A cuatro obispos lefebvrianos… Si no están contra nosotros, están con nosotros; no se lo impidáis (Mc 9, 38-40)
Mucha prensa habla estos días de la “ordenación” de cuatro obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), fundada por Marcel Lefebvre en “oposición” al Vaticano II. Son obispos “católicos” pero no “de los nuestros”, conforme al lenguaje de Juan Zebedeo en un contexto semejante (Mc 9, 38-41).
Mucha prensa habla estos días de la “ordenación” de cuatro obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), fundada por Marcel Lefebvre en “oposición” al Vaticano II. Son obispos “católicos” pero no “de los nuestros”, conforme al lenguaje de Juan Zebedeo en un contexto semejante (Mc 9, 38-41).
El Vaticano parece haberles excomulgado “ipso facto”, aunque no sé muy bien lo que implica una excomunión como ésta, en un tiempo en que muchos cristianos no se sienten como suyo un lenguaje como éste.
Un amigo me he dicho que es un folklore medieval, una noticia pre-diluviana, de risa de unos y de alegría malsana de otros. A mí me ha producido simplemente tristeza. No creo que les llegue mi carta, pero les escribo así:
A mis hermanos, colegas: Pascal Schreiber, Michael Goldade, Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier, obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX),
Queridos “hermanos”: Me alegra mucho que en un tiempo confuso como el nuestros os hayáis animados a ordenaros como obispos de la iglesia de Jesús, con todo lo que esto significa, según el evangelio y las cartas San de San Pablo: Gran desprendimiento, pobreza radical, entrega de la vida hasta la muerte en amor, servicio a los pobres, oración intensa Dios, dedicación a expulsar “demonios” (malos espíritus), curar por amor a los enfermos, acompañar en el camino a los de-mentes, crear comunidades de creyentes, caminar de dos en dos, en diálogo constante de vida, con los últimos del mundo…
Perdonad que no siga citando vuestros compromisos, pues los tenéis que saber bien, según el evangelio… Sólo os digo que me “alegro”, pues el episcopado que habéis “recibido” y queréis ejercer es algo bueno, como decía Pablo: “Si alguno anhela obispado, buena obra desea” (1 Tim 3, 1). Felicidades, pues, que Dios os acompañe y que cumpláis lo prometido, por unión de amor entre todas las iglesias, como quería el papa San Pío X. Con todo afecto. Desde San Morales, entre Aldea-Lengua y Aldea-Rubia XP
Algo así les diría, añadiendo una pequeña reflexión sobre lo que dijo el mismo Jesús, en un caso como el vuestro, según el evangelio de San Marcos.
Mc 9, 38-40. Introducción y texto
Estamos, sin duda, en un ámbito de Iglesia y, en ella, Juan Zebedeo, un tipo de papa galilea o jerosolimitano, ha impuesto su control. De manera sorprendente, el Jesús de Marcos rechaza esa decisión del Zebedeo y de su grupo, pues rompe ella el espíritu de comunidad abierta que él está propugnando.
(a. Juan)38 Juan le dijo: Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos impedido, porque no nos sigue a nosotros.
(b. Jesús) 39 Jesús replicó: No se lo impidáis, porque nadie que realice en mi Nombre un gesto de poder podrá hablar luego mal de mí. 40 Pues el que no está contra nosotros está a favor nuestro.
((Texto griego, para algún interesado:
38 Ἔφη αὐτῷ ὁ Ἰωάνης Διδάσκαλε, εἴδομέν τινα ἐν τῷ ὀνόματί σου ἐκβάλλοντα δαιμόνια, ὃς οὐκ ἀκολουθεῖ ἡμῖν, καὶ ἐκωλύομεν αὐτόν, ὅτι οὐκ ἠκολούθει ἡμῖν. 39 ὁ δὲ Ἰησοῦς εἶπεν Μὴ κωλύετε αὐτόν· οὐδεὶς γάρ ἐστιν ὃς ποιήσει δύναμιν ἐπὶ τῷ ὀνόματί μου καὶ δυνήσεται ταχὺ κακολογῆσαί με· 40 ὃς γὰρ οὐκ ἔστιν καθ’ ἡμῶν, ὑπὲρ ἡμῶν ἐστιν ))
Como representante oficial de la comunidad, Juan quiere ejercer un control sobre el poder mesiánico de Jesús (que sólo ellos, los de la “buena comunidad” pueden ejercer). Pues bien, en contra de eso, fiel a todo su camino, Jesús rechaza a Juan y sigue presentando su proyecto, de un modo abierto, a todos los que quieran apelar a su “Nombre”, rompiendo así las estructuras de una iglesia “zebedea”.
Jesús no ha venido formar una secta o comunidad cerrada donde la institución deba imponerse, ni fundar un grupo oficial de realizadores de milagros. Quiere que el impulso de su doctrina (nombre poderoso) y la vida de sus discípulos pueda extenderse más allá de las fronteras de la Iglesia organizada. Por eso, los cristianos, nacidos del amor universal de Jesús, no tienen que esforzarse por mantener su identidad utilizando leyes exclusivistas.
9, 38. Juan: Se lo hemos impedido. 38 Juan le dijo: Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos impedido, porque no nos sigue a nosotros.
Aparece como representante de una iglesia bien establecida (con su estructura interna) y actúa en nombre de ella (se lo hemos impedido: ekôlyomen). Así aparece como jefe de aquellos que no han entendido (o no han querido aceptar) la enseñanza anterior de Jesús. Los mismos que buscaban antes los primeros puestos quieren ahora dominar y controlar el movimiento de Jesús, quien les ha dado el poder de expandir el evangelio, expulsando a los demonios y curando a los enfermos (6, 6b-13; cf. 3, 14-15). Es normal que se organicen, para cumplir mejor su tarea. No se les puede acusar porque quieran imponer condiciones y controles, impidiendo que otros, de fuera del grupo, utilicen el nombre de Jesús (9, 38)[1].
De esa manera, según Marcos, los de Juan han querido convertirse en la primera iglesia oficial. Humanamente, en clave social, hay que darles razón. Es como si hubieran inscrito en un registro religioso este nombre, de forma que sólo ellos poseen el derecho de llamarse los del Cristo (cf. Mc 9, 41). Lógicamente, ellos reaccionan con violencia, oponiéndose al exorcista ajeno (¡se los hemos impedido: ekôlyomen auton!), iniciando así un camino de imposición que se ha vuelto normal en largos trechos de historia cristiana.
Estos cristianos de Juan pretenden la exclusiva de Jesús, quizá por identidad y egoísmo (¡este camino es nuestro!), pero quizá también por mantener la pureza del nombre de Jesús y por identidad de grupo (¡sólo nosotros lo hacemos bien!). ¿No tendrán razón? )Para qué sirve una Iglesia o comunidad mesiánica si hay otros que apelan a Jesús y curan a los posesos (realizan su función) fuera de ella? Pero Jesús no es como estos cristianos de Juan: acaba de pedirles que acojan a los niños en su nombre (9, 37); por eso les dice ahora que acepten a los de fuera, si emplean el nombre de Jesús para obras buenas[2].
− Juan es jefe del grupo Zebedeo y necesita que la iglesia de Jesús sea una estructura clara, con una identidad propia (como otros tipos de judaísmo), con poder sobre los bienes mesiánicos. Históricamente, este Juan ha sido (tras la muerte de Jesús) un hombre de la Iglesia de Jerusalén, compañero de Roca, como supone Hch 3-4 y Gal 2, 9, un hombre de autoridad, que quiere imponer (extender) su poder no sólo en Samaria (cf. Hech 8, 14), sino también en Galilea, donde también le encontramos (probablemente), para «controlar» el despliegue de los exorcismos de Jesús
− El exorcista “no comunitario” (que no forma parte de la comunidad de Juan) podría formar parte de los nazoreos de Galilea, donde han existido grupos de “cristianos” libres, personas que apelan a Jesús, pero no se integran dentro del modelo eclesial de Juan (o de Pedro y los Doce de Jerusalén). Los que son como este exorcista saben que Jesús había sido profeta y sabio, sanador y amigo de marginados, gran exorcista. En esa línea, las comunidades galileas no empezaron siendo instituciones organizadas o unificadas desde arriba, como los esenios de Qumrán; no forman un rabinato de buenos escribas, ni una sociedad de creyentes con un “dogma” común, sino un movimiento de exorcistas, a quienes aquí parecen oponerse otros «cristianos» de Jerusalén (de la línea de Juan y de Roca) que quisieron aparecer como portadores de un carisma que ellos deben controlan[3].
Lógicamente, en el momento en que Juan (el grupo zebedeo) ha querido organizarse de un modo exclusivo, con un mando unificado, han podido surgir y han surgido conflictos de competencia entre asociaciones personas que se vinculan a Jesús pero no forman parte de la comunidad oficial (zebedea) de sus discípulos. Así lo indica este relato, que refleja disputas eclesiales, centrándolas en Juan, que intenta controlar a los exorcistas galileos, como se dice que hizo en Samaria (cf. Hch 8, 14). La pregunta de fondo no es ya la disputa entre Jesús y el Diablo (como en 3, 22-30), sino la de saber «quién puede asumir y realizar la tarea mesiánica de Jesús»: si sólo los representantes de la iglesia establecida (de Juan) o también los exorcistas libres, que siguen actuando en nombre de Jesús, en Galilea, sin formar parte de esa iglesia oficial (zebedea)[4].
Es evidente que Juan actúa como autoridad eclesial, como representante de los discípulos centrales (de Jerusalén), queriendo interpretar y actualizar el proyecto de Jesús, a quien presenta como maestro (didaskale). Antes era Poca quien aparecía como Satanás/tentador de Jesús. Ahora es Juan Zebedeo (cf. 10, 35-45) quien desea controlar con la fuerza (ha controlado ya) los exorcismos de Jesús, en nombre de una comunidad constituida como instancia de control social, oponiéndose, con otros (¿con los Doce?) al exorcista no comunitario[5].
¿Cómo y con quiénes lo ha hecho? ¿Quiénes son los que impedido con sufuerza (ekolyomen) que aquel hombre siga realizando exorcismos en nombre de Jesús? El texto no lo dice, pero es claro que los de Juan han empleado algún tipo de violencia física o moral (verbal) y han conseguido lo que pretendían: ¡Se lo hemos impedido! Nos hallamos ante una de las primeras persecuciones intra-eclesiales (cuya existencia aparece clara en las disputas a las que alude Pablo en Gálatas)[6].
9, 39-40. Jesús dice no se lo impidáis: iglesia abierta. 39 Jesús replicó: No se lo impidáis, porque nadie que realice en mi Nombre un gesto de poder podrá hablar luego mal de. 40 Pues el que no está contra nosotros está a favor nuestro. Según Marcos, Jesús no ha creado un grupo de control religioso, ni quiere el triunfo de "su" iglesia en cuanto tal, en clave de poder, sino que es profeta de una gracia abierta a todos, no rabino de escuela cerrada, ni nombre sagrado de un grupo de iniciados que desean adquirir notoriedad con gestos milagrosos. Precisamente para defender sus exorcismos, él ha rechazado a familiares y escribas (Mc 3, 20-35), condenando a Roca como Satanás eclesial, cuando intentaba oponerse a su camino de entrega (8, 33). Ahora, a fin de ratificar el carácter universal de los exorcismos, debe condenar el deseo de imposición de Juan y de aquellos que quieren adueñarse de su nombre y tarea, para controlar de esa manera a los demás[7]:
--a: Principio general: ¡No se lo impidáis! (9, 39a). Jesús rechaza así a los que han querido acallar por ley (o por fuerza) al “exorcista” ajeno. De esa forma eleva su programa de Reino por encima del control zebedeo y abre un camino de evangelio (iglesia) más allá de la cerca que quieren imponerle. Ciertamente, este Jesús de Marcos quiere que los partidarios de Roca y de Juan retomen el camino de la Iglesia en Galilea, donde el joven de la pascua les pide que vayan (cf. 16, 7-8); pero si quieren hacerlo (volver a Galilea) han de aceptar como cristianos (seguidores de Jesús) a otros exorcistas y grupos mesiánicos.
Resultaría fascinante saber quiénes eran esos exorcistas no zebedeos ni tampoco marcanos, pues parece que Marcos no se identifica tampoco con ellos, como veremos, aunque quiere que tengan libertad para apelar al nombre de Jesús al realizar sus exorcismos. Me inclinaría a pensar que pueden estar en la línea de la comunidad Q, no integrada en el grupo de Marcos, pero tampoco rechazada por él. De todas formas, se trata de un tema difícil de resolver pues, como veremos, el documento Q (cf. Lc 11, 23; Mt 12, 30) contiene una fórmula que parece opuesta a la de Marcos[8].
--Razón 1ª: Pues nadie que haga en mi Nombre un acto de poder (un milagro)... (9, 39b).El Nombre de Jesús (su mensaje fundante) es mayor que la iglesia. Por eso es bueno que se extienda y actúe, que ayude a los hombres a curarse y vivir, de un modo poderoso. No es Jesús quien se pone al servicio de la iglesia sino al contrario, es la iglesia la que debe ponerse al servicio del Nombre de Jesús, es decir, de su acción liberadora.
En ese sentido podríamos afirmar que la acción liberadora (exorcismo en Nombre de Jesús) es más importante que la Iglesia establecida. Quien actúa de esa forma, apelando a Jesús y realizando en su Nombre un acto poderoso (esto es, liberador), no podrá después rechazarle o condenarle. Sobre las obras de Jesús (sobre su acción liberadora) y no sobre palabras de identidad y poder grupal se decide el evangelio. Confesar a Jesús significa seguir realizando su acción al servicio de los oprimidos[9].
--Razón 2ª: Pues quien no esté contra nosotros estará a nuestro favor (hyper êmôn) (9, 40). Jesús acaba de aceptar la obra del exorcista “no comunitario”, pero después, de forma sorprendente, se vincula a la comunidad o grupo de Juan (es decir, a los que se han opuesto al exorcista ajeno), integrándose con ellos, al decirle a ellos (a los de Juan) “quien no está contra nosotros…”.
El Jesús de Marcos se encuentra, según eso, en ambos lados: está con el exorcista no comunitario (a quien defiende); pero también está con la iglesia zebedea (de Juan), con la que se identifica, diciendo con ella “nosotros”. Este descentramiento (está con el de fuera) y recentramiento (está con los zebedeos) de Jesús forma un elemento esencial del evangelio, que rompe fronteras, sin negar la identidad interna del grupo al que corrige, para que sea capaz de aceptar a los de fuera.
Reformulación del Q. La tradición que está en el fondo del documento Q (Lc 13, 23 y Mt 12, 30) ha formulado este dicho de una forma negativa, y en línea de exclusión (quien no está conmigo está contra mí, quien no recoge conmigo desparrama), y lo ha situado en el ambiro de la disputa de Jesús con los fariseos (o con otros judíos) que le acusan de aliarse a Belcebú, es decir, de actuar como delegado de Satanás, expulsando a unos “pobres” demonios (curando a unos pocos endemoniados, de segunda categoría) para someter mejor a todos los restantes judíos, destruyendo de esa forma al pueblo entero (es decir, a los buenos israelitas). En un contexto semejante había situado Marcos el pecado contra el Espíritu Santo, tal como aparecía (3, 28).
Éste es un dicho polémico, en el que Jesús se defiende de aquellos que le acusan de ser un agente diabólico. En esa precisa situación, “no estar con Jesús” significa oponerse a su proyecto de liberación, rechazando su movimiento de ayuda a los pobres y excluidos. Esa formulación negativa y polémica (excluyente) de este dicho sólo recibe su sentido en el trasfondo concreto en el que Jesús identifica su suerte con la suerte de los posesos y excluidos.
Entendido así, este dicho resulta profundamente evangélico: Aquel que se opone a la acción liberadora de Jesús, rechazando de esa forma a los pobres y posesos a quienes él ha querido ofrecer su ayuda, se opone de hecho a Jesús. Según eso, este dicho intenta precisamente “defender” a los pobres y excluidos, pues, “no estar con Jesús” significa oponerse a su acción liberadora (esto es, oponerse a la liberación de los posesos ye excluidos de la sociedad).
De todas formas, sacado de su contexto y tomado en absoluto (o identificando a Jesús con un “sistema religioso”, centrado en sí mismo), este dicho (“quien no está conmigo está en contra de mí”) puede presentarse como signo de una actitud intolerante y cerrada, hasta el punto de convertir movimiento de Jesús en una secta. Pero, en principio, este dicho no ha querido tener ni ha tenido ese sentido de intolerancia y expulsión, sino que ha servido como medio para proteger o defender a los excluidos o expulsados (posesos) con los que se ha identificado Jesús.
Según eso, bien interpretados, los dos dichos (el más abierto de Marcos, y el más excluyente del Q) no se oponen, sino que tienen en el fondo un mismo sentido, aunque lo expresan de formas distintas. Desde ese fondo se entienden los textos de Lucas y Mateo.
[1]No es que la iglesia zebedea pretenda el monopolio absoluto de los exorcismos (es decir, de las obras buenas que se hacen a favor de los demás), ni que ella quiera imponer un control moral sobre todos los campos de la vida (en contra de lo que dirá el Jesús de Marcos). Juan no puede impedir que existan otros exorcistas. No tiene el poder político para obligarse a comportarse de una forma determinada. Pero quiere que no apelen al nombre de Jesús, pues ese nombre le parece de su propiedad. A su juicio, sólo aquellos que les siguen a ellos (a Juan y a su grupo) tienen derecho a fundarse en el Nombre de Jesús.
La palabra de Juan Zebedeo (se lo hemos impedido) parece reflejar un lenguaje legal, que encontramos también en Hech 8, 36, en un contexto bautismal: ti kôlyei (qué es lo que impide…), como ha destacado O. Cullmann, Spuren einer alten Taufformel im Neuen Testament (1937), en Vorträge und Aursätze (1925-1962), Mohr, Tübingen 1966, 524-531, que ha situado la fórmula impedir-no impedir (con kôliein) en la praxis bautismal de la iglesia antigua. Pues bien, en nuestro texto esa fórmula se aplica más bien en un contexto de exorcismos.
[2]Es evidente que muchos seguirían hoy dando la razón a Juan. Ellos quieren que la Iglesia tenga una identidad social, de manera que se pueda saber bien quiénes forman parte del grupo, siguiendo a sus jefes. Por eso pretenden “apoderarse” del Nombre de Jesús, es decir, de su tarea. Más que una ortodoxia en el sentido posterior (una única doctrina), ellos quieren una ortopraxia, una práctica de poder centralizado, liderada por ellos mismos. Parece evidente que Juan (vinculado a su hermano Jacob y a Roca, que son los tres preferidos, y a los Doce) ha empezado a crear una Iglesia que intenta conseguir la exclusiva de Jesús.
Al conservar este pasaje, el evangelio de Marcos nos permite vislumbrar por un momento los conflictos de competencia entre grupos eclesiales. Hemos visto ya una discusión con los familiares (3, 21.31-35) que querían el control sobre Jesús y se oponían a sus exorcismos (a su forma de abrirse a los impuros, rompiendo la unidad sagrada de Israel). Ahora el problema lo plantean los celosos zebedeos que pretenden crear una nueva identidad social cristiana, apelando precisamente a los exorcismos, que deben ser la nota más significativa del grupo
[3] Cf. M. Hull, Hellenistic Magic and the Synoptic Tradition, SBT 28, London 1974; H. C. Kee, Medicina, milagro y magia en tiempos del NT, Almendro, Córdoba 1992; M. Smith, Jesús el mago, M. Roca, Barcelona 1988.
[4] Cf. E. Käsemann, La llamada de la libertad, Sígueme, Salamanca 1974, 72.
[5] La tradición vincula a Roca y Juan como líderes de la primera iglesia (cf. Hech 3-8). Mc 8, 33 y 9, 38, ellos aparecen unidos en un contexto de búsqueda de poder y control eclesial. Cf. Donahue, Are You the Christ?; D. Kingsbury, Conflicto; R. F. Corrin, John, ABD 3, 883-886.
[6] Los exorcismos de Jesús abrían un espacio de libertad, y así lo sabe el exorcista no comunitario, realizando aquello que él había encargado a sus discípulos (cf. 3, 15; 6, 7.13). Ciertamente, Jesús había llamado a unos discípulos especiales (a los Doce, entre los que se encuentra Juan) para que le acompañaran en el camino mesiánico, al servicio del Reino, y no de su propio grupo (cf. 1, 18; 2, 14-15; 3, 7; 8, 34; 10, 21; 15, 41 etc.). Pues bien, lo que Juan y los suyos pretenden ahora no es que los exorcistas expandan el Reino, sino que les sigan a ellos, que aparecen así como “controladores” de la obra de Jesús. Por eso se oponen a este exorcista que actúa en nombre de Jesús (al servicio del Reino), pero no les sigue a ellos. Así intentan monopolizar la acción y nombre de Jesús, retomando de esa forma el argumento de los escribas de de Jerusalén (cf. 3, 21-30), quienes pensaban que los exorcismos sólo eran positivos si se ponen al servicio de su propia “ley” comunitaria (no de la curación de los posesos).
[7] Este pasaje nos sitúa ante el primer riesgo de imposición eclesial: los cristianos zebedeos han empezado a emplear violencia, para introducir en su grupo a los demás o acallarles, en nombre de Jesús. Pues bien, en virtud de la misma dinámica evangélica, el Jesús de Marcos se lo ha impedido, diciendo que su iglesia no es monopolio de algunos, sino grupo de gratuidad, no exclusivo (no celoso ni envidioso), al servicio de los endemoniados y expulsados de la sociedad. El exorcismo es un "sacramento" difícilmente controlable en clave de institución, tanto en plano judío (3, 21-30), como en plano eclesial (9, 38-40), de manera que puede aparecer y aparece como amenaza para quienes quieren crear un grupo de "control" (sean judíos, paganos o cristianos).
[8] Sobre el espacio en que se mueve la "iglesia" de Marcos, cf. Kee, Community; Mack, Myth. Hay aportaciones valiosas en Ch. M. Tuckett, Q and the history of Early Christianity, Clark, Edinburgh 1996, 355-450). En este contexto, cf. también R. Bauckham, For Whom Were Gospels Written?, en Id. (ed.), The Gospels for All Christians: Rethinking the Gospel Audiences, Eerdmans, Grand Rapids 1997, 9-49.
[9] Esta escena reelabora quizá (y matiza) el tema de fondo de un texto etiológico antiguo, de Eldad y Medad, ancianos de Israel, que reciben el Espíritu y profetizan, sin formar parte del grupo oficial de Moisés, indicando así la existencia de un verdadero judaísmo fuera del judaísmo oficial (cf. Núm 11, 16-17.24-29). También Mc 9, 38-41 tiene un carácter etiológico: ha sido creado por la tradición pascual o por Marcos (quizá sobre un fondo histórico del tiempo de Jesús o, más probablemente, del principio de la Iglesia) para romper el monopolio de los zebedeos y su grupo en esa Iglesia.
