Flp 2, 1-11. Esencia de Dios, que los hombres se quieran: Una vida, un amor (27.9.26; Dom 26 TO)
Suelo escoger el evangelio, pero este domingo el texto esencial es el de Flp 2, quizá el pasaje más significativo da la Biblia cristiana. Divido mi exposición en dos partes (a). Lectura personal de las dos secciones del texto (b) Reflexión teológica
LECTURA PERSONAL
El texto se divide en dos partes: (1). Que los hombres se amen. (2) Esencia de Dios. La parte principal, es la primera, que los hombres se puedan amar y se amen, esa es la esencia de Dios; pero esa parte se funda en la segunda, que Dios sea amor, regalo de vida en Cristo.
(1) Mensaje: Que los hombres se amen entre sí, en cuerpo y alma
Si tenéis algún consuelo (παράκλησις) en Cristo,
si tenéis algún estímulo de amor (παραμύθιον ἀγάπης),
comunión de espíritu (κοινωνία Πνεύματος),
alguna entraña y compasión (εἴ τις σπλάγχνα καὶ οἰκτιρμοί),
colmad mi gozo (πληρώσατέ μου τὴν χαρὰν),
pensad/haced lo mismo (tened una frónesis:τὸ αὐτὸ φρονῆτε),
teniendo (siendo) un mismo amor (τὴν αὐτὴν ἀγάπην), un alma (σύνψυχοι),
pensando/ haciendo una cosa (τὸ ἓν φρονοῦντες),
nada por rivalidad, nada por vanagloria, sino con humildad
considerando cada uno a los otros superiores (ἀλλήλους ἡγούμενοι ὑπερέχοντας ἑαυτῶν,)
no buscando cada uno lo suyo, sino cada uno lo de los otros (Flp 2, 1‒5)
(2) Fundamento del amor humano, Esencia de Dios. Kénosis de Cristo
(Jesucristo), siendo de condición de Dios (divina),
no quiso mantener por fuerza el hecho de ser igual a Dios.
Al contrario, se despojó/vació de sí mismo (ἑαυτὸν ἐκένωσεν),
tomando condición de siervo (μορφὴν δούλου λαβών) .
Hecho semejante a los hombres,
y mostrándose en su forma de ser como los hombres,
se humilló/empequeñeció sí mismo (ἐταπείνωσεν ἑαυτὸν)
haciéndose obediente (ὑπήκοος hasta la muerte y muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó en forma suprema
concediéndole el Nombre que está sobre todo nombre
(τὸ ὄνομα τὸ ὑπὲρ πᾶν ὄνομα,),
de forma que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble (en cielo, tierra y el abismo)
y toda lengua confiese: Jesús Cristo, es el Señor (Κyrios))
(para gloria de Dios Padre) (Flp 2, 6-11)[1].
COMENTARIO
Flp 2, 1‒11. Amor de iglesia, resurrección de Jesús
El mismo Dios de la zarza que revela a Moisés su Nombre (Yahvé: soy el que soy: Ex 3, 14), Dios Uno es amor sobre/en todas las cosas (Shema, Dt 5, 5-8), principio de amor para los hombres; así se revela como Cristo de comunión en la Iglesia, de manera que todos los creyentes podamos ser uno en frónesis (τὸ ἓν φρονοῦντες,, Flp 2, 3), formando en Dios y por Dios un cuerpo y un alma de manera que cada uno puede y debe amar a los otros como a sí mismo, formando con ellos un cuerpo, en amor de vida y alma en ellos. De esa manera se cumple en Cristo el mandato fundamental de Lev 19, 18: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lev 19, 17).
Por su muerte/resurrección, Jesús ha hecho posible el cumplimiento de ese “mandato” (amar al prójimo como a ti mismo), no en forma de imposición, sino de experiencia gratuita de comunión, viviendo y resucitando unos en otros y con otros.
Este pasaje (Flp 2, 1-11) vinculas los dos momentos fundamentales del amor de Cristo en forma eclesial (parte 1) y cristológica (parte 2), ofreciendo la primera confesión cristiana integral que conocemos en el Nuevo Testamento, principio y compendio de toda la teología de la iglesia. Consta, como he dicho, de dos partes, vinculadas entre sí:
- Parénesis, amaos unos a otros (Flp 2, 1-5). Es una exordio, una especie de exhortación temática, con dos palabras fundamentales que son paráclesisis (consuelo en Cristo ) y para-mithyion (estímulo de amor). Por su frónesis (forma de pensar/actuar) los creyentes de la iglesia de Filipos son (=han de ser) revelación y presencia de Dios en el mundo, de forma que su unión comunitaria es signo y presencia de la unidad de Dios. La resurrección de Jesús se expresa en la iglesia en forma de frónesis como unidad/comunión de pensamiento y vida.
- Himno cristológico, Dios es kénosis de amor en Cristo(Flp 2, 6-11). La vinculación interpersonal de los hombres (creyentes) en forma de comunidad forma parte de la revelación de Dios en Cristo, pues su esencia (=ser en sí) es su exsistencia (=ser fuera de sí, en amor, en Cristo). La raíz y esencia de la comunidad cristiana no es tipo de poder social, de comunicación racial, de ley de estado o de religión particular, como el judaísmo del templo de Jerusalén.
Parénesis: Que los hombres se amen: Un cuerpo, un alma todos (Flp 2, 1-5)
En la línea del Shema (Yahvé tu Dios es Uno: Dt 6, 5-8), tomando como punto de partida el canto tradicional a Cristo (Flp 2, 6-11), compuesto por una iglesia antigua, de tipo judeo-helenista, Pablo en persona, de primera mano, con todo el afecto posible de su corazón, ha compuesto esta parénesis o exhortación fundamental: Formad todos un cuerpo, sed alma de amor en la historia.
Éste no es un canto al pueblo como unidad social de raza, de poder militar o de dinero, sino un himno superior a la unión de mutuo amor, la más alta sinfonía elevada en la Biblia judeo-cristiana y en la historia de occidente: Sed amor que vincula a los miembros de la comunidad creyente, como pide Lev 19, 18, en amor mutuo, unión de cuerpo y alma, vida y pensamiento.
Ésta parénesis o exhortación a la unidad en el amor (Flp 2, 1-5) no es una sinfonía anónima, que ha sido proclamada por un autor desconocido y popularizado más tarde entre los miembros de un grupos, sino que tiene un autor bien conocido, que es Pablo, perseguido por unos y encarcelado por otros, a causa de su empeño por encender y mantener viva la comunidad de amantes de Filipos, unidos entre sí por Cristo, del que trata el himno cristológico despues citado (Flp 2, 6-11). .
´Ésta es la parénesis más personal y vibrante del epistolario de Pablo, un exhortación y súplica que brota de su propia entraña de misionero y testigo de Cristo, un ruego de amor, no un mandato de ley (el amor no se impone, ni obliga y se pide, de un modo gratuito, pidiendo a cada uno de los “amigos” cristianos de Filipos que busquen y cultiven el amor mutuo, preocupándose cada uno por el el bien de los otros más que por el suyo propio, de forma que cada uno viva más en aquellos a quienes ofrece y con quienes imparte su amor que en sí mismo.
Pablo traduce así el plano teológico (Dios uno: Shema, Dt 6, 5-8) en forma de amor antropológico, esto es, d comunidad de creyentes que es unión de conocimiento y vida, en la que habita el mismo Dios que es uno en comunión de misericordia, no en sociedad del imposición, sino todo lo contrario, comunión en libertad de amor, que todos sean testigos y creadores de vida compartida en el Cristo de Dios.
Éste es el amor nuevo y más hondo de la iglesia, comunión personal de vida. Lo que vincula al pueblo de creyentes no es la raza, ni el poder del todo, ni el dinero…, ni un tipo de atracción sexual, ni un vínculo de generación de padres a hijos, sino amor en libertad, en comunión de pensamiento/ activo o frónesis, que vincula en Dios (unidad primera) a todos los que acogen su amor en Cristo (=Dios en sí como esencia, siendo fuera de sí, como existencia).
Éste es el “milagro”, la novedad de amor de Dios y de amor interhumana, que Pablo ha descubierto y proclamado, por encima de la ley antigua, que mantenía a los hombres y mujeres sometidos desde fuera de sí mismo, por una ley social de comunicación impositiva (de ley, de parentesco de misión social) a unos con otros.
Este es el milagro, estímulo o ruego de Cristo como amor (ágape), en comunión de Espíritu, en compasión de corazón, de manera que se puede afirmar y se afirme que los creyentes/amantes de la comunidad cristiana tienen/forman todos un alma, siendo σύν-ψυχοι, un proyecto y voluntad de psyche, vida compartida.
Éste es el canto, el camino del nuevo nacimiento eclesial, la gracia y enseñanza suprema de la unión comunitaria. Así exhorta (asi se desahoga, así pide) Pablo a todos y cada uno de los creyentes de Filipos, no a sus posibles jerarcas (por arriba) no a sus posibles menores o subordinados, sino a todos, como unidad se sentimiento y vida (=frónema) de todos
Si tenéis algún consuelo (παράκλησις) en Cristo,
si tenéis algún estímulo de amor (παραμύθιον ἀγάπης),
comunión de espíritu (κοινωνία Πνεύματος),
alguna entraña y compasión (εἴ τις σπλάγχνα καὶ οἰκτιρμοί),
colmad mi gozo (πληρώσατέ μου τὴν χαρὰν),
pensad/haced lo mismo (tened una frónesis:τὸ αὐτὸ φρονῆτε),
teniendo (siendo) un mismo amor (τὴν αὐτὴν ἀγάπην), un alma (σύνψυχοι),
pensando/ haciendo una cosa (τὸ ἓν φρονοῦντες),
nada por rivalidad, nada por vanagloria, sino con humildad
considerando cada uno a los otros superiores (ἀλλήλους ἡγούμενοι ὑπερέχοντας ἑαυτῶν,)
no buscando cada uno lo suyo, sino cada uno lo de los otros (Flp 2, 1‒5)
Esta unidad de frónesis es la “virtud cardinal” por excelencia, la primera y mayor (fundamento de toda justicia y fortaleza), “prudencia práctica”, una forma de virtud y pensamiento activo, que va unida a la justicia y se expresa en forma de gracia (jara, jaris) alegría que surge en cada uno de los hombres y mujeres por amor, gozo de ser y obrar, convivir con los demás.
Ésta es una virtud humana (virtud cardinal), pero siendo al mismo tiempo, la virtud teológica y cristológica/cristiana por excelencia, propia del Dios Uno del Shema (Dt 6, 5-8) que viene a revelarse así en Cristo unificando a los creyentes, de manera que compartan amor de alma (sean σύν-ψυχοι). El alma no es, por tanto, lo que separa y distingue, sino lo que vincula y unifica en diálogo de amo a todos los creyentes. Siendo propia de cada uno (=esencia de su persona) el alma es comunión de vida-amor entre todos.
De esa forma se vincula la frónesis o comunión interhumana (Flp 2, 1-5) con la kénosis de Cristo, la esencia del Dios que se vacía de un tipo de divinidad para vincularse en comunión con los hombres (Flp 2, 6-11). Estos dos momentos de unidad de Flp 2, 2-11, (la vida de Dios que es Uno en sí y la de los hombres que se unifican entre sí por Cristo) se implican, iluminan y completan mutuamente, de manera que son inseparables, aunque, desde el punto de vista de Pablo, el amor de kénosis de Cristo está al servicio del de amor de frónesis de la comunidad cristiana.
El tema que preocupa a Pablo no es el amor del “canto superior” de Cristo, que se vacía (kénosis) para servir a los hombres (Flp 2, 6-11), sino el amor de frónesis de los creyentes en la iglesia. Ciertamente, en un sentido, el canto de kénosis de Cristo se eleva en un plano “religioso” (teológico) por encima de todos los cantos y amores de la tierra. Pero en otro sentido este canto de Cristo está al servicio del amor eclesial, pues no son los cristianos para Cristo, sino Cristo para los cristianos.
Este es el motivo central de la teología y misión de Pablo, la vinculación de la kénosis de Dios en Cristo (Flp 2, 6-11) con la frónesis de iglesia (Flp 2, 1-5), que no se se reúne y sella su unidad por algún tipo ley exterior divina (Israel) o imperial romana), sino por unión de frónesis o comunicación personal interhumana, que el mismoLucas presentará más adelante en el libro de los Hechos como principio y sentido de la comunidad de los creyentes, diciendo que tenían un corazón y un alma (Hch 4, 3-4: ἦν καρδία καὶ ψυχὴ μία), que así se querían entre sí (corazón) y que mantenían un tipo de unidad de acción y de visiones, en un plano espiritual, y social y económico.
Esta unidad de alma y corazón que Pablo presenta aquí como principio de frónesis de iglesia en Flp 2, 1-5 es la que Lucas definirá más tarde como experiencia fundante de la comunidad primitiva de Jerusalén o quizá mejor de la comunidad judeocristiana posterior (de Santiago/Jacobo y los hermanos de Jesús…).
Esa unidad de alma y corazón, de pensamiento y voluntad aparece también como ideal en otros pensadores y moralistas, romanos y griegos. Pero no hay, que yo sepa, ningún testimonio tan radical y universal como este de Pablo en Flp 2, 1-11, vinculando unidad de comunión cristiana con la revelación de Dios en Cristo, kénosis con frónesis, como ponen de relieve sus diversos elementos:
- Pensad/haced lo mismo, tened una frónesis: τὸ αὐτὸ φρονῆτε), No se trata sólo de pensar, sino de hacer, sentir y ser. Así formula Pablo su exhortación o canto a la frónesis comunitaria, que no se establece por imposición de unos sobre otros, sino por libertad y comunión de todos. En esta línea ha formulado este canto a la “frónesis” como principio de identidad de las iglesia que no se unen por raza o ley externa, dominio político o dinero, sino a través de una vinculación práctica de aceptación muta y de comunicación de afecto e ideales.
- Tened el mismo amor (τὴν αὐτὴν ἀγάπην). Éste es un amor de todos a Dios en Cristo. Pero al mismo tiempo es amor de unos a otros, entre todos los creyentes, sin hipocresía ni ocultamiento, sin envidia ni recelo sino en forma recíproca y universal de comunión de unos a otros, sin envidia, ni división. Pablo está refiriéndose así a la creación de comunidades reales de amor mutuo, en forma de iglesias mesiánicas, entendida en forma de comunidad afectiva y efectiva, nueva forma de existencia por amor, no por ley divina o humana (judía o romana).
- Tened todos un alma (σύν-ψυχοι), un deseo mutuo de comunión, no en la línea del budismo clásico que tiende a rechazar y negar los deseos, para crear así comunidades en las que no deseando nadie nada por egoísmo puedan vivir todos en comunión gozosa de altuísmo (ser cada uno en el otro, como Pablo ha formulado en el texto paralelo y posterior de Rom 13, 8-9 donde a partir del movimiento universal del “no deseo” (superación del goísmo) se reformular en sentido universal el pensamiento positivo de Lev 19, 18: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (=serás un yo de amor, de donación y vida) con el prójimo.
- Pensando/haciendo lo Uno (lo que unifica, τὸ ἓν φρονοῦντες), formando así un cuerpo y un alma en Cristo. Así aparece la palabra clave frónema (=pensamiento de unidad), recuperando los dos motivos anteriores, uno de amor (agape) y otro de alma (σύν-ψυχοι), formando todos un cuerpo de humanidad, como el mismo Pablo desarrollará después en 1 Cor 12-14 y Rom 14): Alma es lo que nos mantiene vivos, el impulso vital, la hondura de la respiración, como signo de la vida, alentando unos en otros, formando de esa manera un único cuerpo (1 Cor 12-14; Rom 12, 1-6; Ef 4, 4-16)
Entendida así, la iglesia es una comunidad de vida intensa, no una sociedad de cansados de la vida, de angustiados, derrotados, pesimistas, aburridos, sino todo lo contrario, una sociedad de varones y mujeres que se comprometen por la vida en amor, no por auto-satisfacción, sino por satisfacción de amor a los demás. Este es un impulso de vida que no sace auto-suficiencia, sino por afecto de entrega a los demás en la línea de Cristo. Desde esta perspectiva iremos viendo que sólo en amor a los demás (la entrega de la vida por ellos sana y satisface, como sigue mostrando la siguiente parte del texto.
Esencia de Dios, kénosis de Cristo (Flp 2, 6-11)
La unidad del cuerpo de la iglesia (Flp 2, 1-5) se fundamenta en la unidad corporal de Dis en Cristo, con los hombres, como pone de relieve este canto universal del amor. Éste es el primer canto de amor del resucitado que conservamos en la Iglesia y que Pablo ha citado aquí como fundamento o punto de partida de su parénesis de unidad comunitaria o frónema.
No sabemos quién lo había compuesto, si fueron los primeros cristianos helenistas de Jerusalén, o los misioneros (apóstoles) helenistas que iniciaron la misión “libre” de ley (sin obligación de cumplir de unas normas de tipo particular judío), como fuente y expresión del amor universal de Cristo. Este es el canto de amor de kénosis, de abajamiento gratuito de Dios, que se hace servidor de los hombres en Cristo, un canto que es con Rom 8, 28-39 el corazón de la teología del nuevo testamento:
(Jesucristo), siendo de condición de Dios (divina),
no quiso mantener por fuerza el hecho de ser igual a Dios.
Al contrario, se despojó/vació de sí mismo (ἑαυτὸν ἐκένωσεν),
tomando condición de siervo (μορφὴν δούλου λαβών) .
Hecho semejante a los hombres,
y mostrándose en su forma de ser como los hombres,
se humilló/empequeñeció sí mismo (ἐταπείνωσεν ἑαυτὸν)
haciéndose obediente (ὑπήκοος hasta la muerte y muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó en forma suprema
concediéndole el Nombre que está sobre todo nombre
(τὸ ὄνομα τὸ ὑπὲρ πᾶν ὄνομα,),
de forma que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble (en cielo, tierra y el abismo)
y toda lengua confiese: Jesús Cristo, es el Señor (Κyrios)
(para gloria de Dios Padre) (Flp 2, 6-11)[2].
Este himno no expone la “historia” de Dios en su esencia supra- histórica, sino en su encarnación como Cristo-Logos (palabra-amor) en la vida de los hombres. En contra de virtuosos/poderosos que quieren hacerse “divinos” dominando con poder sobre otros, Jesús es Dios (divino) siendo servidor de los otros. De esa forma ha mostrado la mentira de una religión político-imperial de dominación, que se toma como superior porque se impone sobre otros, el Dios verdadero se ha revelado por medio de Jesús como amigo cercano, compañero, servidor de los demás, siendo de esa forma Yahvé (Κyrios , Señor).
Sólo desde aquí se puede entender el carácter voluntario y fundante de su amor al servicio de los demás: «no quiso aferrarse a (no quiso conseguir con fuerza) un tipo de ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo, se vació de su poder de imposición, negándose a ser Dios por dominio, siendo Dios por generación de vida. Dos formas de existencia (despliegue de ser) se abrían según eso ante Jesús:
- Jesús podía haberse aprovechado de su gloria y disfrutar de su grandeza, convirtiendo así su «condición divina» en fuente de egoísmo (búsqueda de sí) y de dominio por encima de los otros: Ser Dios buscándose a sí mismo, a través de un tipo de amor adulterado; ser Dios imponiendo su poder sobre los demás; ser Dios siendo rico para sí mismo (cf. Rom 13, 8).
- Pero Jesús quiso realizar su vida en forma de servicio, compartiendo la existencia con los más necesitados, renunciando a su grandeza egoísta como amor/placer (eros), dominio poder (kratos) y riqueza (plutos), para expresarla realizarse como puro don.
Esta es la novedad del texto, el mensaje más profundo de la Biblia, la forma de ser (manifestarse) de Dios. Este himno canta de manera simbólica y solemne la elección de Jesucristo: como revelación definitiva de Dios y fundamento de hombre nuevo, en contra de un tipo de pensamiento y “filosofía” de imposición:
- Conforme a la visión normal del pensamiento griego, expresado en forma de superioridad/excelencia (dominio, poder), y por encima la apocalíptica militar, del judaísmo antiguo (tradición de Henoc y Daniel), Dios es aquel que triunfa al fin con su gran poder, imponiéndose sobre los enemigos. En contra de eso, Jesús nos muestra que Dios es aquel que se solidariza con los más pequeños, que no triunfa imponiéndose sobre los demás, sino revelándose como servidor de vida, cuidando, curando, animando y muriendo por los demás. En esa línea, el representante de Dios que es Jesús no se encarnado para dominar sobre los hombres, sino para compartir con ellos el camino de entrega de la vida.
- Dios es amor en el mundo, no amo/dueño del mundo. No vive exigiendo a los demás que adoren, sino al contrario: Dios vive adorando a los hombres, pero de un modo libre y respetuoso, no humillante, compartiendo con ellos el camino de la humanidad, del don y regalo de sí mismo hasta la muerte. Su grandeza consiste en es hacerse siervo de los hombres, como indica de manera sorprendente este pasaje. Para mostrarse en su verdad, Dios toma forma de esclavo (μορφὴν δούλου), al servicio de los demás, en gesto de obediencia (escucha) hasta la muerte y muerte de cruz, como Jesús: γενόμενος ὑπήκοος μέχρι θανάτου, θανάτου δὲ σταυροῦ). Jesús es ὑπήκοος, aquel que sabe “escuchar” (hypo-akuein, ob-audire), aquel que obedece, las necesidades de los hombres. No se escucha a si mismo (en sí mismo), poniendo a los demás a su servicio, sino que escucha la llamada de Dios que le llega a través de los más necesitados de su entorno, respondiendo con amor salud, curación, perdón, dignidad.
- En contra de un Adán que quiso hacerse Dios como Satán (cf. tentaciones Mt 4; Lc 4), Jesús es Dios verdadero en forma humana. Según la lectura de Pablo y de los sinópticos, tentado por Satán, Adán vino a elevarse frente a Dios, y pretendiendo convertirse en ser divino en clave de elevación propia, altivez y dominio, destruyó su propia vida, haciéndose principio de violencia y pecado para todos. En contra de eso, Jesús es mesías y presencia de Dios en amor verdadero, hombres y mujeres de frónesis, en ágape/amor, servicio mutuo, superando así la muerte.
Ese himno no expone una teoría imaginaria sobre Dios no comienza por llevarnos a una eternidad, separada de la historia, ni expone una genealogía imaginaria de generaciones divina, como los mitos gnósticos, sino que nos conduce hasta el principio de la historia humana. Cuando dice que Jesús, teniendo «condición divina», pudo haber optado por una existencia de dominio sobre otros, el himno nos sitúa ante las fuentes del pecado original, que consiste en emplear el poder de la vida al servicio del propio egoísmo, esclavizando de esa forma a los demás.
Ante el hombre Jesús se abren dos opciones, como en el relato de las tentaciones (Mt 4; Lc 4), de manera que este himno (Flp 2, 6-11) debe haber surgido en un contexto semejante de las tentaciones de Jesús, tal como han sido expuestas por el llamado “texto Q”, que está en el fondo de los evangelios de Lucas y Mateo:
- Por un lado está la opción por un dominio, que no es propio de Dios sino de satán, ídolo de amor adulterado (querer y utilizar a los demás para servicio propio, conforme a los tres riesgos, que Pablo ha puesto de relieve en Rom 13, 8 (culminando su visión del reino/imperio de la espada militar y judicial). Ésta es la opción que muchos toman como “normal”, la de un Jesús que quiere vivir «como Dios», en actitud dominadora).
- En contra de eso, Jesús ha sido oyente de la palabra (γενόμενος ὑπήκοος, cf. una obediencia de diálogo, esto es, de “encarnación de la palabra (en la línea de Jn 1, 14), en diálogo personal de vida, en comunicación de amor, conforme el camino de Lev 19, 18, retomado por Pablo en Rom 13, 8-9 y Mc 12, 28-35. En esta línea, obedecer/dialogar es compartir palabra y vida en amor (ágape) compartiendo cada uno la vida/aliento con los otros, siendo de esa forma co-amantes, co-animados (τὴν αὐτὴν ἀγάπην ἔχοντες, σύν-ψυχοι). Esta es la experiencia radical de la vida humana, que así podemos definir en forma de comunicación de palabra y afecto, siendo σύνψυχοι, participantes de una misma pysche o alma.
Una opción lleva a la esclavitud y a la muerte, otra a la libertad en comunión y a la vida. Los que intentan vivir dominando a los demás destruyen su existencia, como Satán. El que renuncia a dominar como divino (Jesús) funda la existencia verdadera, como Dios, en amor mutuo. Por eso, Jesús, no queriendo ser divino como quiere el Diablo de Lc 4 y Mt 4, ha venido a desvelarse como verdadero ser Divino, mostrando así su señorío (=amor), recibiendo el nombre propio de Dios que es Yahvé, Kyrios.
Jesús ha surgido de Dios como hombre en amor, pero no sobre la nada, en un mundo virgen de opciones, sino en un mundo marcado por los deseos de pecado, por dioses/ídolos de falso amor adulterado, deseo de dominio/imposición sobre otros, riqueza divinizada como mamón (Mt 2 24). En ese mundo determinado de antemano por el deseo- concupiscencia de amor adulterador, imposición y riqueza ha escuchado Jesús la palabra verdadera de Dios, ha “obedecido”, ha trazado una vida de amor, en servicio a los demás, en auténtica frónesis, en comunión de amor, en comunicación de vida.
En ese contexto, para vivir como siervo/amigo de Dios, regalando su vida (su proyecto mesiánico) a los hombres, Jesús debe hacerse servidor y esclavo de los hombres, sabiendo que van a matarle. Así lo ha destacado el texto: «hecho a semejanza de los hombres y mostrándose en la forma de ser como los hombres», Jesús ha introducido (encarnado) su humanidad “obediente” a Dios (en diálogo con Dios) en el camino de la antigua humanidad de Adán, que había divinizado su popia violencia, la de la espada del sistema político (Roma) y la de la expulsión del sistema religioso (templo de Jerusalén).Ante esa situación, por impulso de amor (ágape), por fidelidad a su opción (frónesis) y por servicio a la unidad (a la comunión y con-cordia, a la unidad vital de Dios con los hombres) Jesús se ha mantenido firme en su obediencia (llamada de la voz de Dios) hasta la muerte.
Mirados esa forma, los dos verbos centrales del pasaje, se vació (se anonadó: ekenosen; 2, 7) y se humilló (se hizo pequeño, etapeinosen; 2, 8) no describen dos momentos sucesivos de su vida como serían encarnación y muerte. Ambos aluden al mismo gesto de la entrega de Jesús que, en vez de haber optado por una humanidad dominadora, como la de Adán (comer del árbol) y la de Satán en Mt 4 y Lc 4 (vencer por dinero, tomar el poder, hacerse un ídolo para ser adorado), ha realizado su vida como ofrenda humilde y pobre en amor por los demás, hasta la muerte, asumiendo la suerte de los derrotados de la historia humana, sin ganas batallas como los macabeos israeliita del siglo II a.C., sin crear imperios (como julio César, siglo I a.C), sin crear escuelas de separado, penitentes, rabinos (siglo II a-C. al II d.C.),
No fue un hombre importante línea de política, poder religioso o dinero, sino simplemente en humanidad, como representantes de todos los seres humanos. Representante significa “portavoz”, de forma que todos pueden sentirse así vinculados con él, varones y mujeres, judíos y gentiles, libres y esclavizados…, todos ellos necesitados de palabra, de comunión de Vida, en un Cristo que forma parte de la humanidad como tal, no de un género social, de una raza, de un grupo o partido (cf. Gal 3, 28)
Eso significa que ya no hay varón ni mujer, judío ni griego, libre ni esclavo, pues todos son “uno en Cristo”, hombre en amor, nuevo Adán, Cristo, liberado del pecado y de la muerte. Las divisiones anteriores, de género y raza, de nación y condición social han quedado superadas en amor, en unidad, en comunión, en “frónesis”, en inteligencia radical humana desde Cristo, en contra del Diablo/Adán que ha ido creando grupos humanos enfrentados y excluyentes.
[1] He planteado el tema en Experiencia religiosa y cristianismo, Salamanca 1981, 363-388 y en Hermanos de Jesús y servidores de los más pequeños, Salamanca 1984, 89- 117, 428-43l; O. Hofius, Der Christushymnus Philipper 2, 6-11, WUNT 17, Tübingen 1976; R. P. Martín; Carmen Christi. Philippians 2, 5-11, Grand Rapids Mi 1983; J. MurphyO'Connor, Christological Anthropology in Phi/ JI, 6-11: RB 83 (1976) 25-50; C. J. Robbins, Rhetorical Structure of Philippians, 2, 6-11: CBQ 42 (1980) 73-82; J. T. Sanders, The NT christological hymns, Cambridge 1971, 58-74.
[2] He planteado el tema en Experiencia religiosa y cristianismo, Salamanca 1981, 363-388 y en Hermanos de Jesús y servidores de los más pequeños, Salamanca 1984, 89- 117, 428-43l; O. Hofius, Der Christushymnus Philipper 2, 6-11, WUNT 17, Tübingen 1976; R. P. Martín; Carmen Christi. Philippians 2, 5-11, Grand Rapids Mi 1983; J. MurphyO'Connor, Christological Anthropology in Phi/ JI, 6-11: RB 83 (1976) 25-50; C. J. Robbins, Rhetorical Structure of Philippians, 2, 6-11: CBQ 42 (1980) 73-82; J. T. Sanders, The NT christological hymns, Cambridge 1971, 58-74.