Jerusalén será un parque de ruinas, con un Burger ante la mezquita y un McDonald bajo la cúpula cristiana de la resurrección (MMB)

(Imágenes y visión general (20+) Facebook)

El muro de ruinas/lamentaciones del templo judío de Herodes  puede quedar como está ahora para que vayan y lloren soldados del ejército de Israel. Cristianos y musulmanes que lloren ante  el calvario de Jesús (convertido en McDonald) y la mezquita de Abraham y de Omar convertida en resort para comer cerdo asado.

Así me ha dicho MMB de California USA, especialista en historia moderna, rogándome que no ponga su nombre, porque pueden tomar  represalias.

Miqueas 3, 12 había dicho, hacia el año 700 a.C: Sión será un campo yermo de labranza, labrado,  Jerusalén un triste collado de ruinas,  y la colina del templo un mato de maleza.

Jeremías (Jer 21) dijo o mismo un siglo después y le echaron a un pozo para matarle.

Jesús de Nazaret  concretó más tarde el tema y dijo: No quedará piedra sobre piedra…

MMB me acaba de decir, me acaba de decir añadiendo un dato: Esta historia made in USA y en Israel se parece a la de Nerón. Le he pedido explícate, y me ha dado tres claves:

1. Estos dos jefes actuales (uno en USA, otro en Israel) se parecen a Nerón, hombres de gran inteligencia, pero desviados… Quieren ganar fama eterna se piensan elegidos por el destino, pero vanfracasar, no han medido bien sus fuerzas…

.2 Sus enemigos más peligrosos no están  fuera, sino dentro de sus partidarios, y posiblemente van a ser traicionados…. No parece que les vayan a  matar, pero terminarán suicidándose de alguna manera como Nerón, de forma simbólica o real…(como supone el apocalipsis cristiano (A9 18, 18).

3. Pero en peligro de derrota y muerte serán muy peligrosos. Se tomarán como chivos expiatorios, podrán  quemar la ciudad (Roma o el mundo) y dirán al morir (por suicidio o por asesinato: ¡Qué gran artista pierde el mundo.

 Conversación con MMB. La tumba de Jesús será un McDonald

Me llamó hace dos días desde Fresno, California… Me contó “su profecía” recordándome la historia de Nerón. Así fue lo que dijimos:

-  MMB. Tú conoce bien esta historia, hemos hablado de ella algunas veces. Me dijiste una vez que esa historia está en el fondo de tu impetración del evangelio de Marcos.

-Pikaza. Puede ser. Alguna vez lo he dicho. Pero la historia no se repite de la misma forma. Hay variantes.

-  MMB. Claro, muchas variantes, pero a mi juicio para mal

- Pikaza… Pero los de Irán no son santos, ni los vecinos de Israel en el Cercano Oriente…

- MMB.  Los reyes vasallos del tiempo de Nerón tampoco  eran santos…Pero lo que yo quería hoy preguntarte es más sencillo: ¿Crees que Jesús entró en Jerusalén montado sobre un asno, con un pollino a su lado, como gesto de protesta contra lo querían entrar en Jerusalén con caballos y carros de guerra?

- Pikaza.  Sí, creo que entró montado en un asno de paz, sin armas ni soldados,, conforme a la profecías de Sofonías y Zacarías … Y lo hizo ostentosamente, en contra de todos los que utilizan soldados y ejércitos para ganar sus guerras en la línea de las legiones de Roma o de los celotas de Israel.

MMB. Tenemos que hablar de eso. Yo creo que Jesús entró de hecho en un asno para cumplir la profecía... no sólo en sentido de humildad interior sino de transformación de la política y ley de guerra/espada... La humildad es buena y necesaria, pero no como "postureo" sino como principio de transformación personal y social. 

Pikaza. Impedir al Patriarca que celebre la procesión de Ramos en Jerusalén puede/podría llevar a la destrucción del Estado de Israel,  pues va en contra de los pactos de Crimea, firmados por  Rusia, Turquía , España, Rusia, Piamonte, Francia, Inglaterra y alguna potencia más, en el tiempo de la guerra de Crimea…Siguiendo en esa línea del Jefe de Gobierno de Israel podría entrar en una dinámica de violencia sin posible retorno...  

MMB. Tenemos que hablar de eso. ¿Te parece importante la entrada de Jesús en Jerusalén montado en un asno?

Pikaza. Muy importante, entró en un asno para cumplir la profecía... no sólo en sentido de humildad interior sino de transformación de la política, de superación total de la guerra, en la línea de Miqueas 3 y de Isaías 2.  Pero no me hagas mucho caso. De todas formas, tengo miedo de que algunos estén “jugando a la guerra” para destruir los lugares santos del Islam (mezquita de la Roca)  y del cristianismo (basílica de la resurrección). Algunos quieren que no haya  más que ruinas, en un lado y el otro… como las ruinas del muro del templo judío de Herodes. Debo estar un poco , pensando así las cosas

MMB. Nada de eso, tú eres muy lúcido. Yo creo que, entre los planes de de algunos políticos y soldados de Israel y USA está cargarse los Santos Lugares, para que no haya más santos lugares… para que nada importe, sólo ejército y dinero. Esta es mi profecía profética. Soy historiador, no exegeta creyente como tú me temo que un misil caerá en el Santo Sepulcro porque fallará la Cúpula de Hierro y los israelíes dirán que han sido los iraníes, los iraníes dirán que han sido los de USA… y los de USA dirá que han sido los terroristas profesionales de un Islam alocado… a no ser que el alocado sea yo.

Pikaza. Nada de eso. Lo que tú dices se puede pensar y decir… Más aún, yo creo que lo dice el apocalipsis 17-18.

MMB. Esa era mi profecía. Un misil co bomba caerá en la mezquita de laa roca, otro en la Basílica de la resurrección…..   Y  los poderes establecidos convertirán el Santo Sepulcro en  un resort de McDonald y la Mezquita de la roca en otro resort, de tipo Burger caro…, para que se diviertan los más ricos….con piscinas de lujo sobre el Cedrón y el Monte de Josafat. No sé qué piensas… No sé qué opinas.

- Pikaza. No pienso nada, simplemente nada… Tengo miedo, tengo inmensa pena, Pero  al mismo tiempo me da miedo el mundo en el que estamos entrando Nunca he creído en visiones apocalípticas, pero en este momento tengo miedo de estar creyendo en ellas.

MMB. Una vez me dijiste que habías traducido un libro sobre este tema.

-Pikaza. Te lo debí decir. Fue hace más de 20 años. El libro es de Livia Fanzaga y se titula Los días del Anticristo, un comendatario sobre dos obras famosas de finales del siglo XIX sobre el fin del mundo, una del ruso Soloviev, otra del Inglés Benson… Ambos suponen que Jerusalén será destruida, pero que vendrá Jesús… Por otra parte, los poderes políticos de un lado y de otro pueden destruir los santos lugares… Podemos morir todos... A veces pienso que estamos perdiendo la baza de la paz, a no ser que llegue la conversión de los gentiles que pronosticaba el genial Pablo en Rom 11, 26.

         A eso me agarro. de lo contrario no veo salida.... Así dice Pablo: Se convertirán los gentiles… y luego también los judíos, y entonces llegará el final… (Rom 11, 16). Pero tampoco me creas... Dios tiene quizá otras baza que no conocemos, pero siempre en línea de un tipo de Cruz, de entrega de la vida…  Pienso que era eso lo que decía Livio Fanzaga en su libro…

 MMB.

Livio Fanzaga, Los días del Anti-Cristo (final)

Hasta ahora hemos seguido muy de cerca los textos bíblicos, sobre los que, en el curso de los siglos, ha venido reflexionando la Iglesia. Ahora es oportuno que veamos qué lectura ofrece de ellos el Catecismo de la Iglesia católica, que nos trasmite sobre este punto unas consideraciones llenas de gran interés. Las palabras clave del Nuevo Testamento, que describen la acción satánica contra la Iglesia en todo el curso de su historia, pero sobre todo en los tiempos del fin, son la «persecución» y la «seducción». A estos dos aspectos de la actividad del dragón rojo corresponden las dos bestias del Apocalipsis. El Catecismo de la Iglesia católica ofrece una contribución importante para profundizar en estos dos elementos.

¿En qué consiste la seducción que se expresará del modo más intenso con la aparición del Anticristo? Sabemos que el Nuevo Testamento se refiere en este aspecto a los profetas, que presentan la mentira en forma de verdad, negando de un modo particular que Jesús sea el Cristo, el Hijo de Dios (1 Jn 2, 22). El Catecismo de la Iglesia católica habla con una terminología original de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne (Catecismo, num 675).

El significado de este texto ha sido ampliamente profundizado en la novela de Benson, y este es ciertamente un mérito grande del autor. Se trata de un rechazo radical no sólo de la Iglesia de Cristo, sino del mismo Dios. El hombre se coloca en el puesto de Dios, haciéndose árbitro de la propia vida, del bien y del mal, de su propio destino. Según eso, el hombre quiere construir un mundo sin Dios, resolviendo con sus fuerzas todos los problemas fundamentales de su existencia. En este contexto, el Anticristo es aquel que encarna el espíritu y el proyecto de un mundo que, habiendo eliminado a Dios, se deifica a sí mismo y se pone como absoluto.

Debemos preguntarnos qué raíces bíblicas tiene esta interpretación de la seducción final a la que será sometida la Iglesia. Naturalmente, en primer lugar debemos eocar los textos de Pablo, que describe los tiempos del fin como aquellos en los que el mundo pensará que ha sido capaz de darse a sí mismo la paz y seguridad (1 Tes 5, 3), gracias al hombre inicuo que, apoyándose en esos éxitos, obtenidos con la fuerza de Satanás, se sentará en el templo de Dios, presentándose a sí mismo como Dios (2 Tes 2, 4).

Pues bien, en ese fondo descubrimos un acercamiento muy preciso entre las pruebas que el mismo Cristo ha debido sufrir y aquellas que la Iglesia deberá afrontar necesariamente en el curso de su historia, de un modo particular en los últimos tiempos. Los evangelios nos dicen que el tentador ha querido influir en Cristo desde el principio, para que siguiera los caminos de un mesianismo falso, fundado sobre la capacidad de trasformar las piedras en pan, de encantar a las muchedumbres con la potencia del milagro y, en fin, de dominar el mundo con los instrumentos del poder político. Esta tentación que Cristo ha rechazado, abrazando la cruz, es la que vendrá a presentarse de nuevo a la Iglesia en el curso de su peregrinación y, de un modo particular, en los tiempos finales.

¿Cuántos resistirán al poder de encantamiento de este mesianismo secularizado que ya el Papa Pío XI había juzgado como intrínsecamente perverso? Muchos serán ciertamente seducidos, perdiendo la fe y dejando que su caridad sobrenatural se enfríe.

No se puede negar que la «impostura religiosa» de la que habla el Catecismo de la Iglesia católica sea una característica distintiva de nuestro tiempo. Los últimos siglos han visto el ascenso de una religión humanitaria y la tentativa humana de realizar la salvación a través de formas políticas de mesianismo secularizado. La ilusión de construir el «paraíso en la tierra», sin Dios y con las propias fuerzas, es una ilusión difícil de matar. Superados los mesianismos de tipo político, han surgido otros, no menos sediciosos, que engañan al hombre, diciéndole que es capaz de convertirse en el amo del mundo y de la vida. Por otra parte, por primera vez en la historia de la humanidad, el ateísmo ha venido a convertirse en un fenómeno de masas y los hombres se piensan capaces de construir el futuro con sus propias fuerzas, sin preocuparse de Dios y de la ley moral. ¡Cuántos abandonan la fe y la impostación cristiana de la vida, con la ilusión de encontrar en el mundo la solución de los problemas de la propia existencia!

¿Estamos, por tanto, en el clima característico de los tiempos del fin? Es imposible decirlo. Ciertamente, lo que sucede en nuestro tiempo podría ser una manifestación relevante de la seducción anti-cristiana, pero ¿cómo podremos estar seguros de que nos hallamos frente a la «máxima impostura religiosa», que es precisamente la del Anticristo? Por otra parte, en el fondo, no es algo tan importante el saber si ha llegado ya la hora de la venida del Hijo del hombre. Nadie podrá estar seguro de ellos, sino es en el mismo momento en que aparezca como un relámpago que viene del oriente y brilla hasta el occidente (Mt 24, 27). Sólo cuando le veamos venir sobre las nubes del cielo, con gran potencia y gloria, y cuando los ángeles convoquen con una gran trompeta a todos sus elegidos de los cuatro vientos, sólo entonces tendremos la certeza que ha llegado la hora. Antes de eso será necesario el discernimiento de la fe y la fuerza del testimonio hasta el martirio. En el pasado, comenzando por los primeros cristianos, muchos han pensado que su prueba era ya la final. Pero no fue así. Nadie podrá saber nunca con certeza si la tribulación que una generación está llamada a vivir es ya la del fin.

La pasión de la Iglesia

El Catecismo de la Iglesia católica ofrece unos indicios de reflexión muy convincente también en referencia al otro aspecto de la prueba final de la Iglesia, que es precisamente la persecución. También en ese caso nos hallamos frente a una dimensión que acompaña al pueblo de Dios a lo largo de todo el curso de su peregrinación por la tierra. Jesús no deja ninguna esperanza sobre la posibilidad de que pueda darse un cristianismo bien adaptado al mundo. Así lo advierte, tratando de ese tema: Os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y metiéndoos en la cárcel, llevándoos delante de reyes y gobernadores por mi causa (Lc 1, 12). La prospectiva del martirio, entendido en sentido profundo, como testimonio hasta el don final de la vida, forma parte de la existencia cristiana normal.

Sin embargo, esta posibilidad se volverá mucho más concreta para el conjunto de Iglesia en los tiempos del final. Las teorías milenaristas han estimulado la reflexión de la Iglesia por lo que se refiere al último momento de su camino sobre esta tierra. No será una marcha triunfal, como parece indicar el milenarismo, sino más bien un camino de cruz, que tendrá su epílogo en el Calvario. Sobre este tema, la Iglesia está llamada a revivir en sí misma el misterio pascual de Cristo. En este aspecto, el Catecismo de la Iglesia católica se expresa en términos impresionantes: La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en su muerte y su Resurrección (n. 677).

El Catecismo se apoya en un presupuesto teológico indiscutible. La Iglesia es la prolongación del misterio de Cristo en la historia y los miembros del cuerpo místico están llamados a revivir en sí mismos la existencia de aquel que es su Cabeza. La vida pública de Jesús ha estado marcada por la predicación, el testimonio, la tentación y la persecución. Así seguirá siendo durante el recorrido de la Iglesia en los caminos de la historia. Pues bien, la conclusión de la vida de Jesús ha estado marcada por su ingreso en el misterio de un sufrimiento horrible, hasta la muerte en cruz, en ignominia y abandono. Cuando todo parecía acabado y las fuerzas del mal saboreaban la victoria definitiva, he aquí que llegó la intervención de la omnipotencia divina, que destruyó el poder de las tinieblas y elevó en el fulgor de su gloria a aquel a quien el mundo había querido eliminar.

De igual manera, en la fase final de su peregrinación, la Iglesia estará llamada a revivir en sí misma la pasión de Cristo, para así merecer después la gloria de la parusía. Lo mismo que Cristo, ella hará la experiencia de la angustia en Getsemaní, será traicionada, abandonada por muchos de los suyos, abofeteada, ridiculizada, flagelada y, en fin, condenada a muerte y crucificada. Cuando el mundo esté que ha alcanzado su meta, eliminando a la Iglesia de la faz de la tierra, cuando se prepare para cantar victoria, en aquel momento aparecerá en las nubes del cielo el verdadero amo del mundo, que introducirá a la Iglesia en la gloria divina de la resurrección.

En contra de las perspectivas del milenarismo y también en contra de una cierta mentalidad triunfalista, el Reino no se realizará a través de un triunfo histórico de la Iglesia, siguiendo en la línea de un progreso ascendente, sino a través de una victoria de Dios sobre el despliegue último del mal, una victoria que hará que su Novia descienda del cielo (Catecismo de la Iglesia católica, num. 677). Pues de hecho, el mundo irá detrás del Dragón y de las dos bestias y les ofrecerá su adoración: Entonces, toda la tierra, llena de admiración, fue en pos de la bestia y los hombres adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia... La adoraron todos los habitantes de la tierra cuyos nombres no estaban escritos desde el principio del mundo en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado (Ap 13, 3-8).

No pocas «revelaciones privadas» ofrecen una interpretación literal del Reino de los mil años del que habla el Apocalipsis. Incluso autores como Soloviev y María Valtorta adoptan un esquema apocalípitico, que sitúa la manifestación del Anticristo antes del reino de los mil años, al final de los cuales colocan el desencadenamiento último de las fuerzas del mal, y después la parusía. La Iglesia no ha adoptado nunca esta perspectiva y, como hemos indicado ampliamente, ella pone al Anticristo en el contexto de la máxima impostura religiosa, que precederá a los tiempos del fin y a la venida de Cristo en la gloria.

¿Cómo ha de entenderse, por tanto, el Reino de los mil años, del que habla el Apocalipsis extensamente? Vi después un ángel que descendía del cielo con la llave del abismo y una gran cadena en la mano. Prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo ató por mil años. (...) Y vi las almas de los degollados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia. (...). Ellos volvieron a la vida y reinaron con Cristo mil años (Ap 2, 1-4). Este texto, interpretado literalmente, ha llevado a más a un autor a posturas que están fuera de la fe. En realidad, en este texto, Juan no ha hecho más que llevar hasta su desarrollo final la descripción de la gran persecución de la Iglesia, primero con Nerón y luego con Domiciano. Por eso, él anima aquí a los cristianos, diciéndoles que, después de la persecución, Dios concederá a la Iglesia un período de paz y de renovación. De igual manera, la resurrección de los mártires debe entenderse de un modo simbólico, como una forma de pervivencia de su presencia espiritual en el camino de renovación de la Iglesia.

Esta interpretación es absolutamente correcta desde una perspectiva teológica. La peregrinación de la Iglesia tiene momentos en los que el dragón interfiere con seducciones y persecuciones y otros en los que Dios concede paz y tranquilidad a la Iglesia. Esto acontece, en realidad, también en un plano individual. ¡Ay de nosotros si Dios permitiera que el demonio nos atacara continuamente! Esto no significa, sin embargo, que la tentación desaparezca del horizonte de nuestra vida, sino, simplemente, que la sabiduría de Dios dosifica su intensidad y su peligrosidad. Del mismo modo, el «misterio de iniquidad» actúa contra la Iglesia con el permiso de Dios, que concede al pueblo de Dios en camino una alternancia de momentos de gran prueba con otros de serenidad.

Sin embargo, no hay duda de que al fin vendrá a darse un desencadenamiento incontenible de los poderes de las tinieblas, como nunca había sucedido anteriormente. Es el momento de la máxima impostura, el momento del Anticristo, de la batalla final y del triunfo de Dios sobre la rebelión del mal. Cuando los mil años se cumplan (es decir, después de un tiempo de paz que Dios ha concedido a su Iglesia, Satanás será liberado de su prisión (es decir, Dios le permitirá que desencadene el ataque final) y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro extremos de la superficie de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla. Su número es como la arena del mar. Subieron por la anchura de la tierra y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; pero un fuego de Dios descendió del cielo y los consumió. Y el diablo, que les había engañado, fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos (Ap 20, 7-10).

Este célebre pasaje, completado con aquel de Pablo en la Segunda Carta a los Tesalonicenses, nos ofrece un mensaje muy preciso. Cuando parezca que la «máxima impostura» ha logrado la victoria, cuando la destrucción de la Iglesia venga a presentarse como algo inminente e inevitable, cuando el misterio de la iniquidad se manifieste en el Anticristo, porque ya no hay nada que le impida actuar, cuando la Iglesia haya bebido hasta la última gota del cáliz de la Pasión de su Señor, entonces, se manifestará el triunfo de Dios sobre las fuerzas del mal, a través del último Juicio, el Juicio Universal, mientras que la Iglesia descenderá del cielo, preparada como una novia que se adorna para su esposo (cf. Ap 20, 11-21, 2).

Naturalmente, podemos preguntarnos: ¿se están preparando los tiempos de la gran persecución y del desencadenamiento de las fuerzas del mal? No se puede dar una respuesta segura a esta pregunta. Cada época va descubriendo la forma en que el misterio de la iniquidad despliega sus obras de seducción y persecución contra la Iglesia. En algunos momentos esa seducción y persecución resulta particularmente intensa; en otros, en cambio, parece que el mundo quiere retornar a Dios. La única cosa que es verdaderamente importante para cada generación, como para cada persona, es conseguir la palma de la victoria, porque esto es en el fondo lo que importa.

Las fuerzas del infierno no prevalecerán

Lo que sabemos sobre los tiempos del fin, porque Dios nos lo ha revelado, es lo que hemos expuesto sintéticamente a partir de los textos bíblicos y de la interpretación que les ha dado la Iglesia, sobre todo en el Catecismo de la Iglesia católica, que reasume en este campo una reflexión bimilenaria. Ninguna «revelación privada» podrá modificar ni sustituir aquello que es ya una doctrina consolidada del Magisterio. Ni siquiera los nuevos detalles, aportados por las «revelaciones privadas», podrán tener la fuerza y la autoridad de la enseñanza oficial. Esta enseñanza oficial basta para orientar de manera conveniente a los cristianos. Arriesgarse por otros caminos puede llevar consigo el peligro de extraviarse.

No faltan «revelaciones privadas» sobre el fin de los tiempos, incluso de santos como Santa Ildegonda (1186), Santa Ildegarda de Bingen (1098-1179) y Santa Brígida (1303.1383). La Iglesia, reconociendo la santidad de esas personas, no se pronuncia sobre la naturaleza de sus «revelaciones privadas», siempre que se conserven dentro del espacio de la recta doctrina. También nosotros podemos tomarlas en consideración, siempre que sean compatibles con el conjunto de la fe. Sin embargo, en este campo, es necesario un gesto de prudente discernimiento. Algunas supuestas revelaciones, que provienen de Jesús o de la Virgen y que circulan en algunos ambientes católicos, nos dejan más bien perplejos en este contexto. Ellas alimentan entre el pueblo simple la leyenda del Anticristo, que se sentaría incluso sobre la cátedra de Pedro o en su entorno inmediato. Algunas de estas presuntas revelaciones, surgidas en ámbito católico, exageran también de tal manera el tema de la corrupción de la Iglesia, que podemos preguntarnos si ellas no son más bien como un eco de motivos que han puesto de relieve las sectas de todos los tiempos.

No hay duda de que los textos bíblicos aluden a la pérdida de la fe y al enfriamiento de la caridad en los tiempos que precederán al fin y que, por tanto, habrá entre los seguidores del Anticristo muchos que han traicionado a la Iglesia. Pero ni la persecución ni la traición podrán destruir la sede de Pedro y el colegio apostólico vinculado con él, aunque pueda haber defecciones de algunos miembros concretos. La promesa de Cristo, las puertas del infierno no prevalecerán contra ella, conserva todo su valor hasta el fin de la historia.

¿Han llegado los tiempos del fin?

           Después de esta exposición esquemática de la doctrina católica sobre el fin de los tiempos, podemos plantearnos lícitamente la pregunta que se plantean espontáneamente muchos, ante el cambio de milenio: ¿Han llegado los tiempos del fin? En este contexto debemos tener presente ante todo un dato cierto de la doctrina de la fe doctrina de la fe, es decir, que la Venida del Mesías glorioso, en un momento determinado de la historia se vincula al reconocimiento del Mesías por "todo Israel" (Catecismo de la Iglesia Católica, num. 674). Antes del reconocimiento de Cristo por parte del pueblo judío no se puede hablar del fin del mundo.

           Ciertamente, el desenmascarar la impostura religiosa que está inseparablemente vinculada al misterio de la iniquidad sigue siendo una tarea fundamental para cada generación cristiana. En el fondo, cada época vive en forma anticipada, con mayor o menos intensidad, el drama del fin. Nuestro tiempo ha visto una gran tribulación y está viviendo una «gran impostura». El verdadero problema consiste en saber cómo salir de ella victoriosos y fortificados. El Magisterio eclesiástico, que guía la navecilla de Pedro entre las tempestades de la historia, nos invitar a mirar hacia el futuro con ojos de esperanza. Conforme a una idea muy querida para el Santo Padre, la Iglesia se encuentra todavía solamente en los comienzos de la evangelización del mundo. En vez de empeñarse en trazar escenarios sombríos, el Papa propone como meta inmediata del camino de la Iglesia la celebración del gran Jubileo, acontecimiento de gran alegría, por el cumplimiento dos veces milenario del cumpleaños de Cristo. El pueblo de Dios está invitado a caminar hacia el futuro con espíritu penitencial, unido a la confianza y a los sentimientos de reconocimiento.

           No vemos la forma en que las profecías de desgracia y de grandes tribulaciones puedan ser compatibles con este clima. Cuando vengan los tiempos de la máxima impostura y de la gran tribulación, Dios no dejará de ofrecer la luz del discernimiento a quien él mismo haya puesto como cabeza de su Iglesia.

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