Dos levaduras envenenan el pan de la iglesia: Fariseísmo y poder político
Lo dijo Jesús hace dos mil años (Mc 8, 14-21), comparando la glesia con un barco que navega con sus 12 discípulos hacia el Reino de Dios. con un pan de levadura quizá envenenada.
No necesitan más enseñanza: Que cuiden el pan, que no lo manipulen con levadura de los fariseos nide los políticos herodianos, que envenenan todo lo que tocan
Texto
(a. Los 12 navegan con Jesús) 14 Se habían olvidado de tomar panes, y sólo tenían un pan en la barca. 15 Y Jesús se puso a advertirles, diciendo: Mirad, tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la levadura de Herodes.
(b. Reflexión) 16 Ellos comentaban entre sí, ¡si no tenemos panes! 17 Jesús se dio cuenta y les dijo: ¿Por qué comentáis que no tenemos panes? ¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Es que tenéis embotada vuestra mente? 18 ¿Tenéis ojos y no veis; tenéis oídos y no oís?. ¿Es que ya no recordáis? 19¿Cuántos canastos llenos de trozos recogisteis cuando repartí los cinco panes entre los cinco mil? Le contestaron: Doce. 20¿Y cuando repartí los siete entre los cuatro mil cuántos cestos llenos de trozos recogisteis? Le respondieron: Siete.
(Pregunta) 21 Y les dijo: ¿Y aún no entendéis? (Mc 8, 14-22; Mt 26, 5-12
Éste es el texto, éste el problema. Comenté el domingo pasado el texto de la levadura de la mujer que amasa pan en su casa, en tres partes, una para cada continente. Ahora, en vez de la mujer en casa están los Doce en el Barco de la Iglesia, os enviados de Jesús, en un barco universal, para llevar pan de Dios a todos los pueblos, con mucha carga, pero han olvidado lo esencial, los panes. Sólo llevan uno que es Jesús, para amasarlo y dar de comer a todo el mundo.
Este relato del evangelio Marcos presenta otra vez a los discípulos en barca con Jesús. Es evidente que, a la luz de los relatos anteriores de Mc 4,35-41 y 6,45-52, ellos representan a la Iglesia que realiza por el mar su travesía en medio de grandes tormentas. Pero ahora no hay tormenta ni tampoco viento adverso. El único peligro está dentro de la barca, es el contagio de una mala levadura, propia de los fariseos y de Herodes, que puede estropear el pan que Jesús que ellos llevan en la barca (8,15).
Jesús les había mandado por el mundo sin pan propio (mê arton: 6, 8), poniéndoles en manos de los pueblos a quienes ofrecían su mensaje. Evidentemente, no han comprendido. Ahora les dice que no lleven la mala levadura, y ellos sólo escuchan el tema en perspectiva de penuria de panes materiales (8, 14-16).
Comprendiendo la incapacidad que tienen de entender, con honda ironía, Jesús les mostrará que un pan es suficiente, su pan, que es la vida compartida, que es el amor mutuo, recordándoles las historias de las multiplicaciones….! Desde hay amor rl pan de la barca de la iglesia y de la humanidad se mutiplica[1].
Mc 8, 14-15. Situación y enigma
14 Se habían olvidado de tomar panes, y sólo tenían un pan en la barca. 15 Y se puso a advertirles, diciendo: Mirad, tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la levadura de Herodes.
Los discípulos llevan sólo un pan y Jesús les pide que tengan cuidado de la levadura dos tipos mala levadura. Sin duda hay otras formas de perversión del pan, de la lecha, de la vida, de los fariseos y de Herodes. En esa línea les empieza poniendo en guardia frente al riesgo de contagio que ellos representan.
La levadura de Herodes puede aludir a su banquete de envidia de muerte….. Invitó a muchos magnates del mundo para matar a JuanBautista (cf. 6, 14-29). La levadura de los fariseos se relacionaba con el pan exclusivista de la ley, que les hacía rechazar de la mesa a los impuros y gentiles, con el pan podrido de la hipocresía, de engañar con su mala religión a los demás para cominarles… (cf. 7, 1-23).
De esa manera, acabando la primera parte de su evangelio (Mc 1, 14-8, 26), Marcos ha querido presentar los dos peligros del evangelio, uno más político (Herodes), otro más sacral (fariseos). Frente a ellos se eleva el pan de Jesús que los discípulos llevan en la barca de su iglesia. Éste es el tesoro de Jesús, ésta la identidad de sus discípulos. Por eso han de evitar todo contagio de mala levadura.
PRIMERA LEVADURA MALA. EL PAN DE LOS FARISEOS….
Consiste en utilizar la religión para dominar con engaño la conciencia y la vida de la gente.
Ese era el peligro del pan de la iglesia hacia el año 40 del primer siglo de la iglesia…Ese es el peligro y amenaza de la iglesia actual: Hemos sido un barco de fariseos extendidos con mal pan y mala idea, quizá con leche agriada, dominando la conciencia de la gente (como dice con su habitual ironía y fuerza Mt 23.
Est pecado del pan fariseo… es propio de un tipo de clérigos… pero no sólo de clérigos… Jesús vino para superar la mala conciencia e idea de unosfariseos hipócritas de su tiempo… Pero al poco tiempo, desde el año 50 d.C. hasta este año 2026… parece que la iglesia ha tendido a convertirse en un barco inmenso de fariseos reunidos para engañar y dominar el mundo.
¿No os parece un poco exagerado Jesús? ¿Será cierto que la igleiase ha convertido en un barco de hipócritas embarcados en la tareas de engañar y dominar el mundo?
SEGUNDA LEADURA MALA. EL PAN DE LOS POLÍTICOS
Me sigue pareciendo un poco pesado y reiterativo este Jesús. Desde niño me han contado que en el iglesia otros pecados, sobre todo del sexto miso (no fornicar), con otros de religión (no confesarse, no ir a misa, ser de izquierdas o derechas, según sople el viento…). Pero viene ahora Jesús y nos dice (me dice): No mezcles mi pan con la levadura de Herodes (otros anuscristoa ponen “de los herodianos”): No conviertas la religión en tema de dominio político. Para poner un ejemplo basta el del presidente de los obispos de España, que dicen que se mete o no se mete el política, que quiere tener el dominio político sobre el mundo.
Jesús dijo esto hacia el año 30 d.C., pero es como si estuviera viendo el peligro de una iglesia que en muchas partes ha tomado el poder político para ponelo a su servicio. Dejo el tema así, si Jesús lo dice será por algo, por una iglesia que ha tenido la tentación de adueñarse del dinero y de poder… para hacer el bien, pero que al fin corre el riesgo de quedarse con el poder para servicio propio
Los discípulos navegan como portadores de un proyecto de comida que vincula a judíos y gentiles. Significativamente, sólo llevan como provisión un pan cuyo sentido no acaban de entender. Antes, en el gesto inicial de la misión (6, 8), Jesús les había mandado sin pan por el mundo, añadiendo que aceptaran aquello que les dieran en las casas. Ahora llevan en la barca un pan (que ha de ser especial) y Jesús dice que es suficiente. Si tienen ese pan, si lo conservan y ofrecen a todos, no padecerán jamás necesidad.
De esta forma empieza esta catequesis final de la primera parte de Marcos (1, 14−8, 26), que trata precisamente sobre el pan mesiánico. Jesús presenta en ella su signo mayor, su evangelio hecho experiencia (iglesia) que se expresa y define a modo de comida compartida. Para realizar su travesía, en camino de misión universal, los discípulos del Cristo galileo sólo necesitan un pan. Pues bien, Jesús quiere que ellos conozcan el sentido del único pan verdadero que llevan en la barca (pan de Jesús, vida compartida)[2].
BUENA LEVADURA. COMPATIR LOS PANES Y MULTIPLICARLOS
En este contexto, los discípulos deben descubrir el valor simbólico del “milagro” de los panes, que les permite ir sin miedo a todos los lugares, surcando el mismo mar embravecido. Éste es el tema que había aparecido después de la primera multiplicación, cuando pasaron en barca sobre el mar airado, con miedo de Jesús a quien descubren sobre el agua como un fantasma, cuando Marcos comentaba: «Es que no habían comprendido aquello de los panes, tenían el corazón cerrado» (6,52). Pues bien, ahora sabemos que quien comprenda el signo de los panes puede navegar con evangelio (sin miedo) a todos los lugares.
Con ese fin, quiere iluminar Jesús la mente de sus discípulos, para que así puedan entender la exigencia y don del reino, en ejercicio de hermenéutica. No puede imponerles por la fuerza un tipo de doctrina, ni hablar en nombre de ellos (negándoles la palabra), sino que han de ser ellos los que piensen. Por eso, este final del evangelio en Galilea acaba de forma enigmática, pero inmensamente significativa y esperanzada, con una pregunta que Jesús dirige a los discípulos, como seguiremos viendo. Se trata de que ellos, los discípulos, entiendan el riesgo que implica la “levadura” de los fariseos y Herodes, que puede echar a perder su pan mesiánico[3].
Mc 8, 16-20 Recuerdo creador
16 Ellos comentaban entre sí, ¡si no tenemos panes! 17 Jesús se dio cuenta y les dijo: ¿Por qué comentáis que no tenemos panes? ¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Es que tenéis embotada vuestra mente? 18 ¿Tenéis ojos y no veis; tenéis oídos y no oís?. ¿Es que ya no recordáis? 19¿Cuántos canastos llenos de trozos recogisteis cuando repartí los cinco panes entre los cinco mil? Le contestaron: Doce. 20¿Y cuando repartí los siete entre los cuatro mil cuántos cestos llenos de trozos recogisteis? Le respondieron: Siete.
Cuando se comparte el pan en amor siempre sonre. Dialogan los discípulos ignorantes: ¡No tenemos panes! Pues bien, en vez de iluminarles a la fuerza, Jesús quiere que ellos descubran su ignorancia. No han penetrado en las parábolas (son como los oyentes de fuera en 4, 12), no han entendido la limpieza que brota de dentro (cf. 7, 17), ni el pan de la hija de la siro-fenicia (cf. 7, 24-30). Ellos no entienden, , pues no han aceptado la exigencia del evangelio, que destruye las seguridades anteriores de una vida que tiende a fundarse solamente en la abundancia de los panes materiales (del dinero), en la línea de una levadura mala. De esa manera, mientras los discípulos siguen sin entender, el lector va descubriendo que el pan es la verdad de la parábola (palabra) de Jesús, como se expresa en las multiplicaciones, el pan que se comparte y se come entre todos, sobre el ancho campo del mundo, desde la barca de Jesús, llena de panes
Desde ese fondo desarrolla Jesús un ejercicio de recuerdo creador, utilizando para ello unas palabras esenciales de la tradición israelita: «¿Tenéis ojos y no veis; tenéis oídos y no oís?». Esas palabras retoman el motivo de 4, 12 (con cita de Is 6, 9), cuando Jesús acusaba y “condenaba” a los de fuera porque no entendían las parábolas. Pero ahora ellas evocan, de un modo más directo, otras palabras semejantes de Jer 5, 21 (cf. Ez 12, 2), que acusaba precisamente a los judíos de su tiempo, porque no veían ni entendían la obra de Dios. El motivo es el mismo que aparece en los textos de Isaías y Jeremías: los discípulos, que navegan con Jesús en la barca de la Iglesia, no comprenden lo que pasa.
De esa forma, la advertencia anterior (¡cuidado con la levadura...! 8, 15) se vuelve pregunta y ejercicio de memoria. Esta es la lección fundamenta del seminario de Jesús
Los discípulos han de aprender, es decir, “recordar”, cayendo así en la cuenta de lo que han vivido, volviendo a la experiencia fundante de los panes, para iniciar la travesía de la iglesia. En este contexto pregunta Jesús: «¿No recordáis (ou mnêmoneuete: Mc 8, 18b)? Cuando partí los cinco panes... Cuando partí los siete panes... ¿Cuántas cestas de restos llenasteis?». Deben aprender a mirar y a ver, distinguiendo la propuesta de Jesús y la propuesta política de los herodianos y la sacral de los fariseos.
Los cinco y los siete panes que Jesús ha partido en la Iglesia, al servicio de todos los humanos (israelitas y gentiles), son expresamente lo contrario de la levadura de los fariseos y de Herodes. Son pan que se bendice, multiplica y comparte, pan regalado, en abundancia, de tal forma que siempre hay más, pan que sobra, sean doce, sean siete cestos de vida desbordante. De esa forma, el mensaje de Jesús en Galilea no termina con una afirmación doctrinal o un dogma sobre Dios, sino con la más fuerte y más hermosa de todas las preguntas humanas, centrada en los panes.
Normalmente, los exegetas se fijan más en la pregunta que vendrá después (iniciando la segunda parte del evangelio: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?, ¿Quién decís vosotros?» (8,27-30). Pero es evidente que sólo se puede responder a esa pregunta sobre la identidad de Jesús allí donde se entiende la primera, la pregunta de los panes que se reparten y sobran, para seguirlos repartiendo, de un modo gratuito. Los discípulos sólo recuerdan lo externo: han recogido en un caso doce cestas sobrantes y en el otro siete (8, 19-20). Pero ellos deben comprender también lo interno, el sentido los doce panes sobrantes de la primera comida (para las doce tribus de la misión israelita) y en los siete de la segunda (que alude a la misión entre los gentiles)[4].
Ésta es la pregunta clave de Jesús («¿No conocéis ni entendéis? ¿Tenéis el corazón embotado?», 8,17), una pregunta que está vinculada a la señal (parábola) del grano de trigo que se siembra (4,3-9). Pero en el caso anterior (4, 12) Jesús dirigía la pregunta a los de fuera (los que no comprendían las parábolas). Ahora, en cambio, la aplica a los discípulos, carentes de visión («teniendo ojos no veis»), dirigiéndoles la misma palabra de Is 6,9-10 (y de Jer 5, 21), sobre la exigencia y la dificultad de entender.
Jesús plantea una misma cuestión a los de fuera y a los de dentro (a los discípulos de la barca), tendiendo así un puente entre el comienzo del gran mensaje (parábolas: Mc 4) y su culminación, en este contexto de los panes (y de la barca de la Iglesia). La palabra de Jesús (la parábola del reino: Mc 4) sólo se entiende y fructifica allí donde los hombres (discípulos) comprenden (y expanden) el signo de la multiplicación, al servicio de Israel y de las gentes (como muestras las preguntas de 8, 17-20)[5].
8, 21. Nueva pregunta 21 Y les dijo: ¿Y aún no entendéis?
Evidentemente, Jesús no les dice lo que tienen que entender, pues el tema del pan (los panes) del Reino no se entiende de manera teórica, ni se puede resolver en general, sino sólo con el mismo compromiso de la vida, es decir, realizando la travesía de la barca con el pan, que debe mantenerse limpio (sin mezcla de levadura herodiana o farisea). Sin duda, en este contexto, podemos pensar que el pan verdadero es Jesús (su sôma, lo que él hace, lo que él vive), como indicará más tarde el relato de la cena (14, 22-24), pero aquí ese conocimiento queda aún velado. En este momento, el pan de Jesús se vincula a los Doce panes sobrantes de la primera “alimentación” y a los Siete de la segunda. Éste es su pan, un pan suficiente para Israel y para todos los pueblos.
Éste es el enigma (misterio) de Jesús, tal como aparece al final de la primera parte del evangelio (Mc 1, 14-8, 26). Embarcados con Jesús, sus discípulos han de “entender” el sentido del pan, que aparece en el signo “abundante” (sobrado) de las multiplicaciones: Doce y Siete cestos, para Israel y para las naciones.
Entendido así, el pan compartido de las multiplicaciones (6, 30-44; 8, 1-10) es la clave hermenéutica de Marcos, como una ventana desde la que puede verse todo, como un espejo donde se recoge y se explicita lo esencial del evangelio, condensando lo anterior, anticipando lo que sigue.
Los discípulos no llevan en la barca espadas (no van de conquista), ni libros (no son legión de escribas), ni dinero o algún tipo diferente de equipaje. Les basta un pan que pueden ofrecer a (y compartir con) todos los humanos, en multiplicación ampliada.
El evangelio es, según eso, un ejercicio de comprensión y compromiso misionero (es decir, práctico) en torno a esos números: el doce de la primera multiplicación, el siete de la segunda. Doce es Israel, siete es el mundo entero… Compartiendo el pan, los pane, se puede ir al mundo entero. Esto es la iglesia: Un pan de buena levadura, compartir los panes… No sé si es esto lo que quiere decir la iglesia de verdad, lo que se enseña en los seminarios, lo que se vive en las catedrales.
Sin duda el tema de un tipo de pederastia es importante… pero no se puede empezar por ahí. Hay que empezar con la buena levadura del bardc de la iglesia, sin mala levadura (mal cuajo) de hipocresía y búsqueda de poder político..
Éste es el recuerdo fundacional (mnêmoneuete: 8, 18) de los discípulos, en la barca de la Iglesia, cuando llevan (¡han de llevar!) la buena levadura del pan de Jesús a Israel y a las naciones. Un solo pan en una barca frágil define a los cristianos. No les diferencia de otros grupos judíos un tipo de ortodoxia legal o política y religiosa (ni siquiera la afirmación general de que Jesús es el Cristo, como veremos en el texto que sigue: 8, 27−9, 1), sino el pan misionero que debe mantenerse resguardado de la levadura de Herodes y los fariseos. Familia embarcada en el mar universal, con un pan que se comparte y multiplica, eso son los seguidores de Jesús, en la travesía de la historia[6].
[1] Retomo el texto de Comentario de Marcos, Verbo Divino, Estella 2012
[2] La advertencia de Jesús resulta enigmática, conforme a la expresión de los mismos discípulos extrañados que dicen: «¡No tenemos panes!». Ellos piensan sólo en panes materiales, en sentido económico. Jesús, en cambio, les habla del riesgode una mala levadura, que amargue o envenene el verdadero pan, que es la vida compartida.
[3] Entre la levadura de los fariseos o Herodes y la abundancia de cestos de sobras recogidos al final de las multiplicaciones (doce o siete) tiene que haber una relación de antítesis. Fariseos y herodianos utilizan el pan para imponerse, sea el pan de la riqueza material (herodianos), sea el pan de una pureza elitista; la levadura de ese pan está hecha de imposición y de separaciones. En contra de eso, la levadura del pan de Jesús ha de ser fuente de vida universal, como seguiremos viendo.
[4] Significativamente, esta palabra de memoria o recuerdo creador (¿ou mnêmoneuete?) falta en el relato de la última cena de Marcos (14, 22-25). Pero aparece en 14, 9 (como exigencia de recuerdo de la mujer de la unción) y también aquí, indicando lo que ha de ser la eucaristía cristiana: un retorno activo y creador al gesto de los panes multiplicados y compartidos, para Israel y para los gentiles.
[5] Jesús no quiere (ni tampoco puede) demostrar su doctrina de una manera argumentativo, para imponerla de esa forma a sus discípulos, sino que tiene que lograr que ellos entiendan el sentido de los panes, de un modo personal, en el contexto de la misión de la iglesia. De esa manera aparece como el primer exegeta del evangelio de la comida compartida. Éste es el tema clave de la iglesia, el recuerdo que Jesús quiere evocar: «¿No recordáis? Cuando partí los cinco panes... Cuando partí los siete panes… ¿No entendéis?» (8, 19-20).
El “memorial” de Jesús no es un recuerdo teórico, sino encarnado en forma de comida para Israel y los gentiles. Lo propio de Jesús en el judaísmo de su tiempo es el alimento (pan) que ofrece por sus discípulos a todos, como tesoro supremo, en la barca de la iglesia. Éste es su dogma primero, el distintivo esencial de los cristianos. Un pan, una barca: ¿comprendéis? Un solo pan en una barca frágil define a los cristianos. No les diferencia la ortodoxia legal ni un tipo de afiliación política, sino el pan misionero que debe mantenerse resguardado de la levadura (comida destructora) de Herodes y los fariseos. Familia embarcada en el mar universal, con un solo pan que se comparte y multiplica, eso son los seguidores de Jesús, en la travesía de la historia. Pedían los fariseos un signo que Jesús no quiso darles (8, 11-13), pues su signo es el pan que los discípulos llevan en su barca. ¿Han aprendido la lección? Parece que no.
[6] Los discípulos de Jesús, antiguos y modernos, parecen torpes. Por eso, Jesús acaba su catequesis preguntando: ¿Todavía no comprendéis? (8, 21). Ellos, los antiguos, respondieron con el silencio. A lo largo de lo que aún queda de Marcos, iremos viendo que no han comprendido, aunque sigan con Jesús en la barca. Por otra parte, ese ¿no comprendéis? de este final de la primera parte de Mc (8, 21) ha de ponerse en relación con el no dijeron nada a nadie del final de la segunda (16, 8). Ni los discípulos en la barca pascual, ni las mujeres ante el sepulcro vacío entienden al resucitado. Para que puedan (podamos) comprenderle ha escrito Marcos su evangelio. El Jesús de la tumba remitirá al pan de la barca eclesial galilea navegando hacia todos los mares y tierras del cosmos (cf. 14, 9).