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Capitalismo imperial como fin de la historia

Capitalismo imperial ¿Una alternativa bíblica?

Estamos asistiendo a acontecimiento fascinante de un capitalismo imperial USA que quiere convertirse en única “religión fáctica”, la última religión del mundo entero.

El capitalismo imperial USA tiene elementos judíos y cristianos, pero en sí mismo no es judío ni cristiano, sino un tipo de nueva religión teista con tres dogmas:

Primer dogma, la libertad del capital entendido como signo y presencia de Dios.  Dios no se ha encarnado en Jesús y el evangelio, ni en la ley judía como tal, sino en el dinero como signo de poder. Así se pone en el Dólar “en Dios confiamos·, identificando en el fondo al libre capital con la libertad de Dios (en contra de Mt 6, 24).

Segundo dogma (ejército), gran empresa humana, no sólo para producir capital, sino para crear medios de vida, sino para destruir vida con armas, para defensa de la liberad del capital…

Tercer dogma, formulado desde el siglo XIX. El capital USA tiene el destino manifiesto de defender e imponer su tipo de democracia sobre el mundo entero. En un sentido el capital, ejército y dominio USA sobre el mudo tiene una función mesiánica, que está por encima de todas las leyes y democracias del mundo. Por eso, el capital, ejército, e intereses USA tienen el deber de vigilar el mundo entero, imponienso su democracia impositiva sobre todas las naciones.

Situación actual

La caída del bloque soviético (1989-1991) supuso el triunfo del neo-capitalismo USA/liberalismo, que extiende su globalización sin competidores: sólo hay un sistema, al parecer sin alternativas, de tal forma que algunos han podido hablar del fin de la historia, como si nada nuevo fuera a darse en el futuro, conforme a una tesis formulada por F. Fukuyama, El Fin de la Historia

LA TRINIDAD AMERICANA. TRES PERSONAS (máscaras), UNO SOLO DIOS

La solución no es un monoteísmo cualquiera: Muchos imperios han sido virtualmente monoteístas, pero han impuesto su dictadura de Dios sobre personas y pueblos[1]. En esa línea avanza el sistema neo-liberal que, tras la caída del marxismo, suele aparecer como único «dios absoluto», que exige adoración monolátrica: permite que existan otros dioses, pero los convierte de hecho en folklore o verdad parcial, al interior de un mercado donde se compran y venden religiones[2].

Éste es a mi juicio el Dios americano. Externamente parece tolerante, y parece dejar en libertad a otros dioses, e incluso se gloría de que existan, distinguiéndose así del comunismo duro, que quería destruirlos Pero de hecho ha impuesto sobre el mundo su falso «monoteísmo trinitario» de Capital-Empresa-Mercado:

- Dios Padre, el Capital. Sólo el dinero es Dios, no hay otro DIOS que el dinero. Parece providente, ofrece beneficios tangibles a sus siervos y devotos, pero, conforme a la acepción que judíos y cristianos daban a ese término, es un «ídolo»: No es fuente de gracia (creador), ni comunicación real, sino Mamona sobre todos los grupos y personas (cf. Mt 6, 24). Vale en sí: es el principio al que todo lo demás se subordina. En ese plano, contra los posibles ensueños politeístas post-modernos, parece que sólo hay un Dios imperante, que no es Yahvé, Allah, ni Padre, sino el Capital todopoderoso.

-Dios Hijo, la Empresa. bienes de consumo y la empresa que los fabrica, al servicio del capital. Hombres y mujeres vivían antaño en contacto inmediato con la realidad, campo y mar, lluvia y cosecha, que eran signo de Dios (hierofanía); las nuevas religiones han destacado la importancia de los enviados de Dios (Cristo o Mahoma, Buda o Krisna). Pues bien, el sistema neo-liberal ha divinizado la empresa productora. Más que los bienes naturales o el trabajo personal, importa la «fábrica», que no crea vida, sino medios de consumo. Ella parece el Cristo actual y se eleva sobre grupos y pueblos, sin fronteras. Procede del Capital y le sirven, ofreciendo trabajo y consumo a sus beneficiados, como Mesías productor.

-Dios Espíritu Santo, libre Mercado para los que tienen capital. Antes había naciones (unidades de generación), iglesias (castas, Shanga, pueblo, comunidad, Umma...) o estados, lugares de manifestación de Dios y encuentro humano. Ahora los hombres tienden a comunicarse de un modo indirecto, a través del mercado, donde van los devotos a ver, admirar y comprar. Su influjo se extiende por doquier, de forma que todo se logra pagando, si uno «dios» está en el otro: capital en empresa y mercado; mercado en empresa y capital... El mundo entero es una feria sin ni trabas, donde se compran incluso personas[3].

 FIN DE LA HISTORIA. ESTO ES LO QUE HAY, NO HAY MÁS “HISTORIAS”

Hegel suponía que su “razón” era el culmen de la historia. Por su parte, Comte, suponía que, una vez que se extendiera el culto de la Humanidad Positivista, por la Religión de la Ciencia, la historia habría terminado. Son pocos los que hoy recuerdan su religión, pero muchos los que, de un modo o de otro, suponen que la historia ha llegado a un tipo de meta, que es el mismo progreso histórico de la actualidad, tal como se expresa en la economía y política neo-liberal imperante desde la caída del modelo marxista soviético (1989-1990).

En este fondo, a modo de apéndice, quiero evocar, por ser más conocida, la obra de un ensayista y agente político como F. Fukuyama.[4] A su juicio, tras la caída del marxismo, con la extensión de la democracia liberal, el avance de la ciencia y la expansión de la libre empresa capitalista y los mecanismos del mercado, puede afirmarse que el tiempo de los cambios traumáticos de la historia ha terminado.

Se ha cumplido el tiempo, ha llegado la etapa final, positiva, de la humanidad, en la que reina la ciencia neo-liberal (vinculada al capitalismo), de manera que sólo quedan sin solucionar sobre la tierra algunos conflictos periféricos (interpretados desde el sistema dominante como terrorismos) y los antagonismos normales (necesarios) del mercado que se ajusta de un modo constante, creando nuevos intercambios, sin mudar ni cambiar su contenido básico.

 Por fin, los humanos han descubierto su lugar en el mundo, han llegado a la meta de su historia, de tal forma que pueden hablar de la sacralidad básica del proceso humano: Lo que Kant anunció se ha logrado (ha llegado la Paz perpetua, fundada en la insociable sociabilidad de los hombres); se ha superado el enfrentamiento hegeliano, de manera que no existen amos ni esclavos, sino sólo intereses comerciales que van ajustándose en el mundo; se ha cumplido el deseo de Marx, pero de un modo distinto, no por la dictadura del proletariado, sino por la libertad del mercado...

Pues bien, en contra de eso podemos afirmar que el tiempo no se ha cumplido. El neo-capitalismo liberal no ha satisfecho ninguna de sus promesas (a no ser la del progreso de la ciencia instrumental pura). Los grandes problemas de la humanidad continúan y, en parte, han aumentado. Sigue habiendo dolor, hay sufrimiento e injusticia sobre el mundo. Ciertamente, crece el bienestar de algunos, pero crece más la opresión del gran parte de los hombres, que viven y mueren en los límites del hambre.

Se consolida, sin duda, un tipo de democracia de los fuertes; pero aumenta el terrorismo de los privilegiados, que toman el mundo como finca particular, al servicio de sus intereses, aunque media humanidad muera de hambre; también crece el terrorismo de los inadaptados, que reaccionan con violencia a la opresión de los dueños del sistema (utilizando a veces sus mismas armas). En medio de esto, se consolida y crece la propaganda y mentira de los grandes medios, controlados por el capital, que quieren convencernos de lo hermoso que es hallarnos sometidos. En ese contexto queremos recordar dos afirmaciones básicas:

Planteada así, la teodicea ha salido del espacio de las grandes teorías ontológicas, para situarse en el campo de la vida social, cosa que sabían ya los autores de la Biblia judía y cristiana. Esta es la lección que recibimos de los grandes ilustrados: Quisieron situar a Dios en un nivel de razón neutral, fuera de las tradiciones religiosas y de la sociedad de las iglesias. Pues bien, ahora vemos que Dios sigue habitando donde antes estaba: En la más experiencia de los hombres y mujeres, en las tareas y conflictos de la sociedad.

Los ilustrados quisieron resolver los problemas de la humanidad con un Dios de razón (o con la razón sin Dios), pero esos problemas continúan: Sigue abierta y sin resolverse (sin hallar sentido o solución) la marcha de la historia. Por eso es normal que, en contra de los idealismos de Kant y Hegel, de Marx y Comte, muchos afirmen que la historia carece de sentido y meta: No sigue avanzando, ni ha culminado, pues no tiene a dónde ir, ni va a ninguna parte. Han pasado (están pasando) los años del fácil optimismo, de fe en el progreso. Aumenta la opresión de millones de perdedores, que mueren cada año, físicamente, de hambre o enfermedad, fuera del sistema. Crece, al mismo tiempo, la angustia y falta de sentido de otros que parecen triunfadores, dentro de un sistema que les da pan, que resulta incapaz de responder a sus preguntas verdaderas, dando un sentido a su existencia.

[1] Así lo quiso Roma, donde algunos emperadores se pensaron representantes de Dios sobre la tierra. Sigue siendo clásico Th. Hobbes, Leviatán,  Nacional, Madrid 1983; ed. original 1651. Cf. E. Peterson, El Monoteísmo como problema político, Trotta, Madrid 2000;.R. Mate, El ateísmo, un problema político, Sígueme, Salamanca 1973.

[2]El sistema comunista, oficialmente ateo, ha fracasado porque ha suscitado ideales de libertad y creación compartida: No ha cumplido lo que prometía. El capitalismo ha resistido a las críticas del marxismo y parece elevarse hoy como único sistema. Tiene elementos positivos, en un plano de libertad formal, creatividad y pluralismo ideológico. Pero en su forma dominante neo-liberal suscita grandes problemas, pues se define por la prioridad del capital, que parece extenderse como único Dios verdadero. En muchos sentidos, el marxismo era más idealista, moderno e ilustrado (incluso religioso) que el capitalismo, pero sus defectos (violencia, imposición burocrática...) le hicieron fracasar, de manera que ahora se eleva el capitalismo neo-liberal, como única como religión e ideología post-moderna, que todo lo convierte en producto y objeto de mercado donde se negocian por dinero las personas (cf. Ap 18, 11-13).

[3] Cf. R. Petrella, «Le Dieu du capital mondial»: Où va Dieu?, Revue de l’Univ. de Bruxelles 1999, 1, pp. 189-204.

[4] F. Fukuyama, El fin de la historia y el último hombre, Planeta, Barcelona 1992

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