han de ser los cristianos, seguidores de un crucificado) han de quedar fuera de los arrabales, en una casa de amor en plenitud, en libertad y sobriedad voluntaria, aunque con eso se “condenen” a sí mismo a un tipo de exilio voluntario sin poder (político, militar y económico), en gratuidad, cultivando otros valores de belleza, de interioridad, de amor personal….

Al pedir a las ninfas que queden fuera (sin tocar los umbrales del amor) se les está atribuyendo (=permitiendo) el poder militar y el dinero, un tipo de libertad para el amor adulterado, la fuerza armada, el dominio del dinero.

Juan de la Cruz pide a las ninfas que “queden fuera” de la casa del amor, que no invadan el huerto de comunión de los amantes y les pide a estos, a los amantes que no invadan los arrabales de las ninfas, es decir, que no busquen el amor adulterado, ni el poder sobre los otros ni el dinero…

Reservas de amor. San Juan de la Cruz está defendiendo en este caso la existencia de un tipo de “huertos de amor”, espacios verdes de comunión gratuita de vida, c reservas de humanidad,  no de excluidos por “salvajes”, primitivos, sino todo lo contrario, de voluntarios de amor que se atreven a salir de un unos anti-arrabales de terror, de armas atómicas, de opresión  y orgullo de los pre-potentes (que suelen ser casi siempre los im-potentes).

(a) San Juan de la Cruz cita en esta estrofa (Cántico Espiritual 18) un judaísmo (y cristianismo) de ninfas de dinero, amor adulterado y poder dominador, representado por raposas y por tentaciones de ninfas, que dominan, ciegan y esclavizan a los demás con su ley, como hicieron los que encerraron a Juan de la Cruz en la cárcel de Toledo (que formaban parte de un mundo de ninfas), lo mismo que los judíos y romanos que condenaron a muerte a Jesús.

(b) Por otro está él cita el “ámbar” de Jesús que perfumea (llena del perfume) el huerto de flores y rosas de amor de los amantes y amados, que pueden y deben amar, pero sin imposición social y sin dominio de dinero, pudiendo ser perseguidos y condenados como Cristo. Éste es perfume de ámbar que según una tradión antigua había sido utilizado por la mujer de la unción de Jesús (Mc 14, 3-9).

Juan de la Cruz traza de esa forma un camino de amor (desprendimiento total), contrario a un tipo de “judeo-cristianismo” de raposas cierzos y ninfas  (Cántico Espiritual 16-18) que matan el amor que le encerraron en  la cárcel de Toledo por el simple delito de  vivir sn liberad de amor).  

Frente a ese judaísmo de ninfas y raposas de poder violento de cierto judaísmo y cristianismo, San Juan de la Cruz quiso defender con su vida y su Cántico Espiritual, esto es, del amor no adulterado, sin poder y sin dinero en la línea de Jesús y de su evangelio.  El judaísmo de ninfas y ley, lo mismo que el imperio romano (con poder de espada y juicio) sirve para ganar guerras y mantener una posibilidad de amor, pero con violencia. Pues bien, SJC responde que ese judaísmo de ninfas y leyes impositivas (con espada de soldados y de jueces) debe mantenerse en los arrabales, fuera del huerto de Dios en Cristo, fuera de la casa/ciudad del amado  [4]. Etas ninfas judías son como raposas que, en vez de amor total, se contentan con amores adulterados, poderes y riquezas materiales, como siguen buscando los imperfectos del entorno del castillo interior de las Moradas  de Santa Teresa.  

Este es un tema que sigue siendo candente en nuestro tiempo y que debería estudiarse con rigor desde un punto de vista eclesial y político, religioso y social. Aquí dejo el tema simplemente evocado, añadiendo que lo sorprendente es que SJC haya empleado en este contexto la expresión ninfas de Judea, como si estuviera refiriéndose a mujeres (personas) seductoras de Judea, cuya actitud y forma de vida, es contraria al proyecto y camino de Juan de la Cruz en el Cántico espiritual[5].

Así reformula él este motivo, desde su perspectiva social, eclesial y religiosa a mediados en la segunda mitad del siglo XVI, con un lenguaje que hoy (año 2026) debería matizarse cuidadosamente, desde el judaísmo real de una parte del Estado de Israel y desde el cristianismo devaluado de un parte de la cristiandad:

Judea…es la parte inferior del alma, que es la sensitiva.

Y llámala Judea porque es flaca y carnal y de suyo ciega,

como lo es la gente judaica.

Y llama ninfas a todas las imaginaciones, fantasías y movimientos

y afecciones de esta porción inferior...

A todas llama ninfas porque así como las ninfas  

con su afición y gracia atraen a sí a los amantes,

así estas operaciones y movimientos de la sensualidad

sabrosa y porfiadamente procuran atraer a sí la voluntad...,

para sacarla de lo interior a que quiera lo exterior...” (Coment CB 18,4).

Este “interior” del amor es la comunión en gratuidad, no por ley, imposición, armas  o dinero, el amor como experiencia de plena libertad, a diferencia de aquello que Pablo llama carne, con sus obras de imposición sexual, social y económica. El interior y verdad del judaísmo y del cristianismo es el amor universal, sin engaño de ninfas, de imposiciones y guerra militares.

 Esta expresión, “ninfas de Judea” alude a los hombres y mujeres que viven en ese nivel de imposición y dominio egoísta sobre los demás (a diferencia de aquellos que viven según el “espíritu”, en un plano de amor, gozo y paz (Gal 5,22), que SJC identifica con el ámbar de Cristo.  

En los arrabales del mundo, propios de arrabaleros, matones de espada y gritones de orgullo y mentira, deben quedar todas las malas ninfas de Judea o de un tipo de pseudocristianismo coo pide Juan de la Cruz en su canto espiritual.


[1] Cf. P. Grimal, Diccionario de mitología, Paidós, Barcelona 1993, 380-381.

[2] Antes ha pedido a unos posibles compañeros/amigos que le ayuden (¡cazadnos!), después ha conjurado a los vientos, como si estuvieran animados y pudieran escucharle. Ahora invoca a las ninfas. No niega su existencia, ni siquiera las critica, pero las deja fuera de la casa de amor

[3] Tanto en Galatas como Romanos, Pablo vincula ley judía y religión greco-romana.

[4] He comentado ese diagrama en Ejercicio de Amor (2017): Y por aquí no hay camino, porque para el justo no hay ley (ni hay ninfas), él para sí se es ley.

[5] Cf. A. A. Becerra (ed.), Ninfas de Judea, Xorqui, Madrid 2015. Para valorar el tema deberíamos recoger la retórica anti-cristiana de algunos judíos, y la retórica antijudía de de una parte de la iglesia que descalificaba a ciertos judíos con los tres adjetivos citados (flaca, carnal y ciega), porque no había acogido la fe en Jesús, ni había desarrollado los valores del evangelio. Sobre el tema social de fondo entre cierto judaísmo y cierto cristianismo, cf. H. Kamen, La Inquisición Crítica, Barcelona 1999; B. Netanyahu, Los orígenes de la Inquisición en la España del siglo 15, Cátedra, Barcelona, 2004; J. A. Escudero, Netanyahu y los orígenes de la Inquisición española, Revista de la Inquisición, 1998, 9-46

También te puede interesar

Lo último

stats