¿Qué había sido? Nazoreo, nazireo, nazareno... ¿Por qué le mataron? Por no perdonar, por envidiar, por miedo. ¿Por qué matamos hoy:?

Junto a la cruz solía ponerse el nombre, título y razón de la condena de los crucificados condena, que, en el caso de Jesús. Según Jn 19, 19 ese letrero decía: Jesús Nazoreo, Rey de los Judíos, aunque las traducciones normales del NT suelen poner “Jesús nazareno”.

A diferencia del evangelio de Juan, los sinópticos ponen sólo “Rey de los judíos” (Mc 15, 26 y Lc 23, 38) o “Jesús, rey de los judíos” (Mt 27, 37). El título (nazoreo) que aparece en otros pasajes centrales del NT (cf. Mt 2, 23) nos sitúa ente el problema de la identidad de Jesús, que era de Nazaret de Galilea, aunque su familia puede haber sido oriunda de Belén de Judá y portadora de promesas mesiánicas propias de los nazoreos, observantes mesiánicos, vinculados a las tradiciones de David [1]

       Nazoreo, Nazaret. Es posible que Nazara/Nazaret fuese un pequeño asentamiento de nazoreos, vinculados en su origen a Belén, lugar del retoño (nezer, tronco) de Jesé, padre de David (cf. Is 11, 1; cf. Miq 5, 2). Testimonios de diverso tipo (Rom 1, 3; 2 Tim 2, 8; Mt 1, 20; Lc 1, 27) vincula a Jesús con la tradición mesiánica de David, sin que ello implique descendencia física, en un mundo dominado por Augusto, emperador romano, y por Herodes, rey de los judíos.

El evangelio de Marcos afirma que pro-venía de Nazaret de Galilea (Mc 1, 9), que era hijo de María, y que tenía otros hermanos (Mc 6, 3). Mateo 1-2 y Lucas 1-2 han precisado el sentido de ese origen, pero no en forma de crónica, sino como testimonio creyente, y sus relatos han de interpretarse como historia mesiánica (o profecía historizada), aunque con un fondo histórico. Ambos suponen que Jesús, hijo de María y José, vinculado a Nazaret de Galilea, pero añaden que su vida ha de entenderse partiendo de David, oriundo de Belén de Judá, donde sitúan su nacimiento físico o simbólico (cf. Mt 2, 1-6 y Lc 2, 4).

 Significativamente, el evangelio de Marcos, escrito en perspectiva más paulina, centrada en la muerte/resurrección de Jesús, no en su nacimiento, ha marginado (ocultado) la tradición de Jesús nazoreo (hijo de David). Pero Mateo y Lucas, que han retomado el argumento de marcos, conservan en sus escritos algunas referencias importantes a Jesús como Nazoreo, Hijo de David (cf. Mt 2, 23; 26, 71; Lc 18, 37; Hch 2, 22; 8, 6; 4, 10; 6, 14; 22, 8; 24, 5; 26, 9), y en esa línea resulta fundamental la aportación de Jn 18, 5.7; 19, 19.

De manera sorprendente, Mateo ha querido relacionar el hecho geográfico (Jesús era de Nazaret) con un dato teológico o religiosa (Jesús era un nazoreo de tendencia mesiánica (Mt 2, 23), como si ambas palabras estuvieran vinculadas. Él quería decirnos así que ambos datos se vinculan, de manera que nazoreo sería un gentilicio y tendría el mismo sentido que nazareno (=nazaretano) y muchos siguen pensando en esa línea, como muchas traducciones de la Biblia, poniendo nazareno en vez de nazoreo (tanto en Mt 2, 23 como en Jn 19 y en otros lugares).

Pienso, sin embargo, que el tema es más complejo y que Jesús no era Nazoreo por ser de Nazaret, sino porque formaba parte de un grupo especial de descendientes davídicos que se distinguían por su observancia religiosa, esto es por su forma de vincularse entre sí como observantes mesiánicos, distinguídos no sólo por el lugar donde se habían asentado (Nazaret), sino especialmente por su forma de entender el judaísmo, como religión de observantes mesiánicos, interesados en la ayuda y acogida a los pobres y excluidos de la sociedad, en la línea del “mandato” de Lev 19, 18 (amarás a tu prójimo como a ti mismo)..

     En esa línea es fundamental la razón de Mt 2, 23) cuando dice, que al volver de Egipto, tras la muerte de Herodes, que había querido matar a Jesús, por miedo de Arquelao, que reinaba en Judea en vez de Herodes, los padres de Jesús se instalaron con el niño en Nazaret de Galilea, «de manera que vino a cumplirse lo que dice la Escritura: le llamarán nazoreo» (Mt 2, 23).

Mateo vincula así nazoreo y Nazaret. Pero, como he dicho, Jesús no es simplemente nazoreo por ser de Nazaret, sino porque ha formado parte de un grupo especial de judíos observantes, herederos de una tradición genealógica (mesiánica) de David, pero no en línea militar (celota), sino de observancia religiosa y de solidaridad social.

     En esa línea, podemos seguir pensando que él que se educó como miembro del «nezer» o descendencia de David (como retoño de Jesé; cf. Is 11, 1), añadiendo que debía ser conocedor de la “Ley básica” del judaísmo, desde una perspectiva especial, que no se enseñaba en las escuelas del templo o de los escribas (cf. Lc 2,, 41-52: Jesús “perdido” en el templo), sino a partir de tradiciones ancestrales de la alianza, en la línea de David.

Avanzando en esa línea podemos añadir que por familia (herencia de José y María) Jesús conocía bien las experiencias y tareas religiosas y sociales de un grupo de observantes mesiánicos de su pueblo. Posiblemente ignoraba matices técnicos que sólo conocen los letrados (juristas, escribas), pero supo interpretar la raíz de la Escritura y de la vida de Israel, por tradición familia y por conocimiento de su entorno, como suponen las genealogías deMt 1 y Lc 3.

De esa forma, sin haberse especializado como escriba de templo (¡quizá por ello!), Jesús fue y sigue siendo, según los cristianos, aquel que mejor ha conocido y explicado la Escritura, desde una perspectiva davídica, pero sin centrarse en Belén de Judá o en el templo de Jerusalén, sino en Nazaret, asentamiento de los “nosrim” o nazoreos de Galilea, y con ese nombre, nosrim o nazoreos, siguen llamando a los cristianos muchos judíos y musulmanes actuales, que definen a los seguidores de Jesús, más que como “cristianos” (=partidarios de Jesús, el Cristo), como empezaron a llamarles los paganos de Antioquía de Siria (Hech 11, 26).  

Jesús era “hijo de David” según la carne (Rom 1, 3-4) y debía conocer las tradiciones vinculadas a su “padre” José, a quien el NT llama enfáticamente “hijo de David” (Mt 1, 18-25), y en esa línea muchos investigadores modernos empiezan interpretando a Jesús como “nazoreo”, por ser de la familia de José, “hijo de David”, más que como hijo de María, por obra del espíritu santo, como han puesto de relieve los evangelios de la infancia (Mt 1-2; Lc 1-2), con las genealogías de Mt 1 y Lc 3, que rechazan expresamente la genealogía davídica de Jesús, al afirmar que no nació de José (hijo de David), sino de María, esposa de José, por obra del Espíritu Santo. Quizá podíamos vincular desde ese fondo tres rasgos importantes de su vida:

- Jesús era nazoreo del nezer davídico (cf. Is 11, 1), como portador de las tradiciones y esperanzas davídicas, de tipo regio

- Era nazareno de Nazaret, posible asentamiento nazoreo, de manera que ambos términos (nazoreo y nazareno) pueden vincularse.

- En un momento dado, en la Última Cena, acabando su vida (Mc 14, 25), Jesús pudo hacer un voto nazireo (cf. Num 16; Jc 13, 5-7), como Juan Bautista (cf. Lc 1, 15), absteniéndose de vino (en verdad os digo, no beberé más del fruto de la vid hasta que beba con vosotros, el vino nuevo de Reino).

Por otra parte, desde Hegesipo, la tradición antigua, a mediados del II d.C. (cf. Eusebio, Historia Eclesiástica, II, 23), ha presentado a Santiago (hermano de Jesús como nazireo), aunque esa indicación no es segura. Si pudiéramos relacionar esos rasgos (nazireo-nazoreo) conoceríamos mejor el trasfondo de Jesús, su educación y sus primeras opciones, en referencia a su “hermano” Jacobo-Santiago el pequeño (menor). Sea como fuere, él fue un nazoreo que comía y bebía, separándose (al menos por un tiempo) de sus hermanos de familia, que no creían en él, distinguiéndose de Juan Bautista, nazireo abstemio (cf. Mt 11, 19 par).

      Jesús no fue nazireo (profeta o guerrero carismático) como pudo haber sido Juan Bautista (de aquellos que se abstenían de vino, dejaban el cabello largo y defendían la causa de Dios como soldados de la guerra santa (cf. Num 6, 1-21), sino profeta y nazoreo mesiánico, en el sentido de observante y sanador, al servicio de los pobres y excluidos del pueblo.

 - Juan Bautista fue nazireo (de nezer,נזר), consagrado a Dios por un voto especial (cf. Num 6), en austeridad y ayuno, para preparar la llegada de uno más grande, como sabe Lc 1, 15, poniéndose así en la línea de Samuel, que precedía a David (como Juan precedió a Jesús). Los nazireos no parecían tener un proyecto mesiánico, ni actuaban como portadores del Reino, sino como ascetas consagrados (abstemios) y guerreros (como en el caso ejemplar de Sansón: cf. Jc 13, 5.17; 16, 17); pensaban que no había llegado la hora del Mesías, que ofrecería a los suyos el «vino nuevo» del Reino (cf. Mt 14, 25)… En esa línea, utilizando quizá una fuente judeocristiana, Lucas ha interpretado al Bautista como nazireo y precursor mesiánico, como Samuel: «No tomará vino ni bebida fermentada y la navaja no pasará por su cabeza» (LXX 1 Sam 1, 11).

-Jesús, en cambio, no fue nazir/nazireo (y bebe: cf. Lc 7, 34; Mt 11, 19), sino nazoreo de Nazaret (cf. Mt 2, 22-23), del netzer (נצר) de Jesé, retoño davídico (Is 11, 1), vinculado a las tradiciones del Emmanuel (¡una muchacha/virgen concebirá! cf. Is 7, 14), aunque algunos de sus herederos cristianos asumieran después elementos ascéticos. Lógicamente, el evangelio de Marcos (opuesto a los judeo-cristianos) no presentó a Jesús como nazoreo, sino siempre como nazareno. Por el contrario, Mateo y Juan (y Lucas) han retomado ese título de la tradición primitiva de los nazoreos mesiánicos. Tras dejar a Juan (con quien pudo actuar como nazir), Jesús no aparece ya como consagrado-asceta, que no come/bebe, sino como nazoreo (descendiente mesiánico, aunque en línea propia), anunciando la llegada del Reino entre los marginados y enfermos.

          Según eso, Jesús ha podido situarse en el cruce de varias tendencias profético-mesiánicas, de manera que, cuando Mt 2, 23 le llama nazoreo, y dice que se educó en Nazaret, deja abierto un camino que puede interpretarse y recorrerse de diversas formas, partiendo de la manera de escribir el nombre de su pueblo, que aparece diez veces como Nazaret, pero dos como Nazara  (Mt 4, 13 y Lc 4, 16), nombre quizá vinculado a un tipo de nazoreos celotas (violentos), con los que Jesús habría roto al enfrentarse con la tradición de su “padre” José, como ponen de relieve sus paisanos queriendo matarse (según. Lc 4, 22).

Las sentidos de «nazareno» (de Nazaret) y «nazoreo/nazoraios» (de netzer) parecen haberse cruzado (y confundido) pronto en la tradición cristiana. En el fondo de esa “confusión” pueden haber influido dos interpretaciones del proyecto y camino de Jesús dentro de la misma iglesia antigua:

- Por un lado estarían algunos “parientes” nazireos, de tipo ascético y pacífico, quizá más cercano a Juan Bautista. Éstos serían lod “nazireos penitentes”, expertos en ayunos y ritos bautismales de purificación, que siguieron existiendo como grupos penitenciales, no sólo en el entorno del Jordán y Mesopotamia (Mandeos), sino incluso en ciertas zonas de Irán, hasta el siglo XX.

- Por otro lado estarían los nazireos celotas, partidarios de la guerra contra Roma, tal como estalló por dos veces, 67-70 y 123-125 d.C). Éstos serían los celotas armados, entre los que muchos exegetas del siglo XX han querido incluir a Jesús de Nazaret.

- Jesús no fue nazireo (nazareno), ni ascético ni armado, sino nazoreo observante, pacífico, creador de una comunidad de nazoreos fraternos (en la línea de Lev 19, 18, pero universalizada). Este Jesús nazoreo, que comía y bebía (cf. Mt 11, 19) fue sanador, amigo de los pobres, creador de una comunidad de excluidos sociales, de un reino universal de fraternidad y entrega de la vida en amor, unos en otros y con otros.

Éste último es a mi juicio el sentido del «compromiso nazireo», de Jesús y de sus seguidores, vinculado a la «observancia» o vigilancia, que está indicada por el hebreo nezer נזר)), del que nace el término consagrado (nazir). Pero ese sentido de observancia se encuentra a su vez vinculado a la «descendencia» davídica, tema que se expresa por el hebeo netzer (נצר), que significa guardar, vigilar y también expandirse-retoñar, como en el texto básico de Is 11, 1, donde se promete el surgimiento o llegada de un “retoño” real de la familia de Jesé-David, que no se impone por las armas (celotas), ni triunfa por el ascetismo penitencial (bautistas, penitentes), sino por el amor y ayuda mutua, por el perdón y la curación que distingue a los discípulos de Jesús, comprometidos a amar al prójimo en sentid universal.

Los “nazoreos” a los que pertenece Jesús han de entenderse como vigilantes-portadores de un tipo de acogida universal, de perdón, curación de los enfermos y de acogida a los excluidos, no en la línea de los abstinentes-consagrados (nazireos) ni en la línea de celotas militares contra Romas[2].

     Los datos anteriores (que son aún más complejos por las variantes de los manuscritos) permiten suponer que Jesús fue nazoreo (no sólo nazareno) y que algunos seguidores suyos se llamaban nazoreos y siguieron vinculados a un tipo de judeo-cristianismo rechazado por Pablo (y después por la Gran Iglesia). Por eso, Marcos no presenta a Jesús como nazoreo y los demás evangelistas (especialmente Mateo y Juan) lo hacen con reticencias, vinculando ese título a la condena a muerte de Jesús. Lucas puede evocarlo desde una perspectiva histórica, evocando los orígenes (ya superados) de la Iglesia judeo-cristiana. Desde ese fondo podemos concluir presentando unas sencillas reflexiones de fondo:

- La tradición de Mateo ha visto a Jesús como nazoreo, del netzer mesiánico, heredero de las promesas de David, que anunció y anticipó la llegada del Reino mesiánico. Pero el redactor final ha querido mostrar que Jesús no era nazoreo en una línea de judeocristianismo nacional, sino abriendo un mesianismo universal, tal como se pone de relieve en Mt 28, 16-20.

- Los evangelios judeo-cristianos (de Ebionitas y/o Hebreos) parecen presentar a Jesús como nazoreo davídico en el tiempo de su vida y en la primera etapa de la Iglesia. En esa línea su nazoreato puede haberse mezclado a un tipo de nazireato ascético, con rasgos más propios de Juan Bautista (y de Santiago, hermano del Señor) que de Jsús. Evidentemente, ese nacionalismo mesiánico no excluye la universalidad, aunque la sitúa al final del tiempo: Cuando se cumpla el mesianismo israelita, el mensaje y camino de Jesús podrá (deberá) abrirse a todas las naciones.

-El testimonio fundamental en todo este tema es el de Jn 19, 19 (cf. 18, 5. 7), que ha recogido el fondo histórico del juicio de Jesús, a quien Pilato condenó como “nazoreo, rey de Israel”, en una línea históricamente vinculada a las esperanzas mesiánica de la familia de David. Ésta sería a su juicio la paradoja del evangelio de Juan: A Jesús le condenaron históricamente por presentarse y actúar como “observante mesiánico”, promotor de una comunidad de “liberados“, para perdón, curación, amor mutuo, por encima de la penitencia de los nazireos ascéticos y de la violencia de los celotas,  una línea que ha sido rechada al mismo tiempo por los sacerdotes del “clan” de Boeto que condenaron a Jesús y por Poncio Pilatos, gobernador romano que mandó crucificarle.

           Conforme a la visión de conjunto de los evangelios, Jesús fue condenado y crucificado por actuar (manifestarse) como portador de una palabra y “política” (=práctica) de perdón y curación universal, por encima (en contra) de un ascetismo penitencial o de un celotismo militar judío y romano que no perdonaba, sino que condenba a los disidentes como Jésús, y lo hacía en el fondo por envidia (como pone de relieve Mc 15, 10) y por miedo (como dice Jn 11, 49-53).

Jesús fue el nazoreo judíos, promotor de una de una palabra universal de perdón, curación y amor, no sólo entre los judíos, sino entre todos los hombres. Las autoridades de la ley y del templo judío le vieron como peligroso, tuvieron envidia de él, tuvieron miedo, y le condenaron a muerte. Los romanos parece que no tuvieron envida de él, y le condenaron a muerte,    Jesús nazoreo, rey de los judíos, como diciendo abajo los nazareos, que perdonan a los otros. Precisamente porque perdonaba a todos mataron a Jesús. Unos tuvieron envidia, otros tuvieron miedo.

NOTAS

[1] Texto tomado de X. Pikaza, Historia de Jesús, VD. Estella 2017. Cf. A. Díez Macho, “Jesús ho nazoraios”, en Quaere Paulum, Salmanticensis 39, Salamanca 1981, 9-26; U. Luz, Mateo I, BEB 74, Sígueme, Salamanca 2010, 222-230 ; W. F. Albright, The Names Nazareth and Nazarean, in JBL 65 (1946), 397-401; B. Gärtner, Die rätselhaften Termini Nazräer und Iskariot (HS 4), Uppsala 1957; S. Lyonnet, “Quoniam Nazareus vocabitur”: Bib 25 (1944) 196-206; H. H. Schaeder, Nazarenos/Nazoraios, TWNT 4, 879-884; E. Zolli, “Nazarenus vocabitur”: ZNW 49 /1958) 135-136 ; E. Zolli, Il Nazareno.Studi di esegesi neotestamentaria San Paolo, Cinissello 2009.

[2]Jesús aparece como nazareno seis veces, cuatro de ellas en el evangelio de Marcos (Mc 1, 24; 10, 47; 14, 67; 16, 6), en lugares donde podemos sospechar que la tradición anterior decía nazoreo, como si Marcos quisiera ocultar la visión de un Jesús nazoreo, por el uso militar (celota) que judeocristianos podían dar a ese término. Las otras dos están en Lucas: Una (Lc 4, 34) depende de Mc 1, 24; otra (Lc 24, 19) es críticamente insegura.

      Jesús aparece como nazoreo trece veces, en textos antiguos, que recogen, a mi juicio, una experiencia de las comunidades, que le han recordado como perteneciente a un grupo mesiánico. (a) En Mateo 2, 23 y 26, 71, al comienzo y fin del evangelio, retomando una tradición judeo-cristiana que Mateo no ha desarrollado. (b) En Juan, en un contexto de juicio y de condena a muerte (Jn 18, 5. 7 y 19, 19), suponiendo que a Jesús le crucificaron por hacerse rey nazoreo. (c) Lucas pone nazoreo en un caso donde el paralelo de Marcos dice nazareno (cf. Lc 18, 37; Mc 10, 47), quizá para vincular a Jesús con David, de quien derivan los nazoreos (cosa que Marcos habría querido ocultar).

Crucificado
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