Lc 10,38-42 Marta y María, toda la iglesia. Y Jesús dijo: No arrebataran a María la palabra
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c 10,38-42 Marta y María, la iglesia. Y Jesús dijo: No arrebataran a María la palabra
El Papa ha pasado por España y en general su mensaje me ha parecido valiente en Barcelona y Canarias, pero esperaba más sobre el tema de las mujeres en la iglesia. Tengo alguna idea sobre el tema, pero prefiero comentar el evangelio de Marta y María, donde Jesús ofrece su visión de la iglesia en perspectiva de mujeres.
El Papa ha pasado por España y en general su mensaje me ha parecido valiente en Barcelona y Canarias, pero esperaba más sobre el tema de las mujeres en la iglesia. Tengo alguna idea sobre el tema, pero prefiero comentar el evangelio de Marta y María, donde Jesús ofrece su visión de la iglesia en perspectiva de mujeres.
Marta critica a su “hermana” María por ocuparse de cosas que no le parecen de mujeres (escuchar, transmitir, celebrar la Palabra en la comunidad. Jesús le contesta y defiende a María, diciendo que “ha escogido” la mejor parte (=la Palabra), y que no le será arrebatada.
Humanamente, Jesús se ha equivocado. A María (las marías) le han arrebatado hasta hoy la palabra, en contra de lo que promete Jesús). Lo que dice la iglesia oficial sobre las mujeres es un “bello maquillaje”. Da la impresión de que ha querido quitar sistemáticamente la palabra real de Jesús a las mujeres. En este campo esperaba más de León XIV. Creo que está llegando el tiempo de que se cumpla la palabra de Jesús: No les será arrebatada la palabra a las mujeres.
Es evidente que lo que digo a continuación no va sin más a misa…. Habrá personas que vean las cosas de otra manera…Pido a Dios que dé a León XIVmuchos años de pontificado para que se empiece a cumplir en la iglesia católica lo que Jesús dice a Marte ¿Pedro?) sobre su hermana María:
Mientras iban ellos de camino,
él entró en cierta aldea; y una mujer llamada Marta le recibió
Y ella tenía una hermana que se llamaba María,
que sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra (τὸν λόγον αὐτοῦ.).
Marta, en cambio, estaba afanada con mucho servicio; y acercándose él dijo:
Señor ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el servicio?
Dile, pues, que me ayude. Respondiendo el Señor, le dijo: Marta,
Marta, te preocupas y estás perturbada por muchas cosas;
una (sola) cosa es necesaria; en efecto,
María ha escogido la parte buena, la cual no le será arrebatada (Lc 10, 38-42)[1].
Conforme a una lectura tradicional de este pasaje, sobre esas dos mujeres, una activa, otra contemplativa, se elevaría la autoridad ministerial de los varones (sacerdotes) que realizan la tarea oficial de la iglesia. Pues bien, esta visión destruye el mensaje radical del texto, que ha querido simbolizar en estas dos mujeres al conjunto de la iglesia, mujeres y varones.
La lectura tradicional tiene valores, pero puede resultar al fin muy simplista Para llegar al centro del tema será bueno empezar planteando algunas preguntas ¿Por qué se queja Marta ante Jesús, acusando a su hermana y diciendo que le dejado a solas con todo el trabajo, diakonía ?
¿Por qué defiende Jesús a María, diciendo que ella ha escogido la mejor, parte añadiendo que no le será arrebatada, indicando implícitamente que en la iglesia hay muchos que se oponen a María y quisieran ponerla a trabajar (bajo el poder de una Marta a la que Jn 11 presenta como si fuera el Pedro la tradición petrina, en contra de María). Éstas son cuestiones que deben estudiarse conalgo de cuidado, para así distinguir y quizá vincular los dos amores de Jesús, uno por María, otro por Marta, no sólo en la historia y camino de la iglesia, sino en el de toda la humanidad.
Este relato presenta a las dos mujeres como “hermanas”, como signo de todas las funciones y amores de la iglesia, poniendo de relieve el riesgo de Marta que consiste en convertir la iglesia en una casa de servicios sociales, pero sin amor, sin verdadero diálogo con Jesús y con los hermanos.
Marta se queja ante Jesús por la “pasividad” de María; pero Jesús, en vez de reprimir a María, le defiende ante su hermana, diciendo que ella ha escogido la mejor parte... (Lc 10, 42), que no le será arrebatada, a pesar de que muchos, hasta el día de hoy (2026), quieran hacerlo, limpiando la iglesia de marías, convirtiéndola en casa de trabajos de Marta. En contra de eso, Jesús no quiere que María esté subordinada como mujer al servicio (διακονεῖν) que le imponen los varones, no es una esclava del sistema patriarcal, ni está bajo el poder su “hermana” activa, que parece querer convertirse en dueña de la casa.
Marta y María simbolizan y encarnan de algún todo todas las tareas y amores de la iglesia como casa donde se acoge y escucha la palabra. En una línea patriarcal se podría suponer que María sólo puede escuchar, de un modo pasivo y silencioso, sin decir luego palabra (en la línea de 1 Cor 14, 34-35); por su parte, Marta sólo podría e realizar servicios de criada, sometida a unos varones que son quienes controlan los grandes ministerios eclesiales.
Pero el texto no dice que María sea pasiva, sino que prioriza la palabra en libertad, en conocimiento, el diálogo de amor. El texto no rechaza a Marta, pero le dice que no puede cerrarse en un tipo de acción múltiple, cono si la vida fuera una sucesión de trabajos más que un despliegue de amores.
Esa visión de la escucha pasiva de María, sin la autoridad que le ofrece la palabra de Jesús, va en contra de este evangelio, .lo mismo que un tipo de activismo de Marta, que se siente autorizada para criticar ante Jesús a su hermana. Unidas en la casa que es la iglesia, Marta y María son signo de todos los ministerios cristianos, lo mismo que los Siete diáconos y los Doce apóstoles varones del libro de los Hechos 6.
Una iglesia posterior que ha impedido que las mujeres sean ministros de la iglesia, haciéndolas solo criadas (Marta) o contemplativas de clausura, parece que no ha entendido bien este pasaje. Por eso debemos seguir situándolo en su contexto.
Empecemos por Marta. Es evidente que lo que ella hace tiene un sentido, un valor: Ha recibido en cas a Jesús (con sus compañeros y amigos,, cumple las, las tareas de su casa al servicio de la comunidad, preocupándose por atender a todos en una línea de asistencia doméstica: limpiar las habitaciones, preparar comidas, servir la mesa... Ella puede actuar como criada doméstica, pero también como señora de la casa (un obispo o supervisor de la comunidad). Ciertamente, en un sentido, Marta es la señora, pero no es una señora rica, que puede delegar los trabajos de servicio en otros, sino que tiene que hacerlos ella misma, como servidora de la casa, en la línea de otros textos del Nuevo Testamento.
-En el contexto de la Última Cena, Jesús se presenta como diácono, como si fuera la “marta” de todas la iglesia (cf. Lc 22, 24-30). Pero este Jesús-Marta es, al mismo tiempo, un servidor con palabra, un diácono que enseña su doctrina a todos los comensales, hermanos o compañeros de la Iglesia.
- En la disputa entre los hebreos y helenistas, cuando se fue desarrollando la iglesia, en Hech 6 unos helenistas aparecen realizando tareas de de servicio o diaconía de Marte (ocuparse de las mesas/comidas y ls viudas. Por su parte los Doce apóstoles hebreos con Padro parecen más cercanos a a María (se ocupan de la palabra de Jesús.
- La disputa de Marta y María retoma esos motivos y los sitúa en una perspectiva más personal, fijándose en la actitud de cada protagonista más que en la obra externa que realizan. Es evidente que el Jesús de Lucas no puede ir en contra de la diaconía o servicio humano, que él ya destacado en los restantes casos como centro de la vida de la iglesia. Pero quiere matizar y matiza sus riesgos, poniéndose de parte de María, la oyente de la palabra.
Todo lo ya dicho nos permite suponer que las figuras de Marta y María se encuentran contrapuestas de un modo tipológico, para destacar el riesgo de una pura acción social, convirtiendo la iglesia en una organización de servicio eclesial, separada de la fuente de vida del encuentro personal con Jesús. Nuestro pasaje no habla o se habla del riesgo de María (un posible escuchar sin hacer), sino del riesgo de Marta. Para ella habla Jesús, no para condenarla (como a los de Lc 13 25-28), sino para ayudarla a profundizar en la hondura humana, dialogal, amante del auténtico servicio cristiano:
Te preocupas y estás perturbada por muchas cosas (10, 41b). Marta quiere que Jesús haga ver a María su falta de “solidaridad” (de sometimiento) obligándola a ayudarla en su tarea. Pues bien, Jesús responde de manera inversa y, en vez de corregir a María, se enfrenta con Marta, mostrándole el riesgo de su actitud. No le dice a Marta que siga "trabajando", condenándola a ser una esclava perpetua de sus labores, ni dice a María que siga por siempre sentada, sino que destaca para las dos el valor de una palabra, simbolizada por María, cuya escucha (amor) le parece fundamental.
Eso significa que Marta no está condenada a ser eternamente a ser "marta ansiosa", fatigada y perturbada por las obras, en trabajo sin fin (como un Sísifo o Tántalo obligado a la esclavitud de un trabajo sin sentido). Jesús la invita a superar la ansiedad de su trabajo, a sentarse con María, a compartir la palabra, con ella y con los demás miembros de la comunidad, en diálogo de amor.
Lucas utiliza el símbolo de Marta para mostrar el posible carácter destructor de una preocupación o trabajo diaconal sin alma, es decir, sin contemplación, sin dialogo eclesial. Esa Marta corre el riesgo de reproducir en formas eclesiales (en perturbación intra-cristiana) un tipo de actitud socialmente dominadora, que impide pensar a los demás, escuchar en libertad a Jesús, disponer de un tiempo y espacio de interioridad, de libertad en Cristo, de vida como amor, no como puro activismo. Así responde Jesús a Marta, después de decirle que se afana y se pierde en sus muchas tareas:
- Una (sola) es necesaria (10, 42a). Jesús no felicita a Marta ni se compadece de ella por sus muchas diakonías (peri polla), sino que destaca el valor de una una sola cosa necesaria, que es la escucha de la palabra, la interioridad personal del amor, en diálogo con los demás, representados por Jesús. Eso es lo que María está haciendo: ha dejado todo y se ha sentado a los pies de Jesús, para escucharle (dándolo todo a los pobres y siguiéndole en la única cosa necesaria). Esta única cosa (que define a María) se expresa en la búsqueda del reino y en el seguimiento de Jesús y se contrapone a la multiplicidad de las tareas ministeriales que siguen perturbando a Marta, que interpreta el evangelio en la línea de las muchas obras, de la inquietud y perturbación por el trabajo, como si el mundo se salvara a través de las acciones ansiosas de hombres y mujeres. De esa forma, ella corre el riesgo de re-interpretar el servicio eclesial en formas de vida e inquietud del mundo.
- La única cosa necesaria no puede entenderse a nivel de pura contemplación "helenista" (sentarse y meditar en forma transcendental, sin hacer nada), sino de acogida de Jesús, para dar todo a los pobres y seguirle en el camino, cumpliendo su palabra. Por eso, la escucha de María no se opone al "hacer", sino a un tipo de hacer sin gratuidad que destruye a quien lo realiza (y que ignora el valor personal de aquellos por quienes lo realiza). De esa forma, Jesús dice a Marta que Para realzar bien su ministerio, debe ponerse también a su lado, como María, en escucha de la palabra, en conversación y transformación interna. Lo que Jesús quiere de Marta no es sólo el servicio externo (que lo podría hacer un puro esclavo o actualmente una máquina). Lo que Jesús quiere es su entrega personal, su comunicación humana. Para ello ha de sentarse como María, recreando su vida desde el nivel de la palabra.
En esa línea, Jesús añade que María ha escogido la parte buena (Lc 10, 42b). Frente a las muchas cosas que perturban a su hermana (hermana de iglesia, c grupo social), ella ha escogido la parte buena... No se la han impuesto: no es una esclava callada, obligada a obedecer, mujer objeto a quien la turba ordinaria de varones ha comprado y pagado para que estén a su servicio, en sumisión sexual y laboral, sino que ella misma ha elegido (exelexato) su función eclesial. Su servicio de amor, como ministro de la iglesia.
Jesús critica Marta (a Pedro, pastor de la iglesia) porque no sabe..., porque el mucho oficio administrativo le ha quitado la capacidad de escuchar el evangelio…, de entender la Palabra, la novedad de Jesús. Jesús critica a Marta (a un tipo de ministerio de obras) porque ha terminado ignorando la “sustancia” del evangelio, se ha quedado en las ramas, sin la savia de vida de la viña de Jesús (Jn 15).
Jesús defiende a María… que simboliza la escucha a la palabra, el diálogo de mente y corazón con Jesús, lo único necesario. Para ser una marta sin más, en la pura línea de la administración, no hacía falta Jesús, bastaba Hillel judío, o Filón alejandrino o Augusto romano… María, en cambio, escucha a Jesús… No es una mística en la línea romana o budista, es una mujer de evangelio, que recibe (asume) una tarea esencial de Jesús, sin que Jesús se la imponga.
Jesús no ha impuesto su ministerio a María, no le ha obligado, no quiere oyentes a la fuerza, no necesitan mujeres que le atiendan, como criadas de lujo, sumisas a su voz de amo (como vestales antiguas de Roma o vírgenes del Sol de la cultura de los incas) sino personas (mujeres y/o varones) que escojan este nuevo y más alto tipo de servicio que consiste en la escucha de la Palabra de Dios, es decir, en la conversación personal. Éste es el mensaje central del texto: Jesús no impone nada a la fuerza para las mujeres como María, pero deja que escojan, que ellas elijan, que ellas opten, que ellas quieran.
Ésta es la novedad de Jesús: Él ha trazado un camino en el que las mujeres como María puedan escoger la mejor parte, la escucha y ministerio de la palabra. Jesús ha ofrecido su palabra a Marta, no se la ha impuesto, se la ha ofrecido, y ella ha elegido, libremente, dignamente, y así sigue desde hace siglos, escuchando la palabra de Jesús, pero sin poderla proclamar con la autoridad de Jesús, en su nombre.
La dignidad fundamental de María se funda en su libertad y escucha de la palabra, como mujer-persona que ha podido elegir y ha elegido y Jesús ratifica su elección, diciendo ¿falsamente? que esa palabra del evangelio no le será arrebatada. En contra de lo que dice aquí Jesús, en general las mujeres no han podido elegir, ni transmitir la palabra de evangelio.
Desde el fondo de los siglos nos llegan los lamentos y silencios de las infinitas mujeres que han no han podido elegir, sino que han estado ahí siendo elegidas para sus intereses por otros, expuestas en sí mismas (en carne y alma), para ser elegidas por el varón o ley de turno. Las más afortunadas eran aquellas a quienes escogía el rey de Persia, como a Ester, o el guerrero vencedor de turno, como a Axa en Jc 1, 10-15. Las menos afortunadas eran aquellas a las que expulsaban a la calle o elegían a la fuerza los bandidos de turno. Unas y otras (¿casi todas) eran elegidas por el rey o sistema de poder varonil de turno.
Esta María, en cambio, no ha sido elegida, sino que ha elegido la palabra y amor de Jesús según el evangelio para realizar su tarea en la iglesia. María no está condenada como mujer al servicio que le imponen los varones, ni es esclava de un marido o sistema patriarcal que le impone su dominio. Ella ha hecho una opción, ha escogido, en gesto personal que le vincula con Jesús, a través de la palabra… y Jesús ratifica su elección, su amor y su servicio, en línea de palabra.
María es signo y portadora de la palabra de Jesús en iglesia, como si fuera el verdadero “papa” de la iglesia… Pero esa promesa de Jesús (ha elegido la parte importante que no le será arrebatada) no se ha cumplido todavía. Eso significa que, en un sentido externo, Jesús se ha equivocado.
(1) Porque en general en la iglesia a María no se le ha dejado, ni se le deja elegir su vocación y tarea en la iglesia. No elige ella, aunque a veces “la eligen”, no para decir lo que ella quiera, lo que haya escuchado como palabra de Jesús,
(2) Jesús dice que su “parte” (la elección de María) no le será arrebatada, Esa promesa puede valer (espero que valga) para el futuro, pero no ha valido por ahora. Sigo esperando.
(3) No se trata de que el próximo papa sea mujer (Eleona, Leonor, Leona XV, cosa que no estaría mal), sino de que asuma de verdad la palabra de las mujeres)
. Los servicios en cuanto tales se pueden imponer, haciendo del humano un esclavo. La palabra, en cambio, abre a varones y mujeres un espacio de libertad personal. Eso es lo que tiene María frente a Marta: ella ha elegido el diálogo con Jesús y Jesús respeta su elección y ratifica su escucha: de esa forma la valora.
Conforma a la última palabra de Jesús (María ha escogido la mejor parte, que no le será arrebatada), hay en la iglesia hay personas que quieren arrebatar a María esta libertad de elección, esta capacidad de escucha de la palabra, ese amor fundamental y fundante condensado en la conversación con Jesús, con todo lo que ella implica (autonomía en pensamiento y vida, capacidad de decisión etc.).
Por eso, Jesús la defiende ante Marta (que se parece al Pedro de Jn 21, mientras ella, María se parece al Discípulo amado).
Ciertamente, Jesús quiere también a Pedro (simbolizado por de Marta, tanto aquí como en el evangelio de Jn 11 diálogos en torno a la resurrección de Lázaro: Jn 11). Jesús quiere a Pedro/Marta y le pide que sea fiel y cuide sus ovejas.
Pero querer-querer Jesús quiere a María, como quiere al discípulo amado (simbolizado por María en el evangelio de Juan). No sé si esta María (el discípulo amado) puede ser Papa (yo creo que sí), pero ese tema no me importa.. Lo que me importa es que la palabra de María sea esencial en la iglesia, por encima de trabajos o “trabajitos” de Marta, que son de cierta importancia, pero no esenciales. Esencial en la iglesia de Jesús es el amor del discípulo amado, el amor y la palabra de escucha y testimonio de María.
[1] Esta reflexión condensa un trabajo publicado en I. Gómez-Acebo (ed.), En clave de mujer. Relectura de Lucas, Desclée de Brouwer, Bilbao 1998, 117-178. Cf. f. Bovon, El evangelio según Lucas I. Lc 1-9, Sígueme, Salamanca 1995; W. Carter, W., Getting Martha out of the Kitchen: Luke 10, 38-42 again: CBQ 58 (1996) 264-280; I. M Fornari, La escucha del huésped (Lc 10, 38-42), EVD, Estella 1995.