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José Chamorro, Librería Santos Ochoa, Salamanca. El viejo artesano, 25.6.8 Siete tarde

Charla y libro con Jose Chamorro. "El viejo artesano"(20+) Facebook

jueves 25 de junio 2026    

19:00 - 20:30

Santos Ochoa. Gran Vía, 10-12. Salamanca

En un mundo saturado de ruido, prisa y posverdad, El viejo artesano propone un retorno a lo esencial: silencio, naturaleza y conciencia.

OFICIOS BÍBLICOS….

 Pastor, agricultor, músico,, metalúrgico, minerosminero, alfarero, albañil, carpintero

Primer oficio de varones : David, rey guerrero. Los giborrim… geber hayl; Rico que podría tener una armadura, una espada….

ECLESIÁSTICO….

Eclo Artesanos en Eclo 36. 39. Agricultor, pastor, herrero, albañil, carpinteros, alfarero…Son fundamentales para el mantenimieno de la vida externa….. faltan navegantes, comerciantes (camelleros…) pero son subordinados… al estilo “hele. nista”… Lo que importa es el sabio,, el hombre que domina le ley la administración de ls ciudad.

JESÚS ARTESANO,  no es guerrero, si terrateniente, ni sabio profesional (letrado…) sino tekton: artesano…Carpintero, albañil/canero y herrero…

 Es un tekton al servicio de otros… Es un Tekton en unn mundo de pobres y excluidos…. EN UN MUNDO INDIPIENTE DE LUCHA DE  

  Las cosas que Jesús sabe hacer ¿construir?

  Las personas con las que se rodea: Enfermos, excluídos, impuros. Un             tipo de prostitutas…. El celibato de Jesús: Un tipo de libertad            afectiva

 Curación, sanación: Curandero, terapeuta, exorcista…Una artesanía sanadora….

 Como Sócrates….A Sócrates le juzgan peligroso en el Areópago… en un tiempo de predominio de “Sofistas” (pone la palabra al servicio de los privilegiados

CLASES SOCIALES EN GALILEA, SIGLO I. d.C ( Lenski)

Para entender la situación social de Galilea en tiempo de Jesús puede y debe utilizarse el esquema desarrollado ya hace tiempo por G. E. Lenski, Poder y privilegio. Teoría de la estratificación social, Paidós, Buenos Aires 1993[1].

1. Gobernantes.

Forman la clase superior, representada en principio por los reyes y sus familiares. Tienden a presentarse como delegados de Dios, concentrando todos los poderes, dentro de una estructura piramidal, en cuya cumbre está Dios. Desde ese fondo, ellos vienen a convertirse en dueños del conjunto de las tierras, que habrían recibido de Dios, para ofrecer después una parte de ellas, de un modo “generoso”, a sus mejores subordinados, que deben “agradecerles” su favor por medio de tributos.

De esa forma, los gobernantes reciben no sólo los productos directos de las tierras que se han reservado y cultivan por sí mismos (por sus siervos y colonos), sino también una parte considerable (un tercio [=tributo] o incluso la mitad) de los ingresos agrícolas de todos los “propietarios” de los campos. Normalmente, ellos emplean lo así recibido para su propio disfrute, sus edificaciones y sus empresas militares y sociales. En tiempo de Jesús, esta clase gobernante estaba representada en Israel por el imperio romano y por los reyes vasallos de la dinastía herodiana, que gobernaban en nombre del imperio. En algún sentido, los mismos sacerdotes de Jerusalén formaban parte de esa clase gobernante, como aparecerá en la muerte de Jesús.

    2. Ministros y/o funcionarios superiores.

Forman las jerarquías militares y burocráticas, sacerdotales e intelectuales que sostienen y acompañan a los gobernantes propiamente dichos. Son aproximadamente un 5%de la población y suelen estar muy vinculados al monarca (como “servidores”). Ellos reciben en Israel unos rasgos especiales:

Muchos de los conflictos entre judíos y romanos se relacionaban con el hecho de que los soldados romanos llevaban estandartes religiosos, con efigies “idolátricas”, prohibidas por la Ley israelita. Por eso, la situación habitual era de conflicto. Parece que en tiempo de Jesús no existía un “ejército celota” (anti-romano) propiamente dicho, como el que surgirá en los años que preceden a la guerra (del 67-70 d. C.). De todas maneras, había un conflicto militar latente entre Roma y el judaísmo: gran parte de los judíos palestinos, incluso los no-nacionalistas, tendían a ver el ejército como signo demoníaco, más que como instrumento de Dios. Jesús no reclutará un ejército, ni planeará un alzamiento militar, pero morirá condenado por el comandante del ejército romano (Poncio Pilato).

A través de su pacto con Roma, los sacerdotes de Jerusalén podían considerarse, en algún sentido, como servidores del imperio romano y de esa manera se hallaban vinculados con los gobernantes, los militares y administrativos del imperio, de manera que formaban parte del “sistema oficial”. Pero, en otro sentido, ellos tenían una gran autonomía, pues se consideraban depositarios y garantes de la palabra de Dios. Poseían además un pequeño ejército propio (la guardia para-militar del templo) y controlaban una parte considerable de la economía del entorno de Jerusalén, como veremos al tratar de la muerte de Jesús, condenado por los sacerdotes de Jerusalén, aliados como es lógico, de Roma.

    En Israel ha surgido también (o está surgiendo, en tiempo de Jesús) una clase intelectual muy importante, formada por los “escribas”, que interpretan y recrean las tradiciones antiguas del pueblo, fijadas en la Escritura, pero abiertas a las nuevas necesidades del conjunto de la población. Esa clase se encuentra vinculada con los sacerdotes, pero, al mismo tiempo, disfruta de una gran autonomía: los “escribas”, apoyándose en el texto sagrado (la Escritura), poseen una gran capacidad para motivar y organizar la vida del pueblo, de tal forma que serán los promotores del despliegue del judaísmo rabínico, a partir del siglo II d. C. De todas maneras, en aquel tiempo, había también otro tipo de intelectuales “carismáticos” (profetas, sanadores…), entre los cuales podrá situarse de algún modo Jesús.

3. Clase mercantil.

No había sido importante en la sociedad más antigua de Israel, donde los campesinos desarrollaron una agricultura de subsistencia, con gestión y comercio casi directo, de intercambio de bienes… No había entonces una clase superior de comerciantes, que controlara los excedentes agrícolas y organizara los intercambios económicos, entre otras razones porque apenas había excedentes. Pero, en un momento dado, cuando un sector significativo de la población dejó de producir sus bienes de consumo, cuando las relaciones entre los campesinos dejaron de ser directas e inmediatas, surgió una clase especial de burócratas mercantiles, al servicio del sistema político-militar y de las élites ciudadanas, que controlaban la mayor parte de las riquezas del país.

Estos “comerciantes” que no son productores de bienes de consumo, sino que dirigen e intercambian los bienes producidos por otros, quedándose con una parte considerable de los excedentes, constituyen un elemento esencial de la nueva economía de Galilea. En el fondo son ellos los que, aliados con los gobernantes y los ciudadanos ricos, controlan gran parte de la economía del país, de manera que han sido rechazados al menos de manera implícita por Jesús, que apela a las tradiciones originarias de Israel, que implican el contacto directo de las familias entre sí. 

Jesús vive en un mundo que se encuentra dominado, de hecho, por una clase mercantil que ha separado ya el dinero (capital) de la vida real, es decir, del trabajo inmediato y de las necesidades concretas de los hombres y mujeres. Ciertamente, no parece que Jesús haya sido un “purista” estricto, ni tampoco un “reformador económico”: no ha condenado en principio a todos los “comerciantes”, ni ha rechazado a los “publicanos” (recaudadores de impuestos, al servicio de un orden socio/económico que era, a fin de cuentas, romano), a los que gran parte del pueblo consideraba impuros. Pero, mirando las cosas a mayor profundidad, él ha querido poner el comercio y dinero al servicio de los pobres, de un modo “gratuito” (por comunicación directa entre los hombres), de manera que su proyecto implicaba un cambio total en la manera de ver la economía. En ese sentido decimos que ha sido más que un reformador

En línea de reforma se movían gran parte de los fariseos del tiempo, hombres que querían “mejorar” la economía, de un modo racional, dentro del sistema, sin condenar sus elementos más significativos. En contra de eso, Jesús ha sido un profeta de la encuentro inmediato entre personas (hoy podríamos decir: del trabajo directo) y de la gratuidad, apelando para ello a los principios de la tradición israelita, pues, a su juicio, el dinero que no está al servicio de los hombres se convierte en “mamona”, poder demoníaco. Jesús no ha rechazado el dinero en sí, sino un tipo de sociedad que convierte al hombre en siervo del dinero, como indicaremos en todo lo que sigue.    

4. Clase campesina.

En su principio, el pueblo de Israel formaba una “federación o liga” de hombre de campo: clanes de agricultores y pastores libres. Todos compartían una parcela de tierra, un trabajo, de manera que no había una clase de campesinos inferiores que pudieran separarse de otra clase “superior” de gobernantes-soldados-mercaderes, pues no se habían separado todavía las funciones y los grupos (no había “clases” en sentido estricto). No existían reyes (jerarquía social sagrada), ni sacerdotes separados (todos los hombres libres eran sacerdotes), ni soldados profesionales (todos debían defender la tierra y vida de los otros en caso de agresión), ni comerciantes que controlaran los excedentes alimenticios al servicio de gobernantes-sacerdotes-soldados (pues no había clases no-productivas).

No podía oponerse, según eso, una clase campesina (de agricultores dominados) y una clase ciudadana (de reyes, soldados, comerciantes) que impusiera su control sobre los campesinos, sino que había una comunidad o federación de agricultores-pastores libres, autosuficientes y capaces de defenderse por sí mismos (sin soldados profesionales) y de intercambiarse bienes y servicios básicos (sin comerciantes, sacerdotes o intelectuales independientes).

En sentido estricto, como “clase” o grupo especial de agricultores subordinados, el campesinado nace en el momento en que se introducen y triunfan los poderes anteriores (gobernantes, soldados, sacerdotes), vinculados a la trama de las ciudades, que ofrecen una serie de servicios, pero no produce bienes de consumo (y que por tanto viven de lo producido por los campesinos). Conforme a la visión ideal de la Biblia, Israel había sido siempre (=debe ser) un pueblo de “agricultores libres”, que se gobiernan y defienden a sí mismos, sin necesidad de estructuras clasista (sin distinción entre poderes superiores y campesinos inferiores).

Según eso, en el momento inicial (e ideal) de la historia israelita, no había clases sociales, pues ellas nacen con la división entre grupos superiores (gobernantes-soldados-comerciantes-terratenientes) e inferiores (agricultores sometidos, que se vuelven campesinos). Pero las cosas han ido cambiando y Jesús ha nacido y vivido en uno de los momentos más significativos de ese cambio, es decir, del paso de la “federación de agricultores libres” al campesinado sometido (en Galilea). Conforme al imaginario bíblico, tendría que haber una sociedad sin clases; pero de hecho había un fuerte antagonismo de clase. Por eso reaccionará, no para volver sin más a un ideal pasado, sino para crear un tipo de sociedad nueva, de “Reino de Dios”.

    A lo largo de la historia de Israel, muchos agricultores se habían ido convirtiendo en campesinos, en un proceso que, en Galilea, ha culminado en tiempos de Jesús. Una parte considerable de los “agricultores independientes” no pudieron mantener su independencia, la autonomía de su vida y trabajo, de manera que tuvieron que ponerse (les han puesto) al servicio de una estructura política y comercial, centrada en las ciudades (que forman parte de un reino o imperio más grande: el de Roma).

         En general, los agricultores han venido a quedar “controlados” por los mercaderes (comerciantes), pues la mayoría de sus tierras han pasado a ser propiedad de esos mismos comerciantes o de otros grandes propietarios (terratenientes ricos, vinculados a los gobernantes, militares, comerciantes y/o sacerdotes). En el tiempo de Jesús, la mayoría de los hombres del campo se han vuelto campesinos en el sentido técnico: gentes del campo que han perdido su autonomía, de manera que dependen de unas ciudades y/o de unos comerciantes, que controlan, dirigen y consumen gran parte de su producción. Dando un paso más, muchos de esos campesinos se han vuelto artesanos.

Conforme a este proceso, los campesinos del tiempo de Jesús son agricultores que han perdido su autonomía, de manera que trabajan y producen al servicio de una estructura social clasista, presidida por comerciantes, ciudades y/o reyes, que no producen los bienes de consumo, pero los controlan. El conjunto de los hombres y mujeres no viven según eso en igualdad y comunión (económica, social y/o religiosa), sino que unos dependen de otros.

Los campesinos (agricultores proletarizados) constituyen el ejemplo más significativo de esta “sociedad de clases”. Ellos, que en otros tiempo fueron libres y autónomos (autosuficientes), al menos en sentido imaginario, han venido a formar el primer estrato de los sometidos o dependientes de la población. Ciertamente, algunos siguen trabajando su campo, pero ya no lo hacen para sí mismos, sino bajo dependencia de otros (de un “Estado” de funcionarios y comerciantes); así producen alimento para todos, pero están bajo el “poder” de otros estamentos sociales. En esa situación elevará Jesús su mensaje y promesa de Reino.

5. La clase de los artesanos. Como venimos diciendo, son en general campesinos que han perdido la propiedad y el uso de sus tierras, de manera que no pueden cultivarlas por sí mismos, sino que se están obligados a vender su trabajo, poniéndolo y poniéndose al servicio de ciudades o templos, de comerciantes o propietarios ricos. Por no tener, no tienen más propiedad que su trabajo y deben venderlo para así vivir.  

Siempre ha habido “artesanos” (carpinteros, herreros, alfareros, albañiles, expertos en pozos y riegos…), pero, normalmente, antes de la división de clases, ellos eran agricultores que, además de trabajar su tierra, tenían más capacidad o experiencia que otros para realizar algunas funciones especiales. Por eso, en ciertos momentos, colaboraban con otros agricultores en algunas tareas ocasionales que requerían una habilidad particular o el concurso de muchas personas, sin abandonar por eso sus trabajos de campo. Pues bien, cuando la mayoría de los agricultores se vuelven campesinos sometidos y algunos pierden su tierra (por confiscación, deudas, movimientos migratorios o super-población) empiezan a multiplicarse los campesinos “sin campo”, que no tienen más remedio que “vender” su trabajo como renteros, braceros para todo o artesanos más especializados (carpinteros etc.). 

Desde aquí se entiende la situación del “artesanado sometido”, condenado a trabajar en un nivel de subsistencia, al servicio de una que, en tiempos de Jesús (primer tercio del siglo I. d. C.), se hallaba dominada por los privilegiados de las nuevas ciudades ricas de Galilea. Las zonas rurales habían mantenido por mucho tiempo su agricultura de subsistencia, que de alguna forma reflejaba la situación del principio de la historia de Israel. Pero los cambios de los nuevos tiempos, vinculados a la urbanización y al lujo de las ciudades, convertía a los hijos de agricultores no sólo en campesinos sometidos, sino en artesanos aún más sometidos, como era Jesús[3].

 En el último escalón de la sociedad se sitúa una serie de grupos y gentes que están fuera del esquema anterior: ellos no pueden llamarse ni siquiera pobres, es decir de trabajadores con pocos recursos (que eso significa penes, penetes,  que se suele traducir por pobre), pues no tienen libertad ni medios para ejercer su trabajo, de manera que son ptojoi (pobres por-dioseros, mendigos sin propiedad alguna). Dentro de esas clases podemos distinguir tres grupos:

Estas seis “clases” sociales más significativas del entorno de Jesús nos sirven para situar mejor no sólo su mensaje, sino su mismo aprendizaje vital. Como venimos indicando, él no aprendió su doctrina estudiando la Escritura o en un entorno elitista (como el de F. Josefo), sino en el taller del trabajo y de las contradicciones laborales y sociales de su tiempo. Así lo indica Mc 6, 3 al decir que es tekton (artesano) y lo ratifica Mc 13, 55 al añadir que es “hijo de artesano”. En ese trasfondo se debe situar su conocimiento, tal como ha destacado Mc 6, 3: «¿Qué sabiduría es ésta que ha sido dada? ¿No es éste el carpintero?».  

[1] Cf. también H. Kerbo, Estratificación social y desigualdad. El conflicto de clases en perspectiva histórica, comparada y global, McGraw-Hill, Madrid 2003; R. Crompton, Clase y estratificación, Tecnos, Madrid 1994; J. Littlejohn, La estratificación social, Alianza, Madrid 1975.  

[2] Como estamos señalando, el Señor de Israel es el Dios del trabajo directo, de la tierra compartida. En contra de eso, Mamona es el Dios del comercio, que no está al servicio del hombre, sino de sí mismo (del dinero). Pienso que desde esta perspectiva ha de entenderse el mensaje de Jesús y su herencia en la Iglesia.

[3] Podemos distinguir tres tipos de trabajadores. (1) El agricultor libre, heredero de un campo de labranza, depende de la tierra/clima y del trabajo propio, sin tener que someterse a nadie, aunque vive en sintonía con otros agricultores, dentro de una federación de iguales. (2) El agricultor campesino sigue trabajando en principio su tierra, pero no es autosuficiente, sino que está al servicio de una estructura clasista (estatal, comercial) que controla su producción a través de impuestos y otros tipos de intervenciones. 2. El  artesano campesino es alguien que no ha podido mantenerse como agricultor independiente ni como campesino sometido, sino que ha perdido las tierras, por presión fiscal u otras razones. Depende de queotros le contraten y paguen, no es autosuficiente: no tiene asegurada la comida para la familia. En un momento posterior de la evolución social (en la Edad Moderna) los mismos braceros/artesanos, convertidos en obreros, han podido volverse una clase productora importante, de manera que pueden vivir mejor que los campesinos, a los que dejan en el último escalón de los grupos sociales… Pero en el tiempo de Jesús, en general, los artesanos carecían de organización y constituían el escalón más bajo de la sociedad de manera que, para vivir, dependían totalmente de otros. 

[4] «La mendicidad se halla atestiguada en el Nuevo Testamento (Mc 10, 46ss; Lc 14ss y passim) y en el Talmud (Pea VIII, 8-9). La mayoría de los enfermos y endemoniados debían de vivir de la mendici­dad. Si por aquel entonces hubo una verdadera oleada de posesión dia­bólica, este hecho podría estar relacionado con una crisis de la socie­dad judeo-palestinense. En ella había perdedores y ganadores. Por eso, semejante crisis puede interpretarse en dos direcciones. (1) Allá donde hay muchos mendigos, hay también personas que los socorren. El judaísmo conocía una cultura de la misericordia y del socorro. (2) Pero es igual­mente verdad que allí donde hay muchos mendigos, es que hay mucha miseria que desarraiga socialmente a las personas. Es evidente el con­dicionamiento económica de la mendicidad (cf. Lc 16, 3). Esto hay que admitirlo también para formas más elevadas de con­ducta subsidial, para los adventistas que aguardaban un gran milagro inminente a corto plazo. Los encontramos como adeptos de los nume­rosos profetas que surgieron durante el siglo, que prometían una re­petición de los milagros de la Antigua Alianza y que conducían a sus seguidores al desierto. Procedían del pueblo sencillo (Ant 10, 169) y eran «personas sin recursos (Bell 7, 438)». Cf. G. Theisssen,  El Movimiento  de Jesús,  Sígueme, Salamanca 2005, 144-146.  

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