No puedo librarme de ti, porque soy tú misma. Oración de Pentecostés, Carlo Carretto
La tenía guardada en un pliego de textos sobre Pentecostés. La guardé hace tiempo, no sé cuando. Sólo puse su autor, Carlo Carretto (1910-1988), hermano de Jesús. No voy a dar más claves. Quien quiera saber más, busque en Google. Su oración me parece apropiada para esta Vigilia de Pentecostés. Buenas noches.
En verdad, no puedo librarme de ti porque soy tú misma.
Iglesia mía, sobre todo Iglesia de Jesús,
eres digna de ser reducida al olvido
y te has merecido incluso el rechazo;
sin embargo, ¡Cuánto te amo!.
Me has hecho sufrir y también gozar.
Cuánto me has exigido y te he dado,
cuánto bien me has hecho y cuánto te debo.
Quisiera estar fuera de ti
pero no puedo vivir sin ti.
Son muchas las cosas
de los hombres y mujeres creyentes
que me han escandalizado
y sin embargo, eres maestra
de verdad, justicia y santidad.
No han faltado los momentos
en que he querido huir de tus filas
pero han sido muchos más
los que recé mucho para poder
terminar y morir en tus brazos de madre.
En verdad, no puedo librarme de ti
porque soy tú misma.
Algunos han dejado la Iglesia
por la teología, la política,
por tu dureza o poca compasión;
bastantes de ellos han terminado por
dejar la teología, la misericordia... y
me han dado lástima.
e visto también abandonar la Iglesia
a los que creen ser mejores
e incluso superiores a los demás.
Pero es claro que ninguno de nosotros
es muy creíble
mientras estamos en esta tierra;
la credibilidad es sólo de Dios.
De los hombres es la debilidad
y a lo sumo, la buena voluntad;
la que consiguen si llegan a descubrir
que todo es gracia
en la Iglesia y en el mundo.
A veces he querido pensar
que la Iglesia de ayer
era mejor que la de hoy
y que la de mañana
será mejor que la presente;
que la Iglesia de Jerusalén
o la de Antioquia
eran más fieles que la de Roma.
No podemos olvidar que en la Iglesia
hay algo maravilloso: el Espíritu Santo,
que es amor y vida, fuego y luz,
es capaz de vernos santos, limpios,
humildes y verdaderos
aunque estemos vestidos
como adúlteros y malhechores.
Por ello, la Iglesia es santa
y quiere ser una bendición para el mundo
pero no es perfecta.
ya que si lo fuera pretendería
controlar todo en ese mismo mundo.
El perdón de Dios cuando nos toca
nos hace transparentes y humildes
y por la Iglesia nos llega.
Debemos recordar que en la Iglesia
Hay algo muy profundo y sutil,
María, madre, esposa y hermana.
Con ella podemos confesar y orar:
Santa Madre Iglesia, con amor eterno
te amé y te sigo amando:
por eso prolongué mi lealtad hacia ti.
Te construiré y quedarás construida.
Virgen de Israel.
De nuevo saldrás enjoyada
a bailar con panderos...” (Jer 31,3_4)
En la Iglesia humilde, convincente,
misericordiosa y materna
he soñado y por ella he trabajado.
Esa Iglesia no es el Reino de Dios
pero en ella se ven los signos de su presencia.
Esa Iglesia la he visto y en ella se vive
cuando se hacen cosas nuevas
y sobre todo corazones nuevos.
Esta es la misión de la Iglesia santa,
icono de la presencia del Espíritu:
multiplicar su acción salvadora
hasta el final de los siglos.
María es la puerta por la que se entra
en la casa que es la Iglesia;
por ella dentro se encuentra
al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
y se vive con ella
con corazón de hijo
y con mente de hermano.