Hazte socio/a
Última hora:
El Papa mantiene su viaje a Uruguay, Argentina y Perú

Entre Dios y prójimo, Jesús elige prójimo (Mt 5, 23; Lc 12, 25-37 etc etc.)

   Ayer expuse el tema de los dos amores: a Dios y al prójimo. Hoy sigo mostrando que entre los dos amores a Jesús le importa más es el amor al prójimo, como empecé a contar ayer.

Hoy desarrollo ese motivo sorprendente. Para amar a Dios hay otras religiones mejores” (Judaísmo, Islam, algunas formas de hinduismo…). Para amar al prójimo está el cristianismo, como indicaré presentando el tema de Mt 5, 23, con una ampliación posterior de tipo bíblico. La prioridad del cristianismo es el amor al prójimo, a todo prójimo, cercano o lejano, antes que al mismo Dios. Ante el prójimo necesitado no hay Dios que más valga.

TEXTO BÁSICOMt 5, 23-24:

Si llevas tu ofrenda ante el altar y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja allí tu ofrenda, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; y entonces, volviendo, presenta tu ofrenda.  

   Jesús retoma así un tema universal de la profecía israelita, que se expresa de forma intensa en Is 1, 10-20 o Jer 7, 1-15, cuando afirman que la verdadera ofrenda es la justicia interhumana. justicia y amor para todos, no sólo para los israelitas, ni siquiera para Dios Más que el posible don a Dios (a quien nunca podemos “comprar” con nuestras ofendas) importa el perdón interhumano. Jesús no critica de un modo directo las oraciones, ni las ofrendas a Dios, ni critica el culto como forma de amar a Dios,   pero lo subordina a la justicia y al amor al prójimo. Cualquier prójimo que tiene algo contra tí es más importante que Dios. Piénsalo bien: No se trata de que tú tengas algo contra tu prójimo. El evangelio lo dice así, en griego. Y recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti.μνησθῇς ὅτι ὁ ἀδελφός σου ἔχει τι κατὰ σοῦ, 

Si tu hermano tiene algo contra ti… No es tú tienes algo contra tu hermano, sino si algún hermano tuyo, cristiano o no, de tu nación o de otra tiene algo contra ti. No pienses en ti, piensa en los otros y mira si debes algo a alguien, si alguien sufre por ti (por tu prepotencia, por tu forma de entender la vida. Cualquiera, de cualquier nación o raza… Que nadie sufra por ti, que nadie tenga hambre por ti. Piensa en todos, absolutamente en todos… Deja tu oración en el camino, deja tu posible bondad o regalo ante el altar, no sigas, no vayas a darle algo a Dios en esas circunstancias, ni a misa, ni al rosario….

Tu hermano es antes que Dios, tu hermano es Dios para ti. No se trata de que tú en persona, le hayas hecho algo malo…, sino simplemente que sufra que tenga hambre,  que esté al borde del camino porque no le ayudas, como dice Mt 25, 31, 46, porque no te paras con tu burro para ayudarle, como en el caso del buen samaritano de Lc 10. El sacerdote y el levita seguían la doctrina de la “prioridad de Dios y de su culto·, no tenían tiempo para el hermano. Por el contrario, el samaritano seguía la enseñanza de Jesús: Entre Dios y el prójimo, la prioridad es del prójimo. Así lo he explicado en mi Comentario de Marcos.  hermanos creyentes tendrán que seguir reconciliándose con el prójimo mientras esperan la revelación plena de Dios. En este plano, el amor al prójimo está antes que el amor a Dios, como dirá en otro contexto el mismo Pablo (cf. Rom 13, 9).

DESARROLLO TEOLÓGICO. PRIORIDAD DEL AMOR AL PRÓJIMO

Jesús no ha centrado su mensaje en el amor a Dios, sino que ha insistido en el prójimo, como muestra el sermón de la montaña, sus curaciones y su muerte. Por eso, no ha creado una escuela de oración mística, sino un grupo de seguidores expertos en curaciones y exorcismos No le han matada por su forma de entender a Dios en sí, sino por su manera de poner en marcha un camino de transformación de la vida humana como amor de unos a otros, superando la guerra militar y religiosa del imperio y del templo.

Jesús insiste   más en el bien de los hombres que en la gloria de Dios. En contra de eso, muchos cristiano han insistido más en la gloria de Dios que en el bien de los hombres, aunque algunos Padres de la iglesia dijeran que la gloria de Dios se identifica con el bien de los hombres. Al principio (en el NT y en los dos primeros siglos de la Iglesia el amor al prójimo importaba más que el culto de Dios, conforme al dicho de Jesús: El Sábado se ha hecho pare el hombre, no el hombre para el sábado (Mc 2, 27). No existe el hombre para bien de Dios, sino Dios para bien de los hombres

 1. Los cuatro primeros concilios (Nicea 325; Constantinopla 381; Éfeso 431; Calcedonia 451) “definieron” la esencia divina de Jesús, no su humanidad, de manera que, interpretados de un modo “trascendente”, han tendido a crear un cristianismo de divinidad de Jesús y del Espíritu Santo (iglesia) más que de la humanidad del hombre en/según Jesús, conforme al NT. La aportación de esos cuatro concilios sigue siendo fundamental, no podemos volver atrás y negarlos, pero tampoco podemos cerrarnos en ellos, como si sólo importara la divinidad (consubstancialidad divina de Jesús) y no su humanidad mesiánica, su camino de paz, esto es, la obra de su salvación.

2. La reforma protestante y católica del siglo XVI no supuso un retorno a los orígenes del evangelio, como amor al prójimo, según los sinópticos (amor mutuo y comunión eclesial, amaos unos a otros: Rom 13; 1 Jn 4), sino un intento de “purificar” la fe en Dios más que el amor entre los hombres (Lutero), de manera que el lema cristiano fue AMGD (a mayor gloria de Dios Ignacio de Loyola) y no AMGH (a mayor gloria de los hombres, según el adagio de Ireneo de Lyón: Gloria dei vivens homo, la gloria de Dios es que los hombres vivan). Desde ese fondo se ha podido formular la misión cristiana de la modernidad, católica y protestante, empeñada en extender sobre el mundo la gloria del un Dios desligado del amor y paz entre los hombres.

      No quiero rechazar los cuatros primeros concilios, ni el cristianismo de la modernidad, desde el siglo XVI al XX, con un Dios absoluto de poder, por encima de los hombres, Pero quiero insistir en el hecho de que Dios no ha creado a los hombres para que le amemos a él (y así le sirvamos), sino para que nos sirvamos y amemos unos a los otros, como él nos ha servido y amado, de manera que nos convirtamos (cf. meta-noia, Mc 1, 14-15), nos amemos y resucitemos, unos en otros, conforme al programa de Pablo en Rom 13, 8-19 y a la interpretación del amor a Dios en forma de amor al prójimo, como proponen los evangelios, Santiago y Rom 13, 8-9.

     Así lo ha entendido y formulado el NT en su conjunto, como recuerdan sus tradiciones más importantes, partiendo de Mc 12, 28-35, donde se plantea el tema de los dos amores (a Dios y al prójimo), como inseparables y de la misma importancia). El tema está en ver cómo se vinculan, desde dónde se unifican, cual es el punto de partida y principio de esos dos amores, de Dios y del prójimo, como camino de paz en la línea de Zacarías (Lc 1, 79). Los restantes “dogmas” vienen después, pueden tomarse como derivados, como muestran Lucas y Mateo, cuando interpretan el texto base de Mc 12, 28-35.

- Lc 10, 25-37. Buen Samaritano (servicio al prójimo, sin citar a Dios). El doble mandamiento de amar a Dios y al prójimo se centra y cumple en el amor al prójimo, sin que se hable de un Dios explícito, ni judío, ni cristiano, como indica la parábola añadida del buen samaritano. El escriba, que ha escuchado el mandato de los dos amores” da por supuesto que entiende el sentido del “amor a Dios”, y que en ese campo no hay problemas, ni entre judíos, gentiles o cristianos. Lo discutido es el amor al prójimo, centrado en el hombre necesitado (herido, abandonado en el camino) y por otro en el samaritano, que le ayuda por encima de las restantes diferencias o problemas. Éste debería haber sido el tema de fondo de los dogmas que van de Nicea (325) a Calcedonia (451), que deberían haberse centrado en el amor al prójimo, con la superación de las guerras y bandidajes sociales que arrojan a una multitud de heridos al margen del camino de la vida mientras pasan a su lado, sin fijarse ni ayudarles, los levitas y sacerdotes de las religiones o sistemas sociales de la tierra, muy interesados quizá en el amor abstracto a Dios.

- Mt, 25, 31-46. Tuve hambre, estuve encarcelado… (servicio al hombre, no a Dios). El amor a Dios y al Cristo se cumple en el amor a los necesitados (hambrientos, emigrantes, desnudos, enfermos, encarcelados. A diferencia de Lucas, el evangelio de Mateo cita sin añadido del Buen Samaritano el motivo de los dos amores de Mc 12 (cf. Mt 22, 35-46), pero incluye después, como expansión, interpretación y comentario. el la parábola/enseñanza de Mt, 25, 31-46, donde Dios está al fondo en figura de Padre (como dice Jesús: Venid, benditos de mi padre (Mt 25, 34).

     Según este pasaje, el tema de fondo del cristianismo no es amar a Dios, sino al prójimo, es decir, a los necesitados, como hermanos/presencia del Hijo de Hombre que es Cristo: Hambrientos, sedientos, extranjeros, desnudos, enfermos y encarcelados… Estos son los derrotados de todas las guerras, heridos, condenados, desde los hambrientos a los encarcelados. El texto clave sobre la paz (Mt 25, 31-46) no habla de amar directamente a Dios,, sino al prójimo necesitado (hambriento, extranjero, enfermo… como presencia de Dioa.

- Sant 1, 25-26. Esta es la piedad o religión ante Dios Padre: Cuidar a los huérfanos y a viudas en su aflicción, y guardarse sin mancha del mundo (ἐπισκέπτεσθαι ὀρφανοὺς καὶ χήρας, ἄσπιλον ἑαυτὸν τηρεῖν ἀπὸ τοῦ κόσμου). La verdadera religión (θρησκεία ) no es amar a Dios en si (separado), ni confesar la divinidad de Jesús, ni crear una iglesia sagrada y separada, sino visitar/cuidar a los necesitados del mundo (cristianos o no, judíos o gentiles), representados por los huérfanos y viudas La religión no se identifica con un tipo de iglesia poderosa, ni con un culto a Dios en sí, sino con el cuidado (ἐπισκέπτεσθαι) a los necesitados de la vida, que son ante todo, huérfanos y viudas, conforme a una intensa tradición judía). Estos “prójimos necesitados” son los heridos del borde del camino (Lucas), los hermanos menores de Jesús (Mateo)[1].

-Discípulo amado. En una línea convergente se sitúa la tradición del discípulo amado, llena de amor de Dios, pero no se pide a los cristianos que amen a Dios (como el shema de Israel: Dt 6, 5), sino que se amen entre sí, como Cristo les ha amado. Éste es el mandamiento nuevo (ἐντολὴν καινὴν: Jn 13, 34), que equivale al nuevo testamento de Jesús: Que os améis unos a otros como ama Cristo (ἵνα ἀγαπᾶτε ἀλλήλους). El mandamiento cristiano no es amar a Dios sobre todo, sino amarno unos a otros nosotros, como establece el canto al amor 1 Jn 4, 7-21: “Amémonos amados, porque el amor viene de Dios… porque Dios es amor (ὅτι ὁ Θεὸς ἀγάπη ἐστίν). Desde ese fondo, al final del evangelio (Jn 21), Jesús pide a Pedro que le ame a él, para así amar como él a sus “ovejas”, es decir a los cristianos. Que los hombres se amen, eso es Dios. El problema no es discutir teóricamente cómo es Dios, sino amar prácticamente como el Dios de Jesucristo.

Culmina así este programa universal de paz, quizá el más importante de los que han sido formulados a partir del “tiempo eje” (V-II a.C), tanto en el budismo como en el cristianismo, de manera que puede tomarse como inspiración y programa de paz para la humanidad futura. Pablo insisten en el amor al prójimo, en la línea de Lev 19, 18 (amarás a tu prójimo como a ti mismo y no en el principio teologal del shema (amarás al Señor con todo tu corazón: Dt 6, 4-5).

1.   Dios no ha creado a los hombres para que le amen a él, sino para que se amen entre sí (que crezcan y se multipliquen. Gen 1). Por eso, los cristianos pueden proponer el amor a Dios como punto de partida, pero no imponerlo como supuesto universal de todo amor. Por eso, la invitación de Lev 19, 18 (asumida por Pablo en Rom 13, 9, cf. Mc 12, 31) no pide que amemos al prójimo como a Dios, sino que nos amemos a nosotros mismos, y amemos también de esa manera al prójimo.

2 El amor a otros es inseparable del amor a uno mismos: Cada uno ama a los demás porque ha empezado a ser amado por ellos, de forma que el amor que uno varones y mujeres se tienen a sí mismos, es consecuencia del amor que han recibido y, de un modo consecuente, el amor que tienen a otros es despliegue y expresión del que se tienen a sí mismos, porque en amor han nacido y son y, de esa forma, en forma de consecuencia pueden amar a los otros. Por eso, el Levítico (libro sacerdotal) vincula el amor a los demás (al prójimo) con el amor que cada uno se tiene a sí mismo dentro de una familia, grupo, o pueblo que se define como experiencia de amor compartido.

3. Este amor al prójimo forma parte de un amor dirigido a la humanidad en su conjunto, a modo de comunión o cuerpo de amor, como ha puesto de relieve Pablo (especialmente en Rom 13, 8-9, superando de esa forma una posible interpretación particular de Lev 19, 18, donde el prójimo podía reducirse al hermano israelita según ley. Toda la misión de Pablo, su experiencia radical de Cristo se concentra en esta apertura universal del amor al prójimo, superando las fronteras del amor intra-israelita como sabe (Gal 3, 28) y como ratifica Hch 17, 28-31.

[1] Este dicho de los huérfanos-viudas que han de ser asistidos/acogidos/amados recoge y resume la tradición fundamental de los huérfanos-viudas-extranjeros del AT, representada tanto por el Pentateuco como por los profetas y Job, como he puesto de relieve en Dios judío, Dios cristiano, Verbo Divino, Estella 1996.

Viernes Santo 2024. El proceso de Jesús: Por envidia, poder y dinero

También te puede interesar

Lo último