Movimiento neo-catecumenal: Más judío que cristiano. Sobre el amor particular a Dios (Deuteronomio) está el amor universal al prójimo (Jesús)

Esto lo he sabido desde siempre, pero no me he atrevía a decirlo, por amor a los “kikos” y a la iglesia católica. Pero ahora, tras una lectura de fondo de la encíclica de León XIV, Dilexi te,  tengo que decirlo, después que el mismo papa ha dirigido unas “palabras” a los neo-catecumenales .

No digo que los neo-catecúmenos  (kikos) no sean cristianos, pero en su raíz son más judíos que cristianos. Se centran en el Dios del shema (Escucha Israel, el Señot “tú” Dios), no en los pobres de Dios (enfermos, excluídos, impuros, oprimidos). A mi juicio, no han dado el paso de un Dios particular (propio de los separados de “su” pueblo) al Dios de Jesús, cuyo mandamiento central no es el amor a Dios sino el amor al prójimo, conforme a la reinterpretación cristiana de Lev 19, 18.

Así lo mostraré en esta postal que es algo larga y se divide en dos partes. (a) Mi experiencia de los neo-catecúmenos. (b). Del Dios del shema (un tipo de Israel) al Dios de los “pobres” (Jesús).

1. EL CAMINO NEOCATECUMENAL. INTROUCCIÓN

El Camino Neo catecumenal es una de las grandes experiencias de la Iglesia Católica de los últimos decenios. Quien quiera conocer su origen y presencia en la Iglesia y el mundo puede acudir a  ttp://es.wikipedia.org/wiki  /Camino_Neocatecumenal. Allí se comienzan dando los siguientes datos:

El Camino Neocatecumenal es una institución católica que, según sus estatutos aprobados por la Santa Sede, es autodenominada como itinerario de formación católica o fundación de bienes espirituales. Sus iniciadores son los laicos españoles Francisco José Gómez de Argüello3 (más conocido como Kiko Argüello) y Carmen Hernández. Ellos, junto con el sacerdote italiano Mario Pezzi, forman el Equipo Responsable Internacional.

El Camino Neocatecumenal fue iniciado en la década de 1960 en el barrio de Palomeras, en las afueras de Madrid, y se ha extendido por todo el mundo. En la actualidad  tiene presencia en más6.000 parroquias de 106 países, con unos 3.000 sacerdotes, 1.500 seminaristas y 78 seminarios Redemptoris Mater.

En un primer momento, sus Estatutos fueron aprobados de forma temporal por cinco años ("ad experimentum") el 29 de junio de 2002, por el papa Juan Pablo II. Posteriormente, a comienzos de 2008, se expidió el decreto en el cual los Estatutos se aprueban definitivamente.

No he formado parte del “Camino”, pero he venido siguiendo con enorme interés su itinerario (desde el año 1978). Desde el año 11980 hasta el 2003 he seguido semana a semana las jornadas de estudio, con las celebraciones, escrutinios y demás “ceremonias” de una de sus comunidads

1. En el origen. “Kiko” Arguello y su obra

El movimiento nació de la experiencia religiosa de Francisco José Gómez ARGÜELLO (1939- ), conocido popularmente como Kiko Argüello, pintor y activista católico, y ha venido a convertirse en uno de los grupos con más peso en la iglesia católica de la actualidad.

En su primera juventud, F. J. Gómez Argüello perteneció a diversos movimientos cristianos y sociales y se inició en la vida eclesial con  Cursillos de Cristiandad, para acabar fundando el año 1964 el movimiento neocatecumenal, para la renovación personal y social de la vida cristiana, en Palomeras Altas, un barrio marginal de Madrid.

Al principio,  trabajó, con grupos de marginados, especialmente gitanos, a quienes quiso transmitir su experiencia radical cristiana, con su guitarra y sus cantos, entre las chabolas y las casas de los “expulsados” sociales

En ese sentido, su experiencia fue paralela a la de Jesús de Nazaret que, después de haber estado un tiempo con Juan Bautista, después de un proceso de “conversión” (interiorización y superación de las tentaciones, según Mt 4 y Lc 4), inició su misión entre los marginados de Galilea: Enfermos y prostitutas, locos, hambrientos etc.

En su contacto con los marginados, K. Argüello fue conociendo los problemas de la vida humana, en su vertiente más dura, hasta descubrir el papel radical del evangelio, como principio de transformación humana. Vio la necesidad de ayudar a los marginados (gitanos, pobres, enfermos…), pero descubrió, al mismo tiempo, la exigencia de crear comunidades cristianas, que fueran capaces de recorrer el camino integral del evangelio.

En un momento dado, pensó que era necesario trabajar entre los marginados de Manoteras y de otros lugares semejantes, pero no para quedarse con ellos, sino para ayudarles desde fuera (desde el Dios más alto), creando comunidades de vida cristiana, que fueran capaces de recorrer el camino del evangelio y de la Iglesia, en su integridad. Parece que tuvo la impresión de que había que “trabajar” a favor de marginados y gitanos, pero que era imposible crear comunidad con ellos y entre ellos.

Así se produjo el gran salta, el paso de Palomeras, suburbio urbano, a una zona de recio cristianismo de, en el centro de Castilla-León, “trabajando” por un un tiempo, en la parroquia de San Frontis, creando una comunidad neocatecumenal de cristianos que fueran capaces de estabilidad personal y social, para recorrer todo el camino del evangelio.

Allí surgió la primera comunidad, madre de todas las restantes. Lo que era inserción entre los pobres vino a convertirse en creación de grupos cristianos que retomaran el camino de las primeras comunidades cristianas, revitalizando la vida de las parroquias, pero desde el Dios superior de la Iglesia establecida y del shema de Israel. De esa forma fue suegiendo, con la ayuda de Carmen Hernández, que fue “alma” de la gran transformación litúrgica y espiritual del movimiento, una especie de “lglesia neocatecumental”, al servicio de los pobres y excluidos, pero desde fuera, en una línea a mi juicio más judía que cristiana, más centrada en el shema de Dt 6 que en el “mandato” “amarás a tu prójimo como a ti mismo” de Lev 19, 18, tal como lo recreó Jesús con su vida y movimiento.

2. Elementos básicos del Camino Neocatecumenal

A través de los años, el Movimiento Neocatecumental ha ido cambiando, aunque pueden destacarse algunas constantes:

a. Es un movimiento “parroquial”, es decir, vinculado a las parroquias, a las que se quiere renovar, con un fuerte camino de conversión…

b. Es un movimiento neo-catecumenal, centrado en la creación de comunidades catecumenado como las que pretendidamene había en la iglesia del (siglos III al V d.D.), recorriendo así el camino bautismal.  

c. Es un movimiento que se ha ido estructurando en forma muy intensa… pasando del período proto-criaianoa  (en Palomeras) al período de intenso discernimiento y vinculación a las parroquias y después a la Gran Iglesia. Estos son algunos de sus rasgos:

1. Descubrimiento de la propia identidad. En el fondo del pensamiento de K. Argüello hay una experiencia de conversión, que se debe traducir en la transformación interior y en la fidelidad personal a un proyecto de Dios entendido como poder de salvación. La base del movimiento carismático e institucional de K. Argüello es una antropología pesimista de tipo agustiniano e incluso protestante (que podría compararse con la de Jansenio, pero en apertura a un tipo de identidad centrada en el Dios de Israel, tal como se presenta en Dt 6.). A su juicio, en un primer momento, la vida del hombre se encuentra sometida al poder del pecado.

2. Experiencia de gracia. Los creyentes (y de un modo especial los que recorren el camino catecumenal) han de asumir y desarrollar una experiencia de gracia, por la que Dios aparece como creador de una vida renovada, en aquellos que le acogen. La misma certeza anterior del pecado, con la experiencia posterior de conversión, transforman al creyente/catecúmeno en alguien que es capaz de seguir la directrices de una gracia que aparece expresada en normas fuertes de conducta, conforme a una visión muy estructurada del evangelio.

3. Renovacón  institucional. Tras unos primeros momentos de relativa independencia respecto de la jerarquía (que se reflejan en los primeros cuadernos fotocopiados de las “conferencias” de K. Argüello, que se utilizaban en la comunidades), el proyecto neocatecumenal ha optado por inscribir su dinámica dentro de una Iglesia entendida de un modo muy estructurado y jerárquico, como portadora de salvación. Algunos han podido pensar que los seguidores de K. Argüello han renunciado a la identidad propio pensamiento universal cristiano, para ajustarse a unas directrices propias que ellos han ido trazaneo.

4. Un retorno a los signos propios del mundo mundo musical e icónico cristiano, que se refleja de un modo especial en la obra pictórica de Kiko Arguello, que es quizá la más significativa de sus aportaciones culturales. Son muchos los que discuten (e incluso niegan) los valores artísticos de esa pintura. Pero ella recoge y actualiza un tipo de experiencia simbólica que quiere ser neo-bizantino, pero que ha sido marcada por el estilo personal de Kiko Arguello.

2. DEL SHEMA  ISRAEL (AMARÁS A YAHVÉ) A LEV 19, 18  (AMARÁS A TU PRÓJIMO)

1. Amarás a Dios con todo tu corazón (Shema: Dt 6, 4-7)

             Tres son los códigos fundamentales de la legislación israelita. (a) El código de la alianza (Ex 20-23), que recoge una serie de leyes antiguas (del VIII-VII), con los diez mandamientos y una serie de normas de vida social y religiosa (cúlticas) propias de la más antigua sociedad israelita. (b) El código deuteronomista, contenido en el libro del Deuteronomio (siglo VII-VI a C.), centrado en el reconocimiento de Yahvé como único Dios y en la fidelidad a Yhavé como principio de identidad de Israel entre todos los pueblos, tal como se expresa básicamente en el Shema (Dt 6, 5-8) que a continuación expondremos. (c) Código de la Santidad, fijado entre el siglo V y III a.C. y contenido en el libro del Levític- 17-26, que define la identidad sagrada de Israel, como pueblo separado, centrado en sí mismo, tras la “vuelta” del exilio y la constitución del pueblo de Israel, centrado en sí mismo, tal como se expresa en la reforma de Esdras y Nehemías.

                  De un modo consecuente, el amor básico no será ya el dirigido a Dios, como en el shema de Dt 6, sino el dirigido al “prójimo”, es decir, a los miembros del pueblo de Israel que forman la edah, es decir la comunidad sagrada de Dios en la tierra. Ahora empezamos presentando el sentido del amor a Dios en la tradición del Deuteronomio.

                    La relación de los hombres con Dios es, según eso, relación de amor comunicación personal, como fuego que arde en el corazón de los creyentes, una palabra que ellos escuchan, una voz que le habla a través de los profetas en la zarza del desierto (Ex 3) y sobre todo como lenguas de fuego (comunicación de amor/palabra en Pentecostés: Hch 2). Por eso le llamamos trascendente, (siempre más allá de lo que podemos manejar hacer y tocar), en presencia de amor y palabra, dentro de nosotros porque le escuchamos y podemos responderle:

Escucha, Israel: Yahvé, nuestro Dios, es Yahvé Uno.

Amarás a Yahvé, tu Dios,

con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.

Estas palabras que yo te mando

estarán en tu corazón, las repetirás a tus hijos

y las dirás sentado en casa o haciendo camino,

cuando te acuestes y cuando te levantes

                                        (Dt 6, 4-7; Mc 12, 28-35 pr).

  Hay, según la Biblia, otros amores (de padre, madre, hijo, hermano, amigo o compañero), pero el amor originario es el, palabra que nos habla y sostiene con su voz, presencia que nos libera, amado, que pone en movimiento nuestra vida, con su fuego de vida como en la zarza ardiente (Ex 3, 14). Desde ese fondo se entiende el “shema, escucha Israel, con su mandamiento originario”: Amarás a Yahvé, tu Dios con todo tu corazón/leb (con toda tu vida, con tu identidad personal), con toda alma/nephesh (con todo tu impulso interior, con tu respiración, tus deseos, tus impulsos interiores) y con todas tus fuerzas/meodeka, es decir con toda tu capacidad de acción. Es decir con todas tus obras.

Toda la vida del hombre se entiende así como un despliegue de amor, que brota del corazón (lo más profundo), que se expresa en el alma (que puede interpretarse como voluntad/deseo) y que culmina en toda las acción externas, es decir, en todas las acciones, obras y operaciones de la vida. Toda la vida de los israelitas viene a expresarse así en forma de respuesta de amor a Dios, que aparece como “amado”. Es como si Dios dijera “amadme”, amadme, quiero ser amado por vosotros, y en mi amor encontraréis vosotros el camino de la vida. Esta es la tarea de Dios, este su oficio: Atraer a los hombres con amor, de forma que respondamos a su amor fielmente, de manera que nuestra vida entera sea un homenaje de amor a Dios, de un modo activo, no sólo cumpliendo sus “mandamientos” y respondiendo a su impulsos y a sus inspiraciones, sino creando sobre el mundo una forma de vida personal, social e institucional que responda l llamada que Dios nos ha dirigido al crearnos y elegirnos como pueblo suyos.

3. Código de la santidad. Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lev 19, 18)

   El Levítico libro es uno de los documentos sacrales más significativos de occidente, el texto de los ritos de Israel, compuesto por (y para) los sacerdotes tras el exilio, en el siglo V a.C. (como manual de culto del templo de Jerusalén o del Garizim). Éstas son sus partes.

(a) Lev 1-10. Sacrificios y sacerdotes. Lev 1-7 establece los diversos tipos de sacrificios (holocausto, de expiación y comunión…) con los aranceles de los sacerdotes. Sigue la consagración de Aarón y sus hijos como sacerdotes legítimos (Ex 8-9) y la exclusión y castigo de unos “pretendientes” ilegítimos (Ex 10).   

(b) Lev 11-16: Leyes de pureza y Expiación (Yom Kippur). Sigue la ley sobre los animales puros e impuros (Lev 10), describiendo los objetos e infecciones que “manchan” a los israelitas (Lev 11-15), que interpretan así su religión como cultivo de la pureza ritual, dentro y fuera del templo. En ese contexto se establece la fiesta anual suprema de la Expiación, para limpiar las manchas que el pueblo ha contraído, con el rito de los machos cabríos: uno expiatorio y otro emisario (Lev 16).

(c) Lev 17-25: Código de santidad: la Ley de los sacerdotes. Estos capítulos forman el corazón del Levítico y ofrecen un Código completo, una Ley sagrada (¡no política, el poder político lo ejercen persas, macedonios o romanos), con instrucciones sobre la sangre (tabú supremo: Lev 17), las relaciones sexuales (Lev 18) y sociales (Lev 19-29), la santidad sacerdotal (Lev 21-22), las fiestas (Lev 23) y otras normas sobre el templo, con las leyes penales y el año sabático (Lev 24-25)[1].  . 

                   Desde la perspectiva del amor como principio de vida religiosa y social tiene una importancia especial Lev 19, donde se recoge una especie de gran “decálogo” con nomas de vida social, que reformulan los principios del decálogo anterior (Ex 20 y Dt 5), desde la perspectiva de una pequeña comunidad sagrada, que quiere recrear la vida de Israel, tras el exilio, entre el siglo V-III a.C., como una Edah o comunidad sagrada, con unas normas de vida que pueden compararse con la de Ez 41-48 y las de Esdras-Nehemías.

                   Se trata de una comunidad amenaza desde fuera, no sólo por riesgos opresión política, sino, especialmente de disolución interior. Por eso, a diferencia de la comunidad del Deuteronomio, centrado en la identidad de Dios (Dt 6, 5-8), esta comunidad del levítico apela a la santidad del pueblo, como indica la introducción de este conjunto de leyes, ella apela a la santidad del pueblo, más que a la identidad de Yahvé, que dice a todo el pueblo “sed santos como yo soy santo” (Lev 19,2), proponiendo una serie de “normas de vida” que culminan en la proclamación solemne” (amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lev 19, 18).

                   Este nuevo pueblo de Israel no puede estar ya centrado en el amor de Dios, como implica el shema de Dt 6, 5-8, sino en el amor al prójimo, es decir a los miembros de la comunidad santa (edah) de Israel. Este amor al prójimo, es decir, a los miembros del pueblo santo de Israel, no es sólo un principio de tipo religioso, sino una estrategia social: Los israelitas sólo podrán mantenerse y pervivir como pueblo de Dios si se aman entre ellos de un modo especial, como merecedores de amor, pueblo santo, a diferencia (en contra) de los restantes pueblos, en una línea de separación sacral/religiosa que culmina en el precepto condenado (rechazado por Jesús, cuando afirma: Habéis oído que se dice amarás a tu prójimo (plêsión, miembro del propio pueblo) y odiarás al enemigo, yo en cambio os digo…(Mt 5, 43). Esta es la norma final en la que culminan y se cumplen todas las anteriores, que pueden condensarse de esta forma:

1. Leyes introductorias, de tipo más general (Lev 19, 3-8): Respetar a los padres, no adorar a los ídolos y ofrecer sacrificios aceptables a Dios

2. Normas tradicionales de ayuda al pobre y emigrante (Lev 19, 9-20), que parecen aplicarse sólo a los pobres y emigrantes del pueblo de Israel.

3. Otras normas sociales a favor del prójimo (Lev 19,11-16).Son las tradicionales de la legislación israelita (no robar, no explotar al prójimo, no cometer ninguna injusticia…). El Levítico está empeñado en crear una comunidad judía no sólo de hombres justos, sino de santos, pues la santidad se identifica con la justicia y la ayuda entre los miembros del pueblo.

4. Normas especiales (Lev 19, 16.18a). Estos números insisten en la creación de una comunidad unida por un tipo de respeto mutuo y ayuda entre todos los miembros del grupo santo, sin habladurías de unos contra otros, sin odio, sin venganza… 

     Todas estas normas de vida desembocan y culminan en el principio básico de Ler 19, 18b que se formula así: Amarás (אָֽהַבְתָּ֥ wə·’ā·haḇ·tā) a tu prójimo (לְרֵעֲךָ֖ lə·rê·‘ă·ḵā) como a ti mismo (כָּמ֑וֹךָ (kā·mō·w·ḵā). Estos judíos de la Edah sagrada de la restauración de Israel, en siglo IV-III a.C. forman una comunidad amenazada de “fieles” que se unen insistiendo en la identificación interpersonal del grupo, de tal forma que cada uno ha de amar a los demás como a sí mismo, pues los demás forman parte de la realidad personal de cada uno.

                   No se trata, por tanto, de amar al otro como “otro”, es decir, como distinto, como distinto, ajeno, diferente, sino como “parte” de mi propio yo, No es amor en la diferencia, sino en la identidad. No es amar para ampliar el abanico de la propia realidad. Sino para mantener la unidad (la santidad) de Dios a través del propio grupo. Este es un tema esencial

3 ESENCIA DEL CRISTIANISMO: JESÚS, AMOR AL PRÓJIMO

En la introducción de esta “postal” he dicho que el pensamiento y la práctica “religiosa” del neo-catecumenado de Kiko Arguello me parece de tipo más judío que cristiano, más sacralista que evangélico, en una línea de auto-afirmación del propio grupo más que de inserción en la realidad, es decir, de seguimiento de Jesús en forma de ayuda a los necesitados.

He tenido siempre esa impresión, he pensado que el movimiento neo-catecúmena ha sido bueno (incluso muy bueno), pero poco cristiano Tiene un “gen” de integrismo, que va del Moisés de Dt 6 al Juan Bautista de los “orígenes” pre-cristianos de Jesús. Es como si los neo-catecúmenos no hubieran salido del Jordán, como Jesús, para compartir la vida con los pobres, enfermos y excluidos de Galilea, para formar con ellos comunidades abiertad y mestizas de evangelio. He vuelto a leer la la encíclica de León XJV dilexi te y así me ha parecido. Perdonen mis amigos neo-catecúmenos pero creo que debo decirles lo que digo a continuación.

1.Amor a Dios y amor al prójimo. La prioridad práctica del prójimo

   En este contexto, el mandato de amar al prójimo como a ti mismo empezaba entendiéndose en el sentido de Lev 19, 18 (tal como lo hemos visto en el capítulo anterior), es decir, como amor inclusivo al propio pueblo elegido, en el que cada creyente encuentra su propia identidad. Este Jcob y su grupo hablarían arameo (o hebreo), pero nada impide que pudieran escribir en griego (hablado también en Jerusalén) una carta que se vuelve universal al terminar identificando al verdadero Israel con la humanidad sufriente o necesitad, en una línea que puede verse también en el Magníficat de María, Madre de Jesús (Lc 1, 46-55), como ha destacado León XIV en Dilexit te 1.

. Sea como fuere, aunque la carta de Santiago fuera posterior, sus familiares y amigos formaron la primera iglesia estrictamente dicha, la congregación de «los pobres» (cf. Gal 2, 10; Rom 15, 26), con un obispo-inspector (Santiago) y un grupo de presbíteros a su cabeza, conforme al estilo de otras comunidades judías (como la de Qumrán). Esta iglesia tuvo una aguda conciencia, sagrada y mesiánica, organizativa y legal, en una línea que Mc 3, 31-35 ha criticada (pensando que esa iglesia de Jerusalén quería entrometerse en la vida de otras iglesias), pero que ha -descubierto y re-formulado de un modo universal el mandato del amor al prójimo, que Lev 19, 18, tendía a interpretar de un modo particular, endogámico.

      Ésta es para Sant 2, 9 la ley regia, es decir, la ley del reino, según la escritura (νόμον βασιλικὸν κατὰ τὴν γραφήν), tal como aparece en Lev 19, 18). Ésta es, en el fondo la única ley verdadera, el compendio de toda la Escritura, ley de libertad (νόμου ἐλευθερίας, Sant 2, 12), es decir, ley de los hombres libres, tal como la ha formulado Pablo en Rom 13, 8-9). Esta ley del amor al prójimo como a ti mismo (no la ley del amor a Dios en la línea de Dt 6, 5-8) ha sido el punto de partida del mensaje de Jesús.

   Este mandamiento de amor al prójimo como a ti mismo  constituye  centro del evangelio, universalizado de manera práctica desde Galilea, un amor que supera las estructuras familiares antiguas, la separación de los judíos frente a los gentiles, de los sanos sobre los enfermos, de los “cumplidores de la ley de Israel” frente a los no cumplidores…

   Todo el mensaje y camino de Jesús se ha concentrado en este mandamiento así entendido, de un modo universal y práctico (curar a los enfermos, acoger a los excluidos, perdonar a pecadores, perdonar todas las deudas, según el Padre-Nuestro de Mt 6). En este mandamiento ha condensado Jesús su mensaje y su vida, como “vida de amor al prójimo” (perdón de todas las deudas, acogida a todos, sanación, de los enfermos).

   Jesús no unió explícitamente este mandamiento de amor al prójimo (universalización de Lev 19, 18) con el mandamiento de amor a Dios del shema (Dt 6, 5-8). Esa unión, que aparece formulada como clave teológica en   Mc 12, 28-34par, ha tenido que ser y ha sido formulada por la tradición evangélica, cristiana, en disputa con el judaísmo rabínico como aparece con claridad en Mc 12, 28-35 par, conforme a un esquema temporal que puede formularse como sigue… Pero tal como aparece en los sinópticos no es originaria de Jesús.

- Principio israelita. Jesús ha presentado su mensaje y ha realizado sus signos a la luz de Lev 19, 18: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, en un contexto influido por la experiencia social y teológica de Lev 19, 18: Israel es un pueblo santo; todos sus miembros forman una comunión de santidad,   son presencia de Dios; y se vinculan formando un mismo “cuerpo divino”, viviendo según eso unos en otros, y uniéndose así todos en el Dios que es “alma fundente de Israel”.

-Novedad de Jesús. Él ha descubierto la identidad de Israel en los enfermos, excluidos, impuros, leprosos y extranjeros, conforme a una experiencia y teología antigua de Israel, que insiste en la acogida y ayuda a los excluidos de un tipo de alianza (huérfanos, viudas y extranjeros), como puso de relieve el maestro judío E. Levinas, Totalidad e infinito. Jesús ha insistido en esa experiencia básica judía, identificando la “identidad de Israel” con la ayuda a los pobres, enfermos, leprosos y excluidos sociales, a quienes el toma como “prójimos” en sentido radical.

- Jesús ha recuperado el mandamiento de Lev 19, 18, en forma de compromiso activo de vida/acción (perdón y amor activo) a favor de enfermos, pobres y excluidos del pueblo de Dios, que no se identifica ahora con del pueblo judíos de la restauración (de la Edah del siglo IV-III a. C.), sino con el judaísmo universal que son todos los enfermos, pecadores, excluídos, viudas u huérfansde la tierra. . Éste ha sido en el fondo el valor y sentido de sus “milagros”, entendidos como acción liberadora, esto es, como creación de un “pueblo nuevo” (auténtico Israel), a partir de los marginados y expulsados de un Israel de “ley”, en comunión con todos los excluidos de la tierra.

- Sin duda, Jesús ha vinculado ese amor liberador, activo, a favor del prójimo necesitado con la revelación del Dios Yahvé, en el shema, pero no parece que haya unido e un nuevo tipo de formulación legal esos dos amores (amor a Dios y amor al prójimo) en forma de doble y único mandamiento (tal como aparece en Mc 12, 28-35 par), sino que en principio expresamente, sólo ha insistido el el amor al prójimo, tal como lo hace la “carta” a Santiago, a modo de principio fundamental de la ley de libertad mesiánica en Sant 2, como he puesto de relieve en las reflexiones anteriores. Jesús vive inmerso, sin duda, en un mundo “teoógico y religioso” presidido por el shema (amar a Dios, Dt 6, 5-8), pero no ha tenido que resaltarlo, pues eso formaba parte de la tradición común del Israel sacerdotal y legal.

- La novedad de Jesús se concreta en la experiencia y compromiso de amor liberador al prójimo necesitado, como expresión de identidad israelita, desde la perspectiva de la ley levítica (Lev 19, 18), pero universalizada y aplicada en principio a todos los necesitados de la historia humana. Eso significa que la novedad de la tradición (vida) mesiánica de Jesús se identifica con su amor liberador y sanador al prójimo necesitado, tal como lo ha formulado Sant 2, cuando afirma que la ley básica del verdadero Israel y del cristianismo es el amor al prójimo necesitado, no a Dios, en cuando Dios separado por encima de los hombres.

-Carta de Santiago a los doce tribus, carta de Pablo a los romanos. De un modo sorprendente (en contra de una lectura sesgada y “protestante”, pero poco evangélica de la carta de Santiago), la formulación de Sant 2 se identifica en el fondo con la de identificarse con la de Rom 13, 8-9 que puede tomarse como centro de la teología de Pablo, condensada en el mandamiento del amor al prójimo como a uno mismo, como interpretación universal de Lev 19, 18; allí donde se universaliza al judaísmo, tal como lo hace Jesús (en una línea comparable al budismo, con su principio de “no desear” surge el cristianismo.

-Esta novedad de Jesús, expresada en la línea de Lev 19, 18 en forma de amor universal al prójimo, ha sido elaborada de forma sorprendente por la tradición del Discípulo amado, formulada no sólo en 1 Jn 4, 7-21 (amémonos amados) sino en el sermón de la cena (que os améis unos a otros como yo os he amado: Jn 13, 34-35). Ciertamente, Dios está en el fondo de todo, como “shema”,pero el centro del evangelio de Juan no es el amor a Dios ( Dt 6), sino el amor al prójimo (en la línea de Lev 19, 18), en una línea cercana a la del budismo,  Es como si Dios se “escondiera” en sí mismo (nadie le ha visto)para aparecer (revelarse) en el amor a los hermanos, de forma que el amor a Dios e entiende y expresa como amor a los hombres y, en especial, a los necesitados (hambrientos, desnudos, extranjero,  como ha puesto de relieve Mt 25,, 31-46

- La vinculación sinóptica entre los dos amores, formulada por Mc 12, 28-34: amar a Dios y amar al prójimo) constituye una reinterpretación del evangelio de Jesús, en la línea del diálogo entre discípulos de Jesús y rabinos judíos. Es una formulación necesaria pero tardía, es decir, posterior, que debe actualizarse sin cesar en la iglesia, pero sin dar prioridad al amor a Dios (como se ha hecho y se sigue haciendo en muchos movimientos de renovación cristiana), sino a partir del “amor al prójimo”. La novedad del amor cristiano, desde la perspectiva Jesús, no está en el amor a Dios (shema: Dt 6), sino en el amor prójimo (Lev 19), reinterpretado en forma universal: Amor a todos los hombres, de todos los pueblos, cf. Gal 3, 28, empezando por los pobres y excluidos; así lo han interpretado tanto el evangelio de Mateo 25, 31-46 como el evangelio de Lc 10 (parábola del buen samaritano).

NOTA BIBLIOGRÁFICA

Desde un punto de vista histórico-literario, el autor que ha estudiado  mejor estos motivos ha sido J. M. Meier, Judío Marginal IV, ley y amor, Verbo Divino, Estella 2010, aunque a mi juicio su planteamiento termina siendo muy académico, pero histórica y teológicamente  debe ser matizado Más valiosa me parece la síntesis de M- López Barrio, El amor en la primera carta de San Juan, Iberoamericana, México 2007.

Por mi parte, he estudiado el tema desde diversas perspectivas, en Dios Judío, Dios cristiano, Verbo Divino Estella, 1996, en Hermanos de Jesús y servidores de los más pequeños, Sigueme, Salamanca 19984 y sobre todo en Historia de Jesús, Verbo Divino 2013 y en La Palabra se hizo carne. Teología bíblica, Verbo Divino 2010

[1] Comentarios: A. Ibañez, El Levítico. Introducción y comentario, Eset, Vitoria 1971; E. Cortese, Levítico, Marietti, Casale Mo 1982; M. Noth, Leviticus, ATD 6, Göttingen 1962; G. T. Wenham, Leviticus, NICOT, Grands Rapids MI 1979.  Visión sistemática en R. Girard,  El Chivo Emisario, Anagrama, Barcelona 1992; R. Schwager, Brauchen wir einen Sündenbock?, Kösel, München 1978.

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