Dios samaritano, el prójimo es tu Dios
Dios preguntó a Caín: ¿Dónde está tu hermano (Gen 4). Caín le había matado. El escriba preguntó a Jesús: ¿Quién es mi prójimo, quién es mi Dios? (Lc 10). Jesús respondió: Dios es tu prójimo necesitado de amor y cuidado
Ministros, político y oligarcas de muchos países se hacen estos días la pregunta del escriba, por temas y tramas de petróleo y de oligarquía (=poder de los enanos malos, ignorantes y ciegos). Jesús les responde con ala parábola del Dios Samaritano: El tema no es quién es mi prójimo, sino cómo me hago prójimo de los robados, heridos y arrojados en la cuneta de camino de la vica.
Los ministrosde muchos países ricos de Europa y del mundo prefieren que se mueran del todo los caídos, que se pudran para siempre al borde de cientos de fronteras y caminos, para que no estorben más. Por eso ellos quieren poner cepos y aparatos para que no pasen los caídos del camino, para que no actúen los samaritanos...
Jesús dice que hay un Dios samaritano (un samaritano-Dios) que acoge, ayuda y cura a los caídos del borde, para que sigan viviendo, cruzando fronteras, abriendo senderos de humanidad, porque éstees siempre un Dios extraño (de ínsulas extrañas), el más cercano.
Este Dios samaritano no es el Señor del templo de Jerusalén, ni Señor Supremo del oráculo sagrado de Roma, ni pitoniso de Delfos, o el del Kremlin y el Pentágono…Ése es un Dios distinto, que viene del otro lado de la humanidad que aún siente, tiene misericordia y se hace nuestro próximo, es decir, nuestro prójimo. Buen fin semana domingo, buen próximo domingo en el que quiero recordar Buen Samaritano.
Lc 10, 25-37
El escriba de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»
Jesús dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él, y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó.
Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: «Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.» ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?» Él contestó: «El que practicó la humanidad con él.»Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo.»
Septenario del Dios Samaritano
1. El Dios Samaritano (=de la Parábola del Buen Samaritano) ha sido objeto de un largo estudio en la tradición teológica de los Padres de la Iglesia, que identifican al Samaritano con Jesús, Hijo de Dios, revelación del Padre, que «desciendo» (se encarna) para realizar su obra salvadora (como se ha dicho desde San Agustín).
A ese Dios-Jesús (Samaritano) quieren matarle los “buenos”,como quisieron matar a Jesús acusándole de ser un samaritano (Jn 8, 52: ¡Eres un samaritano, tienes un demonio!). Por eso es bueno pensar hoy los próximos días en la “suerte” del Dios Samaritano, que no cesa de inquietarnos, a pesar de los muros y vallas que ponemos para que no pase y se avecine entre nosotros.
2. Este Dios Samaritano (es decir, que terminará siempre prójimo, siempre, fuera de los templos del poder, ha creado un mundo complejo y difícil de explicar, en el que se dice todo es bueno (Gen 1), pero donde nacen como setas los bandidos, tras cualquier tipo de lluvia: Bandidos con diverso tipo de pedigrí o de RH, bandidos políticos, religiosos o simplemente cuatreros y ladrones de caminos.
No se sabe por qué el Dios Samaritano permite eso, pero debe ser por algo (¿por libertad, por caridad, para que nosotros asumamos su tarea?). Él está allí, permitiendo que sigan existiendo los bandidos, en un mundo en el que resulta distinguir a los buenos bandidos de los malos, como quiso hacer el evangelio de Lucas, aunque parece que con poco éxito (historia de Dimas y Gestas, Lc 23, 43).
3. El Dios Samaritano parece que va poco al templo. No se le encuentra en el santuario de Jerusalén, donde andan como Pedro por su casa sacerdotes y levitas. Se dice (decían los Padres de la Iglesia) que tampoco anda por las curias de Roma y Constantinopla, y ahora por las China y Rusia, USA, Teherán y Espala
Ciertamente, éste Dios samaritano tiene algo que ver con los templos y a veces va también por allí, pero no se queda demasiado tiempo, tiene ocupaciones en la calle de la vida, entre Jerusalén y Jericó, que es el mundo entero.
4. El Dios Samaritano va por los caminos de la vida (cuesta arriba, cuesta abajo), o por llanuras sin fin por las que vagan expulsados y enfermos del camino, hambrientos, extranjeros, desnudos, enfermos y encarcelados (Mt 25, 31-46). No hay “estrecho de mar” ni carrejo de carros de lucho de la vida humana por donde no pase; no hay crimen que él no sepa y quiera curar con su aceite y su vino. Este Dios Samaritano tiene un programa de tolerancia cero, para todo aquello que destruya al ser humano (por pederastia o bandidaje de navaja en la faca, o de guante blanco en el Banco),,,, un programa infinito de amor (toda deuda paga, toda llaga cura.. Sn Juan de la Cruz, Llama 2).
No, no es un pobretón, ni un ignorante. Tiene caballería, tiene aceite y vino, tiene algún dinero para las posadas, pues también en las posadas y tugurios de la baja vida anda Dios, como sabía santa Teresa de Jesús, aunque se dice que dormía poco en ellas.
5. Dicen que a este Dios Samaritano le preguntaron por cuestiones candentes, relacionados, por ejemplo, con el IPC, los aranceles de aduana y las comisiones de trampa y mascarilla…. y Jesús respondió diciendo que buscáramos el reino de Dios, que es el reino de los cojos, mancos, ciegos… de los migrantes sin arraigo… y que todo lo demás se nos dará por añadidura (Mateo el recaudador 6, 33). Jesús respondió: «¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?» (Lucas 12:13-14), Dios no me ha mandado para dirimir sacerdocios, como quería Caifás y Anán el Joven, ni para justificar estados de poder, sino para curar a los caídos y ladrones de todos los caminos.
6. El Dios Samaritano es un Dios Eficaz que, por alguna razón (Él sabrá) ha dejado que salgan al camino los bandidos, pero que siempre ha resuelto en el fondo los problemas. Sigue estando en la raíz de la vida, en los barrancos del camino, con su cabalgadura, en la que lleva una alcuza de aceite (elaion: remedio universal) y su bota de vino (oinon, aardúa: que es también remedio universal), como sabe Lc 10, 34). Por eso, si quieres saber si hay Dios sal al camino de la vida, ponte en contacto con los hombres y mujeres… vete a buscar a los caídos del camino… Habla don todos incluidos bandidos y posaderos..
Sí, es un Dios eficaz… Dicen que ministros de varios países ricos han puesto cepos más inteligentes para cazar a samaritanos malos (¡dicen que en nombre de Dios…!)… Ése es el problema de USA y Tel Aviv, de América, Asia etc. A los grandes (plutócrata) con falsa carta de democracia no tienen más casa que su camarilla, ni más dios que la Mamona que manda
7. El buen Dios Samaritano es Dios de Cabalgadura (en ella carga a todos los heridos…); es Dios de aceite, que es suavidad, que es alimento, que es medicina; es Dios de vino, que es alegría y es canto (dice una leyenda apócrifa que hasta llegar a la posada acabaron la bota Dios y el Herido, y cantaron junto…). Es quizá un Dios de guitarra, que conoce los mesones del camino donde para la gente…
Este Dios samaritano es testarudo y sigue. Se hundirán en los estrechos los barcos más ricos, morirá la luz de aquellos que no quieren alumbrar en el camino a los que vagan sin rumbo…… Pero el Dios Samaritano seguirá empeñado en recorrer caminos, abriendo senderes de vida, porque su amor es más fuerte que la maldad de todos perversos de la tierra.
UN ALUMNO ME MANDÓ UN DÍA UN TRABAJO SOBRE EL DIOS SAMARITANO QUE EMPEZABA ASÍ
La tesis que plantea el siguiente artículo es que Jesús buscab humanizar el judaísmo y la sociedad de su época. Todo el desarrollo de la trama está centrado en el ser humano y en el cuidado del otro como un fin en sí mismo. La salvación es, en primer lugar, (no el único) un camino de humanización. Por ello en ningún momento se nombra (explícitamente) a Dios, ni a la religión como un imperativo, sino a unas relaciones humanas nuevas (Francisco: FratelliTutti).
La parábola y su contexto no tiene como primer objetivo ser una parénesis a la solidaridad. Esta realiza una crítica profunda a las estructuras de la religión judía oficial, algunas de las cuales terminaron convirtiéndose en un fin en sí mismas, y no en una comunidad al servicio del ser humano. Jesús contrapone la religión rigorista a la religión de la misericordia, integrando la Ley en esta y no viceversa. La propuesta de la parábola es humanizar la humanidad.
ÉSTE ES EL CREDO CRISTIANO Y SÓLO TIENE UN ARTÍCULO. DIOS ES MI PRÓJIMO
El “credo” bíblico incluye dos mandamientos (amar a Dios y amar al prójimo), ninguno de doctrina (un tipo de dogmas teológico), ni de prácticas sagradas (ir a mira o celebrar determinadas ceremonias). Este doble mandamiento recoge la experiencia más profunda de la teología israelita, que se funda en el Shema, que trata del amor a Dios, es decir, al principio de la vida (a partir de Dt 6, 4-9; cf. también Dt 11, 13-21 y Num 15, 37-41) y se amplía en la llamada al amor al prójimo, (tomada de Lev 19, 10). Así empieza el texto:
En aquel tiempo, se presentó un Maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella? "Él contestó: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo. Él le dijo: Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida (Lc 10, 29‒29)
Teóricamente parece más fácil creer en la Trinidad y otros 'dogmas' cristianos, judíos o musulmanes, pues lo que ellos piden puede aceptarse básicamente, sin cambiar la vida de los fieles. Pero, de hecho, este mandato de amor al prójimo, unido al del amor de Dios, es más exigente y define toda la vida y acción de los fieles. Este es un credo de racionalidad comunicativa y supone que los hombres pueden y deben comunicarse, pues se encuentran fundados en una Gracia antecedente de Amor que es Dios, a quien conciben como principio de toda unión de amor. Este es un credo de comunión inter-humana: el creyente encuentra a Dios como Amor en las raíces de su vida (en su corazón y en su mente), descubriendo que puede y debe amar a los demás como 'otro yo', aceptarles como diferentes.
El tema es el sentido del prójimo
Hay una tendencia a entender el prójimo en línea de grupo nacional, familiar, social, distinguiendo así los de “cerca” (los nuestros) y los otros. Prójimo sería ante todo el cercano, aquel que forma parte de mi grupo social y religioso, del buen sistema. Con él me debo vincular, a él he de amar de modo peculiar, al menos mientras dura el tiempo de prueba y división de nuestra historia. De esa forma, el shemá (escucha...) puede encerrar a quien lo afirma en los muros de un grupo (Israel), de manera que el amor a Dios confirme y ratifique la identidad de los elegidos de la alianza (los judíos). El amor se interpreta así en sentido restrictivo y se aplica conforme al talión: "Habéis oído que se ha dicho: amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo" (Mt 5, 43). Prójimo es el hermano israelita: es 'como yo', es de mi pueblo.
Entendido así, el mandato del amor ratifica la propia distinción y justicia de los “buenos· construyendo una muralla en torno a Israel (a la propia nación, al sistema propio). En esa línea se puede hablar de un amor de sistema: de hermanos a hermanos, de buenos a buenos, dentro del “buen Estado” o del buen grupo, conforme a una circularidad sagrada o conveniencia de conjunto. Ese amor vale para triunfar y puede interpretarse como inversión económica (amar para que te amen, dar para que te den, como un en banco: cf. Mt 5, 43-48 par; Lc 14, 7-14) y calcularse según ley, pero deja fuera de su círculo a los otros, los caídos a la vera del camino, como el que bajaba de Jerusalén a Jericó (cf. Lc 10, 30) y los hambrientos, exilados, enfermos y encarcelados de Mt 25, 31-46, que no caben en el buen sistema.
Un amor abierto a los distintos.
Jesús ha expandido el alcance de prójimo, abriéndolo a todos los hombres y mujeres y de un modo especial a los excluidos de la 'alianza pura': publicanos y pecadores, enfermos y excluidos. En esa línea sigue el texto: "Yo, en cambio, os digo: amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial que hace brillar el sol sobre malos y buenos..."(Mt 5, 45 par). Sólo es universal el amor ofrecido al enemigo, es decir, al otro, al que está fuera de mi círculo, favoreciendo así, de un modo gratuito y desinteresado, a los expulsados del propio pueblo, iglesia o conjunto social.
Esta es la interpretación mesiánica del shemá: ha llegado el tiempo. Jesús y sus seguidores aman y ayudan en concreto a los expulsados, superando así la amistad o solidaridad de grupo. Amar a los demás 'como a uno mismo' supone buscar el bien de ellos, en cuanto distintos, con su propia identidad individual o de grupo (como musulmanes o paganos...), no para obligarles a ser como yo, integrarles en mi grupo. Este amor rompe todo sistema de ley, todo sistema de “ortodoxia cerrada”. Por eso, el cristiano es un israelita que traduce la experiencia del amor de Dios como amor a los impuros, que parecen y son un peligro para el sistema. La confesión cristiana supera la identidad anterior de la Ley y los grupos de sacralidad cerrada, desde una experiencia superior de gratuidad, que es fuente de comunión entre todos los hombres.
TEOLOGÍA ACTIVA, EN LA LÍNEA DE LOS PADRES DE LA IGLESIA COMO SAN JUAN CRISÓSTOMO
Da la impresión de que los buenos escribas saben quién es Dios y el modo de amarle rectamente, pero no saben quién es el prójimo y amarle. La respuesta de Jesús introduce aquí la revolución cristiana de Dios, con la parábola del buen samaritano, que da un sentido nuevo a todo lo anterior; quien entienda esa parábola y la pone en práctica entiendea Dios: Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?Jesús responde contando una parábola:
"Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto.
El sacerdote y el levita no se hacen prójimos, quizá por su misma identidad sagrada: son funcionarios de un templo, representantes de una sanidad y sacralidad organizada en torno al santuario de Israel, con sus sacrificios. No se les puede echar nada en cara, van a lo suyo, tienen sus prioridades, para eso han sido “ordenados” Por el contrario, el samaritano no está “maleado” por ninguna religiosidad sagrada de tipo grupal, de manera que puede hacerse prójimo concreto del hombre que está necesitado.
Pero el herido sigue al borde del camino, en patera o en frontera, en barrio marginal o en selva saqueada por los ricos. Esta parábola de Jesús nos sitúa ante esos heridos concretos, por encima de un tipo de razón clasista e impositiva que actúa por talión o ley y quiere que amemos sólo a los demás en cuanto sirven o valen para nuestros intereses. Este Jesús de la parábola (un Jesús samaritano) afirma de hecho que cada prójimo es presencia de Dios y fuente de identidad para el creyente.
Ves al herido, ves a Dios, decía Crisóstomo (siglo IV d.C.), quizá el teólogo social más importante de la iglesia (sobre Crisóstomo cf. Pikaza, Diccionario Pensadores cristiano 473-474 patrística)
Éste es el Jesús que se ha hecho prójimo de enfermos, expulsados, condenados.
Hay un tipo de amor al prójimo que no es amor samaritano. Es un amor que vale para mantener los propios privilegios, nuestra estructural social, económica o religiosa, un amor que puede interpretarse como inversión económica (amar para que te amen, dar para que te den, como un en banco: cf. Mt 5, 43-48 par; Lc 14, 7-14).
Éste es un amor que puede calcularse según ley, pero deja fuera de su círculo a los otros, los caídos a la vera del camino, como el que bajaba de Jerusalén a Jericó (cf. Lc 10, 30) y los hambrientos, exilados, enfermos y encarcelados de Mt 25, 31-46, que no caben en el buen sistema.
Pero, en contra de eso, el samaritano de Jesús expresa la importancia y la exigencia del amor sobre el sistema.En contra de una iglesia no samaritana. Hay un tipo de Iglesia y de política y economía social que quiere cerrarse en su buen sistema de ley y de ortodoxia, diciendo a todos los que tienen que hacer, lo que tienen que ser, en la línea del levita y del sacerdote de Jerusalén. Es una Iglesia muy buena, pero deja poco lugar para “samaritanos auténticos”. Ciertamente, esa Iglesia admite y valora mucho a los “samaritanos controlados” dentro del buen sistema, pero tiene miedo de los samaritanos libres, que van por ahí, sin entrar después en su redil (con el samaritano de Jesús).
Excurso. El hombre desnudo
El sacerdote y el levita parecen estar más interesados en el “prepucio” del robado y herido que en su necesidad. El texto dice que miraron y vieron y dieron un rodeo… ¿Qué vieron ellos? ¿Qué miró y qué vio el samaritano?Hay que fijarse bien en las palabras. La parábola dice que los “bandidos” desnudaron y robaron al hombre del camino No se dice que tuviera cartera, pero tenía vestidos y podían ser buenos, porque probablemente venía del templo, de la fiesta religiosa. Le dejan desnudo, que significa aquí impotente…, sin posible defensa. En un sentido, todos los desnudos son iguales, sobre todo si están heridos, con sangre, de manera que no puede distinguirse al rey del mendigo, al millonario del pobre diablo de la calle. Nos hallamos ante un hombre desnudo sin más signos que su humanidad doliente…
Es un desnudo golpeado, de aquellos de quienes decía Jesús: “estuve desnudo y me vestisteis o no me vetasteis… (Mt 25, 31-46).
Pero aún los desnudos tienen ciertos signos, como saben los forenses: son blancos o negros, hombres o mujeres, con bala o sin bala… Este desnudo de la parábola tiene que ser un varón, porque es importante que tenga o no prepucio. El texto dice que le han desnudo y golpeado, sobre la carne viva, quizá por sadismo, quizá para que no pueda protestar y seguirle…Así le dejan, desnudo y medio muerto, probablemente al borde del camino. Le dejan semi-muerto, lo que significa que no se sabe si está muerto o no…, que hay que mirar bien para saberlo (acercarse, escuchar si respira, tomarle el pulso. Pero sigamos.
Bajaba por allí un sacerdote, iba por allí de igual modo un levita…
Se dice que el sacerdote “bajaba" (también katebainen) y lo mismo el levita. La precisión es muy importante. Si estuvieran subiendo tendrían quizá prisa para llegar al templo y, sobre todo, tenían que estar “puros” para hacer los sacrificios. Por eso tenían que “mirar al herido”. Si era un muerto con prepucio resultaba complicado ayudarle, porque era en principio impuro (no era judío, los judíos se conocían bien, mirándoles al prepucio). Si era un pagano (con prepucio) había que dejarle allí, pues manchaba (¡un prepucio es obsceno para algunos), no les dejaba rezar bien…El texto no dice lo que era, pero le deja allí desnudo, a la mirada de hombres de templo… Si el herido estaba de hecho muerto las cosas resultaban aún más complicadas, porque los muertos manchan a los sacerdotes (no les dejan celebrar con pureza…).
Un Dios de templo y levita no es prójimo
Muchos dicen que lo que importa es conocer a Dios, que llevemos al mundo la experiencia de Dios… más que la pura curación física. Eso está muy bien, pero hay casos como éste en los que “el Dios de sacerdotes y levitas” (¡Dios de templo!) no ayuda nada, sino todo lo contrario.
Hubiera sido mejor que levita y sacerdote no creyeran en Dios, ni tuvieran templo, sino que simplemente “se compadecieran”.Además hay otro detalle: Se dice que bajaban, es decir, que ya habían hecho los rezos; por eso, no tenían problema de marcharse por unas horas (pasada la noche podrían limpiarse ritualmente de nuevo…
Bajaban y, sin embargo, parece que iban “de oficio”, bien puestos… Tenían cosas de Dios de las que tratar, iban llenos de templo… Por eso (¡tenían mucho Dios, pero un Dios del malo!) dieron un rodeo ante el hombre herido, con prepucio o sin prepucio, muerto o vivo y se fueron con su Dios (pero sin humanidad)
El samaritano no subía ni bajaba (al menos no se dice), sino que iba por allí (odeuôn).No se dice su oficio (pastor o traficante, kohen del Garizim o curioso…). Ciertamente, era un hombre de valor, pues, siendo samaritano se atrevía a pasar por un camino cercano a Jerusalén (aunque no se dice que entrara). Era un hombre sin más prejuicios que la humanidad y mirando tuvo compasión… Esta palabra es la central, la que recoge todo el mensaje del Antiguo Testamento donde Dios se dice que Dios es “compasivo”, ser de entrañas… Pues bien, este samaritano es como Dios (esplagnisthê): simplemente, tiene compasión. Este samaritano conoce a Dios (actúa como Dios, con compasión) a diferencia del levita y del sacerdote, preocupados al parecer por prepucios.
Mirando… (idôn). Ésta es la palabra central.Sacerdote y levita también han mirado: de los dos se dice lo mismo (idôn)… Pero sólo el samaritano ha mirado bien y ha tenido compasión. También en este gesto el samaritano es “como Dios”, al que se define como aquel que mira a los heridos y oprimidos (Ex 3, 7-8). ¿Ha mirado el prepucio? ¡Lo más seguro que no le importaban los prepucios, las purezas judías, sagradas, de templo…! Le importaba el hombre…
¿Ha mirado por si estaba muerto? ¡Ciertamente! Ha mirado, ha tocado y ha visto que estaba vivo. Ha tocado, está es la palabra. Sacerdote y levita no podían “tocar” cuerpos con prepucio, para no mancharse, pues acababan de tocar los vasos sagrados… El samaritano, en cambio, toca… Trae aceite, que es buena medicina, y limpia y cura las heridas… Trae una cabalgadura, que es buena ayuda para caminantes, y monta al herido…
¿Le ha vestido? ¿Dónde le lleva? No se dice si el samaritano vistió al herido… aunque ahora ese detalle es secundario… De todas formas, parece seguro que le vistió, para ponerle en su cabalgadura (¿burro, caballo?), pero eso no importa… De esa manera, podemos decir que el herido va “vestido” con el amor de un hombre, con el amor que siendo amor es “gracia”. Desde ese fondo han hablado los teólogos del hombres herido y desnudo (spoliatus, vulneratus…) al que hay que vestir y acoger y curar…Nos gustaría pensar que le llevó al templo, para que le curen los sacerdotes. Pero no, no se dice. Quizá no era un buen sitio el templo, porque los sacerdotes podrían seguirle robando (el evangelio dice que el templo era una cueva de bandidos). El texto dice sólo que le montó en su mula o cabalgadura y que le llevó a un lugar donde podían acogerle y curarle. Quizá lo llevo a la posada de la esquina de los publicanos (que allí los había, como bien sabe Lucas: 19, 5-8). Simplemente le lleva a un lugar donde puedan curarla, sin tener en cuenta si tiene o no tiene prepucio, como a un hombre.
Un prodigio de parábola “sin Dios”, pues ni siquiera nombra a Dios
Dios es importante, es lo central, como saben muchos comentaristas de mi blog. Pero esta parábola es una parábola sin Dios, es decir, sin un Dios explícito. Es una parábola que va en contra de los profesionales de Dios (¿de aquellos? ¿de los de ahora?). Es un prodigio, no cita a Dios y sin embargo todo en ella es de Dios, todo es Dios. No cita a Dios, ni siquiera al final, para decirle al buen escriba (nomikos) que ha hecho las preguntas: “¡Vete con Dios"! Ni eso le dice. Lo que importa aquí es la “misericordia” (eleos) y el que hace misericordia ése es como Dios, ése es Dios en la tierra, aunque no hable de Dios y sea un samaritano, aunque eso significa (¡y significa!) que dejemos a un lado el tema de los buenos o malos prepucios, el tema de muchas impurezas legales. La única impureza es no tener misericordia.